31 ene. 2008

Sobrevivir a Cioran

He sobrevivido a Cioran.

Ciertamente no fue fácil. Pero el método que empleé (que rara se ve la conjugación en pretérito perfecto simple de esta oración) para superarlo resultó muy efectivo; aunque no estuvo exento de algunos contratiempos.

Es que eso de leer a Cioran y no morir en el intento, es para los aficionados a la filosofía, lo que saltar en bungee para los extreme sports players.

Cioran es todo oscuridad, repulsión y sordidez; pero principalmente magnetismo. De manera que aproximarse a sus textos comporta el riesgo de ser inevitablemente arrastrado por ellos al abismo de la nada, donde el espíritu de aquel rumano apartida -como a si mismo se calificó- nadea. Sí, nadea. Cualquier cosa que eso signifique (según Heidegger).

Así que contra ese riesgo el mejor remedio es sumergirse en lo mundano, hacer todo aquello que al autor del Breviario de Podredumbre le provocaría nauseas. Y es precisamente eso lo que he hecho durante toda esta semana.

Para empezar dejé mi cochi en casa y viajé en transporte público; pues qué mejor forma de empaparse de lo mundano, que subirse a un “pesero”, soportar el mal carácter del sociópata conductor, los gritos histéricos del locutor de la estación radiofónica que sintoniza, y los variados olores y texturas del resto de los pasajeros.

Después decidí poner atención al programa de televisión que siempre pasan a la hora de la comida en algún canal de Televisa, cuyo nombre es –el del programa- 12 Corazones y es el favorito de la chica que me atiende en el lugar donde habitualmente como. La verdad debo confesar que fue un martirio aguantar la transmisión de ese programa, pero con tal de contrarestar la influencia maligna de Cioran, lo padecí estoicamente. Aunque ahora que lo pienso, si Cioran hubiese venido a México, o hubiese visto las producciones televisivas de este país, seguramente se hubiese dado un tiro en la cabeza.

12 Corazones es una especie de programa de citas, al cual asisten personajes emblemáticos del grado de enajenación mediática y angustia afectiva que aqueja a nuestras sociedades. Chicas chabochas ataviadas con minifaldas y amplios escotes, son exhibidas como mercancías ante los hambrientos ojos de los concursantes varones, que cuando logran hilar dos frases coherentes consecutivas, hacen que por un momento perdonemos los errores del sistema educativo.

En fin, que para no desviarme de la descripción del método, diré que lo siguiente que hice fue leer un poco acerca de la biografía de aquel filósofo rumano, amigo de Ionescu y Mircea Eliade. Es que de repente me causó cierta suspicacia el hecho de que tanta repulsión hacia el mundo se haya prolongado tanto tiempo, pues Cioran murió a los 84 años. Pero luego descubrí que a inicios de los años noventa, le fue diagnosticado Alzheimer, que ya antes había tenido desavenencias con Simona Boué, su pareja sentimental, y que odiaba a su papá por el simple hecho de ser religioso.

E.M Cioran, Mircea Eliade y Eugene Ionescu


Con estos datos y con el indefectible ánimo de mantener la alegría y el gusto por la vida, decidí confrontar al gran maestro y leerlo desde una perspectiva ya no tan reverencial, y sí más crítica.

No obstante, Cioran siempre será Cioran. El gran maestro en e difícil arte de soportar la existencia, pensar la muerte –y llegar incluso a anhelarla- y seguir de pie, existiendo.



P.S Gracias a Mael, Elisa, Betthy y Luis por leerme. Es cierto, la dinámica de los blogs consiste en leer, comentar, ser leído y comentado. Sin embargo, cuando me desbordan las ganas de iniciar un blogtour de lectura, la fatalidad intepone en mi camino malos espacios con textos igualmente malos, y entonces desisto. Pero prometo, como propósito del año nuevo chino, buscar más blogs, leerlos, comentarlos y hacerle publicidad a esta pocilga virtual.

28 ene. 2008

Silogismos de Amargura


Hace algún tiempo publiqué en este mismo espacio un texto del gran Emile Cioran, extraído del Breviario de Podredumbre, ése pequeño compendio de ensayos no aptos para suicidas potenciales.

