31 dic. 2009

Balance general

A punto de terminar 2009 no podía dejar pasar la oportunidad de escribir el último post del año.

Aunque físicamente el transcurrir del tiempo no distingue entre nuevo y viejo porque se encuentra en un devenir constante, las personas hemos inventado esas categorías para tener referentes del curso de nuestras vidas, ya a nivel individual, ya a nivel colectivo.

Así que este 31 de diciembre cierra un año de furias, angustias, alegrías, tristezas, suspicacias y preocupaciones. En lo económico creo que la frase que mejor resume los 365 días transcurridos, es la que pronunció el presidente Calderón en una reunión con legisladores de su partido: lo mejor de 2009 es que está por acabar.

A todos nos fue mal en grado y medida. Nos angustiamos con los ajustes que se realizaron en nuestras respectivas empresas, pidiendo al cielo que no fuéramos parte de las cifras del recorte de personal. También nos mortificamos porque no encontramos trabajo, no por lo menos uno decentemente remunerado, acorde a nuestras expectativas. El salario nos alcanzó para menos cosas y el nivel de nuestras deudas aumentó.

En lo político nos enteramos de una paradoja: en Suecia decidieron otorgarle el Nobel de la paz a la política belicista del presidente Barack Obama, que en menos de un año perdió su encanto. Los judíos continuaron sus intentos de excluir a la comunidad palestina y los piratas de Mogadiscio nos recordaron que África existe y que no es solamente el país sudcontinental en el que se realizará el Mundial de fútbol el próximo año.

En el ámbito de la cultura la pérdida más sentida fue la de Claude Levi Strauss, que aun recuerdo que cuando leí la nota en el diario y le comenté a mi compañera de oficina, me respondió: “qué mala onda, pero sus jeans son muy famosos” (o sea, jelou!). Otra perdida importante para, digamos, la cultura de masas, fue la muerte de Michael Jackson, que para mi fue un evento traumante, no tanto por el fallecimiento de ese raro espécimen humanoide, sino por la repetición constante de Billie Jean en todas partes.

Ya en lo personal la verdad es que 2009 fue un buen año, de logros profesionales y de crecimiento personal; ahora veo la vida con un poco más de madurez, aunque eso no significa que haya renunciado a la perspectiva corrosiva, inconforme e inconsistente.

Cierto, me distancié un poco de actividades que me gustan y disfruto mucho, como leer literatura y escribir, pero creo que aun conservo la vena literaria; continúo narrando en mi imaginación aunque ya no tengo el tiempo necesario par trasladar mis ideas y pensamientos al procesador de textos.

En lo afectivo hice dos o tres intentos, lo cuales surgieron paradójicamente mi discurso de la negación de la existencia del amor; en eso sí no he cambiado. Pienso que si esa cosa existe, a los humanos, pequeñas unidades finitas de carbono que aparecimos por accidente en el Universo, nos está vedado conocerla y por eso hemos inventado muchas narrativas a su alrededor… y el facebook y el match.com.

En fin, que termina 2009 y es imposible no sentir cierta nostalgia por los días que se van, pero también una gran emoción y curiosidad por los días que vienen y todos los acontecimientos que nos depararán.

La contingencia y la Fatalidad preparan ya el escenario en el que habremos de representar nuestros respectivos papeles. Las luces, la música y el auditorio están prestos para la función y las manecillas del reloj han dado la tercera llamada. Así que comencemos, pues, una nueva función. Que cada quien decida si quiere hacer de ella una tragedia, una comedia o un suspense.

Desde aquí mis mejores augurios para todos los actores. Feliz 2010.

28 dic. 2009

5 minutos de fama

Heme aquí, después de no sé cuántas semanas de no venir siquiera a revisar si el personal de blogspot aun conservaba abierto este espacio, de vuelta a él.

Casi finaliza 2009 que como todos los años trajo cosas buenas y otras no tanto, entre las que destaca mi distanciamiento del mundo de las letras, no tanto por voluntad propia como por causas ajenas en grado y medida a ella, aunque también debidas al agotamiento y las ganas de no hacer nada más que arrojarse a la cama a dormir, después de un día intenso de trabajo y de sortear pequeñas vicisitudes.

Pero en esta ocasión no quisiera cansar a mi único, heroico y persistente lector, sí, ese que de vez en vez viene aquí con la esperanza de encontrar algo nuevo, relatando mi vida cotidiana que se ha vuelto más sistematizada que de costumbre, al grado que mi casa se ha convertido en un dormitorio y la colonia donde vivo un lugar desconocido, al grado que apenas hace unos días descubrí que a unas calles de donde mi edificio abrieron un restaurante de comida yucateca… desde hace tres meses.

En esta ocasión quisiera aplicar la sabia sentencia de mi abuela, que consiste en presumir cuando se puede. Así que hoy quiero presumir mis cinco minutos de fama en un programa radiofónico en el que hice colaboración, que aunque fue en día de los santos inocentes, no fue en broma.

Desde luego que trastabillé un poco, pero habrán de dispensar mi nerviosismo; todavía no llega el momento en el que todos los días salga en la radio o la televisión opinando sobre los temas de la coyuntura, pero ya llegará…

… en fin, les dejo acá el link al podcast.



11 dic. 2009

A propósito de la Virgen

Aquí yo otra vez, y en esta ocasión tampoco escribiré algo original; más bien quiero reproducir aquí una crónica que publicó El Universal en su edición del 11/12/2009, en ocasión de las peregrinaciones que cientos de devotos realizan a la Basílica de Guadalupe, aquí en la Ciudad de México.

El texto me gustó porque pienso que está muy bien elaborado narrativamente. Ya el contenido o las interpretaciones que se le puedan dar a ese tipo de expresiones de fe es un asunto personal. Quienes creen en el culto mariano lo encontraran motivante o sublime, y quienes no, verán en él una muestra de fanatismo. Una y otra perspectiva son respetables siempre y cuando no se intenten convencerme mutuamente de que la contraria es errada.

En lo personal tengo mis dudas respecto al guadalu-panismo, pero reconozco su importancia como factor de identidad nacional. Si hay algo que nos distingue a los mexicanos es nuestro priísmo de closet y nuestro guadalupanismo ferviente, independientemente de nuestro origen social o nivel cultural...

En fin, aquí dejo esta, a mi parecer, espléndida narración, en el más puro estilo reporteril legado por el gran Kapuscinsky.
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Bicicletas, otro aliado de los peregrinos

Thelma Gómez Durán Enviada El Universal Viernes 11 de diciembre de 2009 df@eluniversal.com.mx

BOXAXNI, Hgo.— El secuestro de sus hijos lo hizo regresar. Ismael Hernández volvió a la peregrinación que hace 30 años dejó. Va montado en su bicicleta sin que le estorben sus 56 años. Unos metros atrás, Angélica, de 19 años, pedalea con fuerza. Es la primera vez que se une a esta caravana. Lo hace por agradecimiento. Hace ocho meses se salvó de morir cuando un borracho la atacó y clavó una navaja en su cuello. Más adelante va Rodolfo Gómez concentrado en no perder el ritmo. Tiene 24 años, y es la tercera vez que hace la travesía. Tiene una petición de amor.

La fe viaja en bicicleta. Lo saben Ismael, Angélica, Rodolfo y 100 ciclistas peregrinos que recorrerán los 125 kilómetros entre el valle del Mezquital y la Basílica de Guadalupe. Van a encontrarse con la Virgen venerada por sus abuelos, sus padres y, seguramente, por sus hijos.
Estos ciclistas cumplen con el ritual que, en estas tierras, tiene más de 40 años.

Cada diciembre, cuando apenas comienza el día siete, habitantes de cinco comunidades del valle de Mezquital, corazón indígena de Hidalgo, realizan la “Peregrinación de ciclistas a la Basílica de Guadalupe”. Por un día, abandonan la cotidianidad para llevar sus agradecimientos y peticiones hasta el cerro del Tepeyac. Esta peregrinación es una de las más de 400 que, tan sólo en diciembre, llegan a la Basílica de Guadalupe.

Agredecimientos y peticiones

Ismael volvió a tomar la bicicleta para agradecer. Hace cuatro meses sintió la angustia que desata el secuestro de un familiar. Sus “muchachos”, como les dice a sus hijos, se fueron “al otro lado” a buscar algo mejor. Migrar a Estados Unidos es una práctica común entre los jóvenes de esta región del estado de Hidalgo. Los “muchachos” regresaron a México para ser secuestrados.

“Como vieron que no teníamos dinero, los soltaron, pero los golpearon muy fuerte. Por eso estoy aquí, para darle gracias a la Virgen de que están vivos”, cuenta este hombre de piel tostada por el sol y el trabajo del campo.

Hace 30 años que Ismael no participaba en la peregrinación, de la que, por cierto, fue uno de los fundadores hace más de cuatro décadas.

En Boxaxni, a 20 minutos de Actopan, inició la peregrinación que en 2009, oficialmente, cumple 42 años. Aunque “tiene más tiempo, pero no la hacíamos tan formal”, cuentan los pioneros.

José Pérez, mecánico de bicicletas, tuvo la idea. Ismael y Roberto Hernández, Carlos Gutiérrez, Anatolio Cruz y Jaime Vázquez lo siguieron: tomaron su bici y pedalearon hasta la Basílica de Guadalupe. Aún eran adolescentes.

“No éramos más de seis. Nos perdimos en el camino. Yo llegué solo”, recuerda Carlos Gutiérrez, un hombre de 54 años quien ahora, junto con Roberto Hernández, organizan la peregrinación que reúne a poco más de 100 ciclistas de Boxaxni, Jahuey, Zaragoza, Santiago de Anaya y Xitzo.

“Don Carlos”, como le dicen, ya no es ciclista. Ahora conduce su gran camión. Es el encargado de ir en la retaguardia, “recogiendo” a los que ya no tienen piernas para continuar o porque su bicicleta los dejó en el camino.

Angélica pedalea y pedalea para alcanzar al contingente. Se ha quedado un poco rezagada, pero no se da por vencida. Es la primera vez que participa como ciclista. Otros años, viajaba en la camioneta de su hermano, aquella que encabeza la caravana, marca el paso y guía a los peregrinos.

Este año, Angélica tenía una razón muy grande para tomar la bici. “Quiero agradecerle a la Virgen. Por ella estoy viva”, dice. Hace ocho meses, regresaba de la Normal Superior de Pachuca. Caminaba por una de las calles de Boxaxni, cuando fue víctima de “un accidente”, dice ella. El “accidente” fue encontrarse con un borracho que la dejó medio muerta, con una herida en el cuello. Los vecinos la hallaron justo a tiempo para llevarla a un hospital. El agresor huyó del pueblo.

Angélica es de las pocas mujeres que han roto con la tradición del pueblo. Mientras sus compañeras de secundaria decidieron casarse, tener hijos y ayudar al marido con el negocio, ella prefirió estudiar. Quiere ser maestra de biología.

Sólo tres mujeres participan en esta peregrinación-ciclista: Angélica, su hermana de 16 años y Mariana. A la mitad del camino, la hermana de Angélica decide no continuar. Mariana, por el contrario, va en la vanguardia. “Es mejor ir hasta enfrente, así no te presionas y aguantas el paso”.

A sus 17 años es una ciclista experta. Desde hace seis años participa en la peregrinación. Fue una de las primeras mujeres en ser ciclista-peregrina.

