17 abr 2008

Pobre imbécil

Tan estúpidas como desafortunadas fueron las declaraciones del Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, vertidas ayer en una entrevista televisiva, en el marco del Foro Económico Mundial para América Latina.

Aldeano, prepotente e intolerante, el presidentito colombiano exhibió su profundo desconocimiento de la diplomacia al calificar, en suelo mexicano y frente al tibio y timorato Presidente Calderón, como terroristas, secuestradores, narcotraficantes y guerrilleros, a los estudiantes mexicanos asesinados por el Ejército de su país, durante la violenta incursión que realizó a territorio ecuatoriano, para asesinar a un alto mando de las FARC.


Peón y patrón; o el amo y su cachorrito.

Lejos de demostrar valor y arrojo político, el pequeño lugarteniente del stablishment norteamericano en Colombia, se mostró como lo que es: un pobre imbécil.

16 abr 2008

Metanoia

No. No se trata del lenguaje del ma-fa-ta-fa que algunos llegamos a aprender durante los años mozos de la niñez o la adolescencia, para comunicarnos con nuestros amigos o hermanos sin que los adultos o los no iniciados en aquella lengua se enterasen del tema de la charla.

Se trata más bien de palabras adscritas al complicado léxico de las teologías de las religiones. Una griega y las otras latinas, denotan procesos y objetos relacionados con lo santo y lo sagrado que, por si mismos, podrían producir cientos o quizá miles de páginas derivadas de su estudio y explicación.

Aquí ése no será el objetivo. Esto porque estoy conciente de que quienes padecen la lectura de las sandeces que aquí publico, tienen intereses intelectuales y de entretenimiento diversos.

Aunque sería algo estupendo, no todos comparten mi gusto por la teología y el estudio de las religiones. Así que atendiendo esa circunstancia, lo que intentaré hacer aquí es un extraño y sucinto collage de términos y contenidos, derivado de mis debrayes y elucubraciones ociosas relacionadas con la teología sistemática.

Para los que se quieran quedar, advierto: esto estará un poco aburrido. Para los que, después haber leído tal advertencia se quieran ir, para regresar en otra ocasión, pues denle click a alguno de los links que están en la sección “Para visitar”, a fin de que aprovechen de mejor manera su tiempo libre. Y pues todos pueden echarle la culpa a Elisa, gentil y siempre constante lectora de este espacio. Ella fue quien me sugirió en uno de sus comentarios que escribiera acerca de la metanoia.

Pero, ¿qué es lo que pretendo hacer con esos terminajos medio extraños? La respuesta es, relacionar la metanoia cristiana, la crucifixión de Cristo Jesús, el árbol cósmico y la madre tierra.

Así pues, hay que comenzar diciendo que los griegos, además de heredarnos la filosofía, el teatro y el pensamiento de un sinfín de protohippies apestosos y alucinados, llamados sofistas, cínicos, estoicos y un largo etcétera, también nos heredaron unas palabrejas desconocidas por el común de los mortales, pero útiles para pasar como un súper intelectual ante las masas palurdas. Entre esas palabras están el kairos, la politeia, el ágape, la protréptica, el thelema y, desde luego, la metanoia.

Ésta última adquirió un contenido religioso-escatológico a partir de la penetración del cristianismo entre los pueblos helénicos de Asia Menor. Lucas primero y Pablo apenas un poco después, fueron los responsables de la divulgación de la doctrina cristiana allende las costas palestinas.


Lucas y Pablo; sin el san, porque soy secular.

Antes de que ellos llegasen a Seleucia, Chipre y Salamina, para predicar el evangelio de su neófita religión, en las escuelas griegas de retórica la metanoia era un recurso del lenguaje que se empleaba para replantear un argumento, de manera que fuese más claro y convincente. Así por ejemplo, en algunos diálogos de Platón –que dicho sea de paso, vivió muchos siglos antes de la aparición del cristianismo- es posible observar el empleo de este recurso en muchos de los interlocutores de Sócrates, e incluso, en Sócrates mismo.

De hecho, el significado literal de metanoien era “cambio en la mente” o “para la transformación del pensamiento”.

