29 feb. 2008

Influenciable

Tiene que ser la edad. Los veintipocos años que cumplí hace unos días comienzan a causar estragos: me he vuelto un chico influenciable.

Sí. Es terrible, lo sé. Pero no puedo hacer nada para cambiarlo… bueno, sí podría, pero no quiero. Eso es lo más grave.

Pero recapitulemos mi vida en un par de líneas para que sea más o menos claro lo que quiero decir en este texto.

Hasta hace poco yo era un chico coherente. Todo razón, lucidez y sensatez.

Pensaba que si se podía preguntar “por qué esto, por qué lo otro”, esto o lo otro, necesariamente debía de tener una explicación. Si la pregunta era correcta, la respuesta tenía que ser verdadera.

Estaba convencido de que los valores universales (amor, felicidad, justicia, equidad), sólo existían como conceptos, o apenas excepcional y brevemente, en la experiencia personal; lo cual entonces los sustraía de su condición universal para volverlos percepciones subjetivas.

Era distante, arrogante (bueno, creo que eso todavía lo soy), mamón (creo que esto también), fatuo (y esto), pretensioso (y esto otro), altivo, anti materia que no da la talla (whatever it means, para saberlo necesitaría preguntárselo a quienes me lo dijeron, pero la verdad no me interesa) y soberbio. En pocas palabras, era un pequeño Mersault al que podían condenar a muerte por no llorar con los finales felices de las pelis románticas o las telenovelas de Televisa.

Sin embargo, desde algunas semanas he notado que mi yo que antes era, he dejado de serlo, para devenir en otro yo que todavía no termina de caerme bien. Me explico.

Hace unos días, de camino a casa, mientras esperaba el cambio en la luz del semáforo, vi a una pareja de ancianos que cruzaban la calle tomados de la mano, y me conmovió pensar en lo afortunados que fueron como para soportarse mutuamente todo ese tiempo.

Luego, otro día, mientras había anuncios publicitarios en el noticiario radiofónico que acostumbraba por las mañanas, cambié de estación al 90.9, que es la estación de la ¡Universidad Iberoamericana! o sea, jelou. Pero el problema no fue ése. El problema es que desde entonces sintonizo esa mendiga estación y me río de las babosadas que dicen los locutores, unos niños pijos, igual de pijos que todos los niños pijos de la Ibero.

Más luego, en la Facultad ¡ya escucho a mis alumnos! Y lo más grave es que pienso que dicen cosas sensatas, no les dejo leer tanto como antes, y el examen que les apliqué contiene preguntas súper fáciles.

No obstante lo preocupante que resulta todo lo anterior, lo que de plano me aterra es que desde hace un par de días he traído atorada en la memoria una canción de ¡Ximena Sariñana! una chica chic que piensa que piensa, y además, piensa que canta.

La cancioncita se llama “Vidas paralelas” y aunque tiene una letra pésima, pues tienes unos arreglos bonitos…




No puede ser.

Quienes han seguido regularmente las estupideces que se han publicado en este blog, sabrán cuál es el vulgarismo que suelo emplear para expresar mi disgusto, sorpresa y angustia. Sí, así es, me refiero al muy sentido:


¡CHALE!

27 feb. 2008

Anarcotabaquismo

Observar sistemáticamente el acontecer político supone la predilección de meter la nariz en todos lados, políticamente hablando, claro está.

Entre los múltiples requerimientos que plantea el análisis político, además del carácter flemático y arrogante del analista, sobresalen: el mínimo conocimiento de las ideologías políticas, del desarrollo de los procesos históricos y políticos que explican por qué una sociedad funciona de una manera y no otra; pero sobre todo, cierto apego a la objetividad a fin de evitar que los juicios de valor influyan en el tratamiento del problema que es objeto del análisis.

En esta ocasión, pasaré por alto todos esos requerimientos -menos el del carácter flemático y arrogante (porque es inherente a mi personalidad)- para poder exponer mi opinión acerca de los excesos que el Estado mexicano, en su proceso de recentramiento en el escenario nacional, está cometiendo en perjuicio de sus ciudadanos, es decir, toda la bola de calderonistas, lopezobradoritas, carlosfuentistas y octaviopacistas que habitamos este pintoresco país de globos y bicicletas.

Mi estimado amigo Luis, que amablemente se fuma las barrabasadas que suelen aparecer en este espacio, me sugería en uno de sus comentarios que abordarse el tema del liberalismo en uno de mis textos.

Con la promesa de abordarlo de forma más detenida en un texto futuro, aquí haré un sucinto esbozo de qué va más o menos el liberalismo, porque está íntimamente relacionado con mi oposición respecto a los proyectos y dictámenes de ley que se discuten -y eventualmente aprueban- tanto en el Congreso federal, como en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Así que si bien el abordaje del liberalismo está relacionado con un tema de política local, el planteamiento de fondo pretende ser general.