Mariana preserva la tradición familiar. “Mi papá es ciclista, mis tíos igual. Así que un día, jugando, dije que también quería ir en bici. Mi papá me tomó la palabra. Desde la primera vez me gustó”.

Mariana vive en Santiago de Anaya, Hidalgo. De ahí son varios de los ciclistas. La mayoría se dedica a la albañilería o al campo. “Somos hombres acostumbrados al trabajo duro. Así que la bici la agarramos fácil. Es pesado el camino, pero con fe todo se puede”, dice Francisco, quien desde hace 10 años asiste a esta peregrinación.

Junto a Mariana pedalean aquellos que ya tienen más experiencia. Ahí van hombres de 54, 50, 40 y 30 años. Saben que hay reglas: ir de dos en dos, respetar el paso de la caravana, no distraerse ni jugar porque eso puede ocasionar un accidente.

Quienes no saben de reglas son los más jóvenes, los adolescentes que, por primera vez, acuden a esta travesía religiosa. Para ellos, la peregrinación es una especie de “rito de iniciación”. Llegar a la Basílica, “aguantar” la marcha, otorga una especie de distintivo. “Él aguantó y llegó”, dicen.

“Los primerizos”, sobre todo, abandonan la caravana porque un calambre los traiciona, porque su corazón parece salirse del pecho, porque una caída los deja fuera o porque su bici no era la adecuada para 125 kilómetros. El próximo año lo volverán a intentar. La tradición dice que deberán “completar su cruz”: acudir a la peregrinación, por lo menos, cuatro años seguidos.

Son las 12 del día y los ciclistas llevan casi nueve horas de peregrinación. Comenzaron en Boxaxni a las 3:00. Pero el ritual inició un día antes, la tarde del domingo 6 de diciembre.

Reunión y salida

La plaza de la iglesia de Boxaxni poco a poco se llena de bicicletas vestidas con rosas, malvones, bugambilias y alcatraces cortados de los jardines de las casas. Algunas, llevan flores artificiales compradas para la ocasión.

Han pasado dos horas y el sacerdote Raúl no aparece. “Siempre hace lo mismo. Se le olvida que tiene que venir a dar misa”, se queja la gente. “Con el padre Héctor no era así. Él siempre era puntual. Incluso, durante unos cuatro años fue con nosotros a la peregrinación en bici”, recuerdan.

El sacerdote por fin llega. “El padre Juan se fue a Europa y se nos juntó la chamba”, se excusa y de inmediato comienza el sermón: “Vivimos una situación difícil... algo anda mal en el país, hay mucha angustia y coraje por la impunidad... nuestro país está bañado en sangre... hay violencia y corrupción generalizada... cuando lleguen ante la virgen de Guadalupe, háblenle, díganle cuál es la situación del país. Ella nos tiene que ayudar”.

La misa termina con la bendición de las bicicletas y con el estruendo de una docena de cohetes que estalla en el cielo.

Rodolfo Gómez ya está listo. Será el tercer año que participe en la peregrinación. Él tiene una petición a la Virgen. “Voy porque es muy bonita la experiencia. Pero también voy porque tengo una petición. Tiene que ver con una mujer... Este año espero que se me cumpla”.

Las chamarras, gorras, bufandas y sudaderas que forraban los cuerpos de los ciclistas hace 10 horas ya fueron guardados en las camionetas que escoltan la caravana. El sudor recorre la frente de varios. Están en la recta final. Atrás quedó la pendiente de San Pedro que deja sin aliento. Hace dos horas que tomaron el último descanso, una parada que aprovecharon para almorzar barbacoa y pollos al estilo Hidalgo. Esa fue la última oportunidad para revisar bicicletas y tomar fuerzas.

Ahí van los 134 ciclistas. No llevan grandes cuadros e imágenes atadas a su espalda, como lo hacen otros peregrinos. Son más discretos. Sólo llevan pequeños cuadros o calcomanías con la Virgen pegadas en la estructura de su Benoto, Shimano, Mercurio o en su modelo “hecho en casa”.

Los ciclistas-peregrinos se santiguan al llegar a su meta. Ismael, con su paliacate aún en la cabeza, sonríe. No parece cansado. “Después de 30 años, regresé. Nunca voy a decir no puedo. Sí puedo. Aquí estoy con la virgen”, dice orgulloso.

Angélica llega sin aliento y con las rodillas raspadas. Por poco no logra terminar la peregrinación. En Ecatepec, un camión repartidor de gas no le dio el paso. Angélica no frenó a tiempo y se estampó contra el cofre del vehículo. Su bicicleta se averió. El muchacho que todo el tiempo la acompañó le cedió su bicicleta.

Cuando llega a la Basílica de Guadalupe, Angélica se tumba en un escalón. Se acuesta y mira al cielo. Al descubierto queda la cicatriz que atraviesa su cuello de lado a lado.

Rodolfo llegó sin contratiempos. Sonríe y busca entre la gente a Mayeli, la mujer con la que quisiera casarse este año.

Los peregrinos están agotados pero satisfechos. Cumplieron con el ritual. Están frente a su Virgen; a ella pedirán y agradecerán. El próximo diciembre, la fe también viajará en bicicleta.

2 dic. 2009

Tubazo de González de Alba

Hola a quienes aun vienen con alguna esperanza de encontrar algo nuevo en este blog.

En esta ocasión no leerán algo de mi autoría, pero sí de uno de los escritores y combatientes más admirados por mi, como lo es Luis González de Alba.

Como se sabe, siempre me ha gustado el estilo de escritura rijoso, provocativo y corrosivo. El texto que sigue a continuación es una clara muestra de ello; don Luis le da con el tubo al conservadurismo y de paso a una periodista relativamente famosa entre los círculos de la intelectualité progre de este país de globos y bicicletas.

Que por qué no he escrito, ya después lo comentaré. Se trata de falta de tiempo, pero también de cierta crisis o decepción, o crisis producida por la decepción de no encontrar sustancia, inteligencia o lucidez en el ambiente en el que de ordinario tengo que interactuar. Pero ya lo dije, de eso escribiré más adelante.

Por ahora reproduzco acá el tubazo de don Luis González de Alba, que advierto, puede resultar incendiario para algunos lectores.

Aquí va:


No al referéndum

Luis González de Alba

Hay normas que se asumen por mayoría y principios que son intocables, así la mayoría diga misa. Vivimos en un país de (todavía) mayoría católica que, cuando fue unanimidad, negó la libertad religiosa con un argumento inmejorable: “No podemos igualar la verdad con el error”, un monumental sofisma porque quien define verdad y error son las mismas autoridades eclesiásticas que se asumen voceras de la verdad.

A otros nos parece una “verdad” aberrante ese monstruo de ira, venganza y egolatría que es el Dios judeo-cristiano-musulmán que nos aterroriza de niños. Podríamos presentar demandas millonarias contra esas iglesias por daño psicológico. Pero hace apenas dos siglos nos quemaban en la hoguera por decir la centésima parte; ahora nomás nos miran feo. Algo hizo la Ilustración con sus ideas libertarias: puedo arrancar los moños que ponen en mi propia casa quienes adornan la calle para que pase la virgen de Zapopan, una muñeca de mazacote muy fea, y afirmar que la de Guadalupe está tan mal pintada que tiene hombros de futbolista de americano y el chiquillo que le mira los calzones no tiene hombros.

¿Todas las ideas son respetables? Falso. Son respetables las respetables, las otras no. ¿Y cómo distinguimos unas de otras? Tenemos una guía construida con inteligencia, valor, cárcel, tortura y carnes chamuscadas: los derechos humanos.

No podrán sostener los relativistas culturales que todas las culturas tienen valores igualmente respetables. No: un pueblo indio en el que no puede asumir la alcaldía una mujer por ser mujer, aunque ganara sin discusión las elecciones, no merece defensa de tal infamia.

Hemos construido en Occidente un cimiento de valores intocables, entre los que se cuenta la libertad de religión, la de tránsito, la de trabajo, el laicismo del Estado por el que la policía persigue el delito, pero no el pecado; y, el más importante, la igualdad de todos ante la ley. No son temas que admitamos poner de nuevo a votación porque los hemos vuelto derechos humanos esenciales.

Tampoco las decisiones técnicas pueden ser motivo de votaciones, plebiscito o referéndum. En Guadalajara no existe un sistema de transporte colectivo digno de ese nombre. La tasa de homicidios por microbuses resulta más alta que los muertos en Pakistán por autos-bomba. El macrobús es una propuesta de bajo precio frente al metro, pero los microbuseros gritan en contra y, claro, exigen referéndum… de la calle afectada. Fácil.

En temas básicos no es admisible ejercer la mayoría para cancelar derechos de minorías… y de mayorías tan amplias como la de las mujeres: el matrimonio de homosexuales es simplemente la aplicación del principio de igualdad ante la ley; la eutanasia asistida es el derecho a dejar de sufrir cuando se ha entrado en la fase terminal de una enfermedad. La adopción de niños por parejas homosexuales se refiere a niños abandonados. Sin duda, la mejor opción para un niño es tener padre y madre, vivos, bien avenidos, cariñosos, que lo desearon, inteligentes y hasta ricos y guapos. Pero esos hijos no son sujetos de adopción, lo son los abandonados por la condena a los métodos preventivos del embarazo, y al aborto, que nadie, jamás, ha presentado como método para el control natal, sino como la última y desesperada opción de una mujer.

Y ¿cuál es la calidad moral de los jueces religiosos que combaten nuestros derechos humanos básicos? Olvidan que son los representantes en la Tierra de un Monstruo malicioso capaz de engañifas como ésta a sus pobres criaturas:

“Mirad, Adancito y Evita, de todo cuanto hay en la mesa podéis comer, pero de estas galleticas no comeréis”. Luego va y se esconde a espiar por un hoyito. Los niños muerden una galleta y la furia del Monstruo de Vanidad es tal que no se aplaca ni cortándoles las manitas para que sufran de por vida, ni con el sacrificio de cien toros. Exige la muerte de su propio Hijo, golpeado y torturado en una cruz, para aplacar su vanagloria paterna afrentada por una desobediencia ridícula. Un padre así, ahora, tendría muy merecida prisión perpetua. ¿Escuchar a los representantes terráqueos de esa abominación delirada por un pueblo de pastores ignorantes, olvidado entre Egipto y Babilonia?

Lydia Cacho. Se debe ser no sólo frívola y exhibicionista, sino enferma de rufianería para andar viendo “limpiezas sociales” a cargo del gobierno en las muertes cobradas al narco y entre el narco. A ver quién le vuelve a creer.



Milenio Diario, 30/11/2009

10 nov. 2009

XY ¿de verdad es televisión pública hecha en México?

Hace poco más de un mes había sido invitado por mis compañeros de trabajo a ver un partido de la selección mexicana de fútbol en el departamento de uno de ellos, cerca de la oficina; es decir, fue una invitación que tuve que aceptar más por obligación que por cortesía. Aunque me resultó entretenido ir a tomarme un trago un miércoles por la noche, la verdad es que me aburrí tremendamente con el pésimo nivel de juego de los presuntos representantes del país en términos panboleros, pero no así mis cofrades oficinísticos que ya se habían mareado con un par de cervezas y parecían más interesados en averiguar qué tan rápido podían ponerse ebrios, que en la estrategia del juego.

Acabado el partido decidí irme a casa para descansar y llegar entero a la oficina al siguiente día.

