6 jun 2009

Reinvención y cambio de piel

En tanto conjunción de materia y energía que conforma horizontes de sentido hacia los cuales encaminamos nuestra existencia, la vida nos enseña una lección muy importante: ésta es que nada permanece estático, que todo cambia, se transforma.

Los cambios pueden ser graduales o espontáneos según se los quiera ver o según sea la materia sujeta a la transformación. Nacer, crecer y morir es para los hombres un proceso generalmente largo, pero en ocasiones contingente.

La evolución del Universo desde una pequeña concentración de energía hasta la inconmensurable expansión en la que ahora se encuentra, ha sido un proceso que ha requerido una gran cantidad de tiempo desde la perspectiva finita de quienes sólo estamos un poco, casi un instante, existiendo en un pequeño grano de arena que representa nuestro planeta en la inmensidad de formas estelares; pero quizá ha sido precisamente un instante desde otra concepción de la temporalidad.

En un nivel tanto más aterrizado, en el ámbito de la conducta y las costumbres de los hombres y los pueblos, la noción de civilización simplemente no existiría si los conglomerados humanos permanecieran inermes, sujetos y preocupados tan sólo por la satisfacción de las necesidades vitales básicas. Pero como no es así, la vida humana ha evolucionado desde las remotas y toscas figuras antropoides que se refugiaban en las cavernas, siguiendo los impulsos de sus sentidos, hacia personas autoreflexivas, concientes del poder del pensamiento y la palabra, que pueden preguntarse por su origen, misión y destino en el mundo, para descubrir al cabo de un momento de haber iniciado sus elucubraciones, una ley del Cosmos que siempre había estado ahí, aguardando a ser descubierta: que nada se crea ni de destruye, sino sólo se transforma.

En ése contexto se sitúa la decisión de cambiar la imagen de este pequeño y anónimo espacio.

Después de tres años en los que la inconstancia, la fruslería y la fatuidad han sido paradójicamente la constante de este blog, he decidido darle un giro en la imagen y en la medida de lo posible -es decir, en la medida en que la inercia de mi innato estilo corrosivo y arrogante me lo permita- un cambio en el contenido.

En adelante, y esto como reacción a la hambruna de diálogos inteligentes, propiciada por el ambiente social en el que ahora me desenvuelvo profesionalmente, trataré de escribir sobre alguno de esos temas que constituyen los universales de la sociedad humana, como solía decir Norbert Elías.

En lo personal la escritura siempre ha sido una forma de terapia emocional, así como un medio de recreación y placer intelectual; escribo no para buscar un público lector, ni para formar una comunidad o red social, como es el caso de muchas personas que deciden comenzar una bitácora virtual. Escribo más bien porque siento la necesidad de plasmar en letras mis pensamientos y opiniones sobre las personas, las ideas y las cosas que me rodean. Escribo porque me gusta ejercitar mi imaginación mediante la creación de escenas, historias y personajes que pueden vivir, experimentar y expresar emociones diversas. Aunque debo confesar que también escribo para provocar, para llevar la contra y señalar los puntos que por comodidad o conveniencia suelen ignorarse generalmente.

Imaginación y provocación son dos buenos alicientes para la reflexión y la crítica que, además, no me molesta; porque al final ha sido el resultado de un proceso de pensamiento, propiciado por el contenido de mis letras.

Así que esos serán los derroteros de la nueva etapa que a partir de ahora inicio en este blog, que por lo demás seguirá siendo de estupideces sin sentido.

Y como no pretendo convertirme en un ídolo de las masas lectoras (en caso de que existan), seguiré dejando mis palabras sueltas en las aguas de la red, para que sean pescadas sólo por aquellos que por franco interés o mórbida curiosidad se vean motivados a leerlas.

Asimismo seguiré siendo un escribidor malagradecido y ajeno a la dinámica de la lectura-comentario recíproca, que es la base de las redes de escribidores-comentadores de los blogs. Con toda honestidad debo de confesar que mi arrogancia me impide leer otras ideas que no sean las mías, y más aun si aquellas son tanto o más pretenciosas como las que suelo verter en el procesador de textos de mi notebook.