Posteriormente, con la incursión del cristianismo en la cultura griega, y principalmente con el desarrollo de la teología paulina (de Pablo de Tarso, pues), la metanoia se asoció con la conversión religiosa y espiritual de los catecúmenos. Incluso el propio Pablo fue uno de los primeros cristianos en experimentar la metanoia, entendida también como el arrepentimiento, la transformación y la conversión producidas por el encuentro con Cristo Jesús.

Según la narración de Lucas en los Hechos de los Apóstoles, Saulo de Tarso era un fariseo convencido de la fe judía y un implacable persecutor de los primeros cristianos. Sin embargo, en cierta ocasión mientras iba en el camino de Damasco, Cristo Jesús se le apareció y le cuestionó las razones de la persecución de su naciente iglesia. A partir de ese momento Saulo experimentó el arrepentimiento y percibió su propia insatisfacción espiritual respecto al judaísmo, y decidió bautizarse, convertirse al cristianismo y emprender el ministerio del apostolado entre los pueblos gentiles.

Por otra parte, Pete van Breemen, teólogo jesuita holandés que es a los seminaristas y novicias lo que Ricardo Aj… ¡ése¡ al personal del servicio doméstico, es decir, un guía espiritual y causante de orgasmos místicos, escribió un libro muy interesante intitulado Transparentar la gloria de Dios, en el cual aborda el tema de la metanoia en lo siguientes términos: “Indudablemente, el arrepentimiento nos exige sacrificios. Pero, pese a ello, no debemos olvidar que, si hacemos oídos sordos al arrepentimiento, con frecuencia damos lugar a un sufrimiento mayor que el que nos causaría la metanoia. En ocasiones nos imponemos a nosotros mismos una presión increíble sólo para evitar una conversión necesaria y liberadora. De hecho, al dar la espalda a la metanoia, nos infligimos a nosotros mismos y provocamos a los demás un sufrimiento innecesario. La metanoia no supone que tengamos que reprimir nuestra personalidad, sino todo lo contrario. La metanoia implica dejar que nuestra identidad alcance su pleno desarrollo con la fuerza del evangelio, puesto que nos ayuda a superar de modo definitivo nuestra timidez y a ser verdaderamente las personas que estamos destinados a ser conectando con el origen mismo de la vida […]Nuestro creador nos llamó a la existencia con un deseo y un amor inmensos, no a desgana o con indiferencia. El arrepentimiento es el medio de suscitar en nosotros un nuevo sentido de grandeza y de valor personal, por no mencionar los positivos efectos que tiene sobre la familia y la comunidad: incremento de la comprensión, de la capacidad de perdón, de la amabilidad y el entusiasmo…

El amor tiene muchos nombres, metanoia es uno de ellos”.

En este sentido, y si he de creer a mi amigo Phillip Dreschner, fraile dominico medio rebelde (porque no sigue a los demás), el sacrificio de Cristo en la cruz, que se recuerda cada año durante la Cuaresma y la Pasión, es el acontecimiento fundamental que mueve a la metanoia. De ahí que el tiempo litúrgico de la Cuaresma sea un tiempo de transformación espiritual, conversión y encuentro con Cristo no sólo crucificado, sino también y principalmente con Cristo resucitado.


Y aquí viene la parte fumada de este texto aburrido. Aunque cabe mencionar que la paternidad de este engendro la comparto con la Caroline Dossetti, que aunque filósofa heideggeriana y todo lo que ella quiera, en el fondo es una catolicota convencida.

Cierto día de las vacaciones de la Semana Santa, mientras platicábamos por el mensajero instantáneo, la Caro y yo, asociamos la crucifixión de Cristo Jesús con el Axis Mundi, es decir, el árbol cósmico presente en muchas religiones pre semíticas.

