26 feb. 2010

¿Yo apoyo a nada?

O sea, con todo respeto a la originalidad de su mensaje y a quienes lo ven como algo contestario ante la falta de opciones políticas y de movilidad social y demás rollos del manual del perfecto idiota latinoamericano, ¡que no me chingue este pendejo!




Esto en realidad refleja con toda nitidez el pinche limbo ideológico de una generación valemadrista en la que por fortuna no todos "pensamos" igual. La verdad es que en lugar de causar admiración, esto causa pena porque significa que así como este güey hay muchos más en todo el país.


Yo apoyo a nada... ¡que no mame!

22 feb. 2010

De mi horror ortográfico

La ventaja de que este sea un espacio casi anónimo es que no hay lectores oficiosos cuidando la sintáxis y el estilo; en caso contrario ya me hubieran acribillado por la errata en el título de post anterior. Y digo errata porque al momento de poner los dos puntos use la tecla suprimir y me volé la h de hay.

Como sea, quise curarme en salud y aclarar acá que tengo muy clara la diferencia entre "ay" como exclamación y "hay" como la conjugación del verbo haber en tercera persona del singular.

En otro punto, quiero comentar que después de más de un mes de haberlo dejado, por fin comencé a leer de nuevo; es decir, no es que haya dejado de leer leer, porque eso lo hago todos los días, si no que más bien había dejado de leer literatura.

Y qué mejor forma de retomar el hábito que con una novela de Jostein Garder, el autor de El Mundo de Sofía, quien fiel a si formación filosófica, escribió una historia -Maya- en la que los personajes disertan sobre la teoría de la evolución y el sentido de la existencia, formulando preguntas del tipo "¿cómo de grande es la posibilidad de que algo pueda nacer de la nada?" ó "¿qué probabilidad hay de que algo haya existido siempre?" para luego proseguir con una reflexión como esta: "todos nos hacemos esa clase de preguntas. Lo que ocurre es que no tienen respuestas... el que una respuesta no esté a tu alcance no significa que no exista".

En fin, que es una buena novela de esas que mueven a pensar más allá de cuestionamientos ramplones acerca de pueriles teorías de la conspiración al estilo de Dan Brown; que por cierto, existe un blog donde se puede crear el guión para escribir nuestra propia novela al estilo del Código Da Vinci.

Y ya, por hoy he cumplido la meta de mi terapia.

21 feb. 2010

Terapia: ay que intentarlo

Como los frentes fríos, mi episodio depresivo ya va de salida y pienso que mi falta de inspiración es más bien falta de práctica; de modo que mi terapia de rehabilitación consistirá en intentar escribir por lo menos dos o tres veces a la semana, así sea sólo para que, muy al estilo "querido diario", relate aquí cómo estuvo mi día.

Y a propósito de la mecánica cuántica, pienso que el éxito que ha tenido el tiwtter se debe por una parte al aspiracionismo de quienes se compran o rentan un smart phone para presumirle a sus amigos que tienen el dinero suficiente para traer más de 700 u 800 dólares en la mano (y el messenger y el tiwtter on line todo el día); pero por la otra y principalmente, a la pereza que produce el pensar en una extensión mayor a 140 carácteres. Esa red social simplemente fomenta la falta de inspiración y el "murmullismo" que al final terminará por configurar comunidades y comunicaciones de slogans. y por tanto, carentes de toda profundidad.

En fin, que por ahora ha sido mucho ejercicio terapéutico, pero ya he comenzado. Espero que poco a poco se comiencen a observar los resultados.

Un saludo para los incondicionales; los tengo en alta estima. Y pues creo que ya va siendo tiempo de que nos encontremos algún fin de semana para tomarnos un café y echar chisme en vivo y en directo; ¿no lo creen?

15 feb. 2010

Emergencia

Definitivamente tengo que declararme en estado de emergencia y aceptarlo con todas sus letras: no puedo escribir; es decir, puedo escribir, pero no puedo hacerlo como antes. Y cuando digo antes me refiero a algunos meses atrás, cuando (he aquí una muestra de mi incapacidad al repetir dos veces en un mismo enunciado la misma palabra “cuando”) podía expresar con claridad y coherencia mis ideas y mis estados de ánimo.

