Esto es lo que sucede cuando se pierde el tiempo husmeando en Youtube
Aunque es una completa estupidez, tengo que reconocer que este video está cotorrón...
2 may 2008
30 abr 2008
A propósito de la chaviza
No sé en otras partes del mundo -la verdad es que no me di a la tarea de investigarlo- pero en México hoy, 30 de abril, se celebra el Día del Niño.
Con esta celebración se abre una temporada de conmemoraciones y festejos variopintos, que van desde el día del trabajo, en el que paradójicamente en México no trabajamos; pasando por el Día de los Maistros (albañiles), la conmemoración de la batalla de Puebla de 1847 (la cual se ganó, pero sirvió de muy poco pues se perdió la guerra), el Día de las Madres, el Día de los Maistros (profesores), y hasta el día mundial del Internet, el blog o una cosa de esas.
En lo personal el día de hoy estoy muy feliz por dos razones. Una es que por la tarde comienza en el mega puente de ¡5 días! (lo siento por los proletarios y asalariados explotados que tienen que trabajar el viernes, pero no os preocupéis, que desde la comodidad de mi reposet habré de solidarizarme con vosotros) que voy a aprovechar para salir de la ciudad hacia un lugar menos caótico y deprimente (lo digo por las lluvias vespertinas y los embotellamientos que producen). Específicamente me voy a un campo de gotcha a ensuciarme de pintura con mis sobrinos.
La otra razón es que, con motivo del día del niño, al rato me autoregalaré una pistola -qué digo pistola ¡metralleta!- de agua, Shark 3000, con capacidad para tres litros de agua proyectados con la presión suficiente para empapar de un solo disparo la cabeza del primer ingenuo que se deje. Y por si hubiera entre mis lectores un ecologista preocupado por el uso racional del agua, no se preocupe, que lo tengo todo fríamente calculado: al rato, cuando comience a llover, voy a poner unas cubetas en los ductos de desagüe del techo de mi casa, con los cuales habré de llenar mi pistolita.
Y bueno, como la ocasión lo amerita, creo que hoy escribiré precisamente acerca de la niñez; ése estupendo periodo de la vida que pareciera que se aprecia mejor cuando ya ha pasado. Por lo menos yo, desde mi adulterio, es decir, desde mi condición de quesque adulto contemporáneo, cuando miro hacia atrás, hacia mi infancia, suspiro con nostalgia pero también con una gran sonrisa en los labios porque realmente disfruté siendo niño.
Quizá la mía fue una de las últimas generaciones que supieron lo que era convivir en el espacio público, usar la imaginación y ejercitar el cuerpo jugando fútbol o encantados, con los cuates de la “cuadra”.
No quiero decir que las actuales generaciones de chavitos sean sedentarias (que lo son), torpes (que también lo son) y carentes de imaginación (que, bueno, también lo son). Lo quiero decir es que las condiciones de vida desde hace unos cuántos ayéres hacia acá, cambiaron sustancialmente. Básicamente la inseguridad ha propiciado que los niños de hoy, por lo menos los niños de las urbes, se encuentren recluidos entre las paredes de sus casas o sus pequeños departamentos en unidades habitacionales o condominios, diseñados para la convivencia de personas adultas, pero excluyentes para la expresión y el desbordamiento de la energía de los niños.
No obstante, hay que reconocer que las nuevas generaciones de niños ya vienen con otro chip integrado. Son más abusados y menos, pero mucho menos, tímidos, introvertidos o sumisos que los niños de antaño, entre los cuales, con todo y que mi mamá suele decirme no sin socarronería que lo primero que dije fue “exijo mis derechos”, me puedo contar yo.
Aunque de tan recurrente en los discursos ha terminado por perder su significado, pienso que en los tiempos que corren más que en cualesquiera otros anteriores, la frase de que los niños son el futuro, tiene una vigencia extraordinaria.
Por lo menos en este querido país de globos y bicicletas, yo abrigo la esperanza de que los nuevos niños que hoy hablan como adultos enanos, preocupados por el calentamiento global y concientes de que existe un señor malo que se llama Peje o “gallito feliz”, sean en unos años unos ciudadanos participativos y propósitivos, capaces de ponerle un alto a las tendencias autoritarias que siempre se han alzado como amenazas a la libertad.