Hasta ayer por la tarde mi vida era completamente feliz. Sin embargo, cometí la estupidez de darme una vuelta por la librería, para ver qué me autoregalaré (y pediré que me regalen) el día de mi cumpleaños, que ya muy próximo está en fecha. Y fue ahí donde encontré los Silogismos de Amargura, que ya desde el título nos ofrecen una idea del contenido al interior de las páginas.

Temerario, como soy -o me considero- pensé que en esta etapa de mi vida, donde todo era quietud en la mar de mi existencia, después de haber afrontado algunas serias tormentas, leer a Cioran sería como ver episodio de Plaza Sésamo en la televisión. Sin embargo no contaba con que Silogismos de Amargura son precisamente eso: breves aforismos desbordantes de frustración, desamparo y nausea existencial.

Al leerlos me vino a la memoria una anécdota que narra Héctor Subirats en la presentación de la antología Misterios gozosos, que recoge algunos de los textos más importantes de Fernando Savater. Ahí narra que un día él y Savater estaban en el zoológico de alguna ciudad, y mientras avanzaban entre los pabellones de exhibición, se encontraron de frente con una morsa que, desde el otro lado del cristal, los miraba con tal repugnancia, que al mirarla se podía entender en el instante el asco que le producía a Cioran la existencia…

En fin, que no quisiera morir sólo; así que les comparto aquí algunos de los –a mi gusto- silogismos más desgarradores. Eso sí, antes de comenzar a leerlos sería deseable que se cercioren que no haya objetos punzocortantes en las proximidades de su computadora.

Felices depresiones:

Silogismos de Amargura

En este «gran dormitorio», como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez.

Para vengarnos de quienes son más felices que nosotros, les inoculamos -a falta de otra cosa- nuestras angustias. Porque nuestros dolores, desgraciadamente, no son contagiosos.

Fuera de la dilatación del yo, fruto de la parálisis general, no existe ningún remedio contra las crisis del abatimiento, contra la asfixia de la nada, contra el horror de no ser más que un alma dentro de un salivazo.

¿Nuestros ascos? Desvíos del asco que nos tenemos a nosotros mismos.

Nadie puede conservar su soledad si no sabe hacerse odioso.

Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.

Tanto he mimado la idea de la fatalidad, a costa de tan grandes sacrificios la he alimentado, que ha acabado por encarnarse: de la abstracción que era, ahora palpita irguiéndose ante mí, aplastándome con toda la vida que le he dado.

“Señor, sin ti estoy loco, pero más loco aún contigo”. Ese sería, en el mejor de los casos, el resultado de la reanudación del contacto entre el fracasado de abajo y el fracasado de arriba.

Cuando, por apetito de soledad, hemos roto nuestros lazos con los demás, el Vacío nos embarga: nos quedamos sin nadie a nuestra disposición. ¿A quién liquidar ahora? ¿Dónde encontrar una víctima duradera? -Semejante perplejidad nos abre a Dios: al menos con El estamos seguros de poder romper indefinidamente...

La dignidad del amor consiste en el afecto desengañado que sobrevive a un instante de baba.
Una naturaleza religiosa se define menos por sus convicciones que por su necesidad de prolongar sus sufrimientos más allá de la muerte.

24 ene. 2008

Puntos

Ayer me quitaron los dos puntos de sutura que tuvieron que ponerme en el dedo anular derecho. Aunque dolió un poco, ya puedo mover tanto el dedo medio como el anular mucho más rápido.
De manera que ya dentro de poco podré volver a escribir y a relanzar este blog que, debo reconocerlo, ha decaído.
Bueno, eso tiene un sentido relativo, considerando que nunca he pasado de 10 comentarios en los textos.
Hace poco platicaba con amigo que me ha leído aquí y me decía algo interesante: que mi forma de escribir era muy intimidante. ¿Será?
Quizá sea por eso que este espacio ha ido a la baja.