En lo venidero también intentaré ser más constante y publicar uno o dos textos por semana en un día específico, que será martes y/o sábado, para evitar la tentación de escribir sobre las vicisitudes mi vida cotidiana, es decir, de lo insufribles que son algunos sujetos con los que tengo que compartir buena parte del día compadeciendo algunas veces sus limitaciones lingüísticas e intelectuales, otras burlándome abiertamente de ellas sin que los sujetos de marras caigan en la cuenta.

Así pues, espero que este cambio de piel sea el augurio de una nueva época de este blog, que habrá de permanecer tanto tiempo como Google lo considere conveniente.

Un saludo para ti, estimado lector, lectora, que gentilmente has prestado atención a este post. Gracias por tu visita.

27 may 2009

Out of service

En remodelación...

30 abr 2009

Y cuando ya éramos muchos... I

Cuando todo mundo pensaba que ya nada más podría contaminar el milagrosamente respirable aire de la Ciudad de México y sus alrededores, ahora resulta que pulula por todos lados el virus de la gripe porcina que ya también comienza a ser conocido como el mexican flu.

Y sí, también cuando todo mundo pensaba que en una ciudad como ésta en la que a millones de personas nos tocó el infortunio de vivir, ya nada podría resultar sorpresivo, después de la matanza de Tlatelolco, el terremoto de 1985, el chupacabras y el pejebloqueo de la avenida Reforma, resulta que un invisible pero furtivo virus nos ha colocado al borde la histeria.

Apenas el día jueves por la noche la vida transcurría dentro de los razonables límites de la angustia existencial causada por la crisis económica, que con todo y los anuncios optimistas de los actores de Televisa, y los todavía más ridículos y manipuladores de Coca Cola, con todo y la historia del viejito centenario que visita a un recién nacido incluida, ha calado hondo en el estado de ánimo de las personas; apenas ése día, pues, nuestra vida aun era normal.

Muchos empleábamos las últimas horas de ése jueves mirando la televisión, cuando repentinamente salió a cuadro el descuadrado secretario de Salud, para anunciarnos que había fallado en su chamba siendo totalmente incapaz, con toda la estructura burocrática y operativa de esa dependencia, de prevenir el brote de una epidemia causada por una extraña mutación del virus de la influenza.

Millones de personas a lo largo del país, pero particularmente a lo largo, que no es mucho, pero es algo, de la Ciudad de México, escuchamos impertérritos que se había confirmado la muerte de 16 personas por causas directamente relacionadas con ése virus. Y todavía más sorprendidos escuchamos que como medidas precautorias tendríamos que evitar lugares concurridos, no saludar de mano o de beso, no tocar pasamanos, personas con síntomas de gripe y en general a todo el mundo.

Lo peor sobrevino cuando se anunció la suspensión de clases en todos los niveles del sistema educativo.

Qué bien por los estudiantes, porque evitarían salir de casa y exponerse a los riesgos de una epidemia que se antojaba bastante atroz por el cuadro patológico descrito brevemente. Pero, ¿y el resto de los comunes mortales que tendríamos que ir a trabajar a la de a fuerza, qué?

Pues nada, que nos tuvimos que chingar a salir a la calle con temor, suspicacia y recelo de cualquiera que caminara adelante, al lado o detrás nosotros.

Para mi mala suerte de hipocondríaco desprevenido, no tenía al alcance un cubrebocas, con todo y que la noche del jueves, mientras el secretario de Salud describía los síntomas de la gripe porcina, yo sentía que los tenía todos y ya me encontraba agonizante escribiendo mi testamento.

Así, el viernes por la mañana tuve que salir de casa tan sólo con la encomienda a toda la corte celestial para que no me tocara en el trayecto ningún griposo porcinoso que representara un riesgo de contagio andante.

Y bueno, está de más decir que ésa mañana eché mucho de menos haber vendido mi cochi y tener que viajar en el popular, democrático y muy riesgoso metro, pero de todos modos lo digo: extrañé no tener coche.

