6 ago. 2012

¿Angustia, incertidumbre, inquietud?


(y sí, otra vez a los episodios de melancolía)


Hubiera preferido un estado de ánimo más animado - válgase el redundar- para venir nuevamente a este espacio y comprobar que la infinita bondad de los dueños de ese emporio mediático llamado Google Inc ha permitido que permanezca disponible en el insondable océano de la web para aquellos lectores atribulados que tengan a bien dispendiar su ocio leyendo el inventario de insensateces que aquí han quedado plasmadas a lo largo ya de muchos días y pocos años.

Pero no, hoy vengo imbuido con una sensación de incertidumbre y angustia existencial que hacía ya un tiempo que no experimentaba. Sólo con la intención de emplear estas líneas como una terapia catárquica que me permita siquiera aliviar la pesadumbre existencial.

Quizá se trate de uno esos episodios que periódicamente se presentan en el transcurso de la vida de cualquier ser humano para moldear el carácter, o sólo tal vez para recomponerlo después de haberse atrofiado embebido de largos periodos de calma y ausencia de preocupaciones.

La existencia humana, y ello es un saber ancestral, no es sencilla. Hay quienes afirman incluso que es dolorosa y apenas apaciguada  por breves instantes de calma que a falta de mejor nombre se han denominado con el pomposo y demasiado extenso término de felicidad.

Pero dolorosa o no, lo cual es fuente de interminables debates, lo paradójicamente cierto es que la existencia es incierta y, para más INRI de la situación, fortuita.

Estamos aquí sin haberlo solicitado y parte esencial de nuestro ser que piensa, habla, razona y siente y actúa, no es ajeno. Es resultado de la convergencia de un conjunto de factores azarosos. Nosotros no los escogimos para poder ser de tal o cual manera.

Este yo que ahora se acongoja y que busca respuestas casi clarividentes del futuro es así de agustiado y quejumbroso no por una voluntad ontogenética (perdón por la palabra dominguera) definida y conciente, sino por la contingencia de las reacciones químicas de los procesos celulares del traje biomecánico que le da sustento, por el curso de los acontecimientos alrededor de su existencia y hasta por la ridiculez de las canciones de los Hombres G y las películas de Ismael Rodríguez que tuvo que padecer durante su infancia.

Y es este yo el que se pregunta, ahora, aquí, imbuido de angustia, incertidumbre y ansiedad, cómo serán las circunstancias de su existencia más adelante, cuando el tiempo y las convenciones sociales (vaya redundancia gramatical) decidan que ha entrado plenamente en la vida adulta.

En esa etapa todo lo que se hace hoy tendrá repercusiones. Cuáles serán, de qué magnitud, con qué intensidad.
Si tan sólo se pudiera saber…