29 ago. 2008

Un desliz de frivolidad

Durante mi ausencia en este espacio sucedieron muchas cosas de las que me hubiera gustado escribir en su momento: la inauguración de las Olimpiadas de Beijing (que se asemejaron al pique de las fiestas de 15 años entre las familias rivales de una misma calle, de una colonia popular, pero en este caso entre China y Estados Unidos); la invasión rusa a la provincia georgiana de Osetia del Sur (en la que yo estoy del lado de los rusos, que quieren parar los planes militares norteamericanos); la absurda e infantil discusión entre los radicales de un lado y del otro, acerca del uso de la minifalda (que la verdad me parece que es un derecho bastante defendible de las mujeres, toda vez que nos regala bonitos momentos de esparcimiento visual); y la atención al clamor de justicia y seguridad hecho por la única clase social que es escuchada en este país, es decir, la clase pudiente y pudorosa (no por nada es panista).

Más adelante escribiré sobre algunos de estos temas. Pero por el momento quiero permitirme un desliz de frivolidad con estas imágenes de las que, a mi juicio, son las mujeres más bellas que participaron en las Olimpiadas.

Sé que Yelena Isinbayeva es un ángel, que sus ojos son celestiales y que su sonrisa simplemente derrite. También sé que Leryn Franco fue digna representante de la belleza latina, aunque no precisamente una buena lanzadora de jabalina.


Yelena Isinbayeva, un ángel.

Leryn Franco... para la maldad.

Sin embargo, sin embargo, es María del Rosario Espinoza, la chica que ganó la medalla de oro en el Tae kwon do (que por cierto es un deporte terriblemente aburrido para ser visto en televisón), la que se robó mi cora… chale, iba a escribir corazón, pero sonaría muy ridículo, considerando mi temple flemático. Ella es, pues, la que se robó mis suspiros. Sé que no hay punto de comparación con las otras dos. Pero María tiene un no sé que, que qué sé yo, que ay ay ay. Simplemente me gusta su sonrisa, su mirada y, desde luego, su espíritu de lucha.

Chayito. ¡Ah! Chayito.



Y bueno, eso confirma que a mí me siguen gustando feas, para que no me las bajen… o se larguen a más de ochocientos kilómetros al norte del país… en fin, en fin. Que me gustó la Chayito y me “cai” (o sea, me lo propongo) que la voy a ir a buscar al pueblo ése olvidado de la mano de Dios en el que vive, nomás para pedirle que se case conmigo.

Chale, supongo que esto es todavía parte de las consecuencias de la resonancia magnética… ni modo, así pasa cuando sucede.

2 comentarios:

M.S dijo...

Dr. qué gusto tenerlo de regreso. Aunque no lo he visto en la Facultad.

En fin, ya platicaremos.

Cuídese mucho, y recuperese rápido.

Mauro

Elisa dijo...

Nunca dejas de sorprenderme, se ve que las de Sinaloa te traen loco eh.
Solo ten cuidado cuando vallas a buscarla, ya que tu mismo has comprobado que esas tierras del Pacífico son peligrosas.
Por cierto, me invitas a la boda.
Saludos
Elisa.