30 abr. 2008

A propósito de la chaviza

No sé en otras partes del mundo -la verdad es que no me di a la tarea de investigarlo- pero en México hoy, 30 de abril, se celebra el Día del Niño.

Con esta celebración se abre una temporada de conmemoraciones y festejos variopintos, que van desde el día del trabajo, en el que paradójicamente en México no trabajamos; pasando por el Día de los Maistros (albañiles), la conmemoración de la batalla de Puebla de 1847 (la cual se ganó, pero sirvió de muy poco pues se perdió la guerra), el Día de las Madres, el Día de los Maistros (profesores), y hasta el día mundial del Internet, el blog o una cosa de esas.

En lo personal el día de hoy estoy muy feliz por dos razones. Una es que por la tarde comienza en el mega puente de ¡5 días! (lo siento por los proletarios y asalariados explotados que tienen que trabajar el viernes, pero no os preocupéis, que desde la comodidad de mi reposet habré de solidarizarme con vosotros) que voy a aprovechar para salir de la ciudad hacia un lugar menos caótico y deprimente (lo digo por las lluvias vespertinas y los embotellamientos que producen). Específicamente me voy a un campo de gotcha a ensuciarme de pintura con mis sobrinos.

La otra razón es que, con motivo del día del niño, al rato me autoregalaré una pistola -qué digo pistola ¡metralleta!- de agua, Shark 3000, con capacidad para tres litros de agua proyectados con la presión suficiente para empapar de un solo disparo la cabeza del primer ingenuo que se deje. Y por si hubiera entre mis lectores un ecologista preocupado por el uso racional del agua, no se preocupe, que lo tengo todo fríamente calculado: al rato, cuando comience a llover, voy a poner unas cubetas en los ductos de desagüe del techo de mi casa, con los cuales habré de llenar mi pistolita.

Y bueno, como la ocasión lo amerita, creo que hoy escribiré precisamente acerca de la niñez; ése estupendo periodo de la vida que pareciera que se aprecia mejor cuando ya ha pasado. Por lo menos yo, desde mi adulterio, es decir, desde mi condición de quesque adulto contemporáneo, cuando miro hacia atrás, hacia mi infancia, suspiro con nostalgia pero también con una gran sonrisa en los labios porque realmente disfruté siendo niño.

Quizá la mía fue una de las últimas generaciones que supieron lo que era convivir en el espacio público, usar la imaginación y ejercitar el cuerpo jugando fútbol o encantados, con los cuates de la “cuadra”.

No quiero decir que las actuales generaciones de chavitos sean sedentarias (que lo son), torpes (que también lo son) y carentes de imaginación (que, bueno, también lo son). Lo quiero decir es que las condiciones de vida desde hace unos cuántos ayéres hacia acá, cambiaron sustancialmente. Básicamente la inseguridad ha propiciado que los niños de hoy, por lo menos los niños de las urbes, se encuentren recluidos entre las paredes de sus casas o sus pequeños departamentos en unidades habitacionales o condominios, diseñados para la convivencia de personas adultas, pero excluyentes para la expresión y el desbordamiento de la energía de los niños.

No obstante, hay que reconocer que las nuevas generaciones de niños ya vienen con otro chip integrado. Son más abusados y menos, pero mucho menos, tímidos, introvertidos o sumisos que los niños de antaño, entre los cuales, con todo y que mi mamá suele decirme no sin socarronería que lo primero que dije fue “exijo mis derechos”, me puedo contar yo.

Aunque de tan recurrente en los discursos ha terminado por perder su significado, pienso que en los tiempos que corren más que en cualesquiera otros anteriores, la frase de que los niños son el futuro, tiene una vigencia extraordinaria.

Por lo menos en este querido país de globos y bicicletas, yo abrigo la esperanza de que los nuevos niños que hoy hablan como adultos enanos, preocupados por el calentamiento global y concientes de que existe un señor malo que se llama Peje o “gallito feliz”, sean en unos años unos ciudadanos participativos y propósitivos, capaces de ponerle un alto a las tendencias autoritarias que siempre se han alzado como amenazas a la libertad.

Por lo pronto hoy festejan su día y disfrutan de la alegría y la despreocupación que poco a poco el proceso de crecimiento se encargará de expropiarles, para después dosificárselas en pequeñas cantidades.

Y bueno, aunque son unos aunténticos tiranos, me sorprende y me parece bien interesante constatar que les he tomado afecto a los apestosillos; pues aunque su rollo ése medio ridículo de los derechos de los niños me irrita un poco, más por cuestiones teóricas que por mezquindad o alguna otra baja pasión, la verdad es que defiendo su derecho a reír, a holgazanear de vez en cuando y a cometer travesuras.

Así que en caso de que existiera la remota posibilidad de que algún chaval que no sea el “niño que todos llevamos dentro”, sino un auténtico chaval, llegase a leer este espacio de bagatelas, primero debo felicitarlo por haber preferido leerme en lugar de jugar The Age of Empires con algún pederasta austriaco o libanés (¿remember Surcar Kuri and Kamel Nacif?). Luego, quisiera decirle que coma sus frutas y verduras, haga sus tareas, obedezca a su mamá y sea muy feliz, para que, una vez adulto, no termine como un odioso, grosero, mentiroso, déspota, fatuo, arrogante y pretensioso politólogo… como uno que yo conozco.


P.S ¿Quién no recuerda esos festivales del día del niño que organizaban los profesores en la escuela? La verdad es que era genial ver, por lo menos un día del año, a los profes actuando como humanos y haciendo el ridículo. Yo por lo menos recuerdo al maestro Benito y al temible director, haciendo una rutina de payasos que me hizo reír mucho.

29 abr. 2008

El amor mesiánico

No obstante que es el objeto de estudio de mi profesión, generalmente evito escribir sobre política en este espacio por dos razones. La primera es que todos los días leo, escribo, platico e intento enseñar acerca de materias, factores y elementos relacionados con la disputa y el ejercicio del poder sobre una sociedad dada, que es el núcleo central de la actividad política. De manera que aun con todo y que disfruto y amo mi profesión, por salud mental trato de establecer cierta separación entre el ejercicio profesional y el devenir de mi vida personal, dentro del cual, por supuesto, está el mórbido placer de escribir estupideces y asuntos sin importancia, para después publicarlas en este lugar y recibir, a modo de comentarios, sendos renglones de grosero melodrama ranchero.