La libertad, como se sabe, es una acepción polisémica y polivalente; esto es, que tiene diferentes acepciones y diferentes significados. La libertad como valor puede ser negativa, cuando existe un espacio en el que el sujeto puede actuar de la forma que mejor responda a sus particulares objetivos, o positiva, cuando ese mismo sujeto se autoafirma como amo y señor de si mismo para hacer lo que mejor le convenga.

Como concepto, la libertad puede ser entendida desde diferentes perspectivas, en función del estadio histórico, geográfico, cultural y religioso de cada sociedad. En el siglo XVIII y parte del siglo XIX la libertad fue entendida fundamentalmente como la emancipación del poder absoluto de los monarcas. Antes, durante la Edad Media, la libertad tenía una connotación fundamentalmente escatológica, trascendente: solamente el espíritu podía alcanzar la libertad cuando se liberara del cuerpo, las tentaciones y el pecado, para ir al encuentro con Dios.

A finales del siglo XIX, luego de la aparición del constitucionalismo, la libertad fue entendida fundamentalmente en su acepción política como una garantía respaldada por el Estado a sus ciudadanos. Es decir, como la garantía de que los hombres y mujeres podían creer en lo que mejor satisficiera sus necesidades espirituales e ideológicas privadas, de que podían organizarse para poder participar en la vida política, de que podían decir lo que pensaran acerca los temas y personajes públicos, sin temor a ser perseguidos o castigados.

Pero, fundamentalmente, la libertad fue entendida como la garantía de seguridad para los ciudadanos, de que el Estado no atentaría contra sus derechos y su particular espacio de autonomía individual.

De modo pues, que ser liberal supuso desde esos momentos –y aún antes, pues el liberalismo surge a finales del siglo XVII- vigilar y limitar la actuación del Estado para garantizar la autonomía del ámbito privado en el que los individuos desarrollaban sus actividades cotidianas, así como el acceso equitativo al espacio público, a todos aquellos que decidieran participar en él.

Pues bien, con este breve esbozo de lo que significa el liberalismo, se puede señalar la extralimitación del Estado mexicano en su intento de regulación del muy privado gusto por fumar desarrollado por algunas personas.

En lo personal sólo fumo ocasionalmente y estoy conciente del riesgo que implica fumar, así como del riesgo que implica cruzar una avenida transitada con los ojos cerrados, es decir, del riesgo de que mis decisiones, por muy razonadas que puedan ser, tengan consecuencias perjudiciales para mi y para los terceros implicados, como pueden ser aquellos que aspiren el humo de mi cigarro o los conductores que sufrirían tremendo susto al tratar de no atropellarme mientras cruzo la avenida con los ojos cerrados.

No obstante, ni en uno ni en otro caso, el Estado tendría que reconvenirme porque estoy ejerciendo una decisión personal.

Empero, en el caso de fumar, como se supone un problema de salud pública y una externalidad, en la medida en que su potencial costo –enfermar de cáncer pulmonar- no sólo afecta a los fumadores sino también a los que aspiran el humo que el viento se encarga de dispersar por el ambiente, el Estado está en la obligación de imponer ciertas medidas regulatorias; pero cuidando en todo momento que éstas no alteren el principio de equidad que debe privar en toda legislación.

En la legislación que actualmente se pretende imponer, tanto a nivel local en la Ciudad de México, como a nivel federal en todo el país, para garantizar los “espacios libres de humo de tabaco”, el principio de equidad se ha ignorado y la ley, además de ser absolutamente parcial, punitiva y persecutoria, promueve la exclusión y se extralimita en su intento de regulación.

Quienes por traumas personales o simple y llano afán chingativo se molestan hasta porque las moscas al volar hagan “chrrrsss”, encontrarán en esa legislación carta blanca para su jacobino placer de acusar, discriminar y excluir.

Por otra parte, prohibir fumar en bares, discotecas, billares y cantinas, es como prohibir mirarle las nalgas a las prostitutas que ejercen su oficio en la zona de tolerancia: algo absurdo y estúpido. El Estado pretende tutelar a sus ciudadanos y vigilar su esfera privada.

El argumento que se aduce para sustentar esta violación es el de proteger a los no fumadores de los riesgos implícitos en la respiración del humo del tabaco. Sin embargo, así como a las iglesias se va a rezar, a los gimnasios a ejercitar el cuerpo y a los hospitales a curar las enfermedades, así también a las cantinas se va a fumar, a beber y a charlar sobre pendejadas y asuntos sin importancia. Salvo la reserva del derecho de admisión a hombres con uniforme, animales y mujeres embarazadas, a las cantinas, bares, restaurantes y billares asisten quienes así lo desean.

