13 feb. 2009

Las falacias del amor

Y seguimos con la jornada de resistencia civil pacífica en contra del amor. En esta ocasión le toca el turno a un espléndido estudio realizado por Roxana Kreimer, Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, de cuya existencia me enteré gracias a Carolina Dosetti, que goza en su alma al restregarme su culteranismo.

Kreimer es fundadora de la Escuela Argentina de Filosofía Práctica, que quien sabe qué demonios significa, pero que más o menos se dedica a acercar a la chusma palurda hacia los desarrollos filosóficos más densos a través de estudios sencillos y ejemplos prácticos.

De hecho es una de las pocas mujeres (y hombres) que han demostrado que el estudio de la filosofía puede ser un negocio rentable, pues hace algún tiempo echó a andar un proyecto conocido como “cafés filosóficos”, que consiste en organizar comidas o cenas en un lugar muy ameno, con el objetivo de presentar a algún académico que desarrolla un tema perteneciente a alguna de las ramas del saber filosófico, como la ontología, la epistemología o la axiología.

Como sea, el punto es que en esta ocasión quiero presentar algunos fragmentos de “Las falacias del amor”, una de las investigaciones quizá más conocidas de esa filósofa argentina de ascendencia judía.

Falacias del amor es un estudio muy puntual acerca de las concepciones que han surgido alrededor de ése sentimiento a lo largo del proceso evolutivo de la cultura occidental.

Es un libro muy bueno y ampliamente recomendable; está un poco carito porque está publicado en Paidós, pero vale la pena leerlo.

Aquí pues, unos fragmentos de Falacias del amor:

“En Occidente ha prevalecido una concepción irracional sobre el amor. Curiosamente éste fue uno de los aportes más significativos de los antiguos griegos —fundadores de la cultura racionalista— a nuestras formas contemporáneas de entender el amor, y también una de las tantas razones por las que se ha establecido un nexo tan estrecho entre amor y sufrimiento. A diferencia de los hindúes, de los chinos o de los japoneses, los griegos no entendieron al amor como una virtud a ser cultivada sino como una enfermedad, como una forma de locura que, aunque muy dulce, puede destruir todo lo que una comunidad e incluso el mismo amante, valoran. El amor no fue considerado un arte, una práctica que se enseña, se aprende y se perfecciona, sino un mecanismo irracional, espontáneo, no intencional e inducido desde el exterior —mediante las flechas de un dios caprichoso— que deja al individuo inerme, a merced de fuerzas completamente externas a sí mismo.

La concepción hegemónica que hemos heredado de los griegos identifica al amor como una forma particular y breve de éste que conocemos como enamoramiento, una exquisita efervescencia con pronta fecha de vencimiento, basada en la idealización y en la ausencia del ser amado. Esta noción ha dado lugar a una recurrente falacia en el discurso amoroso, la de la ambigüedad que supone el uso de la palabra amor con sentidos diversos a lo largo de un mismo razonamiento…

(...)

“Entender el amor como un sentimiento espontáneo y repentino (tal es la concepción del flechazo), y no como una relación que se construye a lo largo del tiempo, supone el desarrollo de altas dosis de idealización, en particular por parte de las mujeres, que aún son más educadas para el amor que los hombres.

(…)

Amar la búsqueda del amor
La concepción platónica del deseo como ausencia —según la cual se ama fundamentalmente cuando se carece del sujeto amado o de sus cualidades dignas de amor—, profundizada por el cristianismo, el amor cortés medieval, el romanticismo, el psicoanálisis y la sociedad de masas contemporánea, favoreció la concentración del interés en el periodo de la conquista. Amaríamos más la búsqueda del amor que el amor en sí mismo.

(…)

El orgullo de sufrir por amor
El Romanticismo consagró la infelicidad como destino del amor. Madame Bovary, la novela realista de Flaubert, describió la infelicidad de la mujer burguesa educada en el romanticismo, y fue una historia arquetípica en la descripción los efectos indeseados que la “educación para el amor” (bovarismo) suele tener en gran cantidad de mujeres. Flaubert valora el amor-pasión en su justo límite: no lo juzga omnipotente e incluso lo desmitifica por la frecuencia con que conduce a la desdicha al abrevar en ausencias, idealización y expectativas desmedidas.”

(…)

El amor en los tiempos del consumismo
Parte de la cuota necesaria de sufrimiento que implica el amor se vincula con el hecho de que, como individuos modernos y occidentales, debemos elegir por nuestra cuenta a la pareja con la que compartiremos gran cantidad de momentos de nuestra vida. Como sujetos modernos, estamos librados a nuestras propias fuerzas.

Reflexionar sobre el amor constituye un verdadero desafío en momentos en que los cambios científicos se tornan vertiginosos, cuando es posible escindir por completo la sexualidad de la reproducción, cuando los métodos de fertilización asistida plantean cambios que apenas alcanzamos a vislumbrar, cuando asistimos a cambios sustanciales como la disolución de un modelo de familia centrado en la crianza de los hijos.”
Kreimer, Roxana, Falacias del amor, Paidós, 2005

1 comentario:

Anónimo dijo...

Éste mensaje es única y exclusivamente para desearte un Feliz día de "San Valentin"... Aunque honestamente por éstos lares tenemos otras costumbres con respecto al día del "amor y la amistad", pues mientras en el resto del mundo lo celebran en éste día, nosotros nos dedicamos a celebrarlo en Septiembre...

La verdad no sé que tiene de especial recordarle a las personas que son especiales en un día específico como hoy, pero bueeeno, tú que tanto crees en el amor, y que de vez en cuando aceptas que es en cierta medida, seguir las costumbres