Serían por ahí de las once de la noche cuando encendí el televisor en el canal once para hacer un poco de ruido ambiente mientras me vestía el pijama y fue entonces cuando descubrí XY, una serie que por un momento pensé que era un película debido a la calidad del formato de grabación; y una peli extranjera, además. Pero cuando escuche sorprendentemente, tratándose de un canal público, que los personajes tenían una oralidad bastante cotidiana (que hablaban con groserías pues), constaté que se trataba de una producción mexicana.



En pocos minutos la trama del capitulo de esa noche me atrapó. El propio concepto de la serie es bastante seductor, pues se trata de lo que ocurre dentro y fuera de las oficinas de una revista denominada precisamente XY, enfocada al público masculino. El capítulo de esa noche trató de la importancia que los hombres solemos dar al tamaño del pene. El abordaje fue desde diferentes ángulos: precisamente los de las vidas cotidianas de los colaboradores de la revista, desde el director editorial hasta los reporteros y el equipo de ventas.

El perfil de los personajes está muy bien cuidado, son bastante reales y cotidianos; se sienten próximos porque todos conocemos a alguien, un amigo, un vecino, con esas características.

Los diálogos, aunque informales, son muy inteligentes y dan espacio tanto para la carcajada como para la reflexión. Y la dirección de escena es simplemente impecable.

Definitivamente XY es una gran producción, hecha en México por una televisora pública que hace honor por mucho, a su eslogan que habla de una “tele más atrevida”. Bien por Fernando Sariñana, el director de Once TV y bien por Emilio Maillé, el director de XY por haber pensado en los televidentes que ya estamos hasta el keke de la basura y los refritos de las televisoras privadas, así como de los rollos adoctrinantes y pseudoizquierdosos de Argos Producciones, de Epigmenio Ibarra.

Y bueno, en un desliz de chovinismo simplón, debo admitir que me embarga cierto orgullo al saber que una televisora pequeña, con escaso presupuesto y una difusión limitada, como es Once TV, haya sido capaz de producir una serie original que no le pide nada a “Cuéntame cómo pasó”, ni a las series producidas por HBO y mucho menos a ese bodrio producido por Televisa y Sony Televisión, que es “Los Simuladores”.

No queda más que hacer la invitación para ver XY, todos los miércoles a las 10:30 de la noche, o la repetición, los domingos a la misma hora. Saber que una parte de mis impuestos se invierten en esa producción me hace menos insoportable la partida de madre que nos aplicaron los diputados con la aprobación de la miscelánea fiscal 2010.

16 oct. 2009

Costumbrismo afectivo: los pobres también aman y lo hacen de verdad

En Mateo 5, 3 que narra el famoso sermón de la montaña, Jesús dice algo así como “felices los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Por supuesto que existe una gran variedad de interpretaciones hermenéuticas del sentido de esta frase; algunas apuntan a la humildad como valor social, otras a la pobreza material y cada una ha predominado durante algún tiempo ganando adeptos que han intentado ponerlas en práctica para apropiarse un acre en ése tan preciado Reino celestial del que solía hablar el predicador judío que siglos más tarde fue tomado por verdadero Dios y verdadero hombre por una religión que él muy probablemente no se propuso fundar.

Nada menos que en el Medioevo existieron gran cantidad de sectas, órdenes religiosas y posturas filosóficas que intentaban llevar a la práctica ese consejo dictado por Cristo durante sus días en la Tierra.

Ya durante el Renacimiento y la Modernidad, principalmente durante el siglo XIX, cuando en Europa comenzaron a surgir con gran fuerza los movimientos anarquistas y marxistas, la interpretación dada a la bienaventuranza en torno a la pobreza afirmaba que ésta en realidad era un recurso de dominación ideológica para aplacar los ánimos rebeldes de las clases oprimidas, haciéndoles creer que en el plano espiritual la pobreza era buena y la riqueza mala.

Sea como fuere, el punto es que debemos al cristianismo la glorificación de la pobreza, en cualquiera de sus vertientes.

Los pobres, en tanto seres vulnerables, marginados y desesperanzados, son los más propensos a descubrir y hacer suyo el llamado de la fe, que es la búsqueda de la salvación del alma.

La riqueza, por el contrario, ha estado asociada en la versión del cristianismo católico, a la avaricia, la ambición y la soberbia, antivalores todos ellos promovidos por el antagonista espiritual de Dios, es decir, el demonio. Caso contrario el de las confesiones protestantes, en las que la riqueza es fruto del trabajo consagrado a Dios.

Pero más allá de estas consideraciones, muy interesantes por lo demás, lo que me interesa resaltar aquí es la idea de que sólo los pobres, debido a su condición de carencia material están dotados de una especie de capacidad especial para expresar auténticamente su pensamiento y sus sentimientos, debido a una suerte de inocencia que ha logrado mantenerse intocada, porque al estar excluidos de la sociedad y sus vicios, ésta no ha podido corromperla.

De ahí surge el estereotipo que atraviesa tantas y tantas historias literarias que lo mismo se han escrito en Europa que en América en diferentes momentos históricos, pero con un denominador común: los pobres, en medio de su pauperismo, son los únicos que son auténticamente felices.

El Cuento de Navidad de Charles Dickens es quizá el ejemplo más claro de esta situación, en la que la felicidad de los pobres radica en su capacidad para estar unidos y prodigarse afecto, en contraste con la avaricia e insensibilidad de Mr. Scrooge que aunque rico, es soberbio y amargado.


En el México posrevolucionario de los años cuarenta del siglo XX, el arquetipo cultural de la pobreza entendida como pureza de espíritu y condición para la redención individual a través del sufrimiento causado por las carencias materiales, es “Pepe el Toro”, el personaje interpretado por Pedro Infante, que vive en los márgenes de una Ciudad de México en proceso de expansión y modernización.

En la saga Nosotros los pobres (1947)-Ustedes los ricos (1948)-Pepe el Toro (1952) se hace evidente la relación inversamente proporcional entre riqueza y felicidad: los pobres son felices y la pasan bomba porque son solidarios; en cambio, los ricos son avaros, individualistas, codiciosos y siempre viven angustiados. Ya en Escuela de rateros (1958) surge el otro estereotipo que se va a reproducir posteriormente en las telenovelas para perdurar hasta nuestros días: el pobre feliz y audaz que es capaz enamorar a una riquilla frívola y prejuiciosa, sólo que en esta ocasión ya no se trata de un pobre ingenuo y bonachón, emigrado del campo a los márgenes de la ciudad, sino de un individuo netamente urbano, desvergonzado y parlanchín, es decir, el pelado.

El pelado es el ancestro directo del naco de nuestros días, pero en términos estrictamente afectivos, el pelado es el abuelo en línea directa del looser, ése espécimen bucólico que ronda por los bares bohemios interpretando con su guitarra canciones de su propia autoría, en las que exalta su capacidad para amar con sinceridad y hace apología de su condición de pobre que no quiere progresar para no contaminarse con las perversiones de la movilidad social, y que con esa verborrea lograr enamorar a mujeres que en otras condiciones estarían fuera de su alcance, pero que al final terminan abandonándolo.

Como en otros tiempos y lugares, en México la exaltación de la pobreza como virtud ha sido empleada como instrumento de dominación ideológica. En los años cuarenta fue a través del cine popular de Pedro Infante, Tin Tan y Cantinflas, y a partir del último tercio del siglo XX, mediante las telenovelas: Rosa Salvaje, María Mercedes y recientemente Hasta que el dinero nos separe (refrito de una producción sudamericana), son los ejemplos más claros de esta situación, donde el mensaje implícito es el siguiente: los pobres son felices y pueden amar con sinceridad, mientras que los ricos debido a su codicia están imposibilitados para hacerlo.

No obstante, el sustrato de la idea del amor auténtico hunde sus raíces en el planteamiento rousseauniano del buen salvaje, esto es, un hombre evolucionado apenas lo suficiente para caminar erguido y para tomar de la naturaleza sólo lo necesario para subsistir, sano, inocente, y por tanto, carente de toda noción de malicia.

En el caso particular de México, este planteamiento adquirió una expresión concreta en lo que se podría denominar como “costumbrismo afectivo”, una mezcla de inocencia campirana y pobreza que permite a los individuos expresar con autenticidad sus sentimientos debido a su sencillez e ignorancia respecto al hecho de que las palabras tienen significado y su pronunciación genera consecuencias.

A diferencia del looser, que es más citadino, lírico y rebuscado en la expresión de sus afectos, el individuo costumbrista es más franco y directo, emplea referencias y analogías propias de su entorno, como en la letra de “La Ley del monte” que es la canción por antonomasia del costumbrismo afectivo, que dice algo así como “grabé en la penca de un maguey tu nombre/unido al mío entrelazados/como una prueba ante la ley del monte/que ahí estuvimos enamorados”; o bien, la “Flor de capomo”: trigueñita hermosa/linda vas creciendo/como los capomos/que se encuentran en la flor….

Pero sin lugar a dudas, la canción que mejor expresa el pleno significado del costumbrismo afectivo” es El Chubasco, que narra la historia de un hombre que está al borde del insondable precipicio del desamor, debido a que la mujer que ha amado en silencio durante mucho tiempo, está a punto de partir hacia un lugar desconocido en un buque de vapor, ¡un buque! es decir, pondrá mar de por medio, y el pobre, totalmente incapaz de hacer nada para detener su partida se consuela imaginando la posibilidad de manipular las fuerzas de la naturaleza para formar un chubasco, con el declarado objetivo de detener la navegación del buque de vapor.

Por hoy ha sido demasiado; ya en el siguiente post entraremos al análisis puntual de la letra de “El Chubasco” y las implicaciones filosóficas que subyacen detrás del costumbrismo afectivo en el que se inscribe.

Lo que quería dejar en claro en este texto es que a diferencia de la concepción del amor como producto de consumo, el costumbrismo lo entiende como un sentimiento complejo y auténtico que no precisa de muchas elaboraciones sociales para poder ser expresado y experimentado. Asimismo hay que evidenciar el aspecto clasista del tema; mientras que el costumbrismo no precisa grandes elucubraciones y recursos para poder expresarse, el amor pequeño burgués de las redes sociales precisa de la tecnología y de un espacio virtual para poder subsistir. En fin, que la idea quedó inconcluso pero es porque ya me estoy doblando de sueño…

9 oct. 2009

Match.com: encuentra el amor

Todos los días, antes de cerrar mi sesión en la computadora de la oficina reviso mi correo electrónico personal y de paso echo un vistazo al messenger para ver quién está conectado.

Ayer por la tarde cuando abrí el messenger salió una ventanita emergente que invitaba a comparar el tamaño de los dedos de las manos para saber cuál era el tipo de personalidad correspondiente. Ignoro si tal ejercicio tiene un fundamento metodológico, y si de casualidad llégase a leerme aquì un psicólogo mucho le agradecería que me ayudase a aclarar el punto; pero haiga sido como haiga sido, el punto es que decidí perder el tiempo observado el tamaño de los dedos índice, medio y anular de mi mano derecha, para compararlos con los esquemas que aparecían en la pantalla, para más señas, en una página de MSN que se llama “amor y amistad” o una cosa similar.

Una vez que hube comparado mis manos y seleccionado el esquema más parecido en el monitor, se abrió otra página en la que había que resolver un test de personalidad. Para no hacer la historia larga diré que el resultado del mentado test respecto a mi personalidad decía que tengo un liderazgo tradicional y que soy una especie de Juan Camaney que masca chicle, baila tango y tiene viejas de a montón, turu rú, pero en versión intelectual y medio mamonesca.