Atención terroristas aficionados y profesionales: si hay un lugar que puede ser propicio para propagar un virus mortal y contagioso, ése lugar es sin duda el metro de la Ciudad de México: un espacio cerrado, súper concurrido y dotado de pasamanos atiborrados de un sinnúmero de bacterias de diferentes procedencias.

Todo mundo se miraba con sospecha y hasta un leve bostezo era causa de una mirada represiva dentro de ése gusano naranja en el que ahora sí, puede pasar de todo: desde intentos de magreo perpetrados por hombres disfrazados de mujeres, hasta tianguis culturales, baños sauna y, ahora, contagios masivos de virus potencialmente mortíferos.

El sábado me tocó tener que salir de la ciudad junto con mi madre, que pasó por mí en su coche y, obvio, me puso a manejar. Nuestro destino era Veracruz, y si de por sí a quienes vivimos en el DF no nos quieren en los estados del interior de la república por gandayas y mala leche, pues ahora nos quieren aún mucho menos. Así que en esta ocasión fuimos víctimas de una discriminación aún más acentuada tan sólo por el origen de las placas de circulación del auto de mi mamá, que ya ni siquiera vive en la ciudad.

Para ése día por lo menos en los estados de Hidalgo, Puebla y Veracruz aún no había una alarma generalizada, pero para el domingo por la tarde la situación comenzó a adquirir tintes de psicosis colectiva.

La ciudad era un completo desierto. El metro estaba semivacío y quienes viajábamos en él nos mirábamos con recelo y suspicacia.

El lunes fue el acabóse. Justo en el momento en que el secretario de Salud actualizaba las cifras de casos sospechosos y confirmados de swine flu, la Ciudad de México fue sacudida por un sismo de 5.8 grados en la escala de Ritcher.

A esa hora, las 11:46 de la mañana yo me encontraba trabajando en el piso 18 de una torre compuesta por un total de 19. Si de por sí los comentarios del día eran acerca del temor que se percibía con la situación de emergencia sanitaria, la sacudida de un sismo que provocó que mi silla neumática provista con ruedas se moviera un par de centímetros, fue la cereza en el pastel de neurosis, angustia y ansiedad que ya se había cocinado en todo el Distrito Federal y algunos estados de la república.

Los comentarios de los blogs y los foros de discusión de los principales diarios del país rayaban en la histeria y el humor negro. Hubo alguien que escribió al estilo Homero Simpson: “Jehvus, nada más mándanos otra señal para confirmar que no nos quieres”; o aquel otro que escribió: “¿qué sigue ahora, la erupción del Popocatepetl?” en alusión al volcán que se encuentra a unos kilómetros del Distrito Federal, yendo hacia el oriente, en dirección al estado de Puebla.

Hubo incluso el chiste local, que ya publiqué en este espacio: ¿qué le dijo el DF a la influenza? ¡mira cómo tiemblo!

La situación no daba para menos, o para más, según se quiera ver.

Ya para el martes era generalizado el uso de cubrebocas en las calles y lugares públicos, y las indicaciones de prevención en las oficinas y lugares de trabajo eran muy claras y obligatorias.

En mi caso, la indicación fue usar cubrebocas todo el día, lavarnos constamente las manos y desinfectarlas con alcohol en gel, limpiar el lugar de trabajo y emplear bolsas para desechar en forma aislada los pañuelos y cubrebocas empleados durante la jornada laboral.

Ya por la tarde comenzaron a circular las primeras teorías de la conspiración, fundadas en nuestra muy mexicana desconfianza en la información pública y en el recelo a todo lo que los demás hacen bien, sólo por el hecho de que lo hacen ellos y no nosotros.

Que si fue un ataque bioterrorista, que si fue un complot urdido por el G 20 durante su reunión en Londres, que si el Opus Dei y sus malignos planes de dominar el mundo, que si eran miles de muertos e infectados desde diciembre de 2008 mantenidos ocultos por el gobierno.