Por lo pronto hoy festejan su día y disfrutan de la alegría y la despreocupación que poco a poco el proceso de crecimiento se encargará de expropiarles, para después dosificárselas en pequeñas cantidades.
Y bueno, aunque son unos aunténticos tiranos, me sorprende y me parece bien interesante constatar que les he tomado afecto a los apestosillos; pues aunque su rollo ése medio ridículo de los derechos de los niños me irrita un poco, más por cuestiones teóricas que por mezquindad o alguna otra baja pasión, la verdad es que defiendo su derecho a reír, a holgazanear de vez en cuando y a cometer travesuras.
Así que en caso de que existiera la remota posibilidad de que algún chaval que no sea el “niño que todos llevamos dentro”, sino un auténtico chaval, llegase a leer este espacio de bagatelas, primero debo felicitarlo por haber preferido leerme en lugar de jugar The Age of Empires con algún pederasta austriaco o libanés (¿remember Surcar Kuri and Kamel Nacif?). Luego, quisiera decirle que coma sus frutas y verduras, haga sus tareas, obedezca a su mamá y sea muy feliz, para que, una vez adulto, no termine como un odioso, grosero, mentiroso, déspota, fatuo, arrogante y pretensioso politólogo… como uno que yo conozco.
P.S ¿Quién no recuerda esos festivales del día del niño que organizaban los profesores en la escuela? La verdad es que era genial ver, por lo menos un día del año, a los profes actuando como humanos y haciendo el ridículo. Yo por lo menos recuerdo al maestro Benito y al temible director, haciendo una rutina de payasos que me hizo reír mucho.
Con esta celebración se abre una temporada de conmemoraciones y festejos variopintos, que van desde el día del trabajo, en el que paradójicamente en México no trabajamos; pasando por el Día de los Maistros (albañiles), la conmemoración de la batalla de Puebla de 1847 (la cual se ganó, pero sirvió de muy poco pues se perdió la guerra), el Día de las Madres, el Día de los Maistros (profesores), y hasta el día mundial del Internet, el blog o una cosa de esas.
En lo personal el día de hoy estoy muy feliz por dos razones. Una es que por la tarde comienza en el mega puente de ¡5 días! (lo siento por los proletarios y asalariados explotados que tienen que trabajar el viernes, pero no os preocupéis, que desde la comodidad de mi reposet habré de solidarizarme con vosotros) que voy a aprovechar para salir de la ciudad hacia un lugar menos caótico y deprimente (lo digo por las lluvias vespertinas y los embotellamientos que producen). Específicamente me voy a un campo de gotcha a ensuciarme de pintura con mis sobrinos.
La otra razón es que, con motivo del día del niño, al rato me autoregalaré una pistola -qué digo pistola ¡metralleta!- de agua, Shark 3000, con capacidad para tres litros de agua proyectados con la presión suficiente para empapar de un solo disparo la cabeza del primer ingenuo que se deje. Y por si hubiera entre mis lectores un ecologista preocupado por el uso racional del agua, no se preocupe, que lo tengo todo fríamente calculado: al rato, cuando comience a llover, voy a poner unas cubetas en los ductos de desagüe del techo de mi casa, con los cuales habré de llenar mi pistolita.
Y bueno, como la ocasión lo amerita, creo que hoy escribiré precisamente acerca de la niñez; ése estupendo periodo de la vida que pareciera que se aprecia mejor cuando ya ha pasado. Por lo menos yo, desde mi adulterio, es decir, desde mi condición de quesque adulto contemporáneo, cuando miro hacia atrás, hacia mi infancia, suspiro con nostalgia pero también con una gran sonrisa en los labios porque realmente disfruté siendo niño.
Quizá la mía fue una de las últimas generaciones que supieron lo que era convivir en el espacio público, usar la imaginación y ejercitar el cuerpo jugando fútbol o encantados, con los cuates de la “cuadra”.