Instantes después aparecieron las fotos de unas chicas que dizque eran compatibles con mi personalidad y cuando caí en la cuenta, ya estaba yo completando un perfil para un portal llamado “match” o algo similar.

Pero lo importante no es la página en sí, ni sus características, por lo demás demasiado parecidas a las de las redes sociales como Facebook o Hi5, donde hay que poner fotos, una breve descripción personal y demás payasadas. No. Lo importante es el perfil mismo de las personas que concurren a ése tipo de herramientas tecnológicas para relacionarse socialmente.

Sé que lo que voy a escribir ya ha sido escrito con antelación y con mucho mayor claridad y fluidez por sociólogos y psicólogos con doctorados y cuando menos un par de artículos publicados en antologías y revistas académicas totalmente desconocidas. Pero es interesante observar cómo personas con un promedio de edad que va de los 30 a los 50 años emplean ésa red social para tratar de encontrar a otras personas con las que puedan entablar una relación afectiva.

Por supuesto que esa situación no es nueva, y que más bien es la versión electrónica de los anuncios de las “almas solitarias” que alguna vez figuraron en las secciones de avisos de ocasión de periódicos y revistas impresas.

Sin embargo, lo que me causa curiosidad y hasta un poco de asombro es esa especie de ingenuidad o hipocresía, banalidad o estupidez, subyacente en el hecho de creer que en un medio totalmente impersonal y por tanto potencialmente propenso a la suplantación de la realidad por la fantasía, como lo es Internet, las personas podrán encontrar a otras personas con las características que exigen: buena apariencia, buenos sentimientos, buena posición laboral y por tanto económica, entre otras más.

Lo que me cuesta trabajo entender es la reticencia a buscar todo eso en el mundo real, afuera de su casa, oficina o del café internet desde el que día con día revisan esperanzadamente sus buzones de correo electrónico, para ver quiénes han observado sus respectivos perfiles y han decidido dejarles algún comentario.

El amor, cualquier cosa que eso signifique y suponiendo sin conceder que pueda existir realmente, no viaja a través de los 0 y 1 de las fotografías digitales, ni en los emoticons que adornan las descripciones personales, ni en tampoco se encuentra en la estupenda sintaxis que estructura una frase efectista escrita en un blog.

Cierto, se trata de un acontecimiento contingente, esto es, algo que sucede cuando nadie espera que suceda. Pero sus posibilidades de devenir una experiencia concreta se potencializan en la realidad inmediata, y quizá el “amor de la vida” de la chica cuya descripción leí y me provocó un ataque de risa seguido de cierta conmiseración debido a la inocencia escondida en sus pretendidos aires de madurez y cosmopolitismo (preocupantes si se consideran los 33 años que afirmaba tener), es su vecino de estacionamiento en el lugar donde trabaja, o el gordo, calvo y malvestido que siempre la saluda gentilmente en el elevador; pero muy probablemente no lo percibe porque existe todo un entorno que paulatinamente, desde su infancia, le interiorizó tal cantidad de estereotipos que la han predispuesto a observar sólo un determinado patrón de prospecto y de relación.

Es como en ésa peli gringa con Jack Black y Cameroon Díaz, en la que el ideal de mujer de él es una chica rubia, delgada y superficial, pero que por obra de un psicoterapeuta aprende a descubrir que lo que realmente importa de las personas no es la apariencia física, sino la esencia espiritual, por decirle de algún modo a esos aspectos de la personalidad que vuelven a alguien interesante, aburrido o detestable, y entonces cae en la cuenta de que está enamorado de una mujer excesivamente gorda pero noble y comprensiva.

Esto es lo que subyace en el imperio de la imagen que representan las redes sociales: la apariencia, el intento permanente de cubrir un patrón diseñado por la sociedad ya sea para autocomplacerse por su pretendido refinamiento en gustos, o bien para contrastarse con lo que no tiene pero que le gustaría tener. Como cuando una familia snob de un barrio popular tilda a la familia vecina de “corriente” siendo que en realidad ambas se ubican exactamente en la misma escala sociocultural.

En match.com se pretende encontrar el amor de los cuentos de hadas, las telenovelas y las historias de Corín Tellado y Bárbara Cartland. Los hombres pretenden encontrar a la mujer bonita pero tonta que puedan presumir como un bonito llavero, aunque escondan esa pretensión real en descripciones personales que apelan a la sensibilidad y la bondad; y las mujeres pretenden encontrar al príncipe azul de los cuentos de los hermanos Grimm. Pero ni unos, ni otros reparan en el hecho de que sus posibilidades de ser felices, cualquier cosa que entiendan por ello, no están en la contemplación de fotografías retocadas, ni en la lectura de descripciones personales falsas, sino en la cotidianeidad de su vida diaria, con el Shrek o la Fiona con la que se cruzan todos los días excluyéndolos del horizonte de su mirada mediante la indiferencia.

Si algo nos han enseñado los maestros de la meditación y la reflexión, es que no debemos buscar afuera y lejos lo que tenemos que descubrir adentro y cerca.

Sin embargo a los mercadólogos, a los publicistas, a los anunciantes y patrocinadores de redes como match.com, de programas como “12 corazones” o telenovelas como las de Fernando Gaitán (de las que algún día escribiré porque son muy interesantes en su construcción dramática y trasfondo social) no les conviene que las amplias masas descubran que son objeto de la manipulación sentimental y de la introyección de patrones de comportamiento afectivo y formas de interacción social, porque entonces sus respectivos negocios se acabarían.

Creo que a Marx ya no le alcanzó el tiempo para decirlo, pero en mis afanes megalómanos lo diré yo: el amor es un producto de consumo confeccionado por el capitalismo, que ha construido sobre él toda una industria en permanente innovación: ayer fueron los anuncios de las almas solitarias, hoy son sitios como match.com, y siempre han sido las canciones románticas.

El amor así entendido no es más que un ordinario producto burgués.




P.S. Me fumé demasiado, ¿verdad? Ya en otra ocasión escribiré de esa especie de contracultura del amor representada por el costumbrismo, en el que el pueblo llano, las clases bajas y los excluidos, expresan con total inocencia sus auténticos sentimientos.

6 oct. 2009

Comentarios varios

El primero de ellos es: ¡qué incómodo resulta escribir con la notebook sobre las piernas, mientras está uno recostado en la cama!

El segundo es que casi me doblo de sueño y si este texto sale sin errores de sintaxis es porque el Word es muy bueno en el procesamiento de textos.

El tercero es que detesto el office 2007 porque todo está muy confuso y cambia los formatos de grabación de los archivos.

El cuarto es: no sé para qué escribo si sólo yo me leo.

El quinto es: mis dedos y mis neuronas se han atrofiado por haber dejado de practicar la terapia de la escritura, ahora siento que escribo como Germán Dehesa… ¡qué horror!

El sexto es que en estos momentos de mi vida, realmente no hay nada de qué terapearme por medio de la escribidera. Dios se acordó de que yo existo y me va muy bien todos los aspectos de mi existencia.

El séptimo es: ¡qué chingado calor se siente esta noche!

El octavo es que me duele un poco el costado izquierdo porque anoche me dormí mal.

El noveno es que ya dejé mi dieta porque sólo bajé tres kilos en un mes; ahora intentaré hacer ejercicio en un gimnasio.

El décimo es que detesto los gimnasios porque son vulgares y malolientes centros de recreación de la vanidad y el amor propio.

El undécimo es que cuando ya no se recuerda con toda exactitud qué es lo que hizo una noche de viernes de tragos, lo mejor es dejar de beber, no sea que en una de esas uno amanezca en la habitación de sabe Dios qué hotel, sin saber cómo carajos llegó hasta ahí.

El duodécimo es que no importa cuánto me esfuerce, nunca conseguiré ser constante en mis colaboraciones en este espacio, cada día menos visitado.

El décimotercero es que de repente me jode la frivolidad que campea en mi trabajo, la cual aun cuando no deja de ser un epifenómeno, en ocasiones llega a ser irritante, pues hace que me pregunte en qué momento pasé de las charlas acerca de la teoría arendtiana del Estado o de la modernidad líquida de Zygmunt Bauman, a los recuerdos de las procesiones del colegio Cumbres a la Basílica de Guadalupe, o de las ofertas de Lacoste o del último evento del “Clásico”, que es el antro de moda entre la cerril pero snob pequeña burguesía defeña.

Y creo que tengo que abundar en este comentario.

Entre más conozco a gente egresada de universidades privadas, más quiero a la UNAM; o sea, esos tarados además de ser unos conservadores de primer nivel son unos imbéciles y unos ignorantes, carentes de todo sentido crítico y curiosidad siquiera para preguntarse por qué piensan que pensar no es importante o es cosa de “ñoños”.

Entiendo que de vez en cuando es necesario aterrizar en el mundanal ruido y conversar acerca de autos, antros y viajes para las siguientes vacaciones, pero hacerlo todo el tiempo es insulso, vacuo y muy aburrido.

Sólo con una colega que es egresada de la Universidad Iberoamericana puedo platicar más o menos de los temas que me interesan: cine aburrido, jazz, pseudo filosofía al estilo francés y muy de vez en cuando literatura, porque la pobre mujer casi no lee aunque piensa que con haber ido un año a una universidad patito pretendidamente gringa aunque asentada en París, sabe todo lo que un politólogo debe de saber acerca de no sé qué payasadas que nada más a los administradores públicos les resultan interesantes, pero que a los politólogos de verdad nos parecen pretensiosas y redundantes.

En fin, que me hacía falta desahogarme de esas situaciones que son, eso supongo, las vicisitudes típicas del trabajo de oficina. Pero bueno, no se puede tener todo en esta vida y por fortuna existen los sábados de cafelito con algunos amigos, que nos reunimos para compartir las penas que el mundo de los mortales nos ofrece para nuestro disfrute.

23 sep. 2009

Los temas colaterales

Hace algún tiempo el escritor libanés Amín Maalouf decía en una entrevista para algún diario inglés, que uno de los efectos más perniciosos de la televisión en relación con la violencia era la repetición permanente de las imágenes de dolor causadas por la muerte y los conflictos animados por diversos motivos, debido a que ésa repetición propiciaba que los televidentes perdieran la capacidad de asombro, volviéndola una actitud mecánica lista para ser empleada ante la siguiente imagen violenta.

Los recientes sucesos ocurridos en México comprueban fehacientemente el diagnóstico de Maalouf, pues en menos de un mes los teleespectadores hemos sido sometidos a fuertes dosis de imágenes violentas con al menos tres factores comunes que resultan inquietantes: mesianismo, frustración social e individual y hartazgo.

Ahora, ¿por qué estos factores son inquietantes? Porque al menos dos de ellos, la frustración y el hartazgo, son comunes a la gran mayoría de las personas que en algún momento de nuestras respectivas vidas los experimentamos inevitablemente; y porque el otro, es decir, el mesianismo, es un potencial elemento de articulación de una acción colectiva que podría devenir en inestabilidad social; en caso contrario habría que pensar en la posibilidad de que un individuo desequilibrado como el denominado “asesino del metro Balderas” o el presunto predicador de origen boliviano Josmar Flores tuviera un mínimo de influencia real en un pequeño número de personas con sus mensajes de pseudo revelados de alerta ante la inminente pauperización de las condiciones generales de vida. De hecho la estela de pólvora que conduciría al gran estallido social se encuentra diseminada por todo el país, en fundamentalismos políticos y religiosos tanto de derechas como de izquierdas, católicos, protestantes y musulmanes que están a la espera de que una pequeña chispa la encienda.