Ésos rumores combinados con el pésimo manejo de la información dado por las principales televisoras del país, provocó que gente sana comenzara a sugestionarse y a enfermarse de hipocondría. En lo personal debo reconocer que el único síntoma de la swine flu que me ha aquejado es el cansancio crónico, pero eso ha sido incluso desde antes de que el virus mutara de la forma en que lo explicó Dereck, un niño de cinco años: “un adulto se enfermó de gripa, se la contagió a otro adulto y éste se la contagió a un puerco”.

La situación, para el día miércoles, se complicó un poco debido a la desafortunada medida tomada por el gobierno del Distrito Federal, de cerrar los establecimientos comerciales como los restaurantes, que sólo podrían servir comida para llevar, lo que provocó que personas como yo, que comemos fuera de nuestros lugares de trabajo, tuviéramos que hacer filas afuera de sitios como Burger King o Vips, para poder comprar comida. Ésa imagen sí fue deprimente. Fue como estar en un campo de refugiados esperando a recibir la ración diaria. Pero fuera de eso, la vida siguió su curso.

Esto, para quienes eventualmente llegasen a leerme desde otro país del orbe, es lo que ha sucedido en la vida cotidiana México, desde mi muy particular y subjetivo testimonio.

No hay, como podría suponerse a partir de las fotografías publicadas por diarios como El País, El Mercurio, Le Monde o Il Corriere della Sera, una situación de crisis social.

Cierto, ha disminuido sensiblemente la actividad económica, laboral, cultural y turística; pero créanme, la vida sigue.

Y cuando ya éramos muchos... II

Cuál es la lectura que desde mi perspectiva profesional le doy a esta contingencia; pues en efecto, es de alarma.

Alarma porque el ánimo social podría desbordarse si el virus de la conspiracionitis resulta más contagioso que el swine flu, lo cual supondría un riesgo para la seguridad nacional y la gobernabilidad.

Si bien el Estado falló en la fase preventiva de una situación de esta naturaleza, parece que está haciendo lo correcto en la etapa reactiva. Por primera vez en mucho tiempo se está viendo al Estado en acción, articulado y cohesionado. Los divisionismos partidistas por el momento, y en el momento electoral, han pasado a segundo término.

La sociedad salió precisamente buscando al Estado y lo ha encontrado actuando de tal manera que los costos políticos, que son mucho más importantes que los costos económicos, serán mínimos cuando pase la contingencia.

Y en cuanto a la contingencia en si y sus costos sociales; hay que ponerla en perspectiva, a fin de disminuir los tintes alarmistas y desactivar las teorías de la conspiración, que por lo demás resultan mucho más sospechosas y desconfiables que la información oficial, porque su finalidad es precisamente provocar división y desconfianza.

En un país con 106 millones de habitantes, la muerte de 150-160 personas representa el .15 por ciento de la población. Son más las personas que mueren por accidentes viales (más de siete mil al año) o por ejecuciones relacionadas con el narcotráfico (el año pasado se murieron 5567 personas, 15.21 en promedio por día), que por un virus presuntamente mortífero; de hecho, y para ampliar un poco más la perspectiva, la tasa anual de muertes relacionadas con enfermedades pulmonares obstructivas -que es finalmente de lo que se mueren las personas con influenza o neumonía- es de 19 por cada 100 mil habitantes, es decir, que mueren más personas por infartos, diabetes o cirrosis, que por gripes mal diagnosticadas y tardíamente tratadas.

Por otra parte, en una ciudad con 17 millones de habitantes, como lo es la Ciudad de México, la muerte de 8 personas no representa ni siquiera el medio punto porcentual.

Ahora, si se considera que la tasa de natalidad del país es de 4 niños por día, mientras que la tasa de mortalidad de es un 1 persona diaria, la situación es realmente nimia.