Pero con la nueva legislación pareciera que se habrá de prohibir la entrada a los fumadores. Si eso no es exclusión, marginación y discriminación, entonces qué me digan qué sí lo es.

Como lo mencioné al principio, yo no fumo, o más bien lo hago eventualmente, pero reivindico el derecho que tienen los fumadores a ser parte de la sociedad y a destruir su vida de la forma que mejor les parezca, ya sea fumando, viendo televisión o contrayendo matrimonio…

Que el derecho de los fumadores, que son una minoría, choca con el derecho de los no fumadores, que son mayoría, es cierto. Pero si sólo se garantizan los derechos de las mayorías no sólo se pervierte el principio de la democracia, sino que también se abre la vía para la tiranía de aquellas, que es el puente directo al totalitarismo.

Cierto también que la libertad de los fumadores no empata con el respeto a los no fumadores. Pero es que en la vida social lo que ánima y confiere dinamismo a las sociedades es precisamente el conflicto entre valores. Y éstos, en tanto absolutos, difícilmente pueden empatar uno con otro. De ahí que se deba buscar un equilibrio entre ellos o, dado el caso, dar prioridad al que se considere más importante.

Convencido de que el respeto a la libertad debe de ser la piedra de toque sobre la que se ha de edificar la convivencia social, y convencido de que los índices de contaminación por CO2 (y otros gases pesados), los conductores ebrios, la programación de Tv Azteca y Televisa, los alimentos con alto contenido de carbohidratos, las películas mexicanas donde salen los hermanos Bichir, las relaciones sexuales sin protección, los discursos incendiarios del peje, los discursos somnolientos del Presidente Calderón, los discos de pasito duranguense (y en general toda la música que escucha el populacho jodido y apestoso), los efectos del calentamiento global, los libros de Paulo Coelho, Monsivais, Fuentes y el resto de las momias vivientes, son más perjudiciales para la salud pública, que el humo del tabaco, me revelo en contra de las pretensiones injerencistas del Estado mexicano, y me declaro anarcotabaquista.

Por el derecho de los fumadores a una muerte lenta, silenciosa y dolorosa que habrá de disminuir muy malthussianamente los índices demográficos:


anarcotabaquistas del mundo, ¡uníos!


P.S A mis habituales, gracias por sus felicitaciones en ocasión de mi cumpleaños. Fueron pequeños detalles con un gran valor afectivo para mi. El festejo será el viernes. Como buenos albañiles iletrados en quincena que somos, mis cuatachos y yo, nos vamos a poner a tomar cervezas en la esquina de Avenida Universidad y Eje 10, por si le quieren caer. Nada más advierto que cuando ya estamos borrachos nos da por cantar canciones de despecho e insultarnos con calificativos tan raros como "popoltiano".

P.S 2 Qué noche tan agradable la de ayer martes. Corría un airecito fresco muy suave.

26 feb. 2008

Octavio Paz y las letras de oro


Octavio Paz, el único poeta mexicano ganador de un Premio Nobel de Literatura en 1990, fue siempre un protagonista de primera línea en la vida política e intelectual del país.

Con su obra, escrita en verso y en prosa, generó diversas opiniones y controversias. Se podía estar o no de acuerdo con él, pero por encima de todo, se le reconocía la lucidez y el valor con los que planteaba y defendía sus argumentos.

Luego de ser un aprendiz de comunista en sus años mozos, Paz por fin encontró su patria ideológica: el liberalismo. Fue un liberal convencido. Como tal, estuvo dispuesto en todo momento a defender el derecho a la expresión de todas las voces, incluso aquellas críticas de su obra.

En lo personal Paz me cae muy mal. Detesto su poesía tan críptica y sus ensayos tan generalizantes, que no obstante, encontraron amplia aceptación y fueron recibidos casi como dogmas de fe, por parte de su pandilla intelectual: los enfant terribles de Vuelta.

Sin embargo, más allá de mi fobia personal hacia el ensayista, está mi respeto hacia el intelectual, hacia el hombre liberal. Después de todo yo también encuentro en el liberalismo suficientes elementos para creer en la posibilidad de una sociedad más dinámica, progresista y culta. Así que aun cuando Paz me cae muy mal, defiendo el derecho a que su nombre sea inscrito en letras de oro, en las columnas del Salón de Sesiones de Congreso General, de la Cámara de Diputados.

