31 jul. 2008

Fuera de servicio



TEMPORALMENTE FUERA DE SERVICIO

28 jul. 2008

Culiacán I

Nunca he estado en una zona de guerra. Y confieso que nunca me gustaría estarlo. Sin embargo, la sensación producida por el ambiente que se vive en algunos parajes de Culiacán, Sinaloa, debe ser muy similar al que prevalece precisamente en una zona de guerra.

Ya lo había dicho el presidente Calderón. Pero desde la lejanía y la comodidad del centro del país, eso de la tantas veces declarada “guerra contra el narcotráfico” sonaba más bien a eslogan barato para promocionar su gobierno. No obstante, basta ver la gran cantidad de patrullas y efectivos policíacos y militares que deambulan por las calles y carreteras aledañas a Culiacán, para darse una idea de que esta vez parece que va en serio la persecución del Estado en contra de la delincuencia organizada.

Durante el vuelo, a más de 18 mil pies de altura (que quién sabe cuánto será en metros), recibí las primeras recomendaciones de sobrevivencia apenas pusiera un pie en suelo sinaloense. Un señor de unos sesenta y tantos años, que había venido al Distrito Federal a arreglar un asunto relacionado con su pensión, me advirtió con el acento golpeado propio de los habitantes del noroeste del país: “si vas a un restaurant o a un lugar de esos donde ahora bailan los jóvenes y encuentras a una muchachona chula, aguas, no te la quedes mirando demasiado si está acompañada de algún tipo, o se te va a armar la bola; si vas a manejar y una camioneta o un coche se te atraviesa a la mala, no digas nada, sólo sigue manejando, allá no es la capital, allá si les dices algo, en la siguiente esquina te esperan con el cohete (la pistola, pues) y seguro te truenan. Ándate con cuidado mi’jo; en Sinaloa hay gente buena, pero ‘ora la cosa se ha puesto medio fea”.

Después la plática se tornó más amable. Pero en ese momento no pude evitar tragar saliva angustiosamente.

Ya a la llegada al aeropuerto pude comprobar que como decía mi senil compañero de viaje, la cosa en Sinaloa está “medio fea”: grupos de militares, agentes aduanales, afi’s y policías locales haciendo rondines por las salas, los pasillos, los estacionamientos y las inmediaciones del aeropuerto, mirando hacia todos lados con más angustia que circunspección.

Al salir al estacionamiento de la sala de llegadas nacionales, ya sin el aire acondicionado del interior del edificio, lo primero que sentí fue el bochorno de los 36 grados que ése día, según el dicho del locutor de la estación de radio que Carolina había sintonizado en su coche, asediaban a la población de Culiacán. Y eso que el cielo estaba nublado y se pronosticaba una lluvia torrencial por la tarde-noche.

En el boulevard que conduce del aeropuerto hacia la casa de Caro pude observar la obvia ostentosidad de los “señores”, es decir, los narcotraficantes de poca monta que se encargan de distribuir la droga por las diferentes zonas de la ciudad; lo cual desde luego da una idea de la magnitud y la rentabilidad de la industria ilegal más productiva del país. Si un traficante menor o un pistolero a su servicio, gana el dinero suficiente para adquirir una camioneta con valor de más de 20 000 dólares, no resulta difícil imaginar la cantidad de dinero y poder que ejerce un verdadero capo de esa industria ilegal.

De hecho la situación adquirió para mí un matiz de tristeza, angustia y resignación al leer la nota de ocho columnas del diario local, al día siguiente. En ella se daba cuenta de que los policías ministeriales amenazaban con realizar un paro de labores porque ¡no tenían chalecos antibalas! O sea, cómo podrían esos agentes realizar bien su trabajo si, efectivamente, la posibilidad de morir por una bala perdida es tan real incluso para un transeúnte ordinario.

Y bueno, considerando el calibre del armamento que utilizan los pistoleros del narco, eso del chaleco antibalas la verdad no es más que un amuleto de la buena suerte, por lo demás fácilmente traspasado por las más de 40 balas que dispara una sola ráfaga de un fusil AK 47.

Hacía la tarde, después de comer unos taquitos de leche y queso bañados en una salsa picosita, preparados por la mamá de la Caro, fuimos a caminar por la “isla de orabá”, un pequeño parque rodeado por los ríos Humaya y Culiacán. Porque habrán de saber mis estimados lectores que Culiacán es una ciudad que se originó y creció en las inmediaciones de tres ríos y un lago. Eso y su cercanía al océano pacífico (la bahía de altata se ubica a una media hora de Culiacán) hacen que el clima de la ciudad sea caluroso y húmedo prácticamente durante todo el año, sin importar que en esta temporada se dejen caer unos chaparrones impresionantes, por la enorme cantidad de relámpagos y truenos que los acompañan.

Lo único bueno del clima de Culiacán, pero malo para mí según la advertencia que recibí durante el vuelo, es que las chicas andan por la calle con diminutas minifaldas y playeras escotadas. Hasta la Caro, que tanto desprecia la apariencia física (claro, porque ella es guapa), andaba con ropa ligera.

Hacia la noche, después de haber sido sujeto de un minucioso interrogatorio por parte de los papás de Carolina, que me preguntaron hasta el nombre del sacerdote que me bautizó, fuimos a la zona picuda de Culiacán, a un Café cuyo nombre me fue imposible no asociarlo a un recuerdo: el Café Paloma.

Ahí, además de sostener una charla muy divertida con la Caro y su prima, me sentí seguro, pues un Café sería el último lugar que un nacotraficante escogería para hacer sus mamarrachadas. Un Café es a un nacotraficante gandalla, malvestido y fanfarrón (con todo y camionetota y chica guapa pero idiota incluidas), lo que la luz del día a un vampiro.

Después regresamos a la casa de Caro, y como siempre sucede cuando se está de visita con un amigo que se frecuenta poco, nos quedamos platicando hasta las 3 o 4 de la mañana.

