1 sep. 2008

Mes patrio

Ha comenzado Septiembre, el mes en el que, quienes nacimos en México, acostumbramos recrearnos en nuestro chovinismo simplón resumido en la resignada pero siempre consoladora consigna del “¡Viva México cabrones!”; mes en el que conmemoramos nuestras leyendas nacionalistas, cada vez menos creíbles y seductoras ante los ojos y las mentes de las nuevas generaciones de mexicanos, que han perdido la capacidad de asombro y de identificación e integración colectiva, como parte de una nación, y menos aún, de una nación como la mexicana que siempre pierde en los mundiales y en las olimpiadas.



Todavía en mis tiempos de estudiante del sistema básico de educación, bajo la tutela de los últimos gobiernos priístas, parecía verosímil y épica la historia de Juan Escutia, el “niño héroe” que se lanzó envuelto en la bandera nacional desde la torre del alcázar del castillo de Chapultepec -una construcción situada en lo alto de una loma de unos 200 metros de altitud- para evitar que ésta fuese mancillada por los soldados del ejército norteamericano, que habían invadido el país so pretexto del reclamo de una deuda vencida, contraída por el gobierno de Benito Juárez, otro gran icono de la historia patria.

Hoy en día, sin embargo, entre los niños del nivel básico de educación la otrora gesta heroica de Juan Escutia es una tomada de pelo. Un cuento difícil de digerir sin antes haber pasado por elementales cuestionamientos de sentido común. Es que ¿por qué alguien se arrojaría a un acantilado nada más por un pedazo de tela? ¿no era más fácil que la escondiera? ¿o que se echara a correr?

Lo más grave es descubrir, en la otra parte de la historia de los “niños héroes” de Chapultepec, que ahora ya se cuenta, que el acto de autoinmolación de Escutia fue en vano, porque los gringos ganaron la batalla, tomaron el castillo y colocaron su bandera en el alcazar.

En fin, que si he escrito esta breve apostasía nacionalista es porque la ocasión lo amerita. En este mes los mexicanos conmemoramos diversos actos históricos que cristalizaron en la independencia del país respecto a la corona española, a principios del siglo XIX. Desde entonces hasta la fecha han transcurrido 198 años de vida independiente; de los cuales más de 90 nos los hemos pasado enfrascados en confrontaciones intestinas para formar, primero, la nación, un poco después al Estado y sólo hasta el último, un proyecto de nación que ha sido el pretexto para volver a confrontarnos internamente, tratando de definir por la vía de la violencia cuál debería ser el rumbo que tendría que tomar el país mientras que otros países tranquilamente nos han rebasado y nos han dado la vuelta completa.

Producto del lirismo chovinista de quienes escribieron la historia, esto es, de quienes triunfaron en las disputas intestinas; así como de la mala salud de los años avanzados de don Porfirio Díaz (que había nacido un 15 de Septiembre) que le impedían levantarse en la madrugada del día 16, para conmemorar el llamado a la insurrección con el que dio inicio al movimiento independentista el cura Miguel Hidalgo, en el año de 1810, el “grito de independencia” que suelen dar las autoridades constituidas en el balcón de los edificios públicos, tañendo una campana y ondeando la bandera, es un acto festivo, colorido y sí, romántico. Ése día todos los que somos mexicanos gritamos “¡Viva México!”. Pero ése grito nunca antes como ahora carece de todo sentido.

Y aquí voy de aguafiestas y amargoso.

A casi 200 años de vida independiente, en México no tenemos gran cosa que festejar.

Ironía de la vida o maldición de la historia, ahora que logramos arribar a la democracia casi nos quedamos sin nación y el Estado está al filo del colapso. Esto porque el consenso y la fuerza, que son los elementos básicos que definen al Estado como tal, están severamente atrofiados en México. El consenso es muy débil y la fuerza es precaria. La paradoja es que mientras en una democracia quienes determinan la voluntad colectiva son las mayorías, en México éstas son débiles, están dispersas y son indiferentes; situación que es aprovechada por minorías bien organizadas, cohesionadas y con intereses definidos que las han avasallado.

A 200 años de vida independiente no hemos podido salir, como país, de las medianías del desarrollo y de la mediocridad. Somos los del “ya merito”, del “por un pelito de rana” que miran siempre con suspiros de resignación cómo los otros han conseguido en mucho menos tiempo lo que nosotros mismos no hemos conseguido en casi dos siglos.

Pero también somos los de los pretextos y las justificaciones creativas, pues al fin y al cabo “qué tanto es tantito”. Así que este 15 de septiembre, sin importar la supuesta indignación y el hartazgo que se demostró en ése acto tan valeroso y lleno de civismo que fue encender una velita el fin de semana anterior, como una forma de protesta artera y pacífica en contra de la inseguridad y la violencia (Gandhi, muérete de la envidia… perdón, ya estás muerto), seguramente iremos al zócalo de nuestra respectiva localidad, a hacernos una chaqueta mental colectiva gritando orgullosos “¡Viva México!” cuando todos sabemos en realidad que México está enfermo, agotado y extraviado.

Ya en los días siguientes escribiré aquí algunas de las razones que me han traído a este estado de decepción nacionalista; y si es posible trataré de hacerlo como politólogo, es decir, con cierta objetividad y también con cierto estilo aburrido y medio académico.

Así que para los lectores anónimos que hayan sobrevivido a mi prolongada ausencia del mes anterior, que no gusten de complicarse la existencia, ni de pensar en cosas de las que deberían ocuparse otros; así como para los lectores que no sean mexicanos y que les importe un rábano lo que sucede en este país, pues en los días siguientes podrán evitar la visita a esta paginita, que si ordinario no es interesante, lo será aún mucho menos.


P.S O sea, qué onda con McCain. A la gobernadora de Alaska, con todo y que es muy guapa y que tiene porte de actriz porno de Hustler Tv (me han contado, no me consta), no la conocían ni en su casa. Ahora ¿con qué argumento puede decir el papá de Steve Martin que Barack Obama carece de experiencia?

P.S 2 Si alguien fue (en el nombre del cielo) a pedir posada a la marcha en contra de la inseguridad y se sintió herido en su susceptibilidad por mi comentario, le pido una disculpa. Yo no fui; preferí guardarme en casa. No fuera siendo que de regreso me asaltaran en el metro, o me secuestraran al entrar en el edificio donde vivo. Además las pelis de Cinemax
estaban re buenas.

Sólo espero que ése mismo alguien realmente sea un ciudadano de tiempo completo y no sólo de ocasión, de ésos que a falta de tiempo para asistir a las marchas de los sindicatos –que siempre son en horas laborales- aprovechan la ocasión para ir a dar un paseo por Reforma y avenida Juárez.

2 comentarios:

M.S dijo...

Dr. Zúñiga, no me extraña su decepción nacionalista, como usted mismo la llama. Lo que me extraña es que se haya cambiado de coordinación a RI para tener alumnas guapas.

Como sea, se le extraña entre los colegas.

Lo único bueno es que por fin se libró se del pesado de Cantera.

Cuídese y ojalá que su decepción pase ante del 15 de septiembre, porque ése día como es tradicional, hay que ponernos ebrios.

Anónimo dijo...

Hola que tal!
No te pregunto ni como estas pues se nota, pero me da gusto que regreses a este tu espacio. Que aunque medio crudo; eres realista. Mmmmh, pero bueno recuerda que siempre hay una esperanza de que algo cambie. o un nuevo amanecer? . Laura