A diferencia de la bola de zafios que bajo e disfraz de diputados, van a ese reciento a vivir gratuitamente de los recursos públicos, Octavio Paz fue un hombre de convicciones y de gran valía. No es justo que la mezquindad de las bancadas partidistas integrantes de la actual legislatura, se opongan a rendirle homenaje al autor de El laberinto de la soledad, que con todo y lo parido por Dios que se creía el muy imbécil, se merece estar entre los pocos hombres y mujeres ilustres que ha dado este país de globos y bicicletas.

23 feb. 2008

Paradoja

Cuando somos niños ansiamos que el día del cumpleaños llegue. La fiesta, el pastel, los regalos, los amigos de la escuela. Cumplir años es una de las fechas más importantes del calendario, junto con las vacaciones de verano, la Navidad, el Año Nuevo y el día de Reyes.

Con el tiempo, como es obvio, crecemos. Perdemos la inocencia y junto con ella la ilusión. Surge el cuestionamiento, la reflexión, la angustia soterrada disfrazada de madurez o indiferencia.

La espera se convierte en impaciencia y la fe en escepticismo.

Crecer, sin duda, duele.

21 feb. 2008

I ain't got nobody

¡Este video está poca abuela!

Es Julian Peña acompañado del genial Ángel Parra (el bajista con aspecto de enfermo mental) y su trío, interpretando un standard que hiciera famoso Louis Prima: I'm just a gigolo.

Por cierto, el disco doble La hora feliz es una joya del jazz chileno.



P.S Sí. Soy Puma, orgullosamente de la UNAM.
Mi cumple es el próximo lunes, todavía hay tiempo para ir a comprar el regalo, las cheves y la botana.
Para escuchar bien el video es preferible ponerle pausa a la playlist. Digo, es sugerencia, si no quieren, pues no.

19 feb. 2008

Sonrisa

Después de un sombrío fin de semana, la goliza de 4-1 propinada por los gloriosos Pumas de la UNAM a los Jaguares de Chiapas, me devolvió la sonrisa al rostro.



P.S 1 El conflicto que viene.

Con la declaración de independencia de Kosovo y el reconocimiento de la misma por parte de las principales potencias integrantes de la Unión Europea, parece que estamos ante el umbral de un nuevo episodio de confrontaciones nacionalistas y separatistas en Europa oriental.

Si a esa situación se le agrega la reticencia de Rusia respecto al reconocimiento de la independencia la otrora provincia serbia, el protectorado que ha ejercido la OTAN desde mediados de los noventa sobre Kosovo y las fricciones que ha provocado con el gobierno ruso, la posibilidad de instalar un escudo anti misiles en algún país de su área de influencia, están dados los ingredientes para un conflicto que podría escalar a dimensiones realmente preocupantes.

Ojalá que impere la política.

P.S. 2 Más sabe el diablo por viejo…

Independientemente de que despierte las más contrapuestas opiniones (en lo personal me cae muy bien), hay que reconocer que Fidel Castro, en el punto culmen de su senilidad, aun conserva la lucidez política que lo ha convertido, sin duda, en uno de los grandes personajes políticos de la historia.

Anunció que renuncia a la jefatura del Estado cubano. Ahora sí, la cosa se va aponer buena, considerando que la reacción en Miami se está afilando las uñas para intentar a adueñarse de la isla.

16 feb. 2008

Perturbador

De ordinario no le reconocemos a la vida el enorme valor que tiene.


Aunque parezca una obviedad, pasamos el tiempo ocupados en vivir y estamos tan habituados al proceso vital, que posiblemente hace mucho tiempo dejó de parecernos fascinante.


Sin embargo, hay ciertos momentos, infames quizá, que nos hacen apreciar nuevamente la vida con todo lo que lleva implícito.


Hoy por la tarde uno de esos momentos infames me produjo tal perturbación y sentimiento de angustia y tristeza, que realmente le agradezco a Dios estar vivo.

Mientras conducía por la carretera, de regreso a la ciudad, presencié un accidente automovilístico impactante por la magnitud y por la tragedia: cuatro muertos.

Desafortunamente en el tiempo que tengo conduciendo por las carrereteras he visto muchos accidentes, e incluso yo mismo estuve involucrado en uno hace cosa de dos años. Sin embargo nunca había visto uno tan fatal e impresionante como ése que vi hoy.

Talvez fue porque cuando pasé por el lugar recién había sucedido y apenas se aproximaban los servicios de emergencia. Talvez fue porque los tres automóviles involucrados quedaron hechos añicos, con sus partes regadas por ambos carriles de la carretera. O talvez -posiblemente eso haya sido- porque vi los cuerpos inertes, tendidos sobre el asfalto, bañados en sangre; o prensados entre los fierros retorcidos.