Por otra parte, estos acontecimientos de desesperación y cierto milenarismo se ubican en dos dimensiones sociológicas que bien valdría la pena analizar. Por un lado está la dimensión individual, en la que la carencia material y espiritual aunada a la angustia e incertidumbre propiciadas un entorno de inseguridad y escasas oportunidades de desarrollo, conduce a cálidos refugios discursivos que progresivamente evolucionan hacia enardecidas arengas en contra de la comunidad, la sociedad y el Estado, como responsables de la indigencia y precariedad. ¿Qué otra cosa si no eso son precisamente los cultos religiosos como el “pare de sufrir”, las asociaciones de autoayuda para superar problemas de adicción ubicadas en los sitios más marinados de las ciudades, y las pandillas estilo “Marasalvatrucha” que ya han comenzado a surgir a lo largo de México?

Por otro lado está la dimensión institucional, la de la política y de las estructuras económicas que han hecho crisis. En un país donde sólo pequeños grupos tienen acceso a privilegios, donde se usan irracionalmente y con una visión cortoplacista los recursos escasos, donde los valores han sido eclipsados por el discurso del relativismo y la idea de comunidad ha sido suplantada por la del individuo que no necesita de la interacción social si tiene a su alcance una computadora con acceso a Internet para incorporarse a su red social, el resentimiento es la divisa de cambio de los que han sido excluidos.

Los niveles de violencia imperantes en parte son propiciados por la pobreza y la frustración, pero también son una reacción ante la marginación. Los excluidos de ahora ya no matan por hambre, como ingenuamente creen algunos militantes que se dicen de izquierda, matan por rencor y en la forma de cometer sus crímenes se puede medir su nivel de odio: decapitaciones, asesinatos a mansalva, cruentas torturas físicas y psicológicas, e incluso canibalismo.

En menos de cinco años se han registrado casos continuos de psycho killers: Bulmaro de Dios Arias, “El Caníbal de Cancún” aprendido en 2004; Juana Barraza Samperio, “La Mataviejitas”, capturada en 2006; José Luis Calva Zepeda, “El Caníbal de la Guerrero”, arrestado en 2007; Santiago Meza López, “El Pozolero”, capturado en Enero 2009; y Luis Felipe Hernández Castillo, “El Asesino del Metro Balderas”, a quien millones de personas vimos en horario estelar asesinar a dos personas en lo que bien podría considerarse un acto de terrorismo.

Todas estas personas tienen en común su origen humilde y su sociopatía. Todas ellas, si se lee un poco acerca de su historia de vida, fueron excluidas de las oportunidades de desarrollo y cometieron sus atrocidades no por una elaborada intención de causar el mal, sino por un impulso visceral que hasta cierto punto fue propiciado por la propia sociedad que les dio la espalda.

En estos tiempos vivimos eso que Hannah Arendt denominó “la banalidad del mal”, la irreflexión en la comisión de un crimen. Aunque desde otra perspectiva que aquí sólo voy a apuntar de pasada, la banalidad del mal sólo es aparente; ésa perspectiva es la de la teología apofática, la que procede de forma negativa en el conocimiento de Dios. Desde esta posición todas esas expresiones de violencia y decadencia son manifestaciones concretas de la Maldad, la cual es causada en último término por un ser que en esta hora ha devenido en un personaje de narrativas fantasiosas: el demonio.

En fin, el diagnóstico está ahí; que cada quien tome su propio tratamiento.

19 sep. 2009

Heroe

Según información ofrecida por los principales diarios de circulación nacional, Esteban Cervantes Barrera era un hombre de oficio soldador que se dirigía a su casa, en Valle de Chalco, un municipio ubicado al oriente del Estado de México, cuando, a las 5:20 de la tarde del viernes 18 de septiembre, enfrentó heroicamente a un imbécil que bajo el pretexto de expresar su furia en contra del gobierno, había abatido a tiros a un indefenso policía que había intentado disuadirlo de escribir consignas en las paredes de la estación Balderas del metro de la Ciudad de México.

Las imágenes del video difundido la noche de ése mismo día por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal son brutales y provocan reacciones encontradas. Por una parte un sentimiento de angustia y consternación al mirar cómo el asesino dispara sin consideraciones sobre el cuerpo del policía que intentó detenerlo, y por la otra, una mezcla de admiración por el valor de don Esteban Cervantes, quien sin más arma que el coraje y la valentía confronta al homicida tratando de desarmarlo; pero también se suscita un sentimiento de impotencia y tristeza al mirar a don Esteban ahí sólo, enfrentándose en desventaja sin que los otros hombres que están cerca hayan tenido el mínimo de valor para poder ayudarle.

Cierto, desde la comodidad de mi escritorio se antoja fácil superar el miedo a la posibilidad de morir por un disparo y arrojarse valiente a desarmar a un tipo desquiciado; por eso es que el sentimiento de admiración a la valentía de don Esteban opaca a todos los demás, porque muy pocos hombres tienen ése arrojo y esa capacidad de superar el miedo e incluso la conciencia de poder morir, como trágicamente sucedió en este caso.

En la mitología griega el héroe es el personaje que encarna la valentía, abnegación y el sentido del deber. En un mundo, en una sociedad tan descompuesta como la que ahora padecemos, pensé que los héroes ya no existían, pero don Esteban ofrendó su vida para demostrarnos que sí; que todavía existen hombres valientes dispuestos a arriesgarse y romperse la madre por los demás sin esperar nada a cambio. Sólo por esa razón este señor debería de recibir un homenaje y, sin exagerar, servir como ejemplo de lo que debería de ser un buen ciudadano.

Seguramente en una semana o dos ya nadie recordará su nombre y sólo sus familiares lo guardarán en su memoria. Pero lo que hizo este señor es algo que debería de ser recordado ahora más que nunca en este país sumido en la inmundicia del circo político, en la miseria humana de su clase dirigente y en la anomia de una sociedad valemadrista que mira con indiferencia el dolor de los demás.

Desde aquí va mi más sincero reconocimiento, admiración y respeto a don Esteban, a quien ya los medios de comunicación han comenzado a llamar “EL HEROE DEL METRO BALDERAS”, título que merece sin ningún regateo. Dondequiera que esté, sepa usted que habemos personas que lo tendremos en nuestra memoria.


P.S. Por supuesto que otra actitud de heroísmo es la del policía que de frente y sin chaleco antibalas encara al miserable desquiciado para someterlo. A él ya le harán algún justo homenaje en vida.

P.S. 2 Al final, lo que mejor resumiría la actitud de don Esteban es un comentario que a propósito del tema me hizo un amigo que me llamó por teléfono el viernes por la noche: “esos son güevos y no mamadas”.

15 sep. 2009

A propósito del grito

A propósito del día de hoy, en que miles de personas acudiremos a las plazas públicas a reafirmar nuestro muy acendrado chovinismo, leí este texto de Ivabelle Arroyo, una brillante politóloga jalisciense que colabora periódicamente en Eje Central.

El planteamiento del texto, escrito en un estilo entre corrosivo y sarcástico, es muy interesante: los mitos y los rituales sirven no sólo para reafirmar la pertenencia a una comunidad, sino también para legitimar a quienes la dirigen, por muy torpes o estupidos que puedan ser, pues la colección de mitos y rituales es lo que confiere a la historia la posibilidad de convertirse en leyenda, en un insumo más para alimentar la idea de la identidad nacional.

En fin, que hoy se conmemora el Grito de Independencia y es día, o noche más bien, de comer pozole, chiles en nogada y beber tequila, alimentos todos ellos que me están vedados debido a mi régimen de control de peso. ¡Pinche patria, no sabes cuánto te detesto por haber creado platillos tan suculentos!
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Se vale gritar

Ivabelle Arroyo Ulloa

La religión mexicana lo manda así: cada 15 de septiembre la mexicanidad debe afirmarse vistiendo los tres colores, bebiendo tequila, tirando confeti, usando trenzas, dando sombrerazos, uniéndose en un solo ser con el Presidente, gritando Viva México en el Zócalo, en Chicago, en las plazas de los estados, en California, París y con la comunidad de chilangos en Japón. Nadie que se llame mexicano puede pasar por alto la fecha, el grito, el rito. Festejar la idea de nación, cualquier cosa que eso signifique, es el primer mandamiento de la estricta Iglesia mexicana.

De hecho, ser Presidente de este país no se llena de contenido hasta que el abanderado sale de Palacio Nacional por primera vez y grita, con la sensación de ser ovacionado como Porfirio Díaz, que México es patria, héroes y libertad. En ese momento, el titular del Ejecutivo es el capitán de una idea, el líder indiscutible de millones de hombres y mujeres que no le reclaman el tono, la ideología, el proyecto o la política pública. Lo siguen sin discutir, repiten sin chistar, celebran con él.

Hay que decir la verdad: la fiesta crece, año con año, por la glotonería de los gobernantes. Ningún Alcalde, ningún Gobernador, ningún Presidente puede evitarlo: babean ante la idea de festejar con su pueblo, de darle a su pueblo (sí, así, “a su pueblo”) fiesta, jolgorio y libertad, de comulgar con las masas, de ser vitoreados mientras se vitorea a los héroes.

La idea del bicentenario es producto de esa fiebre gubernamental: ¿o usted ha visto a un ciudadano de a pie entusiasmado por festejar los 200 años de una batalla que es más circo que verdad? Usted mismo, diga la verdad, ¿está ahorrando para comprar adornos alusivos para su casa el próximo año? ¿Pondrá una foto de Hidalgo en la sala? ¿Adornará el jardín, el patio, la cocina, con reproducciones a escala de la campana de Dolores?

No. En todo caso, disfrutará como invitado de su gobierno. Los festejos son un festín populista de los gobiernos de todos los colores, en todos los países. En México se prepara con ahínco el bicentenario de la independencia con cientos de acciones que van desde la construcción de obra prioritaria con el nombre del cura Hidalgo hasta la emisión (¡qué emocionante!) de estampillas postales conmemorativas.

A pesar de la austeridad presupuestal anunciada por Felipe Calderón, el ánimo aún no decae. El gobierno del DF pondrá plaza conmemorativa y línea del metro; la comisión para el bicentenario pretende impulsar 618 acciones, entre las que destaca un monumento que deje pálido al Ángel de la Independencia.

En Guanajuato construyen la Expo Bicentenario, con un costo de casi mil 400 millones de pesos, más del doble de lo que destina ese estado a la seguridad. Hasta ahora, han gastado poco más de 2 mil millones en 130 obras alusivas al festejo, incluyendo los letreritos que usted puede ver en todas las carreteras para saber que por ahí pasó el bueno del cura.

En Querétaro ya se adelantaron: el gobierno de la capital inauguró en marzo el Parque Bicentenario, una especie de bonita Disneylandia queretana que vale la pena visitar pero que se llevó la tercera parte de su presupuesto anual. Pero quién les quita el parque, a ver.

En Jalisco habrá museo en el lugar en el que Hidalgo fue derrotado, faltaba más, y por supuesto, ya se etiquetaron dos millones de pesos para restaurar templos en memoria del libertador. Qué buena excusa.

