31 oct. 2008

Judas Tadeo: hagiografía y synaxarion

Lo malo de saber dos que tres palabrejas domingueras es tener que explicarlas a la chusma palurda y apestosa que las desconoce. Es el caso de la hagiografía y el synaxarion, que pa’ no entrar en complicaciones hay que entenderlos como la vida de los santos y el día de un santo en el calendario, respectivamente.

La hagiografía es una especie de biografía de algún personaje considerado santo, y el synaxarion es el día del año en el que la Iglesia celebra la fiesta de ése santo.

Ahora, qué cómo sé esto no es algo que sea importante. Dejémoslo como una cuestión de cultura general.

Hace un par de días se celebró el synaxarion de Judas Tadeo, considerado apóstol y hermano de Cristo, según la tradición cristiana que se prefiera.



Según el Acta Sanctorum de Jean Bolland, Judas era primo de Jesús y hermano de Santiago el Menor. Los dos eran hijos de Alfeo Cleofás, hermano de José, el padre, digamos, putativo, de Jesús. Sus otros hermanos también aprovecharon las influencias de Judas y agarraron hueso en la naciente secta judía de los “nazarenos”, que posteriormente fueron subsumidos por los cristianoi, es decir, los gentiles o no judíos que creían en la capacidad redentora de Yahoshúa… Jesús, pues. Sus hermanos, decía, fueron María Salomé, madre de Santiago el Mayor, Patriarca de la Iglesia de Jerusalén, y de Juan, el alucinado; es decir, el que escribió el Apocalipsis y el Evangelio en el que sin el menor dejo de humildad se asume como el discípulo más querido por Cristo. Su otro hermano fue Simón el Cananeo, que posterior a la muerte de Santiago ocupó el patriarcado de Jerusalén.

En fin, que Judas al igual que los otros once apóstoles, menos Iscariote, claro está, fue un predicador ambulante. Recorrió gran parte de Asia Menor y llegó hasta Persia, donde le cortaron la cabeza con un hacha por andar cuestionando el politeísmo de la religión oficial.

Según algunas otras hagiografías fue obispo de Artaxata, hoy Armenia, entre el 40 y el 60; lo cual según Hans Küng es un dato inexacto porque la institución del obispado surge hasta el año 70.

Para el Magisterio de la Iglesia Judas es más bien un personaje menor. Apenas si escribió una carta, la única propiamente católica del Nuevo Testamento. Sin embargo, para el culto popular se a convertido en un personaje central, comúnmente conocido como el abogado de las causas difíciles, y recientemente en México como el santo de la crapulencia.

Quienes han tenido la oportunidad (o la desgracia, según se quiera ver) de transitar por Avenida Hidalgo y Paseo de la Reforma los días 28 de cada mes, seguramente habrán constatado que la feligresía de este santo no es precisamente la más honesta y bondadosa.

Por el contrario, se trata en su mayoría de ladronzuelos de poca monta, de jóvenes marginados y de señoras ignorantes y muy cercanas a la frase aquella medio jacobina del “comesantos, cagadiablos”.
Judas, en la religiosidad popular, está al mismo nivel de culto absurdo e irreflexivo que la muerte. Es el santo al que los aprendices de malditos piden su redención, o bien, su gestión para que sus fechorías les sean perdonadas.

Y bueno, cada quien puede creer en el santo de su preferencia. Pero lo que denota claramente el fracaso evangelizador de la iglesia es el desplazamiento de la figura de Cristo, del centro del mensaje de salvación que caracteriza a una religión escatológica como lo es la precisamente la cristiana. Judas se ha convertido en el centro de la fe porque es un santo laxo, del cual nadie o casi nadie sabe su historia, pero todos o casi todos, lo conocen como el santo de los casos difíciles, tan díficiles como asaltar en un crucero y tener remordimientos morales por ello.

28 oct. 2008

La estupidez no tiene edad

Si en algún momento llegué a pensar que la estupidez era un coto exclusivo de la juventud, hoy debo reconocer que estaba equivocado, porque esta nota me desmiente.