No lo sé. Pero fue una impresión tan fuerte, que aun ahora, después de tantas horas, no he logrado recuperarme.

Todo el camino vine pensando en las familias de esas personas, en sus mamás, sus hermanos, sus esposas, sus hijos. Ellos son los que van a sufrir cuando se enteren que la imprudencia de alguno de esos conductores hizo que 4 de 8 o 9 personas involucradas, hallan fallecido.

Sin embargo, conservé el aplomo y unos kilómetros más adelante, paré en una capilla donde encedí una veladora que, según la fe en la que crecí, ayuda a sus almas a encontrar el camino correcto hacia la salvación.

Ojalá que así sea.

Cuando llegué a casa, llamé a mi mamá y le dije lo que casi nunca le digo, ni a ella ni a las demás personas que quiero: que la amo.


P.S. No sé por qué siempre que digo que no creo en la existencia del amor, me miran como hereje, o en forma condescendiente; como si fuera un extraviado o un retrasado mental.

No creer en el amor no significa que haya renunciado a los placeres carnales del mundanal ruido.
Además, aclaro, que lo que es objeto de mi incredulidad son todas las cualidades del ideal del amor, porque todas apuntan a la perfecciòn y nosotros, los humanos, somos imperfectos; luego entonces no podemos aprehender algo perfecto.

Por lo demás, disfruto de estar con las personas que me quieren y que quiero. Aunque algunas en estos momentos andan en el norte del país: la Caro y la doctora.

14 feb. 2008

Proust

Alguna vez Valentin Louis Georges Eugène Marcel Proust (otro pensador con nombre de galán de telenovela), dijo que el amor era como las maldiciones de los cuentos de hadas, es decir, que su duración dependía de la duración del hechizo.

Mucho tiempo después, Frederick Beigbeder, otro francés, dijo con relación al amor, que los cuentos de hadas sólo existían dentro de los cuentos de hadas porque la realidad era mucho muy decepcionante.

En lo personal pienso que el amor en si mismo no existe, o si existe, nos está vedado a los falibles, viscerales y punitivos seres humanos, conocerlo en este mundo. De manera que sólo queda la esperanza, la fe en que allende la muerte, lo que aquí sólo conocemos como idea, allá, en ese espacio etéreo donde habrá de levitar el espíritu, habremos de conocerlo en su esencia.

Y no. No se trata de una suposición producto de la decepción, la amargura o la nostalgia. No si sé si sea claro, pero yo ya me entiendo. Se trata de una conjetura que en el fondo apunta a la epistemología, e incluso, a la teología. A la charitas deus est.
Finalmente, por paradójico que pueda parecer, aunque pienso que el amor no existe, creo en su posibilidad porque alguna vez vi su rostro.

12 feb. 2008

Acerca de la gobernabilidad

La ciencia política, como el resto de las ciencias sociales, no está exenta de las tendencias y las modas académicas, que portan consigo su respectivo marco conceptual.

El concepto gobernabilidad seguido del adjetivo “democrática”, tuvo su época de auge en el léxico de la política hasta hace apenas algunos años, cuando fue desplazado por una variante más literal de la traducción de la voz inglesa governance, es decir, por la gobernanza.

A su vez, ambos conceptos eran prácticamente poco empleados en los países de habla hispana, hasta antes de la década de los noventa, cuando el vocablo empleado para designar la capacidad del gobierno constituido respecto a la capacidad de generar consensos, mantener su legitimidad y ejercer eficazmente el poder político, era el de gobernación. Antes, hacia 1975, Samuel Huntington, Michel Crozier y Joji Watanuki habían escrito The crisis of democracy: report on the governability of democracies to the Trilateral Commission, donde emplearon por primera vez el término con la connotación con la que se le emplearía más tarde.

En efecto, a principios de los años noventa una nueva realidad política se estaba configurando en diversas regiones del mundo. En Europa del Este la caída del muro de Berlín significó el derrumbe del mundo socialista, que se confirmaría apenas un par de años más tarde, en 1991, con la disolución oficial de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En América Latina, diversos países del Cono Sur que habían padecido el yugo de las dictaduras militares, iniciaban el tránsito hacia regímenes democrático-liberales, en un contexto marcado por la urgencia de emprender medidas de ajuste económico, con la finalidad de sanear las finanzas públicas y asegurar la viabilidad de los nuevos gobiernos, electos democráticamente.

Esta situación exigía capacidad y habilidad política para construir acuerdos y consensos entre los diversos sectores sociales, a fin de que las medidas de ajuste que debían ser implementadas, contasen con el respaldo y la legitimidad del conjunto de la sociedad.