No quiero decir que las actuales generaciones de chavitos sean sedentarias (que lo son), torpes (que también lo son) y carentes de imaginación (que, bueno, también lo son). Lo quiero decir es que las condiciones de vida desde hace unos cuántos ayéres hacia acá, cambiaron sustancialmente. Básicamente la inseguridad ha propiciado que los niños de hoy, por lo menos los niños de las urbes, se encuentren recluidos entre las paredes de sus casas o sus pequeños departamentos en unidades habitacionales o condominios, diseñados para la convivencia de personas adultas, pero excluyentes para la expresión y el desbordamiento de la energía de los niños.
No obstante, hay que reconocer que las nuevas generaciones de niños ya vienen con otro chip integrado. Son más abusados y menos, pero mucho menos, tímidos, introvertidos o sumisos que los niños de antaño, entre los cuales, con todo y que mi mamá suele decirme no sin socarronería que lo primero que dije fue “exijo mis derechos”, me puedo contar yo.
Aunque de tan recurrente en los discursos ha terminado por perder su significado, pienso que en los tiempos que corren más que en cualesquiera otros anteriores, la frase de que los niños son el futuro, tiene una vigencia extraordinaria.
Por lo menos en este querido país de globos y bicicletas, yo abrigo la esperanza de que los nuevos niños que hoy hablan como adultos enanos, preocupados por el calentamiento global y concientes de que existe un señor malo que se llama Peje o “gallito feliz”, sean en unos años unos ciudadanos participativos y propósitivos, capaces de ponerle un alto a las tendencias autoritarias que siempre se han alzado como amenazas a la libertad.
Por lo pronto hoy festejan su día y disfrutan de la alegría y la despreocupación que poco a poco el proceso de crecimiento se encargará de expropiarles, para después dosificárselas en pequeñas cantidades.
Y bueno, aunque son unos aunténticos tiranos, me sorprende y me parece bien interesante constatar que les he tomado afecto a los apestosillos; pues aunque su rollo ése medio ridículo de los derechos de los niños me irrita un poco, más por cuestiones teóricas que por mezquindad o alguna otra baja pasión, la verdad es que defiendo su derecho a reír, a holgazanear de vez en cuando y a cometer travesuras.
Así que en caso de que existiera la remota posibilidad de que algún chaval que no sea el “niño que todos llevamos dentro”, sino un auténtico chaval, llegase a leer este espacio de bagatelas, primero debo felicitarlo por haber preferido leerme en lugar de jugar The Age of Empires con algún pederasta austriaco o libanés (¿remember Surcar Kuri and Kamel Nacif?). Luego, quisiera decirle que coma sus frutas y verduras, haga sus tareas, obedezca a su mamá y sea muy feliz, para que, una vez adulto, no termine como un odioso, grosero, mentiroso, déspota, fatuo, arrogante y pretensioso politólogo… como uno que yo conozco.
P.S ¿Quién no recuerda esos festivales del día del niño que organizaban los profesores en la escuela? La verdad es que era genial ver, por lo menos un día del año, a los profes actuando como humanos y haciendo el ridículo. Yo por lo menos recuerdo al maestro Benito y al temible director, haciendo una rutina de payasos que me hizo reír mucho.
29 abr 2008
El amor mesiánico
No obstante que es el objeto de estudio de mi profesión, generalmente evito escribir sobre política en este espacio por dos razones. La primera es que todos los días leo, escribo, platico e intento enseñar acerca de materias, factores y elementos relacionados con la disputa y el ejercicio del poder sobre una sociedad dada, que es el núcleo central de la actividad política. De manera que aun con todo y que disfruto y amo mi profesión, por salud mental trato de establecer cierta separación entre el ejercicio profesional y el devenir de mi vida personal, dentro del cual, por supuesto, está el mórbido placer de escribir estupideces y asuntos sin importancia, para después publicarlas en este lugar y recibir, a modo de comentarios, sendos renglones de grosero melodrama ranchero.