La otra razón está relacionada con el escaso rating de este blog. Si así que intento variar la temática de mis textos y adoptar un estilo en ocasiones corrosivo pero entretenido, de tres o cuatro lectores no paso, sospecho que al escribir sobre un tema serio del que pareciera sólo deben ocuparse los comentaristas de radio y televisión y los columnistas de los diarios, y hacerlo además con un estilo académico, este espacio quedaría prácticamente desolado.

Además, mercenario y usurero del intelecto como soy, suelo cobrar por la realización de un análisis serio porque para eso fui cuatro años a la universidad.

Sin embargo, en esta ocasión quisiera comentar acerca de un tema político que actualmente es central en la agenda de los asuntos públicos que se debaten en México; me refiero al conflicto político desatado por la propuesta de reforma a la industria petrolera nacional, presentada por el Presidente Felipe Calderón hace unas semanas.





Para entender este conflicto, que en una primera aproximación parece demasiado complejo, hay que tener en cuenta dos hechos concretos: la presentación de la propuesta de reforma por parte del Presidente, en la cual se plantea la participación de capital privado en actividades de exploración y refinación del petróleo, que ha sido interpretada como una acción privatizadora por una parte de la oposición política presente en el Congreso de la Unión.

El otro hecho concreto es la intención declarada del candidato perdedor de la pasada elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador, de complicar la actuación del actual gobierno constitucional hasta provocar su caída, por considerarlo un gobierno ilegítimo producto de un fraude electoral.

Con ambos hechos como referentes principales, se puede observar que el trasfondo del conflicto alrededor de la reforma petrolera, es la confrontación entre dos grupos políticos que representan dos visiones contrapuestas del ejercicio de la política y de la acción de gobierno.

Tal confrontación surgió prácticamente desde el año 2000 y desde entonces ha venido escalando en intensidad, mostrando los verdaderos valores –si es que se les puede denominar así- y las prácticas culturales presentes entre clase política mexicana.

Se trata de valores y prácticas tradicionales, heredadas de un largo periodo de autoritarismo ejercido desde el poder estatal por un solo partido, el PRI, que ha sido escuela política de casi todos los cuadros que actualmente operan en los espacios del régimen democrático, apenas habilitados con el advenimiento de la alternancia en la Presidencia de la República y la pluralidad en el Congreso de la Unión.

Esta situación plantea un grave riesgo para la emergente democracia mexicana, pues mientras a nivel institucional existen reglas y normas que prescriben las formas de disputa y ejercicio del poder, a nivel cultural prevalecen las visiones tradicionales, esto es, patrimonialistas, clientelares, nacionalistas y populistas de concebir y ejercer la política.

Esta situación se puede observar con mayor claridad en el ahora líder de la oposición autodenominada de izquierda, es decir, el otrora candidato presidencial del PRD, Andrés López Obrador, que independientemente de la valoración personal que se tenga sobre su figura, se debe reconocer con objetividad que es un hombre político. Esto es, que es un individuo dotado de un talento innato o lírico, acerca de la política, las pasiones, los intereses, las diputas, las lealtades, los conflictos, los costos y los beneficios que implica su ejercicio.

Hasta hace poco, y muy a mi pesar, había tenido que salir en defensa de este personaje con la objetividad que debe imperar en quién conoce y debe emplear con rigor los conceptos y categorías que integran una disciplina social tan abierta y flexible como lo es la ciencia política.

Y es que considerando que luego del conocimiento sobre las mejores tácticas del fútbol, la opinión sobre el acontecer político es el segundo oficio prácticamente de todo mundo, es muy prácticamente imposible no salir en defensa de la dignidad de la disciplina en cualquier charla de sobremesa.

De esta manera, en muchas ocasiones anteriores y –decía- muy a mi pesar, había tenido que salir en defensa no tanto de Andrés Manuel López Obrador, sino de los conceptos usados como adjetivos para denostar a tal personaje.

Así pues, lo había defendido de ser un golpista, un dictador y hasta un naco. Sin embargo, hoy por la mañana, luego de leer su discurso pronunciado el día domingo en el Zócalo de la Ciudad de México, por primera vez sentí un miedo terrible hacia este personaje.

Y no es para menos. Esto fue lo que dijo:

Aceptemos la afirmación del amor como la mejor forma de hacer política. No debe caber en nosotros ni el odio ni la amargura. Seamos el amor que todo lo da. Amar es perdonar en todo instante. Que nos mueva el amor a la Patria y la vocación humanista del amor al prójimo. Luchar por los pobres, los humillados y los ofendidos, es nuestro propósito esencial. Tengamos la confianza de que la fuerza del amor se impondrá sobre la codicia y la manipulación…

El mesías tropical

Cuando un líder político comienza a hablar en estos términos es hora de comenzar a correr, porque los espíritus del mesianismo, el paternalismo y el totalitarismo se han poseído de él, y entonces sí, cabe esperar las más deplorables aberraciones y atrocidades.




P.S No obstante los desencuentros, no podría odiar a Colombia, por una razón. Una sola, admirable, respetable aunque muy impulsiva razón. No es necesario decir cuál es esa razón; qui habet aures audendi, audiat.


P.S Ése contador que recién instalé miente. Indica un promedio de 35 visitas diarias; pero dudo mucho de que sea así.

Intransigencia (e ingenuidad)

Cuando las personas de talante autoritario y aldeano no tienen argumentos, esta es su reacción frente a las opiniones de los demás:

He optado por no volver por aquí creo que es lo mejor, pues honestamente aparte de ser muy odioso hasta conmigo, porque siento que lo haces para provocar reacciones chovinistas en mi, eres déspota, grosero y mentiroso!!!!...
Pues tus compatriotas y hasta posibles colegas... No faltara el politólogo en esa banda... SI GUERRILLEROS!, si, si, si, si y si!. Aunque duela, pues así como yo acepto y reconozco que Uribe ha tenido vínculos con paramilitares, tus amigos tenían vínculos con la guerrilla...

[Aunque corregí los errores ortográficos, opté por dejar tal cual las deficiencias sintácticas]

Esta diatriba la recibí a modo de comentario a mi post anterior, acerca del presidentito colombiano, el narcotraficante y mentiroso Álvaro Uribe, por parte de una enardecida lectora colombiana.