Tal fue –grosso modo- el contexto histórico en el que se comenzó a hablar de la “gobernabilidad democrática”, expresión que en si misma es redundante, pues la gobernabilidad al pretender como objetivo principal la construcción de consensos en torno a las decisiones del gobierno, es necesariamente democrática.

Ningún acuerdo generalizado puede obtenerse por la vía de la coerción.

La gobernabilidad está relacionada con uno de los tópicos clásicos de la filosofía política, que es el del buen gobierno. Un buen gobierno es aquel que ejerce con eficacia el poder político, que mantiene el orden y la cohesión social antes que por la fuerza –que debe de ser siempre el último recurso- por la habilidad política, la toma de decisiones acertadas y la eficaz administración de los medios y los recursos empleados para transformar aquellas decisiones en programas de gobierno y cursos de acción política.

Los factores que determinan la gobernabilidad en un Estado están en función de la capacidad del gobierno para formar una agenda de debate de temas públicos con los otros interlocutores institucionales, es decir, las cámaras legislativas, los niveles estatal y local de gobierno, los partidos políticos y grupos de interés; así como por la dinámica de las estructuras sociales y económicas que sostienen al propio Estado.

Difícilmente un solo actor político o social puede afectar la gobernabilidad de un país, a reserva de que cuente con una amplia red de respaldo social, político o económico, como fue el caso, por ejemplo, de las guerrillas colombianas durante los años ochenta y noventa o como es el caso de actores extra institucionales como las grandes organizaciones delictivas, relacionadas con el narcotráfico y el lavado de dinero.

De hecho, en la coyuntura que enfrenta el Estado mexicano no existe ni un solo actor institucional que represente un riesgo para la gobernabilidad. En cambio actores extra institucionales hay por lo menos dos: las bandas de narcotraficantes y la guerrilla que opera al sur del país, la cuale han demostrado que siendo un grupo pequeño, cuentan con la capacidad logística para sabotear la infraestructura estratégica de México.

Aunada a estos factores está la dinámica económica, que en el corto plazo muestra un escenario de desaceleración del crecimiento y el desarrollo, además de una profundización de la brecha de distribución del ingreso.

El claro ejemplo de lo que no debe de ser México, a fin contener el potencial estallido de la ingobernabilidad, es Colombia. Ése país sudamericano representa una importante lección para el Estado mexicano, en el sentido de evitar que el narcotráfico establezca alianzas con grupos políticos subversivos como las guerrillas y con los altos mandos policíacos y militares, tal como sucedió en aquél país durante los años ochenta y noventa, y como parece que comienza a acontecer de forma alarmante en algunos estados del nortey noreste de México.

En fin, quisiera ganar en precisión lo que no he ganado en extensión. Sin embargo soy conciente de que el tratamiento de estos temas generalmente resulta aburrido y es en cierta medida excluyente debido a su carácter local, que limita las posibilidades de emitir una opinión a los lectores de otras latitudes.

Así que aquí concluyo mi explicación del significado del establishment y la gobernabilidad.



P.S En forma harto desconsiderada utilicé la expresión “aggiornamiento ideológico”, que está construida con la conversión en adverbio del verbo aggiornare, actualizar, poner al día. Básicamente aggiornamiento ideológico alude a la etapa de actualización de los planteamientos ideológicos de las izquierdas europeas, que tuvo lugar durante la década de los setenta.

Una disculpa sentida.

8 feb. 2008

Acerca del establishment

La respuesta que ofrecí en el texto anterior a la pregunta planteada por Elisa, bien podría ser satisfactoria y concluyente. Sin embargo, considero que como observador atento y sistemático del acontecer sociopolítico, debo de ofrecer una respuesta más amplia, que sitúe el problema o fenómeno coyuntural objeto del análisis, en un contexto más amplio, tanto en terminos históricos como conceptuales.

En ese sentido, he aquí la contextualización del problema planteado en la pregunta de Elisa, a quién, por cierto, agradezco haberme recordado que en este espacio también puedo escribir como politólogo y no sólo como un simple cuenta cuentos.

* * *

Los orígenes históricos del establishment político, entendido como el conjunto de actores –individuales y colectivos- que participan en torno a la dinámica decisoria del poder político, se remontan al periodo de formación de los Estados nacionales, entre los siglos XVI y XVII, en Europa.

En aquella época, la concentración del poder requería además de la unificación y control territorial y la integración de un ejército nacional, la conformación de un sector social especialmente dedicado a la gestión de los asuntos públicos, a influir en las decisiones del Rey y de sus ministros. Ése sector se concentró fundamentalmente en las cortes, ya fuera bajo la forma parlamentaria, como en el caso inglés, donde participaban los lores y los comunes, o bajo la forma de los estados geneales, como en el caso francés.