Al siguiente día me esperaba una larga jornada de turismo.
P.S Al final tuve una entrevista muy tersa, con un tipo muy amable que sólo hizo las preguntas necesarias. Ya a ver qué sucede después.

26 jul. 2008

Harán tres años

Hacía mucho tiempo que no intentaba escribir decentemente. Hoy me he dado ese gusto y este es el resultado:

Harán tres años

Por el agreste y desolado camino sólo se oía el monótono golpeteo de los cascos de los caballos.

Ocasionalmente, el vuelo de algún pajarillo surcaba el claro y extenuante cielo veraniego en busca de la generosa sombra de un árbol.

Por su frente, sucia y arrugada, resbalaban lentamente discretas gotas de sudor que luego se confundían en la desaseada barba que cubría sus mejillas.

A pesar de la inclemencia del sol del mediodía, en su rostro no se adivinaba ningún signo de malestar. Por el contrario, se diría que, bien mirados, en sus labios se dibujaba una tenue sonrisa; una de ésas que son inescrutables pero definitivamente producidas por el recuerdo de algo grato.

-Por estos días harán tres años, estimado Sancho.- dijo sin desviar la mirada de algún indeterminado punto de la lejanía.

El pequeño y rechoncho escudero, que se ocupaba en refrescarse la frente con el paño que previamente había humedecido en su cuba, se mostró sorprendido con el comentario del viejo caballero.

-¿Decías, mi señor?- preguntó con un tono de genuina curiosidad, mientras que aquél se acomodaba sobre su desgastada y crujiente silla.

-Si Sancho, por estos días harán tres años que la soñé… tres años, Sancho. Cómo pasa el tiempo.-

-Perdona mi señor, pero no alcanzo a entender a qué te refieres.- respondió el contrariado escudero.

-Es muy simple, mi fiel ayudante. Por estos días harán tres años que la soñé a ella. A Dulcinea.- El viejo caballero dejó escapar esta última palabra con un dejo de añoranza, mezclado con una pizca de melancolía y otra tanta de gratitud, mientras en sus ojos, que seguían firmes en la contemplación de una imagen etérea, se reflejó un extraño brillo.

Rústico, como todo escudero, Sancho dio por toda respuesta una sonrisa de incomprensión. Pero al cabo de un momento preguntó:

-Señor, ¿cómo es que puedes recordar un sueño que tuviste hace tres años? Supongo que debió ser muy importante; de otra manera no me explico por qué aun lo tienes presente en tu memoria.

-Eso es lo más extraño, querido amigo- respondió el viejo volviendo por fin la mirada donde su gordinflón asistente.- No consigo explicarme por qué un sueño, que es por definición algo irreal e insustancial, aun perdura en mis recuerdos. Aunque… si te lo narrase… quizá eso me ayudará a descubrir por qué aun lo recuerdo. ¿Quieres escucharlo?- preguntó con optimismo el senil hidalgo.

-Nada hay más interesante en esta hora del día que escucharte, mi señor.- respondió Sancho con un discreto tono socarrón.

-Hace tres años, por estos días -comenzó a narrar el viejo- soñé que en un mundo extraño, un mundo del futuro talvez, me encontraba con una mujer. Toda ella era belleza e inteligencia. Aunque también emoción incontrolada.

Su nombre era Dulcinea.

Yo, mi querido Sancho, que mejor que nadie sabes cuánto aborrezco eso que los comunes llaman amor, nada más mirar sus ojos, en los que se podía entrever la eternidad, caí perdidamente enamorado. A mis años y con la experiencia acumulada, me sentí ridículo. No lo niego.

Pero sucedía algo muy extraño, amigo mío, porque Dulcinea era un sueño dentro de mi sueño. Algo imposible dentro de lo irreal. Yo lo sabía, y aún así no me detuve. Me dejé arrastrar, cual hojarasca al viento, por las corrientes de la imaginación y la fantasía. Ésas que conducen a mundos posibles, donde lo que no es, no ha sido ni talvez será, adquiere una dimensión de existencia tan sólo por el hecho de ser imaginado.

Era tal la atracción que en mi generaba Dulcinea, ése producto de mi inconciente, de mi desbordada imaginación, que no me importó que fuera irreal y que estuviera dentro de un sueño. A lado de ella me vi en esta edad avanzada, compartiendo mis últimos días; y justo cuando el sueño dentro del sueño comenzaba a ser feliz, desperté de él; y luego desperté del sueño en el que me soñaba soñando.

Pero la imagen de Dulcinea me pareció tan real, tan vívida, que por un momento creí que ése sueño me había sido inducido por una ninfa, que ésa noche se había dignado a visitarme.-

Dicho esto, el viejo caballero bajo la mirada y la concentró en sus arrugadas y exangües manos, que sujetaban la desvaída rienda de Rocinante y permaneció en silencio.

-Señor, como sabes, no soy buen entendedor, y menos aún buen observador. Pero veo que el relato de ése sueño te ha puesto melancólico. Y la verdad no veo por qué, si los sueños como lo dijera alguien, no sé quién, sueños son.

Tú sabes a qué me refiero.- dijo el escudero en un intento de devolver a su señor un poco de la vivacidad que ése recuerdo y el inevitable paso del tiempo le habían robado.

-Lo sé Sancho. Y apreció tu intención. Pero la verdad es que no me siento triste, ni me ahogo en la melancolía. Es sólo que me resulta extraño comprobar que aun cuando eso que llaman amor, en el remoto caso de que existiese, sólo dura lo que tiene que durar –así sea sólo un instante en un sueño, el recuerdo que genera, como si se tratase de un tatuaje en la piel, perdura toda la vida. Y en estas cercanías mi ocaso, no sé si el amor exista o no; o si recordar sea bueno o sea malo. No lo sé.- dijo el pobre viejo sin apartar la mirada de sus enclenques manos y prosiguió:

-Pero de algo sí estoy convencido, Sancho: si el amor existiese necesariamente tendría que ser muy parecido a eso que sentí en mi sueño por Dulcinea.-

Después de haber pronunciado estas palabras, el señor de la Mancha volvió a levantar la mirada hacia el porvenir, apuró los costados de Rocinante y cabalgó unos pasos delante de su escudero.