Pero los aguafiestas empiezan a asomarse: el PRD ya tiene voceros pidiendo a Felipe Calderón que le baje a los gastos y en Cancún se atrevieron este mes (¡osados apátridas!) a eliminar del presupuesto la partida para el bicentenario.

Los recortes empezarán a hacer mella: en Morelos peligran plazas y fuentes, y las que de plano ya se dieron por olvidadas son las 200 escuelas y bibliotecas que la comisión del bicentenario había anunciado.

En todos los estados comienzan apenas a verse las grietas presupuestales del año que entra. Los congresos, los cabildos avizoran la debacle, pero las fiestas son las fiestas, la identificación con el pueblo es vital, la idea de nación está en peligro y aunque le pese al gasto, se vale gritar.


Eje Central, 15/09/2009.

14 sep. 2009

Yépez, la generación yo-yo y un apunte previo

Aquí yo otra vez con mis colaboraciones de “copia y pega”. En esta ocasión le toca nuevamente el turno a Heriberto Yépez, que publicó un texto muy entretenido y hasta divertido, pero no por ello irreflexivo o irrelevante, en el que habla de la “generación yo-yo”, que para mi buena suerte quienes la integran nacieron algunos años después que yo, que dicho sea de paso, ya no sé a qué generación pertenezco; esto es, no soy de la generación X porque no soy un treintañero cocainómano, pero tampoco soy de la generación yo-yo; más bien me quedé a la mitad. Quizá de ahí venga mi desencantado escepticismo y mi sombría visión de la realidad, que tampoco es catastrófica porque en medio de tanto desmadre aun tengo la capacidad de usar mis neuronas en la búsqueda de alternativas.

Cierto, muchas de las personas pensantes de mi generación somos escépticas y pesimistas, pero no rayamos en el nihilismo y la autodesactivación, con todo y que una de nuestras frases preferidas sea “¡qué güeva!”.

En fin, que recomiendo ampliamente la lectura del texto de Yépez; mientras tanto seguiré sumido en la crisis de autoestima que me provocó la lectura del dictamen relativo a un artículo que escribí para una antología cuyo tema es la exclusión social.

Los del comité editorial me pusieron como lazo de cochino y todavía me duelen los ojos por haber leído que el manejo de datos estadísticos en mi texto era “vago e impreciso”. Así que ahora, además del trabajo de la oficina tengo el trabajo de reescribir mi texto para que pueda ser publicado.

Por estos días tenía la intención de escribir acerca de las fiestas chovinistas propias de este mes, pero no he tenido el tiempo necesario. Ya habrá oportunidad.

Ahora sí, aquí va Yépez.
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La Generación Yo-yo

Heriberto Yépez

Después de la Generación X (1967-1976 aprox.) apareció otra generación cuyo mote oficial es “Millenials” (N. Howe y W. Strauss) o “Me Generation”. Su rasgo principal: el ultra-narcisismo.

Prefiero llamarlos Generación 1984 o, en directo, Generación Yo-yo. Ególatras, divertidos y redundantes, los yoyos nacieron en los ochenta y noventa.

La generación anterior estaba marcada por el dúo USA-URSS y, por ende, su visión por default era el maniqueísmo.

La Generación Yo-yo sólo conoció el dominio norteamericano. Son unidimensionales. Creen que sólo hay una manera de hacer las cosas. Y quieren saberla (¡ya!) y aplicarla.

USA es su URSS.

Neonarciso nació en el mercado super-individualista. Para un yoyo volverse sabio significa alcanzar una buena autoestima.

Poco profundos o creativos, su ¿virtud? es “hacer caso” y ser más disciplinados que los apáticos X.

Son autoritarios. Después del desastre de la contracultura, quieren poner “orden”. Son posmo, es decir, no creen que haya diferencia alguna entre la cultura alta y el pop. Juegan a ser tolerantes. Para ellos, ¡todo es cool! Creen que la clave de la existencia es tener la información correcta. (Internet es lo máximo.) Pero como crecieron en un mundo con una sola visión aprobada, los yoyos creen que escuchar muchas opiniones es “bueno” para formar “su propio criterio”.

Popstars —de Amanditita a Britney—, su finalidad es la fama; hacer que su yo sea amado por el mundo tanto como ellos ya lo aman.

Obama me ama y mi e-mail me mima. Y si no me aman, entonces me hago emo.

Según sus propios apologetas, los yoyos son neomoralistas, de altos estándares, y aunque no son innovadores son perseverantes.

¿Su meta? Quitar todo lo que los separe de ser “yo mismo”.

Una vez alcanzado, comienza la autopromoción infatigable vía MySpace, Facebook o YouTube.

No tienen vida, obra o, siquiera, carrera. Tienen campaña.

Ya nacieron sin dios o causas. Pero siguen siendo antropo-crédulos y cuando buscaron en qué creer, encontraron su imagen.

La psicología a nivel mundial no para de asombrarse del crecimiento imparable del narcisismo, amor al estado actual (yo, la perfección andando).

El narcisismo —insatisfacción satisfecha de sí misma— ya es pandemia.

Los yoyos harán que las economías progresen debido a su consumismo, su tecnofilia y, en general, por saber aprovechar los recursos ya existentes. Por eso el iPod y por eso el Kindle.

We are Wikipedia.

El gran problema de los yoyos es que no innovarán n@d@. Ni su literatura, tecnología o investigación serán significativas: lo único que los yoyos desean es hacer más cómodo su mundito. No crean: adaptan. No aportan: se apropian.

Infatuados de sí mismos, nada harán por el mundo.

No dejarán huella. Será como si no hubieran existido.

No pasarán a la historia: los yoyos están hechos de otros. Next!

Milenio Diario, 12/09/2009.

8 sep. 2009

Morir en la raya - Luis González de Alba

No es que carezca de inspiración o motivos para escribir, es simplemente que carezco del tiempo para hacerlo. De ahí que haya decidido desde hace unos días poner por acá algunos de los textos que he leído en los diarios y que me han parecido dignos de ser reproducidos y difundidos.

En esta ocasión le toca el turno a don Luis González de Alba, uno de mis maestros en el arte de la quejumbrosidad y la insatisfacción, expresada en un estilo corrosivo y medio elitista.

A quienes aun me leen, gracias por hacerlo y a quienes no, pues es difícil saberlo.
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Morir en la raya

Luis González de Alba

Si el presidente Calderón tiene la más remota esperanza de sacar adelante sus diez propósitos por un consenso en el Congreso, pierde el tiempo. Los resultados más recientes de un consenso los vimos en las anti-reformas de 2007: los políticos se dieron palmadas de político, se felicitaron unos a otros y dejaron al país con las mismas restricciones en lo económico y mucho peores en lo electoral.

Resulta preocupante la manía de Calderón por revivir un pasado que no volverá y es de desear que no vuelva: se ve en las formas y en el fondo. En las formas, desea revivir, así sea en un patio del Palacio Nacional, la pompa y circunstancia que rodeó al farragoso Informe presidencial. En vez de ofrecer un sobrio reporte a la nación, para lo cual le basta un par de cámaras de TV y cadena nacional, busca un público fiel. Y en el fondo porque, estilo PRI, ofrece emotivos buenos deseos que cualquiera firma.

Ni el más Noroña de los políticos mexicanos podría estar contra el listado de 10 deseos con que el Presidente sueña y soñamos todos. Los brincos comenzarán cuando envíe sus propuestas concretas: le responderán con maromas retóricas trilladas, porque lo cierto es que prefieren ver hundirse el sexenio, para luego, como lo gritó Obrador con todas sus letras, entrar ellos al rescate en 2012.

Cuando no se tiene mayoría en el Congreso, el camino de las reformas no puede pasar por allí. La fuerza del PRI sigue siendo su estructura corporativa, intocada cuando se pudo: el sindicato de petroleros que se reparte diputaciones para seguir vendiendo plazas, el sindicato de electricistas que amenaza con paralizar el país si le dejan de llegar los miles de millones con que el gobierno sostiene la ineficacia, el de maestros que exige su derecho a no presentar exámenes y vender sus plazas, el de mineros que todavía maneja Napoleón, que lo heredó de su papá…

A grandes obstáculos, grandes soluciones: ya vimos un Calderón atrevido tomar protesta como presidente en un salón de sesiones con puertas encadenadas y tribunas apiladas por forajidos con fuero. Pero no lo hemos visto repetir. El PRI está intacto luego de nueve años. El PRD sabe su camino: bloqueos, niños puestos contra los escudos de la policía, alaridos las muy pocas veces en que les atizan los solicitados palos. Le queda al Presidente algo que el PAN no sabe hacer, no ha sabido nunca: recurrir a la población.

Los mexicanos mayores de cinco años tenemos también el peso de nuestra formación escolar priista, por eso estamos celebrando los cien años de una revolución impresentable. Pero todavía entendemos que 12 por ciento de IVA es menos que 15. Falta que el Presidente nos explique cómo el ahorro en renta, zapatos, ropa, teléfono y electricidad, que pagan 15 por ciento, cubre de sobra el pago de impuesto generalizado a alimentos. Y las medicinas las paga el Seguro Popular, el IMSS o el ISSSTE.

El Presidente debe etiquetar, ante la población, los nuevos impuestos y denunciar números como éstos: La legislatura pasada se comió casi 13 millones en galletitas y casi 7 millones en botellas de agua; 670 millones en seguros médicos para evadir el mal servicio del ISSSTE, más de 200 millones en teléfonos, más de 600 millones en boletos de avión (que tracalean por efectivo): números de Ricardo Alemán en El Universal, 31.08. Y “una perla de perlas: el diputado Francisco Javier Calzada, del PRD, pidió baño propio en su oficina de vicecoordinador, que costó 200 mil pesos”, concluye.

Añadamos el desvío, documentado por Excélsior, de 50 millones de la partida para “gestión social” del PRD, regalados a un político en pre-pre-campaña, delito que se llama fraude, y tendremos apenas un poco del panorama ofensivo de quienes hacen recortes a la educación, la salud y la creación de infraestructura, pero chapotean en billetes del presupuesto.

“Estamos hablando de unos 132 millones de pesos entregados en efectivo” por tres partidos a un solo político en campaña, López Obrador, y “con un uso discrecional del que nadie ha dado ni da cuentas”, señala Fernández Menéndez el 1 de septiembre.

¿No puede hacer el gobierno de Calderón las cuentas que hacemos tantos? Y denunciarlas. Hacer sus propuestas de reforma en educación, energía, trabajo y fisco a la población, sacar números, pelear como peleó al tomar posesión. Y, como peor no le puede ir, en el peor de los casos morir en la raya, denunciando los intereses que nos mantendrán en la pobreza.

Milenio Diario, 07/09/2009.

3 sep. 2009

Yépez y los micro mass media

Heriberto Yépez es un mamoncete profesor de filosofía de la Universidad Autónoma de Baja California, en donde estudió la misma disciplina hace ya algunos ayeres. Cada sábado escribe en el suplemento cultural de Milenio Diario, Laberinto. En sus textos se esmera en presentarse a sí mismo como un pensador de la periferia, incólume a las putrefactas y anquilosadas redes culturales del centro del país, dominadas por los caudillos intelectuales que instalaron su férrea dictadura desde los años sesenta del siglo pasado.

En ocasiones llega a ser demasiado pretensioso y sangrón, pero las más de las veces es entretenido, con todo y la petulancia de sus textos.