A los 81 encuentra su amor en la red

Anciano chino se casa con una mujer de 58 años que conoció en línea

Un chino de 81 años ha demostrado que la edad no tiene por qué ser una barrera para el amor en internet al casarse con una mujer de 58 años a la que conoció en línea, según informó un periódico local.
Wu Jieqin, un profesor de arte de Pekín jubilado que ha pasado tiempo en una residencia de ancianos, se casó con Jiang Xiaohui, 23 años más joven, en una ceremonia celebrada el fin de semana, dijo el Beijing News."Internet no pertenece sólo a los jóvenes", dijo al periódico, añadiendo que llevaba utilizando la red desde 1998."No hay normas que prohíban a los mayores buscar el amor online", aseguró.
Sin embargo, para alcanzar el altar, Wu tuvo que superar la oposición de los padres de Jiang, de 85 y 86 años, que temían que fuera demasiado mayor. Pero ella los convenció."Su voz es muy joven. No como la de un hombre de 80 años", dijo Jiang al diario. "Es muy romántico".La pareja se conoció después de que Wu, sin pareja desde que se divorció hace una década, puso un anuncio para corazones solitarios en una web china el año pasado con ayuda de un estudiante."
Como las internautas de su propia edad no le iban, puso su mirada en una mujer de cuarenta y tantos o en la cincuentena", dijo el reporte.Wu dijo que unas 50 mujeres respondieron positivamente a su anuncio, incluyendo candidatas de Estados Unidos, Australia y Ucrania.Wu se reunió con varias pero las cosas sólo funcionaron cuando conoció a Jiang, una trabajadora ferroviaria jubilada de la provincia de Sichuan, en el suroeste de China.
Wu tiene previsto mudarse a Sichuan para estar con su nueva esposa. Comparó su amor con dos ruedas dentadas bien engranadas."Mientras sean de buena calidad, pueden girar para siempre, y no tienes que preocuparte por si son viejas o nuevas", declaró.
Milenio Diario, 28/X/2008.
P.S Hoy es el día del santo de la crapulencia: Judas Tadeo. Algún día, cuando tenga tiempo, escribiré acerca de la historia de este santo.

26 oct. 2008

Sangrons

Desde que me volví un intelectual inorgánico, izquierdoso y liberaloso adquirí ciertos prejuicios en contra de los Sanborns; aunque la verdad no se trata de elucubraciones sacadas de mi retorcida mente contestataria. Cualquier persona mínimamente pensante de este país tiene alguna opinión más o menos crítica de esa centenaria cadena de restaurantes. Y lo más curioso es que todos los que la criticamos por lo menos alguna vez hemos ido a tomar café o a comer esas famosas enchiladas suizas (por cierto, pinches nombres tan curiosos; como el del helado napolitano que en Napoles ni lo conocen; o el de los chongos zamoranos, que tampoco los conocen en Zamora).


En fin, que todo esto es sólo para justificar que hace dos semanas tuve la oportunidad de encontrarme en el Sangrons que está frente al Ángel de la Independencia, con mi muy querida amiga Betty Sibaja, que desde Oaxaca a la exposición de estudios en el extranjero.


La verdad fue una tarde muy amena, aunque un tanto breve debido a cuestiones de agenda. Pero lo importante no era el tiempo, sino la presencia. Y he aquí un testimonio de esa reunión.



Y en otros asuntos, la verdad es que por más que quiero hacer un poco de espacio para poder escribir como se debe... bueno, esto es un decir, porque en este espacio nunca he escrito como debiera; pero el punto es que por más que quiero, nomás no tengo el tiempo suficiente para escribir como antes solía hacerlo. Y cuando lo tengo, lo único que quiero es dormir un rato.

Pero lo que más me preocupa es que ya hace más de un mes que no he leído literatura y que no me paro por la librería. No quiero terminar convertido en un analfabeta funcional, como mucho tantos que hay en ambientes de trabajo como en el que ahora me ha tocado desenvolverme.

En fin, que ya después escribiré acerca del resurgimiento de la guerrilla peruana, que sí da miedito. Sobre todo ahora, con todo esto del retorno del Estado, que en la región sudamericana se da en el contexto de gobiernos izquierdosos como el de Hugo Chávez, que sólo leyó a Althusser y ya piensa que es un pensador marxista original.