Dado que la cruz deriva de un árbol, ella encierra un simbolismo escatológico de salvación. Esto es, que Cristo Jesús salva a la humanidad del pecado autoinmolándose en la cruz, que es un objeto fabricado con madera, que a su vez proviene de un árbol. De esta manera se cierra el ciclo de condenación-redención por medio de un mismo símbolo de lo sagrado, que es el árbol de la vida. No hay que olvidar que los hombres caen en pecado una vez que Adán y Eva comen el fruto del árbol prohibido: el Axis Mundi. De aquí que en el catolicismo la cruz no sea vista como un instrumento de tortura, sino como símbolo de salvación, como el árbol de la vida a partir de la crucifixión y resurrección de Cristo.


Axis Mundi. Árbol de la vida

No obstante, el Axis Mundi surge de la Tellus Mater, es decir, de la madre tierra que da orientación y sentido a la existencia puesto que de ella deriva todo cuanto se percibe como realidad. Así que el Axis Mundi y la metanoia bien podrían relacionar la idea de un Dios antropoforme y masculino, con una deidad ontica femenina pre monoteista.

Representación de la Tellus Mater

Y hasta aquí llegó nuestra elucubración. Así que dejaré que puedan bostezar despreocupadamente.

11 abr 2008

¡Basta con queste facce da culo!

La gran virtud (y el gran riesgo) de la democracia, es que otorga a todo ciudadano el derecho a votar y ser votado. Es el ideal de la igualdad política llevado a la práctica.

Sin este derecho no se explicaría que personajes del talante de George Bush, Vicente Fox, Hugo Chávez y demás hierbas, hayan accedido al poder por la vía del voto popular.

Desde luego que los pensadores clásicos, que en su momento fueron tachados de conservadores, veían en esa aspiración un grave riesgo para la estabilidad y el futuro de la asociación política (el Estado, pues); y decían no sin cierto desdén y hasta repulsión, que la democracia era decadencia.

Aunque concedo cierto grado de razón a tal vaticinio, soy de la opinión de que si los imbéciles no tuvieran oportunidad de llegar al poder, la política sería una de las actividades más aburridas jamás inventadas por los hombres.

Afortunadamente el sentido común, la vanagloria y la estupidez que todos tenemos en mayor o menor grado, hizo que muchas generaciones lucharan férreamente por la consecución del ideal de la igualdad política. Y gracias a él, Milly D’Abbraccio nos ha regalado esta preciosa postal democrática.

Esto es auténtico marketing político.

Resulta que estas nalgas son nada menos que de la actriz porno.

Ella decidió postularse por el Partido Socialista (¿quién dice que los socialistas son insensibles?), para ocupar un puesto en el ayuntamiento de Roma.

Miles de abrazos, sería la traducción del juego de palabras
que componen el nombre de esta porn star ahora metida a política.

Desde luego que más allá del revuelo que ha causado la exhibición del portentoso trasero de esta mujer, está el debate acerca del nivel de la contienda político electoral en Italia.

Sugerir que los otros candidatos tienen cara de culo (“basta de estas caras de culo”, sería la traducción literal de la frase que encabeza el cartel), y proponer una vacuidad como lo es “hacer de Roma una ciudad del amor”, nos da una idea de que el nivel de decadencia de la democracia es sistémico.

Y yo que me ruborizaba cuando veía a Gerardo Fernández Noroña y a los del movimiento de los 400 pueblos haciendo desfiguros…

Fernández Norña. El último de los mohicanos...


Los de los 400 pueblos. No son muchos, pero son ingeniosos;
además de exhibicionistas.

P.S No hay insensibles socialistas. Sólo socialistas con disfunción eréctil.

8 abr 2008

Fuego en la sangre y el México de pueblitos

Ayer por la noche tuve el infortunio de ver un episodio de la telenovela hit del momento de Televisa: Fuego en la sangre.



Sólo miré un par de minutos, mientras pasaba el corte comercial del programa de otro canal. No obstante, ese par de minutos fueron suficientes para quedar totalmente impresionado por el grado de estupidez actoral, la pésima producción y el deplorable guión de esa telenovela, que ahora que me he informado un poco más, resulta que es el refrito de una telenovela colombiana –claro, dónde si no en ese país podrían ser tan viscerales como para escribir ese tipo de historias- que se transmitió por ahí del 2006.