21 ene. 2008

Recuperación

Por fin el dolor en las yemas de mis dedos ha cedido un poco, y ya puedo escribir con mayor fluidez.
Reconozco que he abandonado un poco este espacio dedicado a nada en especial. Sin embargo no ha estado en mi... bueno, sí ha estado en mi estupidez, la causa de este abandono involuntario.
Pero ya casi estoy de regreso. En estos días he pensado en mucho temas acerca de los cuales escribir un par de líneas. Algunos son muy coyunturales y otros casi perenes, como la confrontación arabe-israelí en la Franja de Gaza.
Es realmente terrible e indignante lo que hacen los judíos con los árabes en ese agreste y estrecho terreno de asentamientos humanos, en los que la supervivencia se ha convertido en un privilegio y hasta casi en un milagro.
Indigna, sobre todo, que las conciencias políticamente correctas que denuncian cualquier intento de discriminación y de xenofobia, no alzen la voz para denunciar los atropellos que a diario cometen los judíos en contra de niños y mujeres inocentes y ajenos a las ambiciones político-territoriales de sus dirigentes.
Al parecer a esas nuevas generaciones de judíos se les ha olvidado que sus padres fueron objeto de persecuión y exterminio sistemático, a inicios del siglo XX.
No han pasado ni siquiera 100 años, y esos judíos que se supondría, serían heredores de un humanismo y pacifismo ejemplares, hoy matan con alevosía,ventaja, descaro e ira, a los palestinos; hombres y mujeres que por todas armas cuentan tan sólo con hondas, palos y piedras.
Cierto, también están los grupos extremistas en ambos lados. Sin embargo el extremismo se alimenta por el odio, la exclusión y el rechazo. Prácticas todas ellas que han sido mucho más evidentes del lado israelí, con la complacencia e indolencia del mundo occidental.
En fin, creo que en esta ocasión escribí desde la trinchera de la militancia política; pero tenía que hacerlo. Talvez no sirva de nada, pero mientras alguien más comparta mi preocupación, habrá valido la pena.

18 ene. 2008

César Cansino y la paranoia

Antes de cortarme los dedos, había pensado en escribir un texto acerca del revuelo innecesario que ha causado la renuncia de Carmen Aristegui -una comunicadora más o menos famosa- a la estación de radio donde trabajó durante algún tiempo.

Lo que impulsaba mi intención era la estéril, estúpida e histérica polémica generada por esa decisión y auspiciada por la ambigüedad de la propia comunicadora.

Hoy por la mañana, mientras leía las editoriales de los diarios, encontré este excelente artículo escrito por un colega que, sólo por esta ocasión, me cayó bien. Por lo demás es un tipo infumable que se cree la gran diva de la ciencia política en México.

En fin, que a causa del dolor que todavía siento en los dedos al pulsar el teclado, reproduzco aquí el texto de César Cansino, acerca de todo el relajo desatado deliberadamente por Carmen Aristegui.

Paranoia

Francamente no debería ocuparme de cosas tan intrascendentes como el despido de la superestrella de la información, Carmen Aristegui, de W Radio, pero el asunto ha generado tanta alharaca que me veo obligado a decir algo. Para empezar, me preocupa que una cuestión tan irrelevante como ésta provoque tanta controversia: que si censura o no, que si un golpe a la libertad de expresión, que si el cuñado incómodo y la mano negra de Los Pinos, que si Prisa y los manejos turbios, y un interminable etcétera de despropósitos.

Me preocupa porque si la opinión pública le da tanto peso a un asunto tan baladí como éste es porque permanece soterrada en buena parte de la sociedad una paranoia colectiva heredada del pasado autoritario que nos lleva a delirar sobre la maledicencia de todo lo que nos rodea (piensa mal y acertarás).

Además, es de preocuparse que habiendo tantos problemas apremiantes en el país nos ocupemos como sociedad de la suerte de una comentarista de noticias con ambiciones intelectuales que fue despedida simplemente porque ya no encajaba en el esquema de sus patrones, como suele ocurrir en todos lados.

Querer ver más en este asunto resulta paranoico, y alimentar la sospecha de censura por parte de la propia Aristegui con un mensaje cifrado como el que dio a los medios al ser rescindida resulta a todas luces irresponsable. Que el show business atraiga las miradas de los espectadores en las sociedades mediáticas es normal, pero que una noticia de espectáculos —como el despido de Aristegui— alcance el estruendo de una noticia de política nacional no hace sino exhibir la pobreza cultural de una sociedad cuyos referentes más cercanos son los personajes que aparecen en la tv, aunque sean unos descerebrados y gocen de una fama de oropel fabricada a conveniencia de los propios medios.