Para quienes no lo conozcan, acá pongo su colaboración más reciente aparecida en el último número de Laberinto:

Los micro mass media

Heriberto Yépez

Guattari predijo lo post-mediático. Pero sus micromáquinas no siempre obedecerían la mera rizomasificación.

Los micro mass media (mmm) —blogs, Twitter, MySpace, Facebook, YouTube— son redes sociales acéntricas.

Todo se inició con el chat, el e-mail y messenger. La información global se desmonopolizó, y cada usuario de internet devino editor o firma de información, vía el horizonte de la mensajería instantánea e hiperlinkeo.

Big Brother ya compite con los info-pitufos. Hoy Big Bro para ser pop usa clicks smurf (¡deja tu comentario!)

Han pasado dos décadas del inicio del big bang de los mmm. Podemos ya comprender cuál es su función.

Su función es una forma de antropoiesis: crear un cierto neo-humano.

Después de la muerte de Dios todo es permutación. Las identidades se fragmentaron. Los mmm intercambian pedazos; identidad merced remezcla.

Los mmm no tienden a la homogenización sino a la diversidad conservadora. Congregación de iconos Neo-Con.

Una red social consiste en una serie de personas relacionándose a través de clichés visuales y verbales: fantaséame como yo me fantaseo a mí mismo, mírame como yo mismo me miro; a cambio, yo también te miraré como tú me digas.

Los mmm mayoritariamente son tecnologías para rehacer tu imagen ante los demás, tomando prestado imagos y pupas de lo global.

Son métodos para construir identidades virtuales basadas no en acciones sino en imágenes (retomadas), no en comunicación sino en mensajes. Redes de relaciones por medio de auto-imágenes.

Consumos de imágenes que el otro ha construido de sí mismo.

Los mmm no muestran siquiera la personalidad. Apenas la portada.

Seleccionamos frases, cookies, videos, links, música, tests and etceteralia de un repertorio (finito) de opciones (choices) que le muestran al otro tu “perfil”.

La ética es el arte de la autoconstrucción ascendente.

Éticamente, internet —para la mayoría de los usuarios— cumple fines psicológicos, no de soledad, como apunta la lógica habitual, sino de fragmentación de la atención, por una parte, y fragm. de la acción, eso que los clásicos llamaban estulticia: dispersión de los deseos, recepción indiscriminada de los estímulos que el mundo ofrece, distracción, falta de concentración, entrarle a todo y nada.

Network = to not work.

Cada vez que te dices que debes terminar algo en tu computadora o vida, mejor te asomas a una red social. Las redes sociales son dosis para bajar la ansiedad que te provocas con tus “metas”.

Internet, desde su porno hasta su mouse, es ansiolítico.

Ya en línea, construyes un ser hecho de pedazos de lo demás. Retransmítelo de modo viral.

La era del collage incoherente ha terminado.

El sujeto claro y distinto está de vuelta. Siempre y cuando esté hecho del repertorio global.

En esta “nueva” era lo único privado será tu contraseña.

Todo lo demás será retro.

31 ago. 2009

Petersen Farah: Juanito nuestro espejo

Comienza septiembre, mes de fiesta nacional en un país que tiene por tradición festejar lo que en otras culturas nomás no se festeja, como la muerte, la mediocridad y la derrota.

Y no es que sea yo pesimista o negativo; más demasiado realista. En este mes vamos a festejar 199 años de ser un país de fracasos económicos y políticos, que no ha podido salir del subdesarrollo y que no ha logrado ni integrar plenamente, más allá de los simbolismos, a los elementos de su nación, ni resolver problemas crónicos como la pobreza.

Parte de la explicación de esa amarga situación es nuestro ethos nacional, nuestro particular modo de ser como mexicanos, y Diego Petersen, columnista de Milenio Diario, lo ilustra muy bien con su texto acerca de “Juanito”, ése pobre imbécil que ha sido títere de las elites que se disputan el poder en México.

Lo único que le faltó añadir a Petersen en su estupendo texto, es que “Juanito” es el auténtico “mexicano de a pie” y lo que hacen con él los políticos profesionales, es exactamente lo mismo que hacen con todos aquellos “juanitos” que no son iluminados por los reflectores: un ultraje permanente.

Felices fiestas patrias y ¡qué viva México!
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Juanito, nuestro espejo

Diego Petersen Farah

Nunca se quita la banda: él es parte de la banda y la banda es parte de su personalidad. Cada vez más seguido anda de corbata, pero nunca se saca de la cabeza la cinta tricolor que dice: “Juanito somos todos”. Y, pésele a quien le pese, la leyenda es totalmente cierta: Juanito no es sólo un invento de López Obrador, es una síntesis perfecta de la idiosincrasia mexicana. Juanito es como el país y el país como Juanito.

Juanito fue el instrumento para burlar la ley. Ante una decisión, considerada injusta por los afectados (no hay quien pierda un juicio y diga “qué sabio es el señor juez”), los perredistas buscaron la forma de darle la vuelta a la decisión del tribunal: ¿cómo hacemos delegada de Iztapalapa a alguien que el Tribunal dijo que había ganado la elección interna con trampa? Para eso hay Juanitos. Juanito representa ese espíritu de la legalidad burlada o de la ilegalidad acomodada, como se prefiera. Siempre hay forma de darle vuelta a la ley, siempre hay forma de actualizar la frase atribuida a Villa: “acátese, pero no se cumpla”.

Nada es lo que parece. Juanito representa otro valor muy mexicano: la simulación. Todo se puede arreglar, la cosa es simplemente tener claro que eso que ves no es, porque lo que es no se puede mostrar. Juanito es la encarnación de la cultura del prestanombres, tan común, aceptada y recurrida por nuestra clase política y empresarial. Esos terrenos son del empresario fulano, pero en realidad el que está detrás el político zutano. La candidata es la señora tal, pero nomás para cumplir con la cuota de género, luego va a renunciar y el diputado será el señor tal (por cual). Juanito es el candidato, pero la que va a gobernar es Clara. El pueblo es soberano, pero las decisiones las toma Andrés Manuel.

Los simulados también simulan. La historia de Juanito no es distinta a las que se dieron allá en los treinta y cuarenta con los prestanombres de los latifundistas o con los testaferros de la Iglesia católica. Lo que comienza como un acto de buena fe (si quieres te lo firmo ante notario) termina en pleito o despojo. El terreno era tuyo, pero legalmente ahora es mío, así que si quieres vamos mitas. Lo que está demandando Juanito, en un acto de generosidad, él sólo quiere la mitad de los puestos de la delegación. Y que no lo cuquen porque se queda con todo. En este país el verbo simular se conjuga en todas las personas del singular y del plural, y en todos los tiempos.

Todos tranzas pero todos dignos. Cuál es la diferencia entre Juanito o un subsecretario encorbatado al que agarran en la movida. Ninguna. Los dos anteponen la dignidad por delante. La capacidad para echar el rebozazo, sentirse y presentarse como paladines de la legalidad acomodada es infinita. Es parte de la idiosincrasia nacional: en este país nunca hay victimarios, puras víctimas. Y quien tenga duda que revise el santoral de la patria en los libros de historia oficial. Eso sí, en lugar de enredarse en el reboso lo héroes lo hacen en la bandera.

Finalmente, el síndrome del ladrillo. “Los mexicanos nos subimos a un ladrillo y nos da mal de altura”, decía Carlos Castillo Peraza. Difícilmente podemos encontrar un arquetipo del mareo de ladrillo mejor que Juanito. Qué pasó para que el candidato del PT, que el 24 de junio (día del santo de su otro yo) que estaba no solo consciente, sino dispuesto, a perder humillantemente la elección de la delegación de Iztapalapa, de repente se sintiera como un posible candidato a la Presidencia de la República. En 60 días Juanito tuvo un revelación (Jesucristo tardó un poco más en este proceso) y dio el sanpablazo. A San Pablo le cayó un rayo y entendió el mensaje (no dejan de asustarme las formas tan violentas que usa Dios de comunicarse con los mortales); a Juanito lo que le cayó fue un reflector de televisión y un flashazo de Cannon. Y bueno, el señor está a punto de ponerse a escribir epístolas y de comenzar sus parábolas diciendo “en verdad en verdad os digo”.

No hay nada de qué preocuparse, Juanito no llegará a la Presidencia de la República. Si Juanito toma posesión de la delegación Iztapalapa comenzará a sentir lo que es el desgaste del poder y no tardará ni quince días en sufrir la metamorfosis inversa, es decir pasar de “el gran Juanito” al inútil de Rafael. Si no toma posesión y decide dedicarse a la prédica iluminada en la que está metido ahora, se topará con la real mediatik, esto es, se dará cuenta de que su presencia en los medios no era por su carisma o su propuesta, sino porque representaba un forma de joder a Andrés Manuel. A partir del momento en que se resuelva el conflicto en Iztapalapa la droga de los medios, que tanto le está gustando, le va a costar, y ni cobrándole comisión a los empleados de la delegación de Iztapalapa que él coloque lo va a poder pagar.Nada pues debería extrañarnos de Juanito. Es una perfecta síntesis de todos nosotros, de la cultura política que encarnamos. Lo más patético de lo patético de Juanito es que no es sino una síntesis miniatura, una caricatura a escala, de lo que es el país. Juanito es nuestro espejo.

Milenio Diario, 29/08/2009

28 ago. 2009

Cuestión de estilo

Leí los comentarios que gentilmente dejaron en mi relato “Carretera” tres de los lectores que eventualmente visitan este blog. En los tres la constante fue la extrañeza causada por el empleo de un estilo narrativo distinto al que habitualmente utilizo para escribir las sandeces que aparecen en este espacio.

La explicación para ése cambio tiene dos causas. La primera es que hacía ya mucho tiempo que no escribía algo parecido a un cuento o relato breve que me permitiera ejercitar el músculo imaginativo. Y la segunda es que la historia del conductor solitario en una carretera asolada por fantasmas estuvo inspirada en algunos hechos verídicos.

Hace un año, más o menos, en una de las primeras ocasiones que comencé a viajar a Poza Rica, Veracruz, se me ocurrió la estúpida idea de hacerlo de noche, ignorando que la neblina es demasiado espesa a esas horas y vuelve aún más riesgoso el circular por la de por si peligrosa carretera Pachuca-Tuxpan. Así que por ahí de la una y media de la mañana decidí parar en un pueblito situado a orillas del camino, todavía en el estado de Puebla que se llama La Uno.

No es por querer agregarle suspenso a mi relato, pero recuerdo que a esa hora comenzó a correr demasiado aire y el polvo se confundía con la neblina, razón por la cual decidí meterme a un comedor de esos que están abiertos las 24 horas y que son atendidos por señoras gordas que les coquetean a los camioneros que usualmente paran en esos lugares para beber café.

En lugar estaba reunido un grupo de camioneros que esperaban a que dieran las cuatro de la mañana para ir a los pueblos cercanos a cargar naranjas. Cuando me vieron entrar me saludaron amablemente y me invitaron a sentarme con ellos; me preguntaron a dónde iba y qué me había parecido la carretera a esa hora de la noche, después de lo cual reanudaron su plática, que versaba precisamente sobre fantasmas, chaneques y demás espectros que según me enteré, son muy comunes en las carreteras.

Algunas historias eran divertidas y otras sí daban miedito, como la de una prostituta que suele aparecerse en un tramo de la carretera Apodaca-Monterrey, para pedirle aventón a los camioneros y después desaparecer una vez dentro de la cabina y con el motor en marcha; o la del tipo que corre desnudo delante de los tráilers en la México-Laredo, más o menos a la altura de Zimapan, en el estado de Hidalgo.

