5 ago. 2007

Nashville III

Francamente hoy no tengo muchas ganas de escribir. Ayer sábado, por la noche, fuimos a un bar country y llegamos a las tres de la mañana a la residencia estudiantil.

No sé por qué tengo la extraña sensación de ser un personaje surgido de la imaginación de Roberto Bolaño, el autor de “Los detectives salvajes”.

Ayer Carolina y yo nos enfrascamos en una discusión con dos amigos sudamericanos (un chileno y una argentina) y una amiga española acerca de la existencia de la quesque “filosofía de la liberación”, luego pasamos lista a Hugo Chávez y al panamericanismo de manual de la quesque “izquierda latinoamericana”.

Sin más ni más, Caro y yo quedamos como unos asquerosos conservadores de derecha; aunque a decir verdad, pienso que se trató más bien de un calificativo impuesto por la irritación de que ella y yo los hayamos mantenido a raya durante toda la noche.

Al final terminamos bebiendo una cerveza noruega muy barata y muy embrutecedora, y bailando al ritmo de Eric Church con un grupo de chavos de venían de Virginia.

De hecho, ahora que lo pienso con calma mientras la resaca continúa causando estragos en mi organismo, resulta curioso que cuando menos las esperamos –y, menos aún, las necesitamos- las oportunidades de conocer personas interesantes y atractivas se multiplican.

Es como si esas personas pudieran percibir alguna especie de feromona del compromiso, que paradójicamente les resulta más seductora que la del “háganme caso, estoy disponible”.

Hace un rato hablaba de eso con Carolina, que estuvo a punto de ligarse a un cowboy sacado de un comercial del Malboro World. Y es que acá entre nos, la Caro si está como para darle de comer aparte, pero tiene el pequeño defecto de ser intelectual, y, para más señas, filósofa; lo que la vuelve demasiado exigente y cortada con quienes no utilizan su palabra favorita “transontológico” (whatever it jeans).

Aunque ahora quisiera jalarme de los pelos y darme de topes en la pared, creo que resistí estoicamente las tentaciones de la carne… y es que era una carne que ¡ay Dios!

En fin, en fin, como lo escribí al principio, hoy no tengo muchas ganas de escribir. Y como me hace falta un poco de aire fresco, la tarde está muy agradable y soleada, me voy con Carolina a caminar un rato por el downtown.

4 comentarios:

luz dijo...

con que caro por aki y caro por alla no??

que se me hace que algo andas tramando malvado!!! jiji

escribes super padre hasta parece que estoy por alla contigo

cuidate mucho y espero verte de vuelta cuando empiecen las clases...

besitos

manijeh dijo...

Creo que la cruda es tu castigo divino por solo sentirte tentado, si piensas así pues ya no pasará nada grave jeje. Saludos!

aLdO® dijo...

Que tal!

Se me hace irónico que cuando iba a la escuela no tenia tiempo libre, ahora son vacaciones y tengo menos, por esa razón es que no me habida dado una vuelta por acá pero hoy que me soltaron tuve chance de ponerme al corriente.

Espero no se ofenda pero para mi que a usted le gusta la Caro.
Respecto al post anterior por lo cuenta se nota que es una universidad de las buenas, y que mal se siente extrañar los inigualables tacos contaminados

Nos leemos pronto.

*Sofia* dijo...

"(...)pero tiene el pequeño defecto de ser intelectual, y, para más señas, filósofa"
No podes decir eso.
Por favor no!