La otra razón está relacionada con el escaso rating de este blog. Si así que intento variar la temática de mis textos y adoptar un estilo en ocasiones corrosivo pero entretenido, de tres o cuatro lectores no paso, sospecho que al escribir sobre un tema serio del que pareciera sólo deben ocuparse los comentaristas de radio y televisión y los columnistas de los diarios, y hacerlo además con un estilo académico, este espacio quedaría prácticamente desolado.
Además, mercenario y usurero del intelecto como soy, suelo cobrar por la realización de un análisis serio porque para eso fui cuatro años a la universidad.
Sin embargo, en esta ocasión quisiera comentar acerca de un tema político que actualmente es central en la agenda de los asuntos públicos que se debaten en México; me refiero al conflicto político desatado por la propuesta de reforma a la industria petrolera nacional, presentada por el Presidente Felipe Calderón hace unas semanas.
La otra razón está relacionada con el escaso rating de este blog. Si así que intento variar la temática de mis textos y adoptar un estilo en ocasiones corrosivo pero entretenido, de tres o cuatro lectores no paso, sospecho que al escribir sobre un tema serio del que pareciera sólo deben ocuparse los comentaristas de radio y televisión y los columnistas de los diarios, y hacerlo además con un estilo académico, este espacio quedaría prácticamente desolado.
Además, mercenario y usurero del intelecto como soy, suelo cobrar por la realización de un análisis serio porque para eso fui cuatro años a la universidad.
Sin embargo, en esta ocasión quisiera comentar acerca de un tema político que actualmente es central en la agenda de los asuntos públicos que se debaten en México; me refiero al conflicto político desatado por la propuesta de reforma a la industria petrolera nacional, presentada por el Presidente Felipe Calderón hace unas semanas.

Para entender este conflicto, que en una primera aproximación parece demasiado complejo, hay que tener en cuenta dos hechos concretos: la presentación de la propuesta de reforma por parte del Presidente, en la cual se plantea la participación de capital privado en actividades de exploración y refinación del petróleo, que ha sido interpretada como una acción privatizadora por una parte de la oposición política presente en el Congreso de la Unión.
El otro hecho concreto es la intención declarada del candidato perdedor de la pasada elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador, de complicar la actuación del actual gobierno constitucional hasta provocar su caída, por considerarlo un gobierno ilegítimo producto de un fraude electoral.
Con ambos hechos como referentes principales, se puede observar que el trasfondo del conflicto alrededor de la reforma petrolera, es la confrontación entre dos grupos políticos que representan dos visiones contrapuestas del ejercicio de la política y de la acción de gobierno.
Tal confrontación surgió prácticamente desde el año 2000 y desde entonces ha venido escalando en intensidad, mostrando los verdaderos valores –si es que se les puede denominar así- y las prácticas culturales presentes entre clase política mexicana.
Se trata de valores y prácticas tradicionales, heredadas de un largo periodo de autoritarismo ejercido desde el poder estatal por un solo partido, el PRI, que ha sido escuela política de casi todos los cuadros que actualmente operan en los espacios del régimen democrático, apenas habilitados con el advenimiento de la alternancia en la Presidencia de la República y la pluralidad en el Congreso de la Unión.
Esta situación plantea un grave riesgo para la emergente democracia mexicana, pues mientras a nivel institucional existen reglas y normas que prescriben las formas de disputa y ejercicio del poder, a nivel cultural prevalecen las visiones tradicionales, esto es, patrimonialistas, clientelares, nacionalistas y populistas de concebir y ejercer la política.
Esta situación se puede observar con mayor claridad en el ahora líder de la oposición autodenominada de izquierda, es decir, el otrora candidato presidencial del PRD, Andrés López Obrador, que independientemente de la valoración personal que se tenga sobre su figura, se debe reconocer con objetividad que es un hombre político. Esto es, que es un individuo dotado de un talento innato o lírico, acerca de la política, las pasiones, los intereses, las diputas, las lealtades, los conflictos, los costos y los beneficios que implica su ejercicio.
Hasta hace poco, y muy a mi pesar, había tenido que salir en defensa de este personaje con la objetividad que debe imperar en quién conoce y debe emplear con rigor los conceptos y categorías que integran una disciplina social tan abierta y flexible como lo es la ciencia política.