En cuanto a las supuestas pérdidas económicas, ya desde el empleo de la palabra “pérdida” se tergiversa la información. En estricto sentido lo que sucede es una baja en los índices de PERCEPCIÓN o INGRESOS o TRANSACCIONES de las empresas y negocios, los cuales se desvían hacia un ahorro momentáneo, pues lo que no se gasta en un día puede guardarse para ser gastado al siguiente. Así que las presuntas pérdidas millonarias no son tales, y pueden verse más bien como ahorros.

Para finalizar, está la cuestión del complot urdido por las “elites” mundiales para reactivar la economía.

La verdad es que ése tipo de veborrea no merecería, strictu sensu, ser comentada. Pero emplearé el tiempo menesteroso para hacerlo.

Se dice que esta contingencia es en realidad una estrategia para incrementar las ganancias de las empresas farmacéuticas transnacionales, que se fraguó en la reunión del G 20 en Londres.

A esto sólo podría decir que, si cualquiera de los conspiracionistas tuviera 20 dólares como capital y dos alternativas de inversión, de las cuales la primera consistiera en un sistema de apuestas que les garantizara una ganancia diaria inmediata; y la otra, la siembra de un árbol de naranjas que les regresaría su inversión hasta que produjera naranjas, ¿cuál escogerían?

Pues bien, también las empresas de biotecnología y farmacéutica han escogido la primera alternativa. Para ellos es demasiado costoso producir vacunas y mucho más fácil especular en los mercados bursátiles con las acciones de otras empresas. Pero no sólo ellos han escogido ésa alternativa; muchas otras compañías y bancos como Golden & Sachs también lo han hecho. Por eso en la reunión del G 20 lo que se acordó fueron nuevas reglas de operación del sistema financiero global, a fin de propiciar que ésas empresas invirtieran sus ganancias en la economía real.

En lo que hace a la ubicación de los muertos por swine flu y su familiares, estoy seguro que a ninguno de los sospechosistas profesionales les gustaría que sus amigos, vecinos y conocidos se enterasen que tienen herpez genital o hepatitis, porque eso implicaría convertirse en objetos de discriminación, en el mejor de los casos, y en el peor, ser linchados o expulsados de sus respectivos barrios o comunidades. Así igual sucede con los contagiados de swine flu, por eso es que no los vemos en cadena nacional llorando sus duelos.

Y ya para finalizar ¿qué clase de gobernante estaría dispuesto a que su país fuera el blanco de la segregación y discriminación del resto del mundo, a sabiendas que eso implicaría casi en automático su derrocamiento por parte de una sociedad enfurecida? Ninguno que tenga dos dedos de frente.

Así que por favor, hay que tomar esto con seriedad, mas no con actitudes demenciales o paranoicas.

28 abr 2009

Conspiracionitis vs. A/N1H1

Ahora que pareciera, o cuando menos ahora que queremos creer que pareciera, que las medidas preventivas para neutralizar el brote de influenza porcina están dando resultado, ha aparecido otra enfermedad endémica de México: la conspiracionitis.

Parte de nuestro ethos cultural mezquino, culero e hijo de la chingada, es el hecho de menoscabar, subestimar y descalificar los esfuerzos hechos por los otros para el logro de un objetivo, sólo por el simple hecho de que lo hicieron ellos y no nosotros. Y una forma de descalificar esos esfuerzos y de pretender poner en duda la objetividad de un acontecimiento, es inventar teorías bastante fumadas para explicar o descubrir la causa subyacente al tema o suceso prevaleciente.

Así sucedió cuando en medio de la pena que embargó a decenas de personas a causa del avionazo en el que perdió la vida el que fuera Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, así como otras tantas personas más, alguien salió a decir que había sido un hecho prefabricado para quitar de en medio a Mouriño. Incluso hubo quien, más disparatado todavía, dijo que el avioncito en el que viajaba ¡había sido derribado por un misil tierra-aire!

Y qué decir de los avionazos que derrumbaron las Twin Towers en Nueva York. Por la red circularon varios correos electrónicos que daban cuenta de la conspiración orquestada por el Pentágono y del stablishment de Washington para reactivar la economía y ecumbrar a la elite ultraconservadora de los Estados Unidos.