Ésa es la primera parte de mi relato que es verídica.

La otra es una experiencia medio extraña que me sucedió un día que desafortunadamente tuve un accidente en una carretera federal, cerca de Pachuca.

Resulta que pocos minutos después de haberme impactado con mi coche contra la barra de contención, mientras subía una prolongada pendiente a casi 100 kmh, sucedió una colisión múltiple unos metros más atrás de donde yo había chocado, por causa de un derrame de diesel en el carril de alta velocidad.

Mientras que en mi accidente afortunadamente sólo me llevé un gran susto y salí ileso, en el percance que sucedió minutos después sí hubo lesionados graves; tanto que tuvieron que llegar ambulancias y bomberos. Entre el barullo de gente que usualmente se para a babosear en los accidentes, recuerdo que me llamó la atención una pareja como de unos 35 años, que vestían ropa deportiva y pasaron trotando a lado de mi coche abollado y después lo hicieron a lado de los coches del accidente múltiple sin siquiera interesarse por todo el ruido de las ambulancias y las personas que curioseaban mirando el rescate de los heridos; era como si hubiera salido a hacer ejercicio.

Lo interesante del caso es que no había ningún pueblo cercano al lugar del percance y la pareja tenía el aspecto de personas más bien citadinas. Lo más interesante todavía, fue cuando uno de los policías federales que me regañó por conducir a exceso de velocidad, antes de dejarme ir y perdonarme la multa por haber volado un pedazo de la barra de contención al momento del impacto, me dijo que el fin de semana anterior, unos metros más adelante, había ocurrido un accidente en el que habían muerto tres personas.

No sé si las personas que yo vi eran los fantasmas de aquellas otras que habían muerto ahí, o si eran personas reales para nada curiosas. Pero al recordarlo se me ocurrió escribir una historia de ése tipo.

Sé que la fórmula está muy gastada y que difícilmente puede resultar efectiva. Pero compréndame: llevaba mucho tiempo sin escribir algo parecido a un cuento.

Ya a ver si después exploro otro género y me expresan igualmente su opinión.

26 ago. 2009

Mochilas

Ayer por la mañana leía una nota que apareció en varios diarios –no es por presumir, o por quejarme, según se quiera ver, pero diariamente leo nueve periódicos- en la que médicos del Seguro Social recomendaban que el peso de las mochilas que cargan los chavitos que van a la primaria no debe exceder el 10% de su peso y talla, porque en caso contrario podrían sufrir lesiones lumbares que se harán explícitas cuando ya sean adolescentes.

En ése momento asocié mis recurrentes lumbalgias con el hecho de que cuando era chaval, tenía que cargar una mochila que pesaba todos los kilos imaginables; hasta parecía tortuga ninja. Así que por culpa de la deficiente educación ofrecida por el miserable Estado mexicano, que nos obligaba a cargar unos libros de texto de ediciones horribles impresas en papel reciclado, hoy millones de personas de mi generación y de generaciones anteriores y posteriores padecemos periódicos dolores de espalda baja.

Por eso es que cuando leía esa nota, e incluso desde antes, cuando vi por primera vez las mochilas de rueditas circular por las inmediaciones de las escuelas, en lugar de sentirme reconfortado porque los chavitos ya no cargarían más con el mismo peso que cargamos muchas generaciones de estudiantes que ahora somos orgullosos analfabetas funcionales, dejé que aflorara mi resentimiento de tipo lopezobradorista y pensé: “porqué ellos van a tener que evitar los pesares que padecimos las generaciones que los procreamos (porque conozco gente de mi generación que ya tiene hijos inscritos en la primaria), ¡ni madres! ¡qué se chinguen también ellos, los muy culeros!”; y es que digo, ya suficientemente fácil lo tienen con i pod, celular, notebook y wii, como para que todavía tengan que ahorrarse el penar de cargar su propia mochila los muy golfillos.

Supongo que desde la comodidad de mi soltería poco me importa la salud de un mozalbete que tiene que cargar 10% más de su propio peso todos los días, y que talvez después mi perspectiva al respecto cambie. Pero mientras eso sucede, y dudo que algún día pueda suceder, seguiré manifestándome en contra de hacerles la vida fácil. A esos apestosillos ya les tocó nacer en un ambiente de mayor libertad, tolerancia y respeto y quizá por ello no lo valoren tanto como nosotros o nuestros padres, a quienes aún les tocó la apoteosis de un régimen de partido dominante y el monopolio cultural e informativo de Televisa.

Como sea, el otro tema del que quiero escribir es que me doy pena a mi mismo por estar gordo. Pero espero dejar de autocompadecerme cuando baje 8 kilos en dos meses, como resultado del régimen al que me sometió la doctora de la clínica de control de peso a la que acudí el fin de semana. Y es que resulta que eso de estar sentado frente a una computadora durante todo el día ha resultado contraproducente para mi metabolismo, porque pasé de 74 a 80 kilos en menos de un año.

La verdad eso de seguir una dieta específica y tener que aguantarme las ganas de comer tacos, quesadillas o flautas de las que venden en los puestos callejeros que hay en cada esquina de cada ciudad y cada pueblo de este país garnachero, no es nada fácil. Pero el objetivo de evitarme problemas de salud en el futuro creo que lo vale.


Y a propósito de garnachas, hace poco encontré este audio en youutube, que es de uno de los promocionales de los juguetes radioactivos que se anunciaban en Radioactivo 98.5, ésa legendaria estación de música alternativa situada en la Ciudad de México durante los maravillosos años noventa. En fin, que dénle play al promo de la "Barbie condechi", que es una crítica super corrosiva a las chicas chic que piensan que piensan, y que pululan por los bares y cafés de la colonia Condesa.


21 ago. 2009

Pregunta

Por qué las protagonistas de la política en México son como esto:


Elba Esther Gordillo






¿Beatriz? Paredes

Y no como esto:








Gloria Rojas, Diputada Local del PRI en Jalisco




En política, decía Reyes Heróles, la forma es fondo. Y no cabe duda que las deformidades faciales y corporales de Paredes y Gordillo son una muestra del oscuro y pestilente fondo de la política mexicana. Aunque tampoco la frivolidad de las políticas-modelos es una alternativa viable. Al final lo importante no es si son guapas o no; sino que sean inteligentes, sensibles ante los problemas sociales y creativas y propositivas para generar soluciones.

20 ago. 2009

Carretera

Cuando hizo el cambio de luces, los indicadores luminosos incrustados en el asfalto para indicar los límites de los carriles a los conductores en sus trayectos nocturnos, brillaron con más intensidad.

A esa hora los automóviles que circulaban por esa ruta ya eran pocos, como se podía constatar por la kilométrica distancia que los separaba a los unos de los otros. En el sentido opuesto del camino, separado por la barra de contención, eventualmente pasaba algún tractocamión a toda velocidad.

Aquella era una de esas noches de invierno que obligaban a encender la calefacción, para evitar que los cristales se cubrieran de paño. Afuera corría un ligero viento gélido que mecía suavemente las ramas de los árboles situados a unos cuantos metros de la cinta asfáltica.

En el reproductor de música comenzó a sonar una canción que a le gustaba, así que subió el volumen para cantar alguna estrofa con el objetivo de mantenerse atento al camino y disfrutar el viaje, mientras agotaba las dos horas que restaban para llegar a su destino.

Su atención estaba totalmente puesta en la carretera debido a que conducía a la máxima velocidad que permitían los señalamientos. No obstante, súbitamente le vino a la memoria la plática que incidentalmente había escuchado a dos camioneros, mientras bebían café en un comedor cercano a la caseta de peaje que había cruzado algunas horas atrás, en cual también había parado para tomar una cena frugal.

El tema de la conversación, según le había parecido, eran los accidentes automovilísticos que continuamente sucedían en el kilómetro 215+400 de la ruta que en ése momento transitaba.

Uno de los camioneros argumentaba que los percances se debían al inexacto trazo de la curva, que propiciaba que los conductores perdieran el control si la tomaban a exceso de velocidad. Pero el otro refutaba aludiendo a las historias bastante perturbadoras que contaban los paramédicos, policías de caminos y pobladores de las inmediaciones de aquel lugar, relacionadas, unas, con la aparición de espectros terroríficos justo a la mitad de esa curva, y otras, con una rara exigencia por parte del demonio, de un determinado número de almas para compensar todas aquellas que los ingenieros que trazaron esa ruta no le habían entregado al momento de construir el puente que se hallaba 50 kilómetros más adelante.

Una versión muy similar a ésta última la había escuchado muchos años atrás, precisamente a un amigo suyo de profesión ingeniero civil, que le había contado que durante la construcción de una presa en cuyo diseño había participado, los cimientos de la cortina continuamente se derrumbaban sin explicación alguna hasta que una hechicera de la región, recomendada al ingeniero en jefe de la obra por los trabajadores originarios de la localidad en la que ésta se construía, había afirmado que la causa de los derrumbes era la falta de pago a Satanás, que exigía que los cadáveres de cuatro niños fueran enterrados a lo largo del trazo de los cimientos. Su amigo ignoraba si tan absurda y aberrante petición se había cumplido, pero poco tiempo después de haber consultado a la hechicera se reanudó la construcción sin que volvieran a presentarse más derrumbes.

Cuando su amigo le contó esa historia le pareció demasiado fantasiosa. Pero después de haber escuchado un relato similar de boca de esos camioneros ya no le parecía tan supersticiosa y carente de sentido.

En ése momento se sintió invadido por una sensación inquietante que le causó calosfríos, y conciente de que se hallaba conduciendo sólo en aquella carretera, intentó concentrarse sólo en pensamientos relajantes y menos tenebrosos.

En eso estaba cuando leyó la señalización que anunciaba una curva peligrosa un kilómetro más adelante y recomendaba disminuir la velocidad y extremar las precauciones. A partir del kilómetro 214+900 aparecieron las rayas blancas pintadas horizontalmente en el asfalto que indicaban que se tenía que reducir la velocidad y así lo hizo al ver la curva que, efectivamente, estaba mal trazada pues carecía del declive necesario para contener la inercia causada por la velocidad de los automóviles y evitar que éstos se salieran del camino.

Mientras pensaba en que pararía en una gasolinera más adelante para estirar las piernas y beber una taza de café, cambió la canción en el reproductor de música y para hacerlo desvió apenas un instante la vista de la carretera.

Cuando volvió nuevamente los ojos al frente, el instinto le hizo mirar por el espejo retrovisor. Y en ése momento fue cuando sucedió: lo que vio fue la imagen espectral de un rostro ensangrentado que lo miraba suplicante.

Todo sucedió en segundos. Cuando miró nuevamente al frente, aterrado por la visión fantasmal del retrovisor, lo que último que alcanzó a distinguir fue la barra de contención. Luego vino un fuerte estruendo de cristales rotos, láminas abolladas y neumáticos derrapados.

Minutos más tarde, cuando llegaron los paramédicos, lo que encontraron fue un informe amasijo de fierros retorcidas, a unos 10 metros de distancia de la carretera.

El conductor, como todos los otros que anteriormente habían fallecido en el lugar, se hallaba inerte en el asiento, con los brazos colgando a los costados, la cabeza gacha, el rostro bañado en sangre y los ojos abiertos en una expresión de espanto.

Los fantasmas de los que había escuchado unas horas antes, aunque etéreos, eran reales.