A modo de respuesta le digo:

Perdóneme por exhibir su intransigencia y su ingenuidad, estimada lectora. Pero no se confunda, no es usted tan importante como para que mis textos sean explícitamente escritos para provocar sus reacciones primitivas, burdas, rijosas e insensatas. En este sentido créame que su ausencia en lugar de lamentarse, se agradece sinceramente.

Por lo demás, este es mi espacio y en él puedo escribir las opiniones que me plazcan, con la plena seguridad de no ser coartado por expresiones de intolerancia como la que usted ha mostrado.

Aunque me queda la duda autoreflexiva ¿realmente seré déspota, grosero, mentiroso e hijo de… Satanás?

¿Los demás qué piensan?

24 abr. 2008

¿Quién es el narcotraficante?

Además de perder el fuero constitucional, ser exhibido en su miseria existencial embolsándose fajos de dinero, o tirándose a una prostituta en la habitación de motel, lo peor que le puede suceder a un político es perder la memoria, o fingir que la ha perdido, y en función de esa farsa tratar de reinventarse como un nuevo personaje.

Eso fue lo que le sucedió al presidentito colombiano Álvaro Uribe que en un pretendido acto de pureza moral denostó a los universitarios mexicanos asesinados por el Ejército de su país, calificándolos de narcotraficantes, secuestradores, guerrilleros, terroristas y casi casi autores intelectuales del ataque a las Torres Gemelas.

Sin embargo al deplorable sátrapa bananero se le olvidó su pasado político, que la Defense Intelligence Agency, dependiente del Pentágono, describía así en Septiembre de 1991:

Álvaro Uribe Velez - Político y senador colombiano dedicado a colaborar con el cartel de Medellín en altos niveles del gobierno. Uribe fue vinculado con una empresa implicada en actividades de narcotráfico en Estados Unidos. Su padre fue asesinado en Colombia por su conexión con traficantes de narcóticos.
Uribe trabajó para el cartel de Medellín y fue amigo íntimo de Pablo Escobar Gaviria. Participó en la campaña política de Escobar para hacerse elegir parlamentario suplente de Jorge Ortega. Uribe fue uno de los políticos que, desde el Senado, se opuso a cualquier tipo de tratado de extradición.




Perdón, pero ¿quién es el narcotraficante? Y sobre todo, ¿quién es el mentiroso?



P.S Mal. Estamos muy mal.

Resulta que en la más reciente Encuesta Internacional sobre Criminalidad y Victimización, elaborada por la ONU, México ocupa el segundo lugar en corrupción y soborno a funcionarios. O sea ¿qué nos pasa? ¿dónde quedó nuestro espíritu competitivo? ¿nuestras lecciones de excelencia aprendidas en los libros y las conferencias de Miguel Ángel Cornejo?

¡Basta de seguir siendo los eternos segundones; los de ya merito! Para el siguiente año hagámonos el propósito de ocupar el primer lugar en esa encuesta para desbancar a esos griegos de apellidos raros, ofreciendo más dinero que el que ofrecieron ellos a los responsables de la encuesta para aparecer en primer lugar.

Lo único que me consuela y me llena de orgullo es que ocupamos el primer lugar a nivel mundial en robos cometidos con violencia y también con armas de fuego…

23 abr. 2008

Conspiración

Si ya lo decían los que saben de teorías de conspiración y complots, que todo el pintoresco desmadrito montado alrededor de la propuesta de reforma a Petróleos Mexicanos, presentada por el Presidente Constitucional, Felipe Calderón, y denostada, repudiada y saboteada por el Presidente Legítimo Andrés Manuel Adolfo Benito López Obrador Hitler Mussolini, era un distractor para que la political rule aseste otro golpe a nuestras libertades básicas e invada nuestros respectivos espacios privados, en los que si queremos, podemos utilizar el momento de ir al baño para leer los textos de Monsivais y las otras momias vivientes, como un acto de humillación a su dizque exquisitez literaria.


No contentos con haber excluido a los fumadores de los espacios de convivencia, obligándolos a salir a fumar a las banquetas como si fuesen gitanos, judíos o apestados; ahora nuestros dizque legisladores pretenden cometer una atrocidad contra la libertad de elección que aún conservamos todos los mexicanos y contra el orgullo nacional.


Resulta que esos engendros del demonio con fuero, quieren despojarnos del digno segundo lugar que ocupamos a nivel mundial en la ingesta de refrescos (150 litros al año), apenas después de los Estados Unidos.




El argumento, si es que se le puede llamar argumento a esa retórica del resentimiento, es que se pretende reducir el índice de enfermedades como la obesidad, la desnutrición y la diabetes.


O sea, ¿por qué en lugar de joder los momentos Coca Cola de la vida, atentar contra la unidad familiar (porque hay que reconocerlo, siempre a la hora de la comida la mayoría bebemos Coca Cola) y contra la salud mental de nuestra promisoria juventud rebelde (porque no sigue a los demás), nuestros diputadetes no legislan para incrementar los salarios por arriba del tope de la inflación?


Si hicieran eso, entonces la gran mayoría de mexicanos tendríamos el dinero suficiente para comprar agua purificada, tisanas traídas de la India o productos orgánicos, en lugar de comprar quesadillas, tomar Barrilitos de ponche de frutas, comer tacos al pastor (alemán) y sopas Maruchan.


Pero no, voraces como son, quieren hacernos la vida miserable y allanar la libertad que tenemos para enfermar y morir de la forma que más nos plazca.


Y por si eso fuera poco, ¡pretenden quitar la publicidad de los refrescos de la barra de programación juvenil! ¿Es que acaso no les dice nada el anuncio de ActII? Es que sin ActII y sin refresco, sencillamente ¡no hay tele! Además, esos comerciales de Coca Cola, la neta están bien llegadores.


La jacobina diputada perredista Guadalupe Flores Salazar dice que “gastamos más dinero en la compra de refresco que en la de tortillas y frijoles, y es en el hogar donde se inicia el consumo de refresco, sustituyendo con esto también la ingesta de agua”. Claro que sí, pero eso lo hacemos los mexicanos promedio, los que no recibimos una dieta mensual de 70 o 80 mil pesos (7 u 8 mil dólares), suficientes para ir a comer a restaurantes de alta cocina.


Si en los años setenta los insensibles socialistas universitarios veían en el estallido de una huelguita apestosienta una condición objetiva para el inicio de la revolución socialista, la verdad es que se equivocaron.