Y por cierto, quién sabe cómo le irá a su república bolivariana ahora que el precio del petróleo baje de los 60 dólares por barril.

En fin, que el mundo, no sólo la región, está al filo del precipicio, y lo preocupante es que los grandes teóricos brillan por su ausencia. Por lo menos en lo personal no he visto a Vattimo o a Kristeva o al alemán este de las esferas... Slotedijk; bueno, ni siquiera he leído que Habermas diga esta boca es mía, para replantear el análisis del sistema capitalista.

Pero bueno, de eso escribiré en otra ocasión.

19 oct. 2008

Baño de pueblo

Por primera vez en mi vida, por lo menos en mi vida profesional, debo reconocer que sí soy un poquito, casi nada, mamón, arrogante y elitista. Y que ahora, con todo el glamour que campea cotidianamente en mi trabajo, el riesgo de volverme un yupi mamertin es mucho mayor.

Así que en el ánimo de evitar semejante calamidad, decidí darme un baño de pueblo, como se puede observar a continuación:










P.S ¡Maldito sistema de recaudación fiscal! Con lo que me descuentan de impuestos por dizque seguro social me alcanzaría para pagar una cirugía en un hospital privado.

15 oct. 2008

Los mercados

No. No me refiero a los establecimientos públicos a los que las amas de casa acuden a hacer la compra de la semana. Me refiero más bien a esas entelequias que suelen mencionar con cierto toque de arrogancia los economistas y los expertos en finanzas. Y aunque ahora son efectivamente lugares no localizables geográficamente, en sus inicios los mercados eran precisamente los sitios a los que las personas acudían libremente a comerciar e intercambiar sus productos.

Ésa sería precisamente una definición básica de mercado, es decir, un lugar al que concurren libremente los agentes económicos a intercambiar bienes y servicios. Y cabría, además, poner énfasis en los sujetos que realizan los intercambios, porque son precisamente ellos los que le confieren dinamismo a los intercambios comerciales y los hacen cada vez más complejos y riesgosos.

En los últimos días, a raíz de la crisis financiera iniciada con la quiebra de algunos de los bancos más importantes de los Estados Unidos, ha sido muy común escuchar o leer en los medios de comunicación que los mercados están muy nerviosos, que hay volatilidad e incertidumbre. Y eso está muy bien bajo el supuesto de que la mayor parte de las audiencias o los lectores de la prensa son expertos en economía y finanzas; pero está muy mal si se considera que en realidad la gran mayoría de las personas apenas si sabemos que los billetes sirven o para gastarse o para ahorrarse (aunque más para gastarse), y que no entendemos a qué demonios se refieren los presentadores y expertos de CNN cuando hablan de “los mercados”, la “volatilidad” y la crisis del “sistema financiero internacional”.

En atención a esa situación es que he considerado desempolvar los escuetos conocimientos que logré captar en mis clases de Economía I y II, aprendidos en la Facultad, y de Teoría Económica y Economía Política, aprendidos en la Facultad de Economía, dónde tomé estos cursos sólo porque había una chica que me gustaba mucho. Aunque al final creo que sí sirvieron de algo.

Y bueno, entrando en materia debo comenzar por decir que del conjunto de las ciencias sociales, la única que en estricto sentido merece el status de ciencia es precisamente la economía, porque ha desarrollado métodos cuantitativos, modelos matemáticos y enfoques pragmáticos de la conducta humana relacionada con la producción y el intercambio de bienes escasos.

El viejo Marx lo sabía muy bien y por eso fincó gran parte de su teoría del cambio social en el estudio de la economía. Lo que pasa es que ahora ya nadie lo lee y sobre sus obras pesan enormes prejuicios que sólo reflejan la ignorancia de quienes los formulan.

Weber también lo supo y también dotó de cierta base de ciencia económica su teoría sociológica. Su estudio sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, y desde luego su “Economía y Sociedad” son los dos ejemplos más importantes.