Además, ¿quién diablos es Aristegui? Bueno, es una comentarista de noticias con mucho carisma y presencia, inteligente pero sobre todo muy hábil para colocarse en un ámbito tan competido y turbio como el de los medios electrónicos de comunicación, donde predomina la mediocridad y la lambisconería. Sólo así se explica que Aristegui haya pasado por Televisa, Imagen, CNI y muchos otros espacios mediáticos, con ingresos muy rentables. Su carta de presentación ha sido el pluralismo, el respeto a todas las voces, y la defensa de la libertad de expresión, pero fuera de eso no hay nada más.

No conozco un solo trabajo de investigación periodístico de Aristegui que me permita referirme a ella como una “periodista”. Tampoco le conozco ninguna contribución teórica o científica sobre temas periodísticos como para llamarla una especialista en la comunicación. Ni mucho menos puedo considerarla una intelectual o una analista política cuando no ha escrito ni producido nada rescatable. Pero además, no recuerdo que Aristegui se haya arriesgado como periodista alguna vez en su carrera, que haya desafiado a los poderosos o que haya rebasado los límites de la prudencia y lo políticamente correcto desde su micrófono, por más que ella o sus publicistas nos la quieran vender —con mucho éxito, por lo demás, a juzgar por los cientos de cartas de apoyo que ha recibido desde su despido de W Radio— como una profesional de la información valiente, audaz e incorruptible.

Sólo así se explica su larga permanencia en los medios y su paso por algunos con una historia de oficialismo y servilismo más que reconocida. Vamos, Aristegui no es una Lydia Cacho o una Sanjuana Martínez que han arriesgado su propia integridad física al denunciar agravios indignantes y al desafiar a muchos poderosos cobijados en la más insultante impunidad —los pederastas empresarios y políticos y los curas pederastas, respectivamente—. Eso sí es periodismo comprometido.
Qué pena pues que una comentarista de noticias hábil pero intrascendente acapare más la atención pública y del propio gremio de los periodistas que Lydia Cacho, ejemplo de valentía y agallas, y que hasta la fecha sigue siendo atropellada en sus derechos elementales por atreverse a investigar y publicar lo que las superestrellas de la información nunca se atreverían a hacer desde la comodidad de sus cabinas acolchonadas.
Es una pena, porque los periodistas aduladores de Aristegui y repetidores de la cochambre sobre la censura de la que supuestamente fue víctima la diva de las noticias no hacen sino reproducir la mediocridad del periodismo mexicano, atrapado en el amarillismo, la superficialidad y la frivolidad.

Por todo ello, y ya instalados en la paranoia, cabe la pregunta: ¿qué intereses ocultos representa Aristegui hoy y que al verse afectados con su salida de W Radio han filtrado el “sospechosismo” de que su despido fue un acto arbitrario y condenable de censura? ¿Qué villanos se pretenden culpar con la fabricación de héroes de papel, como Aristegui?
El Universal, 18/I/08

15 ene. 2008

One day, one room

Definitivamente tenía que escribir este post, aunque para hacerlo me haya tardado más tiempo del usual.

El motivo es el episodio de la tercera temporada de "Dr. House", que recién he visto en Universal Channel.
Aunque he procurado ver todos los episodios de la serie, las ocasiones en que he llegado tarde a casa me han impedido ver algunos tan buenos como el que vi hoy.
"One day, one room" estuvo genial, espectacular, deslumbrante y muy ilustrativo respecto al debate contemporáneo de temas tan importantes como la vida, Dios, la eternidad, la verdad y la confianza.
Se trata de un episodio en el cual el Dr. House tiene que atender a una chica que ha sido violada y que se empeña en hablar solamente con él, lo cual es si mismo algo sorprendente, considerando el abominable carácter de House.
Las escenas, los diálogos son realmente brillantes y, sin temor a exagerar, bien podrían ser objetos de estudio para auténticas tesis de doctorado en filosofía, teología y sociología. Claro, siempre y cuando los candidatos a doctores en filosofía, teología y sociología, dejaran de desdeñar el mundo ordinario y sus productos culturales, entre ellos, series de televisión como la de este corrosivo pero deslumbrante Doctor.
El diálogo que sostiene House con la chica violada en la banca de un parque, a la orilla de un lago, es un claro indicativo del debate ético y epistemológico que hoy tiene ocupados a los pensadores de primera línea. Es incluso una ilustración del debate y las tensiones que surgen de la complicada relación entre la visión científica, instrumental y pragmática de la realidad, por una parte, y por la otra, aquella perspectiva humanista que busca un sentido, un fundamento, una causa última que otorgue significado a la existencia y a las acciones humanas.
Por una parte, la necesidad de creer, de preguntar por la verdad, aun a riesgo de saber que ésta puede no existir o puede resultar diferente a la idea preconcebida, y por la otra el agnosticismo, la decepción y el borde al precipicio del nihilismo, que inevitablemente conduce a la inmovilidad.
Sin duda fue un excelente capítulo y creo que nada por ése valdrá la pena comprar la temporada completa... claro, en algún puesto pirata.