Sólo los cascos interrumpían el silencio.

23 jul. 2008

Pesimista

Había pensado comenzar a escribir mi parte de vacaciones. Pero he decidido concederle un poco más de importancia a la preparación de mi entrevista de trabajo. De manera que en esta ocasión, y en el ánimo de recuperar a Elisa, que al parecer es mi única lectora, a efecto de que no considere mi inconstancia como un signo de desinterés por continuar escribiendo mis dislates en este espacio, he decidido reproducir textualmente un artículo de Antonio Álvarez Lima, publicado en lunes pasado en el diario que acostumbro.

En lo personal me pareció un artículo muy divertido; en especial porque me recordó la razón por la cual detesto a Octavio Paz: pretender aplicar una especie de psicoanálisis barato a cuestiones culturales con derivaciones políticas, y lo que es peor, sin darle el merecido crédito al Dr. Samuel Ramos, pionero en ese desafortunado experimento que llevó a la creación de esa horrible generalización que es “el mexicano”.

Lo más grave es que después de leer el artículo me enteré que en la encuesta sobre el noviazgo, realizada por el INEGI entre jóvenes mexicanos de distintas regiones del país, la cosa está verdaderamente jodida: entre “el mexicano” continúa existiendo el machismo y, entre “la mexicana”, el síndrome de Marga López.

Con todo sigo siendo optimista y conservo la fe de que las nuevas generaciones que nacieron bajo la égida del cambio político, hagan algo por este querido país de globos y bicicletas… o por los pedazos que dejen los panistas, perredistas y priístas.

Sin más preámbulo, he aquí el artículo de Antonio Álvarez Lima:

P.S Elisa, por mera casualidad y por simple conmiseración o genuina simpatía hacia el ordinario mortal que esto escribe, ¿no será que le das click cincuenta y tantas veces al día a la página, para que el número de visitas que registra el contador se mantenga constante?

Lo pregunto porque de ser cierto que este espacio registra un promedio de cincuenta visitas diarias, entonces no sé quienes son y por qué no comentan mis estupideces los otros cuarenta y tantos lectores.

Pesimista

Antonio Álvarez Lima.

Ocasionalmente, viejos amigos que compartimos nuestra juventud desenfrenada y enfebrecidos sueños de los 70, intercambiamos nuestras reflexiones sobre el futuro del país.

Alguien que se dijo pesimista sin esperanza consideró, de plano, que nuestro país no tiene remedio, y así argumentó: “Es el producto del mestizaje forzado de dos culturas decadentes. Encarnado por sanguinarios indios ladinos y por crueles pillos españoles. Nada bueno podía salir de esa desafortunada mezcla de vicios y defectos. La mayoría de las familias mexicanas han heredado y asumido ese estigma de la violada y el ausente, y son disfuncionales por necesidad. Padre irresponsable y borracho, y madre manipuladora e hipócrita. Los frutos de esa disfunción son individuos inmaduros, resentidos y fantasiosos. Seres fallidos sin remedio. Cuando algunos acceden al poder se convierten en egos insaciables, dominados por impulsos irresponsables. Terminan dilapidando el capital político y económico que reciben. Fracasan por su baja calidad ética y nulo control de sus emociones. Típicos machos mexicanos. Cuando estos individuos son obligados a vivir en democracia, mienten, simulan y maniobran para cumplir las reglas sólo de dientes para afuera, mientras hacen todo bajo la mesa para torcerlas a su favor. De ahí la pésima clase política que padecemos”. Para este pesimista sin remedio, el futuro del país será necesariamente más de lo mismo, hasta que reviente en la ingobernabilidad.

Otro contertulio, menos pesimista, afirmó que no había que alarmarse tanto, que la España medieval que nos conquistó también nos dejó el remedio para el caos. El caudillismo: “Fuertemente asentado en el machismo y el autoritarismo indígena y español; México y América Latina son el territorio natural de la dictadura. Hemos vivido en ella mucho más tiempo que en democracia. Nuestras dictaduras no son sino el reconocimiento de nuestro orden jerárquico cultural: en la cúspide, el más fuerte y perverso y en la base los más débiles, ingenuos o cobardes. En medio caben todos los matices, del más cabrón al más pendejo –agregó con desparpajo. La doble moral que propicia el catolicismo ritual (digo una cosa, hago otra) da la cobertura perfecta para disfrazar el caudillismo con cualquier ropaje ideológico de izquierda o derecha. Y consolida la corrupción y la complicidad como el combustible y el lubricante de la economía y la vida social.”

Afortunadamente, ante tal desolación, alguien sereno y lúcido señaló que esa vocación autodestructiva de América Latina puede remediarse. “No somos excepcionales. Sólo hay que usar el mismo antídoto que en el resto del mundo: la liberación femenina del yugo masculino y la plena incorporación y empoderamiento de las mujeres. Esto propicia un cambio demográfico y social que va desplazando y arrinconando el arcaico machismo autoritario”. Después de un silencio autocrítico. Todos los deteriorados machos ahí reunidos parecimos coincidir con él.
Milenio Diario, 21/VII/2008.

22 jul. 2008

Vacaciones interrumpidas

Justo ahora que había comenzado a diferenciar el estruendo de los fusiles AK-47, del rugido de las centellas que todas las noches iluminan el cielo de Culiacán, resulta que he tenido que regresar al Distrito Federal.

El motivo: el personal de recursos humanos de una compañiototota adscrita a la industria de la construcción, ha juzgado oportuno citarme a una entrevista de trabajo el próximo jueves, con la finalidad de saber si deberían o no integrarme a su “unidad de análisis político y enlace legislativo”.

La verdad es que no sé de dónde sacaron mi información personal (o la idea de que quiero trabajar para ellos), y eso en si mismo me genera ciertas suspicacias y aumenta mi nivel de paranoia. Pero como el asunto parece ser muy serio, y como el aumento en mis delirios de persecución seguramente aumentará el monto del recibo de honorarios de mi psicoanalista, pues he decidido asistir a la cita, en la siempre nice colonia Polanco.