En lo personal encuentro demasiado bochornoso e indignante saber que la imagen de México que esa telenovela proyecta es todavía la del México de pueblitos, rancheritos, curitas, noviecitas tontitas y golfitas idiotitas.


Dos tipos de cuidado... porque eran unos retrasados.

Si ya de por sí es irritante cuando, estando en el extranjero, alguien que pregunta por nuestra nacionalidad, asocia el nombre de México con los charrous y el tequila, ahora creo que será más que bochornoso.

Es que en esa novela los personajes estelares salen ataviados con sombreros de caporal, chaparreras y espuelas; o sea ¿en qué región de México la gente continúa vistiendo así? ¡Es absurdo!

O sea, quién en México viste así un día cualquiera.


Además, se revive el arquetipo del macho mexicano que ni es tan macho y sí es más bien un imbécil impulsivo y violento. Si de por sí nuestros aguerridos diputados, nacotraficantes, Vicente Fox y Martita Sahagún, ya nos habían hecho quedar como unos salvajes subdesarrollados ante el resto del mundo, ahora ésta telenovelita habrá de confirmar esa percepción.


Diputados. Y luego no quiere que tengamos una mala imagen de ellos

Nacotraficantes mexicanos... cómo no reconocerlos.

Otra de nacotraficantes.

Digo, en la supuesta “época de oro” del cine mexicano aquella imagen del México de charritos fanfarrones se justificaba porque el país se encontraba en una fase de tránsito desde las estructuras agrarias y rurales heredadas del porfirismo, hacia las de tipo industrial y urbano promovidas por los gobiernos posrevolucionarios. Además, don Ismael Rodríguez, en tanto padre de nuestra educación sentimental, tenía todo el derecho de retratarnos como una bola de pueblerinos afligidos, pero ¿por qué habríamos de permitir que esa imagen retorne a la psique de los mexicanos a partir del refrito de una telenovela extranjera, proveniente de un país, ése sí, de pueblitos y recolectores de bananas? [En caso de que leas esto, creéme, no es nada personal]

Isamel Rodríguez: padre de nuestra educación sentimental


Y no, no se trata de una reacción xenófoba (porque yo más bien soy senos/filo…), sino de un simple gesto de indignación e impotencia ante el enorme poder que despliega la televisión como instrumento de difusión cultural a nivel internacional.

Simplemente no encuentro justo que después de mucho tiempo de esforzarnos como sociedad para caminar hacia la democracia y la modernidad, desterrar los valores y las prácticas culturales tradicionales y autoritarias, una telenovela protagonizada por una runfla de idiotas, venga a cercenar ese esfuerzo.

Como diría Cantinflas: no hay derecho chatos.

7 abr 2008

Centro comercial

Si hay algo peor que ir al centro comercial un domingo por la tarde, es ir desvelado, cansado, estresado y dispuesto a estallar en ira ante el mínimo pretexto, aunque justificadamente. Me explico. Y para hacerlo haré uso de la segunda personal del singular que dicho sea de paso, detesto emplear en mi redacción porque me hace sentir un Adal Ramones cualquiera en pleno monólogo de sandeces. Sin embargo, si he decidido usar el “tú” es para narrar lo que le pasó al primo de un amigo del hermano del cuñado de mi vecino, el pasado fin de semana. Que quede claro: le sucedió al primo de un amigo del hermano del cuñado de mi vecino. No a mí.

Así pues, estar dispuesto a estallar en ira una tarde de domingo mientras visitas el centro comercial, está justificado cuando además de ir desvelado, cansado y estresado como resultado de haber conducido durante casi toda la noche por una carretera sinuosa, lluviosa y neblinosa, al llegar al centro comercial te encuentras una fila interminable de autos esperando ingresar al estacionamiento, y una vez dentro, tienes que pelearte con una señora shoppaholica que conduce una camionetota -cuyas dimensiones son inversamente proporcionales a su educación y capacidad intelectiva-, por un cajón de estacionamiento cercano a la entrada de X tienda departamental.

Luego, una vez en los pasillos de la tienda, las posibilidades de romper a gritar como señora gorda histérica aumentan cuando caes en la cuenta de que el carácter profundamente gregario de las familias mexicanas, les hace acudir a un centro comercial básicamente con dos objetivos: hacer nada y perder el tiempo.