Y es que considerando que luego del conocimiento sobre las mejores tácticas del fútbol, la opinión sobre el acontecer político es el segundo oficio prácticamente de todo mundo, es muy prácticamente imposible no salir en defensa de la dignidad de la disciplina en cualquier charla de sobremesa.
De esta manera, en muchas ocasiones anteriores y –decía- muy a mi pesar, había tenido que salir en defensa no tanto de Andrés Manuel López Obrador, sino de los conceptos usados como adjetivos para denostar a tal personaje.
Así pues, lo había defendido de ser un golpista, un dictador y hasta un naco. Sin embargo, hoy por la mañana, luego de leer su discurso pronunciado el día domingo en el Zócalo de la Ciudad de México, por primera vez sentí un miedo terrible hacia este personaje.
Y no es para menos. Esto fue lo que dijo:
Aceptemos la afirmación del amor como la mejor forma de hacer política. No debe caber en nosotros ni el odio ni la amargura. Seamos el amor que todo lo da. Amar es perdonar en todo instante. Que nos mueva el amor a la Patria y la vocación humanista del amor al prójimo. Luchar por los pobres, los humillados y los ofendidos, es nuestro propósito esencial. Tengamos la confianza de que la fuerza del amor se impondrá sobre la codicia y la manipulación…
El mesías tropical
Cuando un líder político comienza a hablar en estos términos es hora de comenzar a correr, porque los espíritus del mesianismo, el paternalismo y el totalitarismo se han poseído de él, y entonces sí, cabe esperar las más deplorables aberraciones y atrocidades.
P.S No obstante los desencuentros, no podría odiar a Colombia, por una razón. Una sola, admirable, respetable aunque muy impulsiva razón. No es necesario decir cuál es esa razón; qui habet aures audendi, audiat.
P.S Ése contador que recién instalé miente. Indica un promedio de 35 visitas diarias; pero dudo mucho de que sea así.
Intransigencia (e ingenuidad)
Cuando las personas de talante autoritario y aldeano no tienen argumentos, esta es su reacción frente a las opiniones de los demás:
He optado por no volver por aquí creo que es lo mejor, pues honestamente aparte de ser muy odioso hasta conmigo, porque siento que lo haces para provocar reacciones chovinistas en mi, eres déspota, grosero y mentiroso!!!!...
Pues tus compatriotas y hasta posibles colegas... No faltara el politólogo en esa banda... SI GUERRILLEROS!, si, si, si, si y si!. Aunque duela, pues así como yo acepto y reconozco que Uribe ha tenido vínculos con paramilitares, tus amigos tenían vínculos con la guerrilla...
[Aunque corregí los errores ortográficos, opté por dejar tal cual las deficiencias sintácticas]
Esta diatriba la recibí a modo de comentario a mi post anterior, acerca del presidentito colombiano, el narcotraficante y mentiroso Álvaro Uribe, por parte de una enardecida lectora colombiana.
A modo de respuesta le digo:
Perdóneme por exhibir su intransigencia y su ingenuidad, estimada lectora. Pero no se confunda, no es usted tan importante como para que mis textos sean explícitamente escritos para provocar sus reacciones primitivas, burdas, rijosas e insensatas. En este sentido créame que su ausencia en lugar de lamentarse, se agradece sinceramente.
Por lo demás, este es mi espacio y en él puedo escribir las opiniones que me plazcan, con la plena seguridad de no ser coartado por expresiones de intolerancia como la que usted ha mostrado.
Aunque me queda la duda autoreflexiva ¿realmente seré déspota, grosero, mentiroso e hijo de… Satanás?
¿Los demás qué piensan?
24 abr 2008
¿Quién es el narcotraficante?
Además de perder el fuero constitucional, ser exhibido en su miseria existencial embolsándose fajos de dinero, o tirándose a una prostituta en la habitación de motel, lo peor que le puede suceder a un político es perder la memoria, o fingir que la ha perdido, y en función de esa farsa tratar de reinventarse como un nuevo personaje.