En cambio, si los diputados se meten con nuestro derecho a tomar refresco e idiotizar nuestra mente con los contenidos de las televisoras duopólicas, entonces sí que estarán propiciando las condiciones objetivas para la revolución de las calorías.


Así que gordos sedentarios, fumadores excluidos y consumidores compulsivos de refrescos de México ¡Uníos!


Hasta la victoria siempre… (aunque en lo personal prefiero la Corona)

21 abr. 2008

Admirar la inteligencia

¡Joder! No cabe duda que la naturaleza nunca se equivoca. Eso me reconforta y me redime de la crisis moral en la que la lucha interna entre mi Yin racional y ecuánime, y mi Yan impulsivo, visceral y libidinal, me había sumido.

Resulta que divagando por las páginas de algunos diarios (periódicos, pues), me encontré con una nota de El Mundo, en la que se informaba el 12 de Noviembre del 2007, o sea, hace unos meses -lo cual me angustia porque hasta apenas ahora me he enterado- que un estudio realizado por científicos de las universidades de Pittsburg y California, se concluyó que las mujeres con caderas anchas y sus hijos, son más inteligentes que las lombrices paradas que deambulan por los centros comerciales, presumiendo sus famélicas figuras.

Según tal estudio, del cual sospechosamente no se menciona ningún responsable ni la revista científica en la que fue publicado, en los muslos y las caderas de ese tipo de mujeres se acumulan más ácidos grasos omega -3, quesque esenciales para el desarrollo del cerebro de sus bebés durante el embarazo.


Jennifer Lopez. Una de las mujeres más inteligentes del planeta.

Por si esto fuera poco, resulta que ellas tienen muchas menos probabilidades de morir a causa de un infarto durante el orgasmo, porque según ése mismo estudio, los ácidos grasos reducen los riesgos de problemas cardíacos.

Como decía al principio, enterarme de tal hallazgo de la ciencia, independientemente de que me parezca darwinista y causante de actitudes discriminatorias hacia las mujeres no voluptuosas pero simpáticas, me libera de la crisis moral que me producían mis inclinaciones hacia la concupiscencia visual (a andar de babas viendo por dónde no, pues).

De haberlo sabido antes, hubiera tenido la justificación perfecta a cierta ocasión en que la doctora corazón me sorprendió mirándole el trasero a otra chica, mientras hacíamos fila en la taquilla del cine.

En ese momento le hubiera respondido:

-No estoy mirando lascivamente su enorme y descomunal trasero, enfundado en unos jeans Levi’s. Estoy contemplando su inteligencia. Tú sabes que me gustan las mujeres inteligentes, ¿no?

Sin embargo, tarde, muy tarde me vine a enterar.

Aunque aún así guardo mis sospechas acerca de las pruebas de inteligencia aplicadas a las mujeres que participaron en la investigación, de la que se concluyó que las peladas peludas, pero bien pompudas, son más inteligentes que las mujeres unidimensionales. No fuera siendo que la supuesta inteligencia haya consistido en saber diferenciar el color fishua del rosa mexicano; o el rombo del trapecio. Digo, esto puede parecer muy misógino, pero la experiencia, la desafortunada experiencia, me ha enseñado dolorosamente a desconfiar y a ser pesimista respecto al modelo de mujer prevaleciente en nuestros días.

En fin, que ahora que sé que cuando le miro el trasero a una mujer caderona, en realidad estoy admirando su coeficiente intelectual, ¿no habrá otro estudio científico que sirva para justificar el lujurioso y libidinal acto de mirarles los pechos?

Es pregunta.

17 abr. 2008

Pobre imbécil

Tan estúpidas como desafortunadas fueron las declaraciones del Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, vertidas ayer en una entrevista televisiva, en el marco del Foro Económico Mundial para América Latina.

Aldeano, prepotente e intolerante, el presidentito colombiano exhibió su profundo desconocimiento de la diplomacia al calificar, en suelo mexicano y frente al tibio y timorato Presidente Calderón, como terroristas, secuestradores, narcotraficantes y guerrilleros, a los estudiantes mexicanos asesinados por el Ejército de su país, durante la violenta incursión que realizó a territorio ecuatoriano, para asesinar a un alto mando de las FARC.


Peón y patrón; o el amo y su cachorrito.

Lejos de demostrar valor y arrojo político, el pequeño lugarteniente del stablishment norteamericano en Colombia, se mostró como lo que es: un pobre imbécil.

16 abr. 2008

Metanoia

No. No se trata del lenguaje del ma-fa-ta-fa que algunos llegamos a aprender durante los años mozos de la niñez o la adolescencia, para comunicarnos con nuestros amigos o hermanos sin que los adultos o los no iniciados en aquella lengua se enterasen del tema de la charla.

Se trata más bien de palabras adscritas al complicado léxico de las teologías de las religiones. Una griega y las otras latinas, denotan procesos y objetos relacionados con lo santo y lo sagrado que, por si mismos, podrían producir cientos o quizá miles de páginas derivadas de su estudio y explicación.

Aquí ése no será el objetivo. Esto porque estoy conciente de que quienes padecen la lectura de las sandeces que aquí publico, tienen intereses intelectuales y de entretenimiento diversos.

Aunque sería algo estupendo, no todos comparten mi gusto por la teología y el estudio de las religiones. Así que atendiendo esa circunstancia, lo que intentaré hacer aquí es un extraño y sucinto collage de términos y contenidos, derivado de mis debrayes y elucubraciones ociosas relacionadas con la teología sistemática.

Para los que se quieran quedar, advierto: esto estará un poco aburrido. Para los que, después haber leído tal advertencia se quieran ir, para regresar en otra ocasión, pues denle click a alguno de los links que están en la sección “Para visitar”, a fin de que aprovechen de mejor manera su tiempo libre. Y pues todos pueden echarle la culpa a Elisa, gentil y siempre constante lectora de este espacio. Ella fue quien me sugirió en uno de sus comentarios que escribiera acerca de la metanoia.

Pero, ¿qué es lo que pretendo hacer con esos terminajos medio extraños? La respuesta es, relacionar la metanoia cristiana, la crucifixión de Cristo Jesús, el árbol cósmico y la madre tierra.

Así pues, hay que comenzar diciendo que los griegos, además de heredarnos la filosofía, el teatro y el pensamiento de un sinfín de protohippies apestosos y alucinados, llamados sofistas, cínicos, estoicos y un largo etcétera, también nos heredaron unas palabrejas desconocidas por el común de los mortales, pero útiles para pasar como un súper intelectual ante las masas palurdas. Entre esas palabras están el kairos, la politeia, el ágape, la protréptica, el thelema y, desde luego, la metanoia.