14 ene. 2008

Posibilidades

Siempre había pensado que las posibilidades de que una persona se cortara los dedos de la mano derecha, mientras lavaba su cochi, eran muy remotas; y que se necesitaba ser bastante estúpido para cortarse justo los dedos medio y anular ¡con el filo del escape! causandóse una incisión de cinco centímetros...

... ahora he cambiado de opinión.

Como sea, baste decir que por algunos días estaré fuera de circulación. Pero estaré publicando algunas cosas de corta y pega.

Por lo pronto, aquí Fabián Pulido en el primer post de su blog... ¡ah! Fabián es uno de los pocos cuates periodistas que suelo leer:


Noc, noc, soy yo…

No hay constancia más fiel de la libertad de expresión que la ejercida a través de la red. La “web” mundial pasó de un proyecto militar estadounidense desarrollado hace más de 40 años a una forma casi “necesaria” de vida hoy en día. La red está llena de todo tipo de “vehículos” que llevan y traen información en un intercambio antojable de ideas de distintas formas, orígenes, culturas, géneros y so on.

Mejor aún, ahora, no sólo puedes ser tu propio conductor de late show o presentador y/o protagonista de cualquier barrabasada que se te ocurra y transmitirlo en youtube, también puedes trasmitir ideas, opiniones y posturas (ahora que están tan de moda los temas “rasposos” como la eutanasia, el aborto y las leyes de convivencia) a través de los podcast (archivos de audio) que son como programas de radio donde el emisor puede retroalimentarse con los blogs añadidos a éstos. ¡Bueno! Los mentados blogs.

Sin duda el origen de todo este movimiento de intimidad intelectual compartida que nace del adictivo chat que cuando llegas a conocerlo y no tienes la mente fría puedes de manera enfermiza pasar horas y horas hablando con god knows who.

Ahora, querido ciberlector, si ya llegó a este punto del artículo (gracias) le diré que todo este choro fue para invitarlo a intercambiar ideas conmigo. Que podré ser parte de este movimiento de trueque informativo electrónico y que además lo podré hacer con la libertad de expresión que caracteriza a grupo Milenio.Milenio.com me ha dado la oportunidad de tener un espacio y debatir en La Esfera todo lo referente a las artes y el entretenimiento.

En La Esfera discutiremos de lo que pasa en la televisión (¡qué miedo!), en la radio (bendito dios hay algo rescatable), en el cine (no como experto intelectual, a quienes respeto mucho, sino como la recomendación franca, clara, limpia de lo que está en pantalla) y en las artes escénicas y plásticas.

En La Esfera analizaremos con total “seriedad divertida” los productos hechos dentro y fuera de México que ven la luz a través de los medios masivos (debería de existir en México una ley pro abortos televisivos que nos evitara tanta pena a los televidentes. Hay programas de televisión que no merecen ni las doce semanas de “preproducción”) y los que cobran vida en el escenario dramático y plástico.

Es pues La Esfera una oportunidad para usted y para mi de platicar en serio del estigmatizado showbusiness, sí, poder hacer periodismo de espectáculos con verdadero rigor profesional. No por favor, no, no, espere, no cambie de blog le juro, le aseguro que aquí nunca verá líneas dedicadas a Boby Larios y Niurka (espero que así se escriba) mucho menos a Carmen Salinas o a “la Campuzano”, al menos que alguno de ellos lleguen de verdad algún día a producir algo mejor que chismes y zafarranchos escénicos.