Ahora que he comenzado a investigar, he descubierto que es bien interesante eso de las entrevistas de trabajo; o por lo menos para mi, que será mi primera vez, así me resulta. Sobre todo considerando que desde que concluí mis estudios profesionales, la buena fortuna hizo que las oportunidades laborales se presentaran en forma casi espontánea. De manera que, salvo el interrogatorio ministerial -con todo y violencia psicológica incluida- al que fui sometido por parte del personal de recursos humanos del CISEN, cuando ingenuamente intenté cubrir la plaza de “analista”, no me había visto en la contingencia de tener que ser entrevistado para ocupar un puesto de trabajo que, en estricto sentido y dicho sea de paso, no lo pedí ni lo necesito, pero que con gusto ocuparía.

Por suerte existen buenos sitios en la red, en los que se pueden encontrar guías de estudio que contienen las preguntas más frecuentes que los reclutadores de recursos humanos suelen formular. Incluso hasta hay tips acerca de la indumentaria, el lenguaje corporal y los modales a demostrar al momento de ser entrevistado.

Después de haber leído un par de artículos en los que se recomienda adoptar una postura de pleitesía y reverencia hacia los entrevistadores, mi lado rebelde -porque no sigue a los demás- se ha puesto carrascaloso y el argumento es muy simple: ¿por qué habría que mostrarse servil o sumiso ante unos tipos o tipas cuyo trabajo es conseguir trabajadores para alguna corporación? Es decir, que el hecho de que hasta cierto punto dependa de su criterio personal avanzar o no en el proceso de contratación, no los hace seres superiores en la escala evolutiva.

Además, considerando el hecho de que la gran mayoría del personal de recursos humanos tiene formación profesional en Administración de Empresas, Ingeniería Industrial o Psicología, las posibilidades de que su perfil cultural vaya más allá los libros que tuvieron que leer cuando estudiantes universitarios, son muy escasas. Así que desde ya me he preparado para responder a cualquier signo de hostilidad por parte de quien vaya a entrevistarme. Primero porque tengo trabajo, no tan bien remunerado como otros que tuve anteriormente, pero satisfactorio. Y luego, porque mi arrogancia me impulsa a rehusar que un analfabeta funcional con título universitario pretenda calificar con su subjetivo y visceral juicio, mis aptitudes y en general mi perfil profesional.

Por supuesto que no me considero una luminaria de la ciencia política, ni mucho menos. Pero desde hace mucho tiempo he creído y puesto en práctica una máxima muy simple: no ser humilde ante el arrogante, ni arrogante ante el humilde.

Sin embargo, debido a la magnitud de la compañía y considerando que fueron ellos los que me llamaron (lo que me hace suponer que algo de interesante encontraron en mi), no creo que se presente la bochornosa situación en la que tenga que hacer uso de mi lado mr.hydesco, para mandar por un tubo, eso sí, con mucha diplomacia a quien habrá de entrevistarme.

Por lo demás, ahora que he estado revisando el tipo de preguntas que suelen formularse en una entrevista de trabajo, he caído en la cuenta de que se trata de cuestionamientos que nunca o casi nunca me había hecho a mi mismo; por ejemplo, cuál ha sido el peor día de mi vida, o qué siento cuando me dicen que no, o cuál es mi mayor temor.

Lo malo es que se trata de preguntas que en el contexto de una entrevista de ése tipo deben ser respondidas en forma concisa; es decir, que aunque quisiera soltar una elucubración acerca de las teorías freudianas o jüngianas, no sería lo correcto. De manera que mi mayor temor, a propósito de unas esas preguntas, es minimizar con una chorrada la intención de las mismas que es testear mi personalidad.

Por ejemplo, cuando pensaba en eso de mi mayor miedo, descubrí que más allá del miedo natural a morir, que comparto con casi la totalidad del género humano (salvo los terroristas árabes, los afis y los narcos), no tengo ningún otro miedo mayor.

Por supuesto, tengo mieditos, como el miedito de que algún día los Pumas desciendan a la primera división A, o el miedito de que el PRI regrese a la Presidencia de la República de la mano de Manlio Fabio Corleone… perdón, Beltrones. Pero un miedo, lo que se dice miedo, pues no lo tengo. Y no sé si eso sea malo o sea bueno, porque la verdad es que tampoco soy muy valiente que digamos, y de eso me di cuenta ahora que estuve en Sinaloa donde, como diría el gran José Alfredo Jiménez, la vida no vale nada.

La otra pregunta cuya respuesta me preocupa es aquella acerca de lo que siento cuando me dicen que No; porque el No tiene distintas intensidades según sea el contexto y el tiempo en que sea recibido como respuesta. Por ejemplo, recuerdo perfectamente cuando la Karlita, una niña que me gustaba mucho cuando estaba en el kinder, me dijo que no quería ser mi novia la muy gandalla. Ése día, como decía la letra de la “niña de la mochila azul” ni al recreo pude salir y no me divertí con nada.

Ya con el tiempo aprendí que un No no significaba el fin del mundo, que había muchas más posibilidades y que fracasar en una no implicaba fracasar en automático en todas las demás. Y por si esto fuera poco, ser fiel seguidor de la filosofía de los gatos samurai acerca de siempre caer de pie, me ha hecho pensar en que lo que no me mata, me hace fuerte.

En fin, que tengo sólo dos días para preparar respuestas tersas y concisas a las posibles preguntas que me formulen; así como también para preparar un plan B, en caso de que mi entrevistador o entrevistadora intente tratarme como un paria suplicante de clemencia.

Ya después escribiré aquí el parte de mis vacaciones, que salvo una que otra eventualidad, estuvieron muy divertidas; sobre todo mis pláticas con la Caro, que la verdad nomás porque me lleva unos añitos y porque estoy en el periodo del “yo no nací para amar/nadie nació para mí…” no me he animado a echarle un pial.