Ésta última adquirió un contenido religioso-escatológico a partir de la penetración del cristianismo entre los pueblos helénicos de Asia Menor. Lucas primero y Pablo apenas un poco después, fueron los responsables de la divulgación de la doctrina cristiana allende las costas palestinas.


Lucas y Pablo; sin el san, porque soy secular.

Antes de que ellos llegasen a Seleucia, Chipre y Salamina, para predicar el evangelio de su neófita religión, en las escuelas griegas de retórica la metanoia era un recurso del lenguaje que se empleaba para replantear un argumento, de manera que fuese más claro y convincente. Así por ejemplo, en algunos diálogos de Platón –que dicho sea de paso, vivió muchos siglos antes de la aparición del cristianismo- es posible observar el empleo de este recurso en muchos de los interlocutores de Sócrates, e incluso, en Sócrates mismo.

De hecho, el significado literal de metanoien era “cambio en la mente” o “para la transformación del pensamiento”.

Posteriormente, con la incursión del cristianismo en la cultura griega, y principalmente con el desarrollo de la teología paulina (de Pablo de Tarso, pues), la metanoia se asoció con la conversión religiosa y espiritual de los catecúmenos. Incluso el propio Pablo fue uno de los primeros cristianos en experimentar la metanoia, entendida también como el arrepentimiento, la transformación y la conversión producidas por el encuentro con Cristo Jesús.

Según la narración de Lucas en los Hechos de los Apóstoles, Saulo de Tarso era un fariseo convencido de la fe judía y un implacable persecutor de los primeros cristianos. Sin embargo, en cierta ocasión mientras iba en el camino de Damasco, Cristo Jesús se le apareció y le cuestionó las razones de la persecución de su naciente iglesia. A partir de ese momento Saulo experimentó el arrepentimiento y percibió su propia insatisfacción espiritual respecto al judaísmo, y decidió bautizarse, convertirse al cristianismo y emprender el ministerio del apostolado entre los pueblos gentiles.

Por otra parte, Pete van Breemen, teólogo jesuita holandés que es a los seminaristas y novicias lo que Ricardo Aj… ¡ése¡ al personal del servicio doméstico, es decir, un guía espiritual y causante de orgasmos místicos, escribió un libro muy interesante intitulado Transparentar la gloria de Dios, en el cual aborda el tema de la metanoia en lo siguientes términos: “Indudablemente, el arrepentimiento nos exige sacrificios. Pero, pese a ello, no debemos olvidar que, si hacemos oídos sordos al arrepentimiento, con frecuencia damos lugar a un sufrimiento mayor que el que nos causaría la metanoia. En ocasiones nos imponemos a nosotros mismos una presión increíble sólo para evitar una conversión necesaria y liberadora. De hecho, al dar la espalda a la metanoia, nos infligimos a nosotros mismos y provocamos a los demás un sufrimiento innecesario. La metanoia no supone que tengamos que reprimir nuestra personalidad, sino todo lo contrario. La metanoia implica dejar que nuestra identidad alcance su pleno desarrollo con la fuerza del evangelio, puesto que nos ayuda a superar de modo definitivo nuestra timidez y a ser verdaderamente las personas que estamos destinados a ser conectando con el origen mismo de la vida […]Nuestro creador nos llamó a la existencia con un deseo y un amor inmensos, no a desgana o con indiferencia. El arrepentimiento es el medio de suscitar en nosotros un nuevo sentido de grandeza y de valor personal, por no mencionar los positivos efectos que tiene sobre la familia y la comunidad: incremento de la comprensión, de la capacidad de perdón, de la amabilidad y el entusiasmo…

El amor tiene muchos nombres, metanoia es uno de ellos”.

En este sentido, y si he de creer a mi amigo Phillip Dreschner, fraile dominico medio rebelde (porque no sigue a los demás), el sacrificio de Cristo en la cruz, que se recuerda cada año durante la Cuaresma y la Pasión, es el acontecimiento fundamental que mueve a la metanoia. De ahí que el tiempo litúrgico de la Cuaresma sea un tiempo de transformación espiritual, conversión y encuentro con Cristo no sólo crucificado, sino también y principalmente con Cristo resucitado.


Y aquí viene la parte fumada de este texto aburrido. Aunque cabe mencionar que la paternidad de este engendro la comparto con la Caroline Dossetti, que aunque filósofa heideggeriana y todo lo que ella quiera, en el fondo es una catolicota convencida.

Cierto día de las vacaciones de la Semana Santa, mientras platicábamos por el mensajero instantáneo, la Caro y yo, asociamos la crucifixión de Cristo Jesús con el Axis Mundi, es decir, el árbol cósmico presente en muchas religiones pre semíticas.

Dado que la cruz deriva de un árbol, ella encierra un simbolismo escatológico de salvación. Esto es, que Cristo Jesús salva a la humanidad del pecado autoinmolándose en la cruz, que es un objeto fabricado con madera, que a su vez proviene de un árbol. De esta manera se cierra el ciclo de condenación-redención por medio de un mismo símbolo de lo sagrado, que es el árbol de la vida. No hay que olvidar que los hombres caen en pecado una vez que Adán y Eva comen el fruto del árbol prohibido: el Axis Mundi. De aquí que en el catolicismo la cruz no sea vista como un instrumento de tortura, sino como símbolo de salvación, como el árbol de la vida a partir de la crucifixión y resurrección de Cristo.


Axis Mundi. Árbol de la vida

No obstante, el Axis Mundi surge de la Tellus Mater, es decir, de la madre tierra que da orientación y sentido a la existencia puesto que de ella deriva todo cuanto se percibe como realidad. Así que el Axis Mundi y la metanoia bien podrían relacionar la idea de un Dios antropoforme y masculino, con una deidad ontica femenina pre monoteista.

Representación de la Tellus Mater

Y hasta aquí llegó nuestra elucubración. Así que dejaré que puedan bostezar despreocupadamente.

11 abr. 2008

¡Basta con queste facce da culo!

La gran virtud (y el gran riesgo) de la democracia, es que otorga a todo ciudadano el derecho a votar y ser votado. Es el ideal de la igualdad política llevado a la práctica.