Ahora, en medio de la contingencia sanitaria que padece México y que ha propiciado que tengamos el deshonor de desbancar a los colombianos como las personas non gratas en el hemisferio americano, se me ha ocurrido fabricar dos teorías de la conspiración para explicar el pánico que ha subyugado a la patria entera, con todo y nacotraficantes incluidos.

La primera es que la propagación del virus de influenza porcina fue ideada y ejecutada por el Opus Dei y los Legionarios de Cristo para que, una vez llegada a su punto culmen la crisis existencial y de fe de millones de personas alrededor del mundo, ellos pudieran salir a ofrecer la redención por la vía del catolicismo más rancio y ultraconservador, propiciando que la gente olvidara los casos de los curas pederastas y cementales como el presidente de Paraguay.

La idea tiene lógica, porque los países en los que hasta ahora se han presentado los brotes de la influenza porcina hay presencia de ambas prelaturas. Es más, no me resultaría extraño que ya por ahí ande Dan Brown tramando el argumento de su próxima novela.

En México la rápida propagación del virus pudo darse a través de los repartidores de productos Bimbo, cuyo propietario, Lorenzo Servitje, es simpatizante de los Legionarios de Cristo. Y si no fueron los de Bimbo, entonces los de FEMSA, embotelladores y distribuidores de Coca Cola en México y América Latina, cuyos camiones de reparto llegan incluso hasta el pueblo más apartado del país, del cual ni siquiera el Centro de Investigación y Seguridad Nacional tiene idea de su existencia.

La otra teoría es que el virus fue creado en algún laboratorio de armas biológicas del Pentágono, con la finalidad de reactivar la economía gringa, en el contexto de una estrategia armamentista y belicista a todas luces agotada durante la era Bush.

En la Administración Obama hubiera sido demasiado impopular volver a invadir Afganistán o Irak, que son los dos únicos países “invadibles”, porque los que es Corea del Norte e Irán, mandarían al diablo a los gringos en un dos por tres, debido a su capacidad nuclear. Y ni qué decir de Somalia, donde los piratas de Mogadiscio bien podrían recetarlos a los gringos otra caída de un halcón negro, como sucedió en la batalla de Mogadiscio que después se hizo película.

Así que la nueva estrategia fue esa, la creación del virus y su propagación en un país bastante chafa y cerril como México, al que se le echaría la culpa por ser subdesarrallo y fallido como Estado.

Una vez puesta en marcha la propagación del virus, el gobierno gabacho anunciaría, como lo ha hecho, ayuda económica tipo New Deal sanitario para reactivar la economía, pero ahora por la vía de la industria farmacéutica o de biotecnología.

Qué tal, a poco no están buenas mis teorías de la conspiración.

Sé que están incompletas, así que si alguien gusta complementarlas, adelante, se aceptan sugerencias, antes de que las mande como cadenas de correo electrónico.

Mientras tanto felices momentos de psicosis para todos.

27 abr 2009

Humor negro

A propósito del sismo de 5.8 grados en la escala de Richter que se presentó la mañana de hoy en la Ciudad de México, ya salió el primer chiste de humor negro. Y es que por como pintan las cosas, parece que hoy si nos va a cargar Krusty.
¿Qué le dijo el Distrito Federal a la influenza? ¡Mira como tiemblo!
Es muy bueno, la verdad.
En estos momentos no queda más que reir y ser concientes de que, como dirían los franceses: ces't la vie.

Influenzados

De todo el desm... orden psicológico que se ha generado a propósito del brote de influenza porcina que vivimos en la zona metropolitana de la Ciudad de México, quisiera esperar un poco para emitir mi opinión.
Lo único que puedo decir por el momento es que en las calles se perciben el miedo y la suspicacia aun más acentuadas que de costumbre.
Por ahora sólo me quedo con la explicación que del brote de la influenza dio un niño de cinco años: "una persona se enfermó de gripa y se la contagió a otra y ésta se la contagió a un puerco".
Felices momentos de psicósis para todos.