Y qué decir de Schumpeter y las conexiones que estableció entre economía y democracia, las cuales aunque comenzaron a desarrollarse desde los años setenta en universidades norteamericanas como la de Virginia o Harvard, por economistas como Anthony Downs, Albert O. Hirschman, James Buchanan o Douglas North, apenas hace algunos años comenzaron a difundirse como una novedad en México, especialmente en pretendidas instituciones de elite (como el ITAM o el CIDE) que pretenden obtener oro a cambio de espejitos.

En fin, que aunque la economía es la ciencia social por antonomasia, es demasiado importante como dejárselas solamente a los economistas, que por lo demás son tanto o más aburridos que los politólogos; pero eso sí, mucho mejor pagados.

Así que para poder entender acerca de los asuntos económicos no es necesario haber asistido cuatro largos años a una Facultad de Economía. Basta con tener claros algunos procesos y términos básicos.

En el caso de la tan mentada crisis financiera internacional, que bien vista no lo es tanto -no tan internacional, quiero decir- basta con entender qué es un mercado, cuántos tipos de mercados existen y cómo funcionan.

La primera ya fue resuelta líneas arriba, un mercado es un lugar al que concurren libremente los productores y los compradores a intercambiar bienes y servicios diversos.

Los tipos de mercado están en función del tipo de productos que sean objeto del intercambio comercial, por tanto pueden existir mercados agrícolas, de servicios, de vivienda, etc. Sin embargo, para evitar la confusión y complejidad que implicaría entender y analizar cada uno de esos mercados, en la macroeconomía se han clasificado en dos grandes rubros; uno es el del mercado de bienes y servicios, en el que se intercambian toda clase de objetos tangibles y trabajo físico o intelectual; el otro es el mercado de valores, en el que básicamente se intercambian títulos de valor por crédito, es decir, documentos que representan la propiedad de una parte proporcional de un bien tangible, denominado activo, a cambio de dinero, cuyo préstamo se basa precisamente en la creencia de que el documento dado a cambio realmente tiene valor, de ahí precisamente la palabra crédito.

El complejo desarrollo de la economía ha establecido una estrecha interdependencia entre ambos mercados, aunque principalmente ha sido el mercado de bienes y servicios el que se ha sujetado al funcionamiento del de valores, que depende entre otras cosas, del nivel de confianza, certidumbre y racionalidad de las decisiones tomadas por los agentes que en él participan.

La ecuación es muy básica: sin financiamiento no hay mayor producción, como tampoco hay mayor consumo, ahorro e inversión, que son las cuatro etapas del ciclo económico.

Aunque en el caso de la actual crisis económica sucede algo muy curioso y muy similar a lo que sucede con los virus informáticos. Se trata de una situación de desajuste financiero originada en el mercado de valores que ha contagiado a otros mercados de valores, pero no de una crisis estructural, es decir, de los elementos básicos que soportan la actividad económica de un país, que afecte directamente a los mercados de bienes y servicios y a la producción. Aunque, desde luego, habrá de afectarlos en algún momento, debido a que la escasez y el elevado costo del crédito se reflejará en una baja en los niveles de consumo.

De aquí que la prudencia deba de imperar a la hora de hacer pronósticos y comparaciones acerca de los alcances del desajuste financiero, pues muchos economistas que lo comparan con el crack de 1929, pasan por alto que éste fue propiciado por una caída de los precios en el mercado de bienes y servicios, que fue el que se colapsó. En ése momento se trató de una crisis estructural del sistema económico capitalista.

En contraste, lo que está sucediendo en este momento es una crisis de confianza y una escalada de movimientos financieros especulativos, es decir, de títulos de valor que aumentan o decrecen según el tipo de información que genera la actividad de los demás agentes que participan en el mercado de valores.

De hecho el inicio de la crisis en Estados Unidos estuvo relacionado directamente con la especulación acerca del valor de las hipotecas, esto es, de los títulos de valor y propiedad de las viviendas.

Pero de eso escribiré en el siguiente post, porque ya debo hacer otras cosas.

11 oct. 2008

Alto



Mi abuela solía decirme que algún día llegaría muy alto. Y efectivamente, mi oficina está en el piso 18.
Nunca dejará de sorprenderme la capacidad de premonición de los mayores.

10 oct. 2008

¡Viernes!