Sin este derecho no se explicaría que personajes del talante de George Bush, Vicente Fox, Hugo Chávez y demás hierbas, hayan accedido al poder por la vía del voto popular.

Desde luego que los pensadores clásicos, que en su momento fueron tachados de conservadores, veían en esa aspiración un grave riesgo para la estabilidad y el futuro de la asociación política (el Estado, pues); y decían no sin cierto desdén y hasta repulsión, que la democracia era decadencia.

Aunque concedo cierto grado de razón a tal vaticinio, soy de la opinión de que si los imbéciles no tuvieran oportunidad de llegar al poder, la política sería una de las actividades más aburridas jamás inventadas por los hombres.

Afortunadamente el sentido común, la vanagloria y la estupidez que todos tenemos en mayor o menor grado, hizo que muchas generaciones lucharan férreamente por la consecución del ideal de la igualdad política. Y gracias a él, Milly D’Abbraccio nos ha regalado esta preciosa postal democrática.

Esto es auténtico marketing político.

Resulta que estas nalgas son nada menos que de la actriz porno.

Ella decidió postularse por el Partido Socialista (¿quién dice que los socialistas son insensibles?), para ocupar un puesto en el ayuntamiento de Roma.

Miles de abrazos, sería la traducción del juego de palabras
que componen el nombre de esta porn star ahora metida a política.

Desde luego que más allá del revuelo que ha causado la exhibición del portentoso trasero de esta mujer, está el debate acerca del nivel de la contienda político electoral en Italia.

Sugerir que los otros candidatos tienen cara de culo (“basta de estas caras de culo”, sería la traducción literal de la frase que encabeza el cartel), y proponer una vacuidad como lo es “hacer de Roma una ciudad del amor”, nos da una idea de que el nivel de decadencia de la democracia es sistémico.

Y yo que me ruborizaba cuando veía a Gerardo Fernández Noroña y a los del movimiento de los 400 pueblos haciendo desfiguros…

Fernández Norña. El último de los mohicanos...


Los de los 400 pueblos. No son muchos, pero son ingeniosos;
además de exhibicionistas.

P.S No hay insensibles socialistas. Sólo socialistas con disfunción eréctil.

8 abr. 2008

Fuego en la sangre y el México de pueblitos

Ayer por la noche tuve el infortunio de ver un episodio de la telenovela hit del momento de Televisa: Fuego en la sangre.



Sólo miré un par de minutos, mientras pasaba el corte comercial del programa de otro canal. No obstante, ese par de minutos fueron suficientes para quedar totalmente impresionado por el grado de estupidez actoral, la pésima producción y el deplorable guión de esa telenovela, que ahora que me he informado un poco más, resulta que es el refrito de una telenovela colombiana –claro, dónde si no en ese país podrían ser tan viscerales como para escribir ese tipo de historias- que se transmitió por ahí del 2006.

En lo personal encuentro demasiado bochornoso e indignante saber que la imagen de México que esa telenovela proyecta es todavía la del México de pueblitos, rancheritos, curitas, noviecitas tontitas y golfitas idiotitas.


Dos tipos de cuidado... porque eran unos retrasados.

Si ya de por sí es irritante cuando, estando en el extranjero, alguien que pregunta por nuestra nacionalidad, asocia el nombre de México con los charrous y el tequila, ahora creo que será más que bochornoso.

Es que en esa novela los personajes estelares salen ataviados con sombreros de caporal, chaparreras y espuelas; o sea ¿en qué región de México la gente continúa vistiendo así? ¡Es absurdo!

O sea, quién en México viste así un día cualquiera.


Además, se revive el arquetipo del macho mexicano que ni es tan macho y sí es más bien un imbécil impulsivo y violento. Si de por sí nuestros aguerridos diputados, nacotraficantes, Vicente Fox y Martita Sahagún, ya nos habían hecho quedar como unos salvajes subdesarrollados ante el resto del mundo, ahora ésta telenovelita habrá de confirmar esa percepción.


Diputados. Y luego no quiere que tengamos una mala imagen de ellos

Nacotraficantes mexicanos... cómo no reconocerlos.

Otra de nacotraficantes.

Digo, en la supuesta “época de oro” del cine mexicano aquella imagen del México de charritos fanfarrones se justificaba porque el país se encontraba en una fase de tránsito desde las estructuras agrarias y rurales heredadas del porfirismo, hacia las de tipo industrial y urbano promovidas por los gobiernos posrevolucionarios. Además, don Ismael Rodríguez, en tanto padre de nuestra educación sentimental, tenía todo el derecho de retratarnos como una bola de pueblerinos afligidos, pero ¿por qué habríamos de permitir que esa imagen retorne a la psique de los mexicanos a partir del refrito de una telenovela extranjera, proveniente de un país, ése sí, de pueblitos y recolectores de bananas? [En caso de que leas esto, creéme, no es nada personal]

Isamel Rodríguez: padre de nuestra educación sentimental


Y no, no se trata de una reacción xenófoba (porque yo más bien soy senos/filo…), sino de un simple gesto de indignación e impotencia ante el enorme poder que despliega la televisión como instrumento de difusión cultural a nivel internacional.

Simplemente no encuentro justo que después de mucho tiempo de esforzarnos como sociedad para caminar hacia la democracia y la modernidad, desterrar los valores y las prácticas culturales tradicionales y autoritarias, una telenovela protagonizada por una runfla de idiotas, venga a cercenar ese esfuerzo.

Como diría Cantinflas: no hay derecho chatos.

7 abr. 2008

Centro comercial

Si hay algo peor que ir al centro comercial un domingo por la tarde, es ir desvelado, cansado, estresado y dispuesto a estallar en ira ante el mínimo pretexto, aunque justificadamente. Me explico. Y para hacerlo haré uso de la segunda personal del singular que dicho sea de paso, detesto emplear en mi redacción porque me hace sentir un Adal Ramones cualquiera en pleno monólogo de sandeces. Sin embargo, si he decidido usar el “tú” es para narrar lo que le pasó al primo de un amigo del hermano del cuñado de mi vecino, el pasado fin de semana. Que quede claro: le sucedió al primo de un amigo del hermano del cuñado de mi vecino. No a mí.