Es terrible cuando tienes que esquivar las hordillas de púberes imberbes que caminan retorciéndose y gritando cualquier estupidez por los pasillos. Y lo más grave, cuando la dependienta de la tienda de zapatos donde vas a comprar (cierto, hay que reconocerlo, comprar zapatos de X marca es uno de los vicios que el maldito capitalismo consumista, inhumano, frívolo y naomicampbellesco ha logrado arraigar en tu espíritu libertario), atiende a una señora que le ha pedido 20 pares de los que –ingrata- sólo termina comprando uno.

Más luego, cuando por fin la dependienta te ha atendido, ha guardado tus zapatos nuevos en su respectiva caja y la ha enfundado en su también respectiva bolsa con la marca X en letras grandes, para que al salir de la tienda puedas presumir por todo el centro comercial que has comprado esa marca de zapatos, te dice que si vas a pagar en efectivo tienes que esperarla a que cambie tu billete, o que si vas a pagar con tarjeta esperes un momento para que la terminal electrónica entre a su sistema de pagos, es inevitable que te jales de los pelos, te quites los anteojos (porque el protagonista de esta historia casualmente también usa anteojos) y te frotes con desesperación el rostro.

Sorteado ese trago amargo, piensas olvidarlo comprando algo para comer. Entonces te diriges al área de comida y al llegar a X expendio de hamburguesas dizque regias ¡te encuentras con una fila interminable! O sea, por qué demonios a la gente sólo se le ocurre tragar hamburguesas los domingos por la tarde y no el resto de los días de la semana. Es un misterio inexplicable.

En fin, que resuelto el problema del hambre con una miserable chapata por la que en una tienda de dizque alimentos macrobióticos te cobraron lo que te costaría la barra completa de jamón serrano “Ibérico de Bellota”, sales al estacionamiento y te das cuenta de que olvidaste el lugar donde dejaste tu coche…

… si eso no es lo peor que puede suceder al acudir a un centro comercial, entonces no sé qué sí lo sea.

5 abr 2008

Intuición

Intuir es una facultad que la naturaleza nos la ha dado a todos por igual. Plantas y animales tenemos la capacidad de percibir el entorno, de sintetizar por medio de la experiencia ciertos factores, condiciones y elementos que nos permiten presentir lo venidero.

Así como los viejos campesinos al levantar la mirada, sentir el aire en sus mejillas y oir el canto de algún pajaro, intuyen que la lluvia se aproxima; así también yo, basado en experiencias, factores y condiciones previas, creo intuir que una nube negra se aproxima a cernirse sobre mi vida...

... quiera Dios que no sea por mucho tiempo, o mejor aún, que mi intuición sea desatinada.

El curso de los siguientes días será determinante.

1 abr 2008

TolerEMOS II

Una disculpa sentida por el retraso en la publicación de esta segunda parte del post acerca de los emos. Lo que sucedió es que se atravesó el fin de semana, y como en esos días mis neuronas entran en hibernación, pues prefiero aprovecharlos para descansar, ver películas y rascarme la panza.

Sin embargo, pasado el fin de semana, así como un lunes inusualmente complicado, he aquí la segunda parte.

Matando emos: una invitación a la violencia.

En estricto sentido, la “cultura” emo, al igual que las otras “culturas” urbanas, se agota en la propuesta estética. Es decir que, a diferencia de algunos movimientos y sectas religiosas –como el satanismo, por ejemplo- que tienen tras de si un precario pero existente respaldo doctrinal, ésos colectivos carecen de alguna obra o exponente capaz de definir los propósitos de su movimiento. Incluso, a diferencia de otros colectivos urbanos que han llegado a definirse en función de un género musical –como los punks, darks o skates- los emos son completamente eclécticos: todo aquello que refleje un estado emocional específico puede ser definido, desde tal supuesto, como emo (al respecto creo que todas las canciones de cantina son emo, y los Tigres del Norte, Carlos y José y Paquita la del Barrio pueden ser ubicados como los pioneros del emo en México… pero eso sería exagerar un poco).