P.S Están rete suaves los aviones de Volaris y la atención en general de la aerolínea es estupenda. Lo único malo es que todos sus vuelos salen del aeropuerto de Toluca.

14 jul. 2008

Resaca

¿Por qué Dios, el Destino, la Fatalidad o cualquier otra entidad supranatural que sea del agrado y la fe de quienes aquí me leen, tuvo que hacernos la vida tormentosa?

Quiero decir, ¿por qué no podemos disfrutar plenamente de las experiencias placenteras sin que, una vez pasado su efecto, sobrevengan consecuencias negativas o perjudiciales?

Por ejemplo, si comemos en exceso sobreviene la indigestion; si fornicamos en exceso sobreviene el cansancio (y, dicen, no me consta porque soy casto y puro, una irritación de los mil demonios en salva sea la parte) y si bebemos en exceso sobreviene una resaca de ésas que en la jerga albañilesca se conoce como "cruda panteonera".

Esto lo escribo porque el primo del hermano del amigo del papá de mi vecino, creyendo el muy idiota que su constitución física era de hule, se puso una borrachera de tres días que comenzó la noche del jueves de la semana pasada y terminó apenas ayer domingo con la canalización intravenosa de una solución salina, para rehidratarlo y rescatarlo del borde del precipicio de la congestión etílica.
Y todavía hoy, a las horas en que esto escribo, padece un terrible dolor de cabeza, una temblorina peor que la de un enfermo de Parkinson y una sensación de desequilibrio y mareo que lo obligan a realizar movimiento corporales muy lentos.
De hecho es tal el malestar que padece, que creo que habré de solidarizarme con él y terminar hasta aquí este post, que es sólo una señal de vida... quizá la última, porque me voy a Sinaloa.
P.S Si no regreso puede ser por uno de los siguientes motivos: 1) Me caso con una culichi guapota y malhablada; o, 2) Me ligo sin saber a la novia de algún nacotraficante y en represalia éste me manda a ajusticiar con unos 60 tiros en el cuerpo y uno de advertencia en la cabeza.

11 jul. 2008

Crespo


Aunque parezca algo snob y/o culterano, lo primero que hice al comenzar formalmente mis vacaciones fue darme una vuelta por la librería.

Hacía mucho tiempo que no visitaba Gandhi (nota cultural para quienes, en caso de que los haya, me lean desde otras latitudes distintas a la Ciudad de México: Gandhi es una de las principales librerías de la ciudad; actualmente con muchas sucursales, de las cuales la más conocida por haber sido la primera es la que se ubica en Av. Miguel Ángel de Quevedo, a medio camino entre el centro de Coyoacán y San Ángel… en fin, es una librería importante), pero ayer que fui nuevamente, me encontré con que están remodelando el local que se encuentra en la acera norte, donde con poco dinero y mucha suerte era posible salir cargado de muy buenos títulos. Así que me fui al local nuevo, o relativamente nuevo, que se encuentra a un costado de la librería del Fondo de Cultura Económica, justo en la acera de en frente.

Mi objetivo, era, obviamente, encontrar algunas buenas novelas para leer en estas semanas. Pero una vez en la librería, me fui a las secciones de “ciencias sociales” y “filosofía”, a ver cuáles eran las novedades.

En la sección de filosofía encontré un libro de Luc Ferry (Aprender a vivir, Taurus 2007) que me pareció interesante y ameno, así como un texto de Alain Badiou (Breve tratado de ontología transitoria, Gedisa 2002) acerca de la ontología en Francia.

Hasta ahí todo bien. Sin embargo, cuando estuve en la sección de ciencias sociales, me encontré con que el libro del momento es “2006: hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana”, del aburrido y gris José Antonio Crespo Mendoza, profesor de todología politológica (cualquier cosa que eso signifique) en el Centro de Investigación y Docencia Económica, que dizque uno de los centros de estudios en ciencia política y economía más prestigiados del México actual.

José Antonio Crespo.



Fiel a mi costumbre de nunca comprar libros de coyuntura porque al cabo de unos años nadie los recuerda y su contenido analítico se vuelve obsoleto, me tomé un par de minutos para echarle una ojeada al texto de Crespo; esto porque soy un irredento masoquista visual (para muestra baste mencionar que tengo mi suscripción anual a “Proceso”) que gusta de provocarse dolor (de cabeza) leyendo idioteces expresadas en prosa académica, y porque me quise ahorrar la molestia de comprarlo o esperar cinco años para poder consultarlo en el acervo de la biblioteca de la Facultad.
La tesis de Crespo, licenciado en ciencias políticas y doctor en historia, es muy sencilla: hubo muchos errores en la elección presidencial del 2006, de manera que no es posible saber con claridad si hubo indicios de fraude en contra del candidato perdedor, López Obrador; así como tampoco es posible afirmar con total certeza el legítimo triunfo electoral del presidente Calderón.

Si alguien pretendía comprar ése libro, no lo haga. Con leer la sucinta reseña del párrafo anterior se ahorrará horas de tedio y decepción ante el trabajo de uno de los politólogos quesque más respetados y prestigiados de México.

Aunque loable el trabajo metodológico realizado por Crespo, presumiblemente basado en la revisión de las actas de escrutinio y computo de la mitad de los distritos electorales del país (150 de 300), las conclusiones son igual de laxas y de sentido común que las de un periodista de la calaña de López-Dóriga y Ciro Gómez Leyva, o cualquier otro de los que aparecen el programejo ese de pareceres políticos llamado “Tercer grado” (de primaria).


¿Periodistas?

Es decir -y esto debería saberlo y enseñarlo en sus clases el Dr. Crespo- los politólogos tienen que ir un poco más allá del sentido común, tratar de sustentar en argumentos, teorías e hipótesis sistemáticas el análisis de la realidad política; mas no quedarse en el mismo nivel de generalidad que los observadores ordinarios.