Eso fue lo que le sucedió al presidentito colombiano Álvaro Uribe que en un pretendido acto de pureza moral denostó a los universitarios mexicanos asesinados por el Ejército de su país, calificándolos de narcotraficantes, secuestradores, guerrilleros, terroristas y casi casi autores intelectuales del ataque a las Torres Gemelas.
Sin embargo al deplorable sátrapa bananero se le olvidó su pasado político, que la Defense Intelligence Agency, dependiente del Pentágono, describía así en Septiembre de 1991:
Álvaro Uribe Velez - Político y senador colombiano dedicado a colaborar con el cartel de Medellín en altos niveles del gobierno. Uribe fue vinculado con una empresa implicada en actividades de narcotráfico en Estados Unidos. Su padre fue asesinado en Colombia por su conexión con traficantes de narcóticos.
Eso fue lo que le sucedió al presidentito colombiano Álvaro Uribe que en un pretendido acto de pureza moral denostó a los universitarios mexicanos asesinados por el Ejército de su país, calificándolos de narcotraficantes, secuestradores, guerrilleros, terroristas y casi casi autores intelectuales del ataque a las Torres Gemelas.
Sin embargo al deplorable sátrapa bananero se le olvidó su pasado político, que la Defense Intelligence Agency, dependiente del Pentágono, describía así en Septiembre de 1991:
Álvaro Uribe Velez - Político y senador colombiano dedicado a colaborar con el cartel de Medellín en altos niveles del gobierno. Uribe fue vinculado con una empresa implicada en actividades de narcotráfico en Estados Unidos. Su padre fue asesinado en Colombia por su conexión con traficantes de narcóticos.
Uribe trabajó para el cartel de Medellín y fue amigo íntimo de Pablo Escobar Gaviria. Participó en la campaña política de Escobar para hacerse elegir parlamentario suplente de Jorge Ortega. Uribe fue uno de los políticos que, desde el Senado, se opuso a cualquier tipo de tratado de extradición.

Perdón, pero ¿quién es el narcotraficante? Y sobre todo, ¿quién es el mentiroso?
P.S Mal. Estamos muy mal.
Resulta que en la más reciente Encuesta Internacional sobre Criminalidad y Victimización, elaborada por la ONU, México ocupa el segundo lugar en corrupción y soborno a funcionarios. O sea ¿qué nos pasa? ¿dónde quedó nuestro espíritu competitivo? ¿nuestras lecciones de excelencia aprendidas en los libros y las conferencias de Miguel Ángel Cornejo?
¡Basta de seguir siendo los eternos segundones; los de ya merito! Para el siguiente año hagámonos el propósito de ocupar el primer lugar en esa encuesta para desbancar a esos griegos de apellidos raros, ofreciendo más dinero que el que ofrecieron ellos a los responsables de la encuesta para aparecer en primer lugar.
Lo único que me consuela y me llena de orgullo es que ocupamos el primer lugar a nivel mundial en robos cometidos con violencia y también con armas de fuego…
23 abr 2008
Conspiración
Si ya lo decían los que saben de teorías de conspiración y complots, que todo el pintoresco desmadrito montado alrededor de la propuesta de reforma a Petróleos Mexicanos, presentada por el Presidente Constitucional, Felipe Calderón, y denostada, repudiada y saboteada por el Presidente Legítimo Andrés Manuel Adolfo Benito López Obrador Hitler Mussolini, era un distractor para que la political rule aseste otro golpe a nuestras libertades básicas e invada nuestros respectivos espacios privados, en los que si queremos, podemos utilizar el momento de ir al baño para leer los textos de Monsivais y las otras momias vivientes, como un acto de humillación a su dizque exquisitez literaria.
No contentos con haber excluido a los fumadores de los espacios de convivencia, obligándolos a salir a fumar a las banquetas como si fuesen gitanos, judíos o apestados; ahora nuestros dizque legisladores pretenden cometer una atrocidad contra la libertad de elección que aún conservamos todos los mexicanos y contra el orgullo nacional.
Resulta que esos engendros del demonio con fuero, quieren despojarnos del digno segundo lugar que ocupamos a nivel mundial en la ingesta de refrescos (150 litros al año), apenas después de los Estados Unidos.