Así pues, emo es una forma apocopada –una contracción, pues- de emocional. No deja de resultar interesante, a propósito, que son precisamente los seguidores de esta tendencia de moda –porque hay que recordar que su propuesta es, en estricto sentido, meramente estética- los mismos que mutilan con atrocidad el lenguaje, utilizando apócopes como refri(gerador), tele(visión) y Cuerna(vaca); envían mensajes SMS indescifrables, y ante la mínima provocación sueltan un cansino “¡qué güeva!”.

El emo, entonces, podría definirse como una tendencia hacia la expresión de las emociones, particularmente aquellas de tipo depresivo que, como vehículo de expresión de una supuesta inconformidad que no lo es tanto, intenta expresarse en la indumentaria y la actitud de decepción y tristeza.

Al respecto, Heriberto Yépez apunta con su punzante y corrosivo estilo que: “Los emos son la primera contracultura cute. Lo nice y cute son categorías estéticas de la sociedad de consumo para halagar lo sanforizado. Lo gnomo-bonito. ¿Lo emo? Ser sentimental. Ser la flower sin el power.


El ethos emo festeja lo depresivo. Se trata de un estado mental en que los jóvenes se victimizan, se sienten incomprendidos y hacen del chantaje emocional y el patetismo exhibicionista sus lemas vitales. Aunque suene cruel, los emos son el combo completo de clichés romanticones. Solaz escena del sentimentalismo crucificado.

…

Los emos son los rebeldes sin fuerzas. Y es que justo en el momento en que se necesitaría que las nuevas generaciones dieran el golpe letal al sistema moderno, los emos —qué casualidad— juegan a hacerse los muertos.
” (Milenio Diario, 28/03/2008)

Hasta aquí parece que no hay problema. Grosso modo eso significa ser emo.

El problema es el por qué de la aparición y auge de esa tendencia entre muchos jóvenes, particularmente adolescentes. Y aquí es donde verdaderamente deberían estar los sociólogos formulando explicaciones.

A riesgo de escribir una burrada, tengo la impresión de que el apogeo de esa pretendida forma de expresión de la inconformidad, guarda una estrecha relación con la actual situación de incertidumbre económica y política que vive el mundo.

Después del ataque a las Torres Gemelas, la invasión a Afganistán e Irak, los desastres naturales de enero del 2005 en las costas asiáticas, la preocupación creciente por el problema del calentamiento global y los indicios de una crisis estructural del capitalismo (otra vez, por muy insensiblemente socialista que esto pueda sonar), todos tendríamos razones sobradas para deprimirnos o ponernos a gritar como señoras gordas histéricas.

Sin embargo, las actuales generaciones que han acogido y se han identificado con lo emo, son aquellas que nacieron durante la primera mitad de los años noventa, cuando todos los símbolos de identidad colectiva a los que se habían asido amplios sectores sociales, ya se habían derrumbado estrepitosamente.

Ellos nacieron en la total y absoluta desesperanza ideológica, en la crisis axiológica (de valores, pues) y en la incredulidad y el escepticismo religioso.


Paquita la del barrio ¿emo?

Es comprensible, aunque no del todo (aceptable), su fastidio, su decepción y dejadez frente a una realidad social de la que desde el primer intento de inserción, se sintieron excluidos.

Algo similar pasó con otras expresiones de insatisfacción e inconformidad social que ahora, desdibujados sus orígenes, se han lanzado en una campaña de persecución contra sus pares en exclusión.

Los punks, por ejemplo, fueron los hijos malparidos de la crisis del Estado de bienestar que comenzó a gestarse hacia finales de los años setenta en Europa. Los skates fueron el resultado de la llamada “década pérdida” (los años ochenta), así como de las consecuencias sociales de las políticas de ajuste instrumentadas para sanear la crisis fiscal del Estado durante los años noventa.