Escribir un texto de 236 páginas para decir más o menos que: “no lo sé de cierto, pero lo supongo; porque como puede ser que sí, puede ser que no; la mera verdad es quién sabe”, debería ser motivo suficiente -en un sistema nacional de investigadores serio- de degradación en el escalafón y de los apoyos económicos de quién escriba semejante estupidez. Pero estamos en México, y con todo y su supuesto carácter flemático y su look de scholar, Crespo forma parte de la oligarquía intelectual que ha copado todos los espacios universitarios y mediáticos, para expresar sus pareceres presentados como ciencia política.

En lo personal encuentro bastante irritante ver, leer o escuchar a personajes como Crespo, Lorenzo Meyer o Jorge Chabat. Pero esa irritación cede su lugar a la preocupación y a la decepción cuando esos mismos personajes son objeto de culto por parte de la clase política nacional. Sus opiniones aunque sean erradas son recibidas como verdades inobjetables.

Por supuesto que su prestigio y experiencia académica deben ser reconocidos, porque fueron de los primeros politólogos que produjo el país. Sin embargo sería saludable observar un cambio generacional no sólo en los espacios académicos, sino también en los espacios de asesoría en la formulación de decisiones. Que las elites circulen, como diría Michels.

En fin, que esto seguramente no le importará a nadie más que a mí. Pero qué diablos, estaba enmuinado y tenía que escribirlo. Así que le ofrezco una sentida disculpa al valiente lector que haya llegado hasta aquí a pesar de los bostezos.

Y a propósito de las oligarquías intelectuales que han doblegado a este país de globos y bicicletas, convendría tomar en cuenta las sabías palabras de Alí Chumacero (uno de los pocos escritores en toda regla que ha dado este país, otra vez, de globos y bicicletas), expresadas en una entrevista realizada a propósito de sus noventa años de vida:


Alí Chumacero.



“Me alegra que se vea que soy una persona que no ha perdido el tiempo en todo. Y que se sepa también que no soy un literato mamón. Soy un literato que sabe vivir… Un literato mamón es un literato apretado. El escritorcito que llega a apantallar es un mamón y además un imbécil….”

… tómala Monsivais, y tómenla el resto de las momias vivientes (Fuentes, Poniatowska, et. al).

P.S Debido a las presiones inflacionarias, al alza de los precios internacionales de los alimentos, a la crisis hipotecaria en los Estados Unidos y al alza global de los precios de los energéticos, que a su vez han provocado el alza en los precios de los pelis porno (debido al aumento de los costos del transporte y de los implantes de silicón) y las muñecas inflables (debido al calentamiento global, o sea, al hecho de que las crisis del capitalismo ponen cachonda a la gente en todo el mundo), durante este periodo vacacional no saldré de vacaciones; no ajuera del país. Si acaso iré unos días a Culiacán, a dónde mi amiga Carolina me ha invitado a hacer turismo de alto riesgo ecológico, debido a la alta concentración de plomo en el ambiente (propiciada por tantos tiroteos entre narcotraficantes y policías); y a comer camarones empanizados.


P.S 2 Esa ley de no retorno aprobada por el parlamento europeo es más kukuxklanesca que la intención declarada de nuestros vecinos gringous de levantar un muro en la frontera con México. Y bueno, cuando la intolerancia, la pobreza y la exclusión convergen, es como cuando un hombre de 60 años toma viagra: la cosa tiende a ponerse dura.

7 jul. 2008

Vote for McCain (¡¡please, please, please!!)


La imagen es elocuente: John Sydney McCain tercero, senador protestante por el sureño estado fronterizo de Arizona y candidato del Partido Republicano a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica -todavía la primera potencia mundial- contemplando el ayate de Juan Diego, en el cual, según la leyenda convertida ahora en dogma, apareció milagrosamente la imagen de María, la virgen madre de Cristo Jesús.

Para el común de los mexicanos que recibimos nuestra primera educación sentimental a través de las telenovelas de Televisa, ver al “maquein” de visita en la Basílica de Guadalupe fue algo conmovedor; tanto, que si tuviéramos la posibilidad de votar en la elección a celebrarse en noviembre próximo, sin duda nuestro voto sería para ése viejito canoso que se ve rete buena onda. Y bueno, esto sin importar que después de haberse tomado la foto en el altar de la virgen haya declarado que, en caso de ganar la Presidencia, primero sellará la frontera de su país (para lo cual estaría en todo su derecho, faltaba más), y si hay tiempo y no se atraviesa otro atentado terrorista en el camino, podría presentar una iniciativa de reforma migratoria. Pero qué importa. Total, después de haber depositado una rosa roja a los pies del ayate de Juan Diego, lo único importante es que él también es guadalupano; lo cual confirma lo que aquí se escribió hace unos meses: en México podremos ser perredistas, panistas, priístas; demócratas o republicanos, narcos o afis, cristianos, judíos o musulmanes; pero todos, absolutamente todos, somos guadalupanos.

Eso lo saben muy bien los estrategas de la campaña de McCain y han decidido aprovecharlo.

Como lo escribí líneas arriba, para un mexicano común, digamos, por ejemplo, un michoacano o zacatecano que tenga un familiar residente legal o ilegalmente en los Estados Unidos, fue a todo dar ver al papá de Steve Martin de visita en la Basílica de Guadalupe. Sin embargo, para quienes alguna vez hemos sido mercenarios en las campañas electorales y conocemos la jerga (con j) del marketing político, nos queda muy claro que lo que vino a hacer McCain no sólo a México sino también a otros países del “hemisferio” -como acostumbran llamar los politólogos del Departamento de Estado al continente americano- fue posicionarse entre los votantes latinos de su país, que son la primera minoría apenas un poco adelante de los negros, que no por ser tales están todos con Obama.

El setting -como se le conoce en la mercadotecnia política a la divulgación y familiarización de la imagen de un candidato ante el electorado- que hizo McCain en América Latina es un claro indicio de cuál será su política para la región. Su visita a Colombia y México envía un nítido mensaje de que el diálogo y el intercambio tendrán lugar sólo con gobiernos afines ideológicamente, además de estratégicos en términos geopolíticos.