El argumento, si es que se le puede llamar argumento a esa retórica del resentimiento, es que se pretende reducir el índice de enfermedades como la obesidad, la desnutrición y la diabetes.
O sea, ¿por qué en lugar de joder los momentos Coca Cola de la vida, atentar contra la unidad familiar (porque hay que reconocerlo, siempre a la hora de la comida la mayoría bebemos Coca Cola) y contra la salud mental de nuestra promisoria juventud rebelde (porque no sigue a los demás), nuestros diputadetes no legislan para incrementar los salarios por arriba del tope de la inflación?
Si hicieran eso, entonces la gran mayoría de mexicanos tendríamos el dinero suficiente para comprar agua purificada, tisanas traídas de la India o productos orgánicos, en lugar de comprar quesadillas, tomar Barrilitos de ponche de frutas, comer tacos al pastor (alemán) y sopas Maruchan.
Pero no, voraces como son, quieren hacernos la vida miserable y allanar la libertad que tenemos para enfermar y morir de la forma que más nos plazca.
Y por si eso fuera poco, ¡pretenden quitar la publicidad de los refrescos de la barra de programación juvenil! ¿Es que acaso no les dice nada el anuncio de ActII? Es que sin ActII y sin refresco, sencillamente ¡no hay tele! Además, esos comerciales de Coca Cola, la neta están bien llegadores.
La jacobina diputada perredista Guadalupe Flores Salazar dice que “gastamos más dinero en la compra de refresco que en la de tortillas y frijoles, y es en el hogar donde se inicia el consumo de refresco, sustituyendo con esto también la ingesta de agua”. Claro que sí, pero eso lo hacemos los mexicanos promedio, los que no recibimos una dieta mensual de 70 o 80 mil pesos (7 u 8 mil dólares), suficientes para ir a comer a restaurantes de alta cocina.
Si en los años setenta los insensibles socialistas universitarios veían en el estallido de una huelguita apestosienta una condición objetiva para el inicio de la revolución socialista, la verdad es que se equivocaron.
En cambio, si los diputados se meten con nuestro derecho a tomar refresco e idiotizar nuestra mente con los contenidos de las televisoras duopólicas, entonces sí que estarán propiciando las condiciones objetivas para la revolución de las calorías.
Así que gordos sedentarios, fumadores excluidos y consumidores compulsivos de refrescos de México ¡Uníos!
Hasta la victoria siempre… (aunque en lo personal prefiero la Corona)
21 abr 2008
Admirar la inteligencia
¡Joder! No cabe duda que la naturaleza nunca se equivoca. Eso me reconforta y me redime de la crisis moral en la que la lucha interna entre mi Yin racional y ecuánime, y mi Yan impulsivo, visceral y libidinal, me había sumido.
Resulta que divagando por las páginas de algunos diarios (periódicos, pues), me encontré con una nota de El Mundo, en la que se informaba el 12 de Noviembre del 2007, o sea, hace unos meses -lo cual me angustia porque hasta apenas ahora me he enterado- que un estudio realizado por científicos de las universidades de Pittsburg y California, se concluyó que las mujeres con caderas anchas y sus hijos, son más inteligentes que las lombrices paradas que deambulan por los centros comerciales, presumiendo sus famélicas figuras.
Según tal estudio, del cual sospechosamente no se menciona ningún responsable ni la revista científica en la que fue publicado, en los muslos y las caderas de ese tipo de mujeres se acumulan más ácidos grasos omega -3, quesque esenciales para el desarrollo del cerebro de sus bebés durante el embarazo.
Resulta que divagando por las páginas de algunos diarios (periódicos, pues), me encontré con una nota de El Mundo, en la que se informaba el 12 de Noviembre del 2007, o sea, hace unos meses -lo cual me angustia porque hasta apenas ahora me he enterado- que un estudio realizado por científicos de las universidades de Pittsburg y California, se concluyó que las mujeres con caderas anchas y sus hijos, son más inteligentes que las lombrices paradas que deambulan por los centros comerciales, presumiendo sus famélicas figuras.