Las cortes no sólo eran espacios de deliberación e influencia en las decisiones tomadas por el monarca, sino también espacios de construcción de amplias redes sociales de apoyo, así como arenas donde las tensiones entre los diferentes grupos se dirimían bajo el arbitrio del Rey.

Posteriormente, con el advenimiento de las experiencias republicanas, las cortes se disolvieron y los parlamentos y asambleas deliberativas tomaron su lugar. La alta aristocracia perdió su privilegiada posición en el círculo de influencia en el poder, y éste se amplió a otros sectores sociales en crecimiento, como lo eran los industriales y líderes gremiales.

Ya hacia el siglo XIX, con la aparición de los partidos políticos modernos el establishment dio cabida a los liderazgos partidistas, a la intelectualidad destacada y a la prensa escrita; aunque a ésta última de forma más bien marginal.

Precisamente a finales del siglo XIX y principios del XX aparecieron los primeros teóricos del establishmente, que le otorgaron diferentes denominaciones en función de su particular perspectiva de aquél como objeto de estudio. Así, Pareto y Michels se enfocaron al estudio del núcleo fundamental del establishment, es decir, de las elites gobernantes. Por su parte, Gaetano Mosca ofreció una perspectiva de estudio más amplia al concebir a aquel como una categoría social heterogénea en su composición, pero homogénea en su objetivo, que era influir en el poder político y llegar a ejercerlo.

Más adelante, hacia 1961 Robert Dahl, un politólogo de la Universidad de Yale, publicó uno de los estudios más puntuales acerca del establishment norteamericano: Who governs. Democracy and Power in American City.

De hecho, a partir del estudio de esta obra se puede entender la elaboración conceptual de la “poliarquía”, que Dahl retoma del filósofo político medieval Johannes Althussius, y que apunta precisamente al hecho de que si bien hay un núcleo central de tomadores de decisiones en Estado, hay también varios núcleos u organizaciones que influyen en el proceso decisorio.

Respecto a la composición del establishment, ésta ha sido históricamente masculina. La oligarquía dirigente de los destinos políticos de cualquier estado moderno, es heredera de la larga tradición de misoginia que ha prevalecido en la política occidental, prácticamente desde la época de las ciudades-estado griegas.

Los casos de mujeres activas dentro del establishment hasta mediados del siglo XX son muy pocos. De momento sólo recuerdo los casos de Olimpia de Gouges durante la revolución francesa, y Rosa Luxemburgo y Louise Michel durante el auge del marxismo. Ya en el siglo XX sólo tengo la memoria los casos de Violeta Chamorro en Nicaragua y Margaret Tatcher en Inglaterra.

En México, honestamente, no recuerdo el caso de ninguna mujer protagónica hasta antes de la década de los años noventa. Esto debido quizá a que sólo hasta 1953 se les concedió el derecho a votar. Situación que por lo demás estuvo en consonancia con lo que acontecía en otros países de la región; lo que explica porqué apenas hasta ahora las mujeres están adquiriendo relevancia en la política.

Al ser durante mucho tiempo un grupo minoritario y relegado, las demandas y las exigencias de las mujeres fueron adoptadas como banderas ideológicas y puntos programáticos de las plataformas políticas de los partidos europeos de izquierda, particularmente a partir de los años ochenta.

En México, en tanto, las izquierdas continuaban enfrascadas en estériles debates sectarios acerca de la pureza marxista, trotskista o maoísta de sus militantes y cuadros dirigentes. Esto retardó su aggiornamiento ideológico. De manera que cuando éste llegó, a la par de su unificación a finales de los años ochenta, el costal ideológico se infló demasiado con retórica igualitarista. Pero en los hechos, los espacios políticos de participación para los grupos que decía representar, nunca fueron ocupados por éstos, sino por dirigentes históricos y priistas renegados.

De ahí que la oquedad de su discurso acerca del respeto a la diferencia viniera a hacerse evidente apenas hasta ahora, cuando las mujeres de izquierda han adquirido protagonismo político.

Es preocupante y decepcionante que en el más importante partido que se autodenomina de izquierda, prevalezca la misoginia y el desprecio a la capacidad política y las responsabilidades institucionales que han desplegado algunas de sus militantes.

La situación es todavía más preocupante cuando se observa que a la par de la misoginia, prevalecen el resentimiento y la mezquindad política de líderes destacados y poseedores de una todavía considerable simpatía entre sectores sociales mayoritarios.



Hasta aquí la primera parte de esta respuesta. Ya en el siguiente post intentaré abordar el tema de la gobernabilidad y los factores que la componen.