Con todo el apoyo financiero y militar que significa el Plan Colombia (se especula que el rescate de Betancourt costó 20 millones de dólares), McCain y todo el stablishment que está detrás su campaña, pretenden hacer de ese país un enclave estratégico de contención de la oleada de gobiernos sudamericanos identificados con la izquierda y con el rechazo a la política intervencionista de la Casa Blanca; porque éstos apuntan hacia una integración que de ser bien negociada, daría lugar a la conformación de un bloque energético muy importante al conjuntar el gas boliviano, el petróleo venezolano y el etanol brasileño.

En política las coincidencias no existen. Es una regla básica que todo principiante debe conocer. Así que no fue fortuito, aunque no alcanzo a vislumbrar con claridad las conexiones causales, que la visita de McCain a Colombia haya coincidido con la liberación de la nueva heroína de la temporada, Ingrid Betancourt.

Además de apuntalar la popularidad doméstica del presidentito Álvaro Uribe, ése espectacular acontecimiento aseguró sin duda alguna la continuidad electoral del actual bloque dominante en Colombia, y contrarrestó en forma muy considerable la influencia del insufrible y rijoso vecino venezolano.

Por supuesto, la futura continuidad de un gobierno afín a los intereses de Washington es lo que McCain fue a asegurar con su visita, independientemente de si gana o no la Presidencia, pues en el muy probable caso de que no lo hiciera, hay que recordar que continuará siendo senador.

En el caso de México, luego de lo cerca que estuvo de llegar al poder un proyecto político no necesariamente de izquierda, pero si anti norteamericano, en la elección de 2006, además, por supuesto, del problema de la porosa frontera sur de su país, que se vuelve aun más porosa por la corrupción imperante en las aduanas, así como por las mafias relacionadas con el tráfico de drogas, armas y personas, también es necesario tomar medidas estratégicas; pero ahora sin despertar las antipatías de la sociedad mexicana. De ahí el guiño de McCain a través de uno de los símbolos más emblemáticos de México: la virgen de Guadalupe.

Por lo demás, pienso que si el presidente Calderón decidió jugar su apuesta con McCain, su elección no ha sido precisamente la mejor.

Por una cuestión discursiva, ideológica y hasta generacional, al Presidente le convendría más jugar del lado de Obama, que si bien no ha dado muestras explícitas de interés por la región latinoamericana, estaría en mejores posibilidades de sacar un acuerdo migratorio en el Congreso de su país, debido al enorme bono democrático que representaría ser el primer Presidente negro de los Estados Unidos, así como también por la posible mayoría demócrata en el Congreso.

Finalmente, lo conveniente para el presidente Calderón sería dejar de ver hacia los Estados Unidos y volver la mirada hacia Sudamérica o la Unión Europea; esto porque el declive económico de los vecinos del norte está, ahora sí, más que claro. ¿Qué ganaría México con una reforma migratoria e intercambio comercial con un país cuya moneda se ha depreciado en forma considerable frente al euro, y cuyo desarrollo está en entredicho debido a su vulnerabilidad energética? Parece que muy poco. De ahí que sea muy probable que la hora de comenzar a restarle importancia a los desplantes y a la arrogancia de la american political rule, haya llegado. Ya desde el momento en que un presidenciable gringo ha venido a mendigar votos, es hora de desentenderse de los amigous del norte.

Así que en adelante, lo que cabría esperar del presidente Calderón y de la diplomacia mexicana sería una fría cortesía.

Pero eso no va a pasar.



P.S ¿Será Ron Howard o Steven Spielberg? ¿Cuál será el título: Kidnapped o Rescating to ex candidate Ingrid? No lo sabemos, pero lo que es seguro es que en Hollywood han comenzado a buscar en el mapa la ubicación de Colombia.

Y aunque después de haberme tildado de
insensible socialista (he comenzado a pensar que esto podría ser un oximorón), casi se me prohibió opinar sobre la política de ese país productor de bananas y cantantes cursis (léase Shakira, Juanes y Bacilos), el melodramático aviso de esa enardecida y chovinista visitante, de que no volverá a leer este blog, me da la tranquilidad de volver a opinar sin temor a ser nuevamente calificado con palabras tan contradictorias como irrisorias.

Por supuesto que es loable que después de años de cautiverio, la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt haya sido rescatada, lo cual, además, muestra el grado de debilitamiento de la guerrilla luego de la muerte de sus principales líderes.

Es muy posible que en el futuro próximo el pequeño sátrapa tropical que gobierna ése país consiga firmar la paz con la guerrilla; o de plano exterminarla en el nombre de la democracia. Pero eso no resolverá el problema de la falta de nación y de quiebra del Estado colombiano desde el
bogotazo de los años cuarenta.

Y bueno, conviene señalar desde ahora el riesgo potencial que representaría bajar del pedestal a la nueva mártir nacional para convertirla -otra vez- en candidata y eventual presidenta de Colombia.

Aunque puede ser uno de sus fundamentos, el carisma no puede suplantar a la legitimidad política que surge del ejercicio eficaz del poder; algo que sólo muy pocos personajes han logrado, y algo, desde luego, que no da el haber estado secuestrado por una guerrilla agonizante.

1 jul. 2008

De la tarde nublada y otras nimiedades

La tarde está nublada. Afuera, en los pasillos, todo es silencio.

A lo lejos se escucha el estruendo de los relámpagos. Anuncian la torrencial lluvia que poco a poco se irá aproximando.

En el reproductor de música suena la “Samba del olvido” de Jorge Drexler. La melancolía ronda cerca. En el ambiente se percibe su sombría presencia…

…y por si fuera poco, padezco una lumbalgia que me está fastidiando tanto la espalda, que hasta la inspiración para seguir escribiendo como compositor de trova barata, me ha abandonado.