Así pues, estar dispuesto a estallar en ira una tarde de domingo mientras visitas el centro comercial, está justificado cuando además de ir desvelado, cansado y estresado como resultado de haber conducido durante casi toda la noche por una carretera sinuosa, lluviosa y neblinosa, al llegar al centro comercial te encuentras una fila interminable de autos esperando ingresar al estacionamiento, y una vez dentro, tienes que pelearte con una señora shoppaholica que conduce una camionetota -cuyas dimensiones son inversamente proporcionales a su educación y capacidad intelectiva-, por un cajón de estacionamiento cercano a la entrada de X tienda departamental.

Luego, una vez en los pasillos de la tienda, las posibilidades de romper a gritar como señora gorda histérica aumentan cuando caes en la cuenta de que el carácter profundamente gregario de las familias mexicanas, les hace acudir a un centro comercial básicamente con dos objetivos: hacer nada y perder el tiempo.

Es terrible cuando tienes que esquivar las hordillas de púberes imberbes que caminan retorciéndose y gritando cualquier estupidez por los pasillos. Y lo más grave, cuando la dependienta de la tienda de zapatos donde vas a comprar (cierto, hay que reconocerlo, comprar zapatos de X marca es uno de los vicios que el maldito capitalismo consumista, inhumano, frívolo y naomicampbellesco ha logrado arraigar en tu espíritu libertario), atiende a una señora que le ha pedido 20 pares de los que –ingrata- sólo termina comprando uno.

Más luego, cuando por fin la dependienta te ha atendido, ha guardado tus zapatos nuevos en su respectiva caja y la ha enfundado en su también respectiva bolsa con la marca X en letras grandes, para que al salir de la tienda puedas presumir por todo el centro comercial que has comprado esa marca de zapatos, te dice que si vas a pagar en efectivo tienes que esperarla a que cambie tu billete, o que si vas a pagar con tarjeta esperes un momento para que la terminal electrónica entre a su sistema de pagos, es inevitable que te jales de los pelos, te quites los anteojos (porque el protagonista de esta historia casualmente también usa anteojos) y te frotes con desesperación el rostro.

Sorteado ese trago amargo, piensas olvidarlo comprando algo para comer. Entonces te diriges al área de comida y al llegar a X expendio de hamburguesas dizque regias ¡te encuentras con una fila interminable! O sea, por qué demonios a la gente sólo se le ocurre tragar hamburguesas los domingos por la tarde y no el resto de los días de la semana. Es un misterio inexplicable.

En fin, que resuelto el problema del hambre con una miserable chapata por la que en una tienda de dizque alimentos macrobióticos te cobraron lo que te costaría la barra completa de jamón serrano “Ibérico de Bellota”, sales al estacionamiento y te das cuenta de que olvidaste el lugar donde dejaste tu coche…

… si eso no es lo peor que puede suceder al acudir a un centro comercial, entonces no sé qué sí lo sea.

5 abr. 2008

Intuición

Intuir es una facultad que la naturaleza nos la ha dado a todos por igual. Plantas y animales tenemos la capacidad de percibir el entorno, de sintetizar por medio de la experiencia ciertos factores, condiciones y elementos que nos permiten presentir lo venidero.

Así como los viejos campesinos al levantar la mirada, sentir el aire en sus mejillas y oir el canto de algún pajaro, intuyen que la lluvia se aproxima; así también yo, basado en experiencias, factores y condiciones previas, creo intuir que una nube negra se aproxima a cernirse sobre mi vida...

... quiera Dios que no sea por mucho tiempo, o mejor aún, que mi intuición sea desatinada.

El curso de los siguientes días será determinante.

1 abr. 2008

TolerEMOS II

Una disculpa sentida por el retraso en la publicación de esta segunda parte del post acerca de los emos. Lo que sucedió es que se atravesó el fin de semana, y como en esos días mis neuronas entran en hibernación, pues prefiero aprovecharlos para descansar, ver películas y rascarme la panza.

Sin embargo, pasado el fin de semana, así como un lunes inusualmente complicado, he aquí la segunda parte.

Matando emos: una invitación a la violencia.

En estricto sentido, la “cultura” emo, al igual que las otras “culturas” urbanas, se agota en la propuesta estética. Es decir que, a diferencia de algunos movimientos y sectas religiosas –como el satanismo, por ejemplo- que tienen tras de si un precario pero existente respaldo doctrinal, ésos colectivos carecen de alguna obra o exponente capaz de definir los propósitos de su movimiento. Incluso, a diferencia de otros colectivos urbanos que han llegado a definirse en función de un género musical –como los punks, darks o skates- los emos son completamente eclécticos: todo aquello que refleje un estado emocional específico puede ser definido, desde tal supuesto, como emo (al respecto creo que todas las canciones de cantina son emo, y los Tigres del Norte, Carlos y José y Paquita la del Barrio pueden ser ubicados como los pioneros del emo en México… pero eso sería exagerar un poco).

Así pues, emo es una forma apocopada –una contracción, pues- de emocional. No deja de resultar interesante, a propósito, que son precisamente los seguidores de esta tendencia de moda –porque hay que recordar que su propuesta es, en estricto sentido, meramente estética- los mismos que mutilan con atrocidad el lenguaje, utilizando apócopes como refri(gerador), tele(visión) y Cuerna(vaca); envían mensajes SMS indescifrables, y ante la mínima provocación sueltan un cansino “¡qué güeva!”.

El emo, entonces, podría definirse como una tendencia hacia la expresión de las emociones, particularmente aquellas de tipo depresivo que, como vehículo de expresión de una supuesta inconformidad que no lo es tanto, intenta expresarse en la indumentaria y la actitud de decepción y tristeza.

Al respecto, Heriberto Yépez apunta con su punzante y corrosivo estilo que: “Los emos son la primera contracultura cute. Lo nice y cute son categorías estéticas de la sociedad de consumo para halagar lo sanforizado. Lo gnomo-bonito. ¿Lo emo? Ser sentimental. Ser la flower sin el power.


El ethos emo festeja lo depresivo. Se trata de un estado mental en que los jóvenes se victimizan, se sienten incomprendidos y hacen del chantaje emocional y el patetismo exhibicionista sus lemas vitales. Aunque suene cruel, los emos son el combo completo de clichés romanticones. Solaz escena del sentimentalismo crucificado.



Los emos son los rebeldes sin fuerzas. Y es que justo en el momento en que se necesitaría que las nuevas generaciones dieran el golpe letal al sistema moderno, los emos —qué casualidad— juegan a hacerse los muertos.
” (Milenio Diario, 28/03/2008)

Hasta aquí parece que no hay problema. Grosso modo eso significa ser emo.