Gracias a Dios ¡¡es Viernes!! El mejor día de la semana.
Nunca antes como ahora, ni siquiera en mis años de estudiante, había amado tanto este grandioso día de la semana. En lo único que pienso en este momento (son las 6:20 de la tarde) es en pasar al Blockbuster de camino a casa, rentar una peli ligera, comprar comida chatarra, una cheve y llegar a casa, poner la peli, echarme en mi reposet y quedarme dormido mientras la trama me arrulla.
Sí. Sé que no es precisamente el plan más divertido para un viernes, pero me siento agotado, mis ojos permanecen abiertos casi por instinto y la verdad no me apetece ir de babas a desvelarme a un bar.
Además la otra parte de mi plan es despertarme tarde, mañana sábado y después cumplir con mi agenda de compromisos sociales: desayunos, comidas y cafecitos con los cuates.
Buen fin para todos los que me leen. La hora chimengüenchona de apagar la compu ha llegado.

7 oct. 2008

Olvido

Es terrible, lo sé. He dejado en el olvido este espacio de naderías y asuntos sin importancia. Sin embargo no se trata de una acción deliberada, sino de falta de tiempo. Estoy tan hasta el keke de trabajo, que hasta sueño que estoy en la oficina sacando los pendientes del día. Esa es la razón por la que no he escrito tan a menudo como antes, cuando era un felíz profesor universitario que se la pasaba jugando solitario en su cubículo, simulando trabajar en algún proyecto de investigación.

Por cierto, que me voy a presentar en el Congreso Nacional de Ciencia Política y Administración Pública, a celebrarse en la Universidad Autónoma de Querétaro, que dicho sea de paso, no sabía que enseñara ambas carreras. El día y la hora en que presentaré mi ponencia "Democratización, realineamiento partidista y crisis de los partidos en México. Apuntes para el análisis" (créanme, el nombre es más largo que el contenido), no pudieron ser los más horribles: el sábado 18 de Octubre, a las 10 de la mañana. O sea, nadie irá. Todos estarán padeciendo la resaca de la fiesta de bienvenida de la noche anterior. Y para colmo me tocó compartir mesa con unos tipos que sabe Dios quienes serán; quesque son profesores de la UAQ.
En fin, que como se trata de un compromiso que había adquirido desde antes de dejar la Facultad, pues tengo que cumplirlo. Y viendólo por el lado amable, a nadie le va mal ir un fin de semana a Querétaro. Así que dejo aquí la invitación, para quienes tengan ánimos para ir a escuchar cosas aburridas, expresadas por politólogos igualmente aburridos, como yo.
Por otra parte, la verdad es que he dejado pasar mucho temas, precisamente por falta de tiempo. Quiero comentar acerca de la crisis financiera de Estados Unidos, que en esta ocasión no nos toma mal parados; del contexto en el que se da y de cómo el racismo de los norteamericanos continúa a flor de piel, pues si el candidato democráta no fuera un negro (ése es el color de su piel, y por tanto negro es una descripción, no un insulto; si fuera morado, le diría morado), es casi seguro que estaría en la estratósfera de las preferencias electorales. Pero como sí lo es, entonces McCain y la guapa edecán que escogió como candidata a la Vicepresidencia siguen en la batalla.
Otro tema interesante es el infantilismo del izquierdismo mexicano. Aunque no me crean tan original, el término lo tomé prestado del aguerrido y olvidado Lenin, que escribió un textito que se llama precisamente "Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo".
El infantislismo es básicamente una tara mental de los izquierdosos sesentayocheros, que se creen la neta del planeta y la one and only generación que hizo algo por este país, y a todos los demás nos tachan de güevones, valemadres y apáticos.
Sólo que a ellos se les olvida que tuvieron la maldita buena suerte de haber nacido y crecido en la única época de bienestar que ha sido capaz de generar este país de globos y bicicletas; y que en esos momentos no importaba cuán pendejo pudiera ser alguien, porque si tenía un título universitario la vida le era más fácil.
Lo curioso del caso es que muchos pendejos de aquellos entonces no aprovecharon la oportunidad y aún ahora, con todo y bastón, continúan marchando cada 2 de Octubre, viviendo de colectas y de dádivas de organismos culturales y ONG's.
En fin, que el tiempo me apremia. Así que hasta aquí llego. Un saludo para quienes aún siguen visitando esta pagina de fruslerías derechosas, o más bien, ambidiestrosas.