No sé si sea a causa del clima lluvioso; o si sólo sea un reflejo o un pretexto somático para hablarle nuevamente a la doctora corazón. Pero el caso es que desde ayer mis movimientos corporales parecen los de un anciano de 90 años, con el debido respeto a los ancianos de 90 años, que ahora tienen que sufrir la payasada esa de “adultos en plenitud” con la que las politically correctness minds pretenden llamarlos, para sentirse más progresistas.

Hacía mucho tiempo que no sentía ése dolor muscular en la parte baja de mi espalda, que recorre sin piedad toda mi pierna derecha (obligándome por momentos a caminar como el Dr. House). Pero ahora ha vuelto y es tan molesto que se ubica en la zona limítrofe entre lo incómodo y lo insoportable.

Por fortuna la Yarita no me odia tanto como para ser indiferente ante mi dolor. O quizá sea su deber profesional. Pero desde la lejanía de Saltillo, Coahuila, y sin más información que la que le he dado por teléfono, me ha recetado un anti inflamatorio (Celebrex) que apenas comienza a hacer efecto y me ha dicho que tengo un déficit de potasio.

Y bueno, eso me hacer pensar retrospectivamente en la Yarita; desde su moda hippiosa y contestataria de aquellos primeros días en que nos reencontramos, por causa de una conjuntivitis que aquejaba a mi ojo izquierdo; hasta ahora, que se perfila como una exitosa internista que viste trajes formales y zapatos de tacón…

… en fin, que no sé por qué estoy escribiendo esto; quizá se deba a las primeras gotas de lluvia que comienzan a caer afuera, o talvez al viento que mece con fuerza las ramas de los árboles. O más simple aún: posiblemente se deba al hecho de descubrir que para mi el amor no dura tres años, como dice mi gurú en el tema, Frédéric Beigbeder, sino a lo mucho 24 o 25 meses, que vistos así, pues son mucho tiempo. Por eso es que hasta ahora he comprendido plenamente esa frase de Augusto Monterroso que en un principio me pareció estupida: el amor es mientras todavía no lo es del todo.

¡Pero qué diablos! Me he vuelto un chico sensible, e influenciable, además. Ya sólo falta que me ponga a leer Por qué los hombres aman a las cabronas, Los hombres las prefieren idiotas, o brutas o tontas, o como sea; o Quién se ha robado el Ferrari del monje que fue a vender queso… o una cosa de esas. Y bueno, ya que estoy en esto, y aprovechando que este infame dolor que ni siquiera me permite recargar totalmente y durante mucho tiempo la espalda en el respaldo de mi silla, me irrita; pues diré que ése tipo de literatura me jode. O sea, qué o quién es una mujer “cabrona”; ¿acaso por cabrona debe entenderse el muy psicológico terminajo ése de la “asertividad” con el que los reclutadores de recursos humanos pretenden apantallar a los miedosos solicitantes de empleo? ¿o peor aún, las “cabronas” son las que comúnmente son conocidas en los bajos fondos del resentimiento emocional como unas “hijas de la chingada”?

En lo personal no sé bien a bien qué demonios significa esa palabreja, ni siquiera en su aplicación al género masculino. Cuando me han dicho “eres un cabrón” el significado de tal adjetivo, como el de todos aquellos viperinos, ha sido polisémico. Unas veces ha denotado “arrojo”, “valor”, eficacia”, y otras, creo que las más, “hijoeputamaleducadochingativopretensiosoyarroganteporquenotemuerescabron”.

Así que aplicado a las mujeres, ignoro cuál sea el significado de su cabronez, cabroncididad o cabronería, o whatever it means. Pero sea cual fuere, la verdad es que en cuestiones de elección, yo sólo pido una sola cosa en una mujer: que piense. Nada más.

Ya si por azares del destino además de tener el intelecto de Hannah Arendt, mi prospecto de chica chic tuviera un cuerpo escultural, voluptuoso e incitante (y excitante) a abandonar mi voto de celibato temporal, pues creo que pensaría seriamente descender de nueva cuenta al mundo de los ordinarios mortales. Pero como los cuentos de hadas sólo existen en los cuentos de hadas, pues me resigno a continuar descifrando el enigmático significado de la supuesta cabronudez que a los hombres nos gusta de las mujeres.

Mientras tanto, ya me acordé que lo que en realidad quería hacer en estas líneas era explicar la frase ésa de Monterroso, que casualmente es paisano del conocido filósofo del personal del servicio doméstico, conocido como Arj.. ¡ése!, de Guatemala.

El amor es mientras todavía no lo es del todo significa que el amor es cualquier cosa menos felicidad; que dura (lo que dura dura) mientras no adquiera una forma institucional como el matrimonio o la unión libre, que de ser una expresión de rebeldía sexual y espíritu libertario, se ha convertido en otra forma de velada esclavitud y sometimiento al yugo del debito coyungal.

En momentos como éste me lamento de no haber nacido en Arabia, donde no existe la ridícula idea de la fidelidad, y ésta sólo existe en los aparatos de sonido. Es que ¿por qué tendríamos que permanecer fieles a una sola pareja, y reprimir nuestros impulsos sexuales -por lo demàs propios de nuestra naturaleza animal- ante otra persona que ejerza su fuerza de atracción sobre nosotros, débiles unidades de carbono?

Creo que la culpa la tienen Pablo de Tarso, Rousseau y Barbara Cartland. A ellos se debe nuestra infelicidad, nuestras frustraciones y la infelicidad y frustraciones de los jueces familiares, que con tantos expedientes de divorcio apilados en sus escritorios, no tienen ni las fuerzas ni los ánimos suficientes para entregarse a los salvajes aquelarres sexuales con sus secretarias, que de esta manera se convierten en fantasías quiméricas que el capitalismo se ha encargado de explotar, convirtiéndolas en una pujante industria que va desde canciones como “A ti te gusta la gasolina”, pasando por “La vecinita tiene antojo”, hasta filmes delirantes como “The secretary” o “Las edades Lulú”…

… en fin, en fin; creo que he exagerado un poco. Mejor me dedicaré a contemplar la lluvia a través de la ventana… y a padecer este infame dolor.