6 feb. 2008

Respuesta preeliminar

No obstante la respuesta más amplia que prepararé para Elisa, que me formuló una pregunta a propósito del stablishment político, quisiera adelantar un par de líneas en este post.
Political stablishment es una expresión de factoría norteamericana que alude al conjunto de los actores -entiéndase partidos políticos, sindicatos, grupos de interés, medios de comunicación y liderazgos personales- que participan en la vida política de Estados Unidos de Norteamerica.
Posteriormente la expresión se volvió popular entre los politólogos formados en las universidades norteamericanas y se convirtió en un concepto de exportación.
El establishment, también conocido como clase política, está formado por todos aquellos grupos y sujetos que toman parte activa en los procesos decisorios relacionados con el curso de los asuntos públicos.
Generalmente el establishment está ubicado geográficamente en el lugar donde se asienta la capital política de un país, un estado o un departamento administrativo, porque es en ese lugar donde están los mayores espacios e instrumentos de los que se puede valer para participar en la dinámica política.
En el caso del establishment -termino que por lo demás a mi me resulta chocante y sólo lo uso con una connotación despectiva- mexicano hay una carga de misoginia bastante evidente, que se observa no sólo en la calidad de las declaraciones de sus miembros, sino también en la distribución de género del total de los espacios de la estructura de representación del Estado. Muy pocas mujeres participan activamente en la política.
Respecto a la posibilidad de que las declaraciones de un actor político venido a menos en la escena nacional, como es el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, afecten la gobernabilidad del país, baste decir por ahora que ésta va más allá de las declaraciones que hagan los actores políticos e involucra un conjunto mucho muy complejo de factores.
En lo personal encuentro más preocupante para la gobernalidad del país, lo endeble de los sistemas de inteligencia del Estado y los reacomodos que se están generando entre los distintos cárteles del narcotráfico. Pero es cuestión de percepciones. Yo soy politólogo y mi percepción corresponde precisamente a mi (de)formación profesional.
Ya en el siguiente post ofreceré una respuesta tanto más detallada.

4 feb. 2008

Febrero

Febrero ha comenzado desde cuatro días atrás. Aunque me hubiese gustado poner un post el día primero, no me fue posible hacerlo. Entre otras cosas porque anduve hasta el queque de trabajo. Sí, trabajo; por díficil que eso pueda parecer. En tanto la revolución no me haga justicia, continuaré dentro de las estadísticas de los asalariados al servicio del Estado mexicano, levantándome trempano para ir a aplastarme en la silla neumática, detrás de un escritorio, frente a una computadora desde la que esto escribo, en un diminuto cubículo en el que apenas cabemos mi espíritu, yo y unos cuantos libros.

No se piense por esto que no amo mi trabajo. La verdad es que más feliz no podría estar. Hago lo que me gusta, y además me pagan por hacerlo. En fin, que el punto en este post no son mis vicisitudes laborales, sino el mes que corre. Un mes que por muchas razones es importante en nuestro calendario. Es el mes de la Constitución, del Ejército, de la Bandera y de la conmemoración del natalicio de uno de los más grandes proceres intelectuales que haya dado este país de globos, bicicletas, Carlos Monsivaises y Octavios Paces.

Y bueno, como no todo en esta vida puede ser perfecto, Febrero tiene una pequeña imperfección: es también el mes que alberga una de las celebraciones más estúpidas, ridículas y consumistas que hayan inventado las tiendas departamentales, los dueños de hoteles y moteles y los restauranteros. Sí, Febrero alberga el "día del amor y la amistad".

Si existe el Grinch en la Navidad, yo me declaro abiertamente el Grinch en el día de san Valentín, que es -o era- el nombre oficial con el que la Iglesia celebraba a un martir que habría muerto por ahí del 278, en Roma o en Mais.
No deja de causar mórbida curiosidad reparar en que la Iglesia dejó de festejar ese día en 1969, por aquello de la alusión sexual de los últimos dígitos y el simbolismo pagano relacionado con la fertilidad, que desde sus orígenes envolvió a esa celebración.
Como haya sido, lo importante acá es que desde hace algún tiempo por causa de mi Sino maldito o de la simple contingencia, he tenido que padecer el´14 de Febrero más sólo que Adán en el día de las madres. De ahí que haya decidido, igualmente desde hace algún tiempo, emprender una jornada de resistencia civil pacífica en contra de la ridiculez y el esterotipo que ése día se puede percibir por todos lados.
Así que ya en este espacio pondré algunos fragmentos de textos bien interesantes, en los que el denominador común es afirmar que el amor puede ser cualquier cosa, menos felicidad. No por lo menos la felicidad que los medios se han encargado de construir y difundir...
P.S Este año también me tocará padecer solito el 14 de Febrero, pero esta vez será así porque la doctora corazón anda en Torreón