1 oct. 2008

Rougemont

Es bien curioso y pienso que a todos nos ha pasado al menos una vez.

Justo cuando pasamos por un determinado estado de ánimo, llega a nuestra existencia un libro, una canción o una película que en la encontramos una estrecha similitud y hasta identificación, porque se relaciona con lo que estamos viviendo.

El fin de semana, mientras buscaba en mi librero un compendio de estadísticas, me encontré con “Amor y occidente” de Denis de Rougemont, un libro que compré por ahí de mediados de Julio con el propósito de leerlo algún día, y que guardé a lado de una colección de libros de aventura que compré a un precio realmente de oportunidad.

De Denis de Rougemont había escuchado hablar en un diplomado en Teología y también en una de las charlas en tono de presunción intelectual, en las que Carolina Dosetti suele arrojarme directamente a la cara su culteranismo.

Además de la sucinta ojeada que le eché a la advertencia y la contraportada, fueron esas dos referencias las que me motivaron a comprar “Amor y occidente”, cuando lo vi en una de mis últimas visitas a la librería.

Ahora que he comenzado a leerlo detenidamente me asombran sobremanera lo oportunas que resultan las apreciaciones de Rougemont para este momento de mi vida. Aquí reproduzco algunas de ellas:

“Pasión significa sufrimiento, cosa padecida, preponderancia del destino sobre la persona libre y responsable. Amar el amor más que a su objeto, amar la pasión por si misma, desde el amaban amare de Agustín hasta el romanticismo moderno es amar y buscar el sufrimiento. Amor-pasión: deseo de aquello que nos hiere y nos anonada por su triunfo. Es un secreto cuya confesión nunca toleró el Occidente y que jamás dejó de reprimir ¡de preservar!

¿Por qué quiere el hombre de Occidente padecer esta pasión que lo hiere y que toda su razón condena? ¿Por qué quiere este amor cuya magnificencia no puede ser más que su suicidio? ¿Por qué preferimos a todo relato el de un amor imposible? ¿Por qué amamos el cautiverio y la conciencia de lo que arde en nosotros? Enlace profundo del sufrimiento y del saber. ¡Complicidad de la conciencia y de la muerte! (Hegel pudo fundar sobre ella una explicación general de nuestro espíritu y aun de la historia). Creo que se podría definir al romántico occidental como al hombre para quien el dolor y, especialmente, el dolor amoroso, es un medio privilegiado de conocimiento.

Esto vale, ciertamente, para los mejores. Poco se preocupa la mayoría de conocer y de conocerse. Busca simplemente el más sensible de los amores. Es, sin embargo, el amor, cuyo feliz cumplimiento viene a retrasar algún obstáculo. Así, lo mismo si se desea el amor más conciente posible que simplemente el amor más intenso, en secreto, se desea el obstáculo. Si es preciso lo creamos, lo imaginamos.

Con un amor sin contratiempo no habría “novela”. Y lo que queremos es la novela, es decir, la conciencia, la intensidad, las variaciones y los retrasos de la pasión, su crescendo hasta la catástrofe… La felicidad de los amantes no nos conmueve sino por la espera de la desgracia que los acecha. Esta amenaza de la vida y de las realidades hostiles que lo alejan hacia algún más allá es necesaria. Nos conmueven la nostalgia, el recuerdo, no la presencia”.

Denis de Rougemont, Amor y Occidente, Colección Cien del Mundo. CONACULTA, México 2001, pp. 52-55



P.S Si alguno de mis lectores tiene su dinero en algún fondo de inversión de alto riesgo, cámbielo a otra modalidad. Esto de la crisis financiera de EU es para tomarse con seriedad. No sea que les pase lo que a mi, que de un día para otro perdí la mitad de lo que había ganado en un año.

P.S Por cierto, interesante el debate teórico que se está generando en torno a la situación financiera a nivel mundial. En lo personal como politólogo me da gusto ver que en esta ocasión el Estado le ganó la batalla al mercado y ahora los inversionistas le imploran que salve sus operaciones.