El problema es el por qué de la aparición y auge de esa tendencia entre muchos jóvenes, particularmente adolescentes. Y aquí es donde verdaderamente deberían estar los sociólogos formulando explicaciones.

A riesgo de escribir una burrada, tengo la impresión de que el apogeo de esa pretendida forma de expresión de la inconformidad, guarda una estrecha relación con la actual situación de incertidumbre económica y política que vive el mundo.

Después del ataque a las Torres Gemelas, la invasión a Afganistán e Irak, los desastres naturales de enero del 2005 en las costas asiáticas, la preocupación creciente por el problema del calentamiento global y los indicios de una crisis estructural del capitalismo (otra vez, por muy insensiblemente socialista que esto pueda sonar), todos tendríamos razones sobradas para deprimirnos o ponernos a gritar como señoras gordas histéricas.

Sin embargo, las actuales generaciones que han acogido y se han identificado con lo emo, son aquellas que nacieron durante la primera mitad de los años noventa, cuando todos los símbolos de identidad colectiva a los que se habían asido amplios sectores sociales, ya se habían derrumbado estrepitosamente.

Ellos nacieron en la total y absoluta desesperanza ideológica, en la crisis axiológica (de valores, pues) y en la incredulidad y el escepticismo religioso.


Paquita la del barrio ¿emo?

Es comprensible, aunque no del todo (aceptable), su fastidio, su decepción y dejadez frente a una realidad social de la que desde el primer intento de inserción, se sintieron excluidos.

Algo similar pasó con otras expresiones de insatisfacción e inconformidad social que ahora, desdibujados sus orígenes, se han lanzado en una campaña de persecución contra sus pares en exclusión.

Los punks, por ejemplo, fueron los hijos malparidos de la crisis del Estado de bienestar que comenzó a gestarse hacia finales de los años setenta en Europa. Los skates fueron el resultado de la llamada “década pérdida” (los años ochenta), así como de las consecuencias sociales de las políticas de ajuste instrumentadas para sanear la crisis fiscal del Estado durante los años noventa.

Zygmunt Bauman, un importante sociólogo europeo, denominó a estos grupos como los parias de la modernidad líquida. Y en efecto, a partir de la mayor interacción económica propiciada por la globalización tecnológica, se registró una vertiginosa homogeneización, o más bien sincronización, de procesos económicos y sociales en muchas latitudes que ni siquiera habían llegado a un mínimo grado de desarrollo y evolución política para asimilar la nueva realidad y los nuevos desafíos que, llegados desde fuera como influencias, se apropiaban sus sociedades. La brecha entre ricos y pobres se amplió y justo en medio de ésta quedaron numerosos agregados sociales en total precariedad.

Por otra parte, lo emo como manifestación de anomia social, correspondió en sus inicios estrictamente a las sociedades avanzadas, en las que los procesos de interacción entre las estructuras económicas, políticas y sociales trastocaron la esfera de la intimidad y propiciaron un repliegue hacia aquello que su momento Epicteto de Frigia llamó “la ciudadela interior”.

Está imagen simplemente está genial


Sin embargo, a partir de la creciente presencia y penetración de la Internet y los medios de comunicación de alcance global, lo emo llegó a sociedades menos avanzadas, en las que cualquier viso de mínima significación de protesta o inconformidad social que portara consigo la manifestación original de tal tendencia, fue despojada para acoger solamente lo estético. Esto porque este tipo de sociedades, con todo y los problemas de disfuncionalidad que padecen, son todavía profundamente gregarias.

En fin, que para finalizar este comentario quisiera llamar la atención hacia la tolerancia. Nótese que he empleado la palabra tolerancia y no la palabra respeto, porque exigir esto último y obtenerlo entre grupos que han sido agraviados, estigmatizados y marginados, es realmente muy difícil.

Si los emos ya están ahí hay que darles el derecho a expresar su inconformidad, así sea de una forma tan apática y apolítica como la que ha decidido adoptar. Ya cuando sean gentes mayores y la fuerza de las costumbres y las reglas sociales los vuelvan señores calvos y señoras gordas, con hijos, y completamente angustiados –ahora sí con justa razón- por las precarias condiciones de vida prevalecientes, entonces caerán en la cuenta de su error, y como lo dicta la norma, será ya muy tarde para enmendarlo; como medida desesperada intentarán que sus hijos no cometan la misma sandez. Pero para entonces ellos, los hijos, ya se habrán definido como seguidores de la tendencia de moda. Y así, hasta continuar reproduciendo sistemáticamente el ciclo de estupidez propia de los humanos.



P.S En lo personal los supuestos emos ni me caen bien, ni me caen mal; sino todo lo contrario. Lo que sí me jode es que tengamos un sistema educativo y una clase política valemadrista, que no se ocupa de darle un mínimo de esperanza a esos sectores de la sociedad que, a querer o no, arrastran hacia la inmovilidad y la apatía a muchos otros.

Otro aspecto de toda esta situación de intolerancia que resulta harto preocupante es la homofobia que está adquiriendo. La principal razón de los grupos que persiguen a los “emos” es acabar con su “homosexualidad”.

Y bueno, detrás de todo esto no hay ninguna campaña de ultraderecha, ni mucho menos. Eso es una insensatez que se le ocurrió decir a un supuesto (supuesto porque un académico serio ni diría tal idiotez tan tendenciosa) “investigador” –Héctor Castillo Berthier- del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (disculpadnos, pero también los universitarios tenemos nuestros propios idiotas orgánicos). Detrás está más bien la profunda ignorancia, el desconocimiento, los resabios de una cultura autoritaria que se niega a desaparecer y que representa el principal obstáculo para nuestra incipiente democracia. Y como se sabe, tanto la ignorancia como la estupidez son incapaces de distinguir entre tendencias ideológicas.

P.S 2 Ya sé que necesitaría vivir en Tibet para entender la situación de represión y persecución de que son objeto los tibetanos por parte del gobierno chino. Y ya sé que esto va a sonar a insensiblemente socialista, pero es una injusticia lo que esos chinos cochinos están haciendo con la población tibetana. Más allá de la frívola solidaridad con los monjes que han mostrado diversos sectores -en el afán de mostrar su ideario progresista- está la cuestión del atropello a los derechos humanos de quienes se atreven a reclamar la libertad de su pueblo. Eso siempre será condenable.