Ésta es La Esfera. Éste soy yo: Fabián Pulido. Porque el show debe continuar…
Nota en el Refri: La próxima semana discutiremos del Séptimo Festival San Luis (en San Luis Potosí), donde veinte años después Fernando de la Mora encarna a Cavaradossi en la afamada Tosca.

11 ene. 2008

Andres Henestrosa

1906 - 2008
Murió Andrés Henestrosa. El primero de los grandes que se va justo en los inicios del año.
Enterarse de la muerte de un gran humanista siempre es motivo de angustia y de gran responsabilidad. De angustia, porque nos estamos quedando huerfanos de lucidez intelectual justo en momentos en los que la penumbra, las nubes de la ignominia, pasan lentas sobre nuestras sociedades. De responsabilidad, porque implica asumir el reto de llenar el vacío que el personaje ha dejado.
Pero también hay cierto sentido de oportunidad. La oportunidad de señalar la importancia que tiene el pensamiento, la cultura, en una sociedad, en un modelo social, profundamente marcado por la cosificación comercial.
No obstante que detesto a Octavio Paz, tendré que citarlo para describir el estilo literario de Henestrosa, pues sin duda lo hizo de forma muy puntual: "Un lenguaje nítido, nunca excesivo, a un tiempo reservado y tierno, sobrio y luminoso. Una prosa de andadura ligera, que nunca se precipita y nunca se retrasa: una prosa que llega a tiempo siempre".

7 ene. 2008

Saldo del maratón

Me lo había dicho la doctora corazón aquella tarde del 28 de diciembre, día de los santos inocentes, cuando fue a recibirme al aeropuerto. Pero no le creí.

En aquella ocasión, después de darme un abrazo tan fuerte que casi me puso cianótico, me soltó sin compasión un comentario que, ahora que lo pienso, fue vil y llana violencia psicológica:

-Te ves más cachetón.- dijo mientras estiraba suavemente mis mejillas.

-Gracias chulis. Yo también te extrañé mucho.- evadí con un sarcasmo

-No. En serio, subiste de peso.- repuso, mientras pasaba su mano por mi cintura.

Algo así me había dicho mi amiga Debbie Rader y mucho antes mi vecina, que amablemente paga mis recibos mensuales de luz y teléfono, y saca la basura cuando pasa el carro.

Cuando una vecina que no ves durante un mes y una amiga que no ves durante cuatro o cinco meses, te dicen que has subido de peso, no hay razón para creerles. Pero cuando te lo dice tu novia, después de un par de semanas de no verte, es para preocuparse.

Sin embargo yo no me preocupé, y ese mismo día por la noche me fui a una reunión donde comí y bebí con el exceso que exige la época.

Dos días después fui a ver a la Yarita porque sentía un ligero dolor en la parte baja del estomago. Y hubiera sido mejor no haber ido. Me regañó, como es su costumbre, que dizque porque ese dolor era resultado de mi desordenada y excesiva dieta decembrina.

Por si fuera poco, la doctora corazón es de ese tipo de médicos no aptos para hipocondríacos potenciales como yo, porque primero lo matan a uno narrando las posibles consecuencias de un descuido en la salud, y después lo resucitan con un rollo acerca de los buenos hábitos alimenticios y el ejercicio.

Así que la Yarita primero me mató de una ulcera péptica combinada con una displasia epitelial gástrica de alto grado, y después me resucitó diciéndome que el dolor que tenía se me pasaría si dejase de comer y beber una lista de alimentos y bebidas tan interminable, que nada más me dejaba como opción las rebanadas de aire con agua simple.

En fin, que el punto acá es que como saldo del maratón está la desafortunada noticia, para mí desde luego, de que mi índice de masa corporal está .4 por arriba de lo normal para mi peso y talla.

Esto lo supe ayer, luego de subirme a la báscula electrónica que está en el pasillo del supermercado donde hago mi compra semanal.

Por cierto, qué complicado estuvo todo la tarde de ayer. Desde las larguísimas fila de coches en las casetas de cobro para entrar a la ciudad, hasta los estacionamientos de los centros comerciales. Y es que parecía que iba a haber guerra, porque todo mundo andaba haciendo compras de pánico.