Ahora que precisamente me embarga una sensación de malestar que quisiera canalizar a través de la escritura no puedo hacerlo, no como antes, no con desparpajo y cierto cinismo, no con la esencia filosófica de los Gatos Samurai consistente en siempre caer de pie.

Lo más grave de todo es que la causa de mi malestar es una nimiedad que en otras circunstancias no sería digna ni siquiera de un párrafo, o para ilustrarlo con más precisión, no merecería ni 140 caracteres al estilo twitter, que es una forma de “comunicación” que aborrezco porque fomenta la pereza mental y la atrofia gramatical.

Aunado a lo anterior está la angustia que me produce saber que estoy perdiendo la práctica y el estilo, muy probablemente debido a la falta de inspiración y motivación. Pero es que no se puede encontrar el charlas insulsas acerca de los muy pueriles conflictos emocionales y hormonales de personas a las que hablar del devenir de la existencia, así con estas precisas palabras, les causa “güeva” o les parece una actitud cuadrada.

Y no pretendo presentarme aquí como la víctima de un mundo light cuya premisa fundamental es desmovilizar al pensamiento, ni como un incomprendido, sino sólo expresar mi malestar por la superficialidad, banalidad, vacuidad que colman a la cotidianidad.

Sé que necesito algo que me motive a escribir nuevamente como solía hacerlo antaño. Hace poco me leía en textos anteriores y me preocupé porque esos chispazos de lucidez pareciera que se extinguen dentro de mí ante la falta de insumos.

Han sido muchas las ocasiones en las que, como ahora, me he sentado frente al monitor para tratar de escribir algo, pero las palabras se niegan a salir, o más bien las palabras están ahí, pero no tengo la suficiente destreza para agruparlas en oraciones y párrafos coherentes que expresen precisamente lo que quiero decir. Porque ya de escribir cualquiera puede hacerlo, pero lo que distingue unas letras de otras, es estilo, el toque personal y eso es lo que creo que estoy perdiendo.

Me declaro oficialmente preocupado y al borde la neurosis me niego a convertirme en un mortal más carente de capacidad reflexiva y espíritu crítico, en un ente arrojado muy heideggerianamente en el espacio sólo para existir si más ni más.

Necesito algo, un aliciente, pero no sé qué es, ni dónde puedo encontrarlo.

Entre tanto, continuaré aquí mirando pasar los días, padeciendo las medianías intelectuales y capoteando los flujos de progesterona que infestan mi ambiente, porque sí, al final mi crisis tiene que las hormonas femeninas, y no precisamente porque yo sufra el síndrome premenstrual, pero sí porque tengo que padecerlo indirectamente. Gajes del trabajo oficinístico.

P.S. 1 Entre tanta queja y tanta falta de inspiración dejé pasar la oportunidad de presentar mi jornada de resistencia civil pacífica en contra del amor y demás perversiones. Pero al final quienes aun me lean, ya saben cuál es mi posición al respecto: el amor es un producto social, no existe o si existe, nosotros los mortales no podemos conocerlo; ya todo lo demás es pura payasada sentimentaloíde inventada por psicólogas gordas y muy feas que escriben los test de Cosmopolitan.

P.S. 2 La falta de tiempo y de motivación para escribir también fue la causante de que no hiciera un reporte pormenorizado de mi viaje a la ciudad de Oaxaca, que es la onda. A quienes aun no conozcan, les recomiendo ampliamente que vayan a la primer oportunidad porque es una ciudad espléndida, con todo y que las calles del centro están cerradas porque casualmente en este año de elecciones ,al gobernador se le ocurrió remozarlas. Y bueno, aprovechando quiero también agradecer por acá a mi amiga Bety su hospitalidad durante mi estancia por las tierras de mezcal, que también es muy bueno, y si no me creen, ya después pondré por acá algunos registros gráficos de cómo puede cambiar el estado de ánimo de las personas. Por cierto, y a propósito del cambio de ánimo, un saludo por acá también a Mai Mai.

P.S.3 Febrero es un mes de gloria nacional por muchas razones, entre ellas la conmemoración del natalicio de uno de los grandes próceres intelectuales que ha dado este bicentenario país de globos y bicicletas: o sea, yo.