Según tal estudio, del cual sospechosamente no se menciona ningún responsable ni la revista científica en la que fue publicado, en los muslos y las caderas de ese tipo de mujeres se acumulan más ácidos grasos omega -3, quesque esenciales para el desarrollo del cerebro de sus bebés durante el embarazo.
Jennifer Lopez. Una de las mujeres más inteligentes del planeta.
Por si esto fuera poco, resulta que ellas tienen muchas menos probabilidades de morir a causa de un infarto durante el orgasmo, porque según ése mismo estudio, los ácidos grasos reducen los riesgos de problemas cardíacos.
Como decía al principio, enterarme de tal hallazgo de la ciencia, independientemente de que me parezca darwinista y causante de actitudes discriminatorias hacia las mujeres no voluptuosas pero simpáticas, me libera de la crisis moral que me producían mis inclinaciones hacia la concupiscencia visual (a andar de babas viendo por dónde no, pues).
De haberlo sabido antes, hubiera tenido la justificación perfecta a cierta ocasión en que la doctora corazón me sorprendió mirándole el trasero a otra chica, mientras hacíamos fila en la taquilla del cine.
En ese momento le hubiera respondido:
-No estoy mirando lascivamente su enorme y descomunal trasero, enfundado en unos jeans Levi’s. Estoy contemplando su inteligencia. Tú sabes que me gustan las mujeres inteligentes, ¿no?
Sin embargo, tarde, muy tarde me vine a enterar.
Aunque aún así guardo mis sospechas acerca de las pruebas de inteligencia aplicadas a las mujeres que participaron en la investigación, de la que se concluyó que las peladas peludas, pero bien pompudas, son más inteligentes que las mujeres unidimensionales. No fuera siendo que la supuesta inteligencia haya consistido en saber diferenciar el color fishua del rosa mexicano; o el rombo del trapecio. Digo, esto puede parecer muy misógino, pero la experiencia, la desafortunada experiencia, me ha enseñado dolorosamente a desconfiar y a ser pesimista respecto al modelo de mujer prevaleciente en nuestros días.
En fin, que ahora que sé que cuando le miro el trasero a una mujer caderona, en realidad estoy admirando su coeficiente intelectual, ¿no habrá otro estudio científico que sirva para justificar el lujurioso y libidinal acto de mirarles los pechos?
Es pregunta.
Como decía al principio, enterarme de tal hallazgo de la ciencia, independientemente de que me parezca darwinista y causante de actitudes discriminatorias hacia las mujeres no voluptuosas pero simpáticas, me libera de la crisis moral que me producían mis inclinaciones hacia la concupiscencia visual (a andar de babas viendo por dónde no, pues).
De haberlo sabido antes, hubiera tenido la justificación perfecta a cierta ocasión en que la doctora corazón me sorprendió mirándole el trasero a otra chica, mientras hacíamos fila en la taquilla del cine.
En ese momento le hubiera respondido:
-No estoy mirando lascivamente su enorme y descomunal trasero, enfundado en unos jeans Levi’s. Estoy contemplando su inteligencia. Tú sabes que me gustan las mujeres inteligentes, ¿no?
Sin embargo, tarde, muy tarde me vine a enterar.
Aunque aún así guardo mis sospechas acerca de las pruebas de inteligencia aplicadas a las mujeres que participaron en la investigación, de la que se concluyó que las peladas peludas, pero bien pompudas, son más inteligentes que las mujeres unidimensionales. No fuera siendo que la supuesta inteligencia haya consistido en saber diferenciar el color fishua del rosa mexicano; o el rombo del trapecio. Digo, esto puede parecer muy misógino, pero la experiencia, la desafortunada experiencia, me ha enseñado dolorosamente a desconfiar y a ser pesimista respecto al modelo de mujer prevaleciente en nuestros días.
En fin, que ahora que sé que cuando le miro el trasero a una mujer caderona, en realidad estoy admirando su coeficiente intelectual, ¿no habrá otro estudio científico que sirva para justificar el lujurioso y libidinal acto de mirarles los pechos?
Es pregunta.
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