Sólo mirar las filas de carritos atiburrados de despensa, esperando el turno para pagar en cajas, bastaba para comprobarlo.

En fin, que desde hoy todo vuelve a la normalidad. Siempre el inicio de año es como la ignición de las turbinas de un avión: arranca despacio, pero poco a poco va tomando velocidad.

En lo que a mi hace, he vuelto a la Facultad prácticamente a hacer nada más que jugar solitario y leer el diario on line. Ya después, conforme vayan transcurriendo los días, habré de escribir las sandeces habituales que suelen aparecer en este blog. De hecho ya tengo por ahí la segunda parte de mi texto Contra los ídolos, que ya no publiqué el año pasado, pero sigue teniendo vigencia como crítica agria y resentida por parte de un outsider cultural, o sea, yo.

Por lo pronto continuaré padeciendo el lunes más pesado de todo el año, que curiosa y paradójicamente, es el primer lunes laboral.


P.S No cabe duda que nuestra intelectualité todavía no supera su tara mental de andar fabricando mártires de la “democradura”, que según sus sesudos análisis, es lo que prevalece hoy en el país.

Esto viene a cuento porque hoy, en todos los diarios de circulación nacional, aparecen comentarios y artículos dedicados a Carmen Aristegui, que el viernes pasado anunció su salida de la estación radiofónica en la que trabajó durante cinco años, conduciendo un noticiario.

Las siempre políticamente correctas buenas conciencias, defensoras de la democracia y las causas justas, atribuyen la salida de Aristegui de esa cadena radiofónica, filial de Televisa, a un ajuste de cuentas con la periodista, debido a su presunta objetividad y pluralidad en el manejo del tema de la ley de medios que se discutió y aprobó en la anterior legislatura, y que luego fue echada abajo por la Corte.

Si bien se mira, no hay ni censura ni ajuste de cuentas. Diferendos respecto a la línea editoral, tal vez. Pero en todo caso, como periodista independiente, Aristegui tomó la decisión de irse y nadie se lo impidió.

Además, hay que reconocer que no es tan brillante, ni tan plural, ni tan objetiva como ahora la quieren presentar. De hecho en mis clases la pongo como ejemplo de lo que un politólogo no debe de hacer; esto es, cuando algún alumno se suelta de la lengua, invariablemente lo paro en seco y le preguntó: “¿ya se escucho? Está hablando como Carmen Aristegui y no como politólogo”…

Una de gringous. Ya comenzaron los caucus en los cincuenta y tantos estados de los Estados Unidos, para elegir a los candidatos de los partidos demócrata y republicano, que habrán de darse hasta con la cubeta durante la campaña presidencial, que culminará en Noviembre. Hay que seguir muy de cerca ese proceso, que pinta para ponerse muy interesante.
Entre las posibilidades de que disputen la Casa Blanca un pastor evangélico que no cree en la teoría de la evolución, y un senador negro que se opone a todo lo hacen y dicen George Bush y Hillary Clinton, la cosa se va a poner emocionante… claro, para quienes nos gusta la política.

4 ene. 2008

Hoy hace un año

Hoy hace un año escribí mi primer post en blogspot. Por aquellos días de asueto, los últimos antes de regresar a mi trabajo (trabajaba en una consultoría analizando encuestas y síntesis informativas) se me ocurrió abrir un blog que estuviera más enfocado a la escritura/lectura, antes que a la contemplación de las imágenes o la audición de la música, como era el caso de Windows Spaces, donde mantuve una página por cerca de ocho meses.

Asimismo, por aquellos entonces decidí abrir este blog a modo de terapia kertesziana, para superar cierto malestar afectivo que, visto a la distancia, se trataba de una absoluta nimiedad. Pero en esos días usé la escritura como recreación, evasión o remedio para algo que ahora, con el paso del tiempo, ha dejado de tener importancia.

Ha transcurrido un año, a lo largo del cual ha ido y venido lectores diversos. Ninguno de ellos, por cierto, constante, salvo mi estimado y leal colega, que además de tolerarme en los pasillos de la Facultad, todavía tiene las energías y los ánimos para venir a leerme aquí.

A lo largo de este año, modestia aparte, he escrito uno que otro texto más o menos aceptable, he sostenido un par de escaramuzas literarias con otros bloggers (por cierto, qué palabra tan fea) y he encontrado un par de espacios interesantes.

Al inicio, cuando escribí ese primer post, no tenía idea de que llegase a durar tanto. Sobre todo porque a diferencia de otros espacios, que tienen temáticas medianamente definidas, aquí no existe un tema en específico. Lo mismo escribo un día sobre las vicisitudes cotidianas, que al otro sobre la relación existente entre sexo y filosofía.

Quizá por eso es que no he logrado consolidar un grupo de lectores constantes.

Sin embargo, como lo he escrito en múltiples ocasiones, cuando escribo no busco el aplauso, ni la popularidad. Escribo, y así lo he hecho a lo largo de todo este año, por el simple pero emocionante placer de escribir, de mirar mis ideas -entes abstractos surgidos de alguna arbitraria sinapsis neuronal- reificadas en un texto, en caracteres abigarrados que, como decía Ítalo Calvino, son como las dunas que mueve el viento del desierto, de un lugar a otro para luego desvanecerse.

En fin, ha pasado un año. Espero que pase otro más.

Aquí el primer texto que escribí la tarde de aquél 4 de Enero del 2007:

Por el momento no tengo mucho que decir; solo que recién me he mudado de Windows Live Spaces para acá y la diferencia es notable.

Pronto publicaré una que otra fumada.

Por el momento veré cómo funciona este blog.

Un saludo para aquel cibernauta extraviado que haya caído en este lugar.

3 ene. 2008

El primero del 2008

No sé qué tan sintomático sea para lo venidero, que el primer post del 2008, sea una amarga queja generada por la insatisfecha expectativa acerca del regalo que esperaba recibir, en el intercambio de la cena de año nuevo.

Al respecto debo señalar de entrada la injusticia, mala suerte o maldición que pende sobre mi en todo lo que tiene que ver con los sorteos y los juegos de azar. Nunca me gano ni el reintegro de la loteria, y en los sorteos siempre me toca la peor parte; por ejemplo, cuando estaba en la secundaria, recuerdo que en los sorteos para los intercambios de regalos, siempre me tocaba regalarle a los que más gordos me caían, y a mi siempre me regalaban los más tacaños del salón.

Así, mientras yo regalaba algo bonito e invertía el tiempo necesario para encontrar algo bueno, bonito y barato, a mi invariablemente me regalaban calcetines o lapiceras de tres pesos.

Y qué decir de los intercambios organizados en familia durante los últimos años. La cosa no es diferente respecto a los tiempos de la adolescencia.

El año pasado, por ejemplo, una de mis primas me regaló un (perdón por la palabreja que voy a emplear, pero nomás de recordar ya hasta me enmuiné de nuevo) jodido libro de Paulo Coelho, con la justificación de que ella lo había leído y como le gustó, supuso que a mi también me gustaría.

Hace dos años, mientras a mi mamá le regalaron un teléfono celular con mp3, bluetooth y demás chuches que todavía no sabe para qué sirven, a mi me regalaron una miserable bufanda y una cartera, a sabiendas que desde hace rete mucho tiempo no uso cartera.

Pues bien, este año no fue la excepción. Con todo y que en la comida previa en la que se realizó el sorteo, deslicé la sugerencia de que quería que me regalaran "Alta infidelidad", la novela de Rosa Montero que parafrasea el título de la novela de Hornby, una de mis tías terminó regalándome una pinche gorra deshilachada, que parecía que la había recogido de algún basurero.

Pero no. Cuando me dio el abrazo me dijo en voz baja y con mucho garbo: "es una Levi's".

Ahora díganme, no es para encabronarse que mi tía haya pagado más por esa gorra de indigente, que por el infamous libro que yo quería? Pues bien, yo también me enojé, pero tuve que poner cara de satisfacción y agradecer con un falso: "gracias tía, no te hubieras molestado".

En fin, he sido víctima de la infeliz moda indigente, en la cual hay que pagar el doble por unos jeans desgastados y unas botas que parecen levantadas de un basurero.

Esto merece un sentido ¡chale!