Zygmunt Bauman, un importante sociólogo europeo, denominó a estos grupos como los parias de la modernidad líquida. Y en efecto, a partir de la mayor interacción económica propiciada por la globalización tecnológica, se registró una vertiginosa homogeneización, o más bien sincronización, de procesos económicos y sociales en muchas latitudes que ni siquiera habían llegado a un mínimo grado de desarrollo y evolución política para asimilar la nueva realidad y los nuevos desafíos que, llegados desde fuera como influencias, se apropiaban sus sociedades. La brecha entre ricos y pobres se amplió y justo en medio de ésta quedaron numerosos agregados sociales en total precariedad.

Por otra parte, lo emo como manifestación de anomia social, correspondió en sus inicios estrictamente a las sociedades avanzadas, en las que los procesos de interacción entre las estructuras económicas, políticas y sociales trastocaron la esfera de la intimidad y propiciaron un repliegue hacia aquello que su momento Epicteto de Frigia llamó “la ciudadela interior”.

Está imagen simplemente está genial


Sin embargo, a partir de la creciente presencia y penetración de la Internet y los medios de comunicación de alcance global, lo emo llegó a sociedades menos avanzadas, en las que cualquier viso de mínima significación de protesta o inconformidad social que portara consigo la manifestación original de tal tendencia, fue despojada para acoger solamente lo estético. Esto porque este tipo de sociedades, con todo y los problemas de disfuncionalidad que padecen, son todavía profundamente gregarias.

En fin, que para finalizar este comentario quisiera llamar la atención hacia la tolerancia. Nótese que he empleado la palabra tolerancia y no la palabra respeto, porque exigir esto último y obtenerlo entre grupos que han sido agraviados, estigmatizados y marginados, es realmente muy difícil.

Si los emos ya están ahí hay que darles el derecho a expresar su inconformidad, así sea de una forma tan apática y apolítica como la que ha decidido adoptar. Ya cuando sean gentes mayores y la fuerza de las costumbres y las reglas sociales los vuelvan señores calvos y señoras gordas, con hijos, y completamente angustiados –ahora sí con justa razón- por las precarias condiciones de vida prevalecientes, entonces caerán en la cuenta de su error, y como lo dicta la norma, será ya muy tarde para enmendarlo; como medida desesperada intentarán que sus hijos no cometan la misma sandez. Pero para entonces ellos, los hijos, ya se habrán definido como seguidores de la tendencia de moda. Y así, hasta continuar reproduciendo sistemáticamente el ciclo de estupidez propia de los humanos.



P.S En lo personal los supuestos emos ni me caen bien, ni me caen mal; sino todo lo contrario. Lo que sí me jode es que tengamos un sistema educativo y una clase política valemadrista, que no se ocupa de darle un mínimo de esperanza a esos sectores de la sociedad que, a querer o no, arrastran hacia la inmovilidad y la apatía a muchos otros.

Otro aspecto de toda esta situación de intolerancia que resulta harto preocupante es la homofobia que está adquiriendo. La principal razón de los grupos que persiguen a los “emos” es acabar con su “homosexualidad”.

Y bueno, detrás de todo esto no hay ninguna campaña de ultraderecha, ni mucho menos. Eso es una insensatez que se le ocurrió decir a un supuesto (supuesto porque un académico serio ni diría tal idiotez tan tendenciosa) “investigador” –Héctor Castillo Berthier- del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (disculpadnos, pero también los universitarios tenemos nuestros propios idiotas orgánicos). Detrás está más bien la profunda ignorancia, el desconocimiento, los resabios de una cultura autoritaria que se niega a desaparecer y que representa el principal obstáculo para nuestra incipiente democracia. Y como se sabe, tanto la ignorancia como la estupidez son incapaces de distinguir entre tendencias ideológicas.

P.S 2 Ya sé que necesitaría vivir en Tibet para entender la situación de represión y persecución de que son objeto los tibetanos por parte del gobierno chino. Y ya sé que esto va a sonar a insensiblemente socialista, pero es una injusticia lo que esos chinos cochinos están haciendo con la población tibetana. Más allá de la frívola solidaridad con los monjes que han mostrado diversos sectores -en el afán de mostrar su ideario progresista- está la cuestión del atropello a los derechos humanos de quienes se atreven a reclamar la libertad de su pueblo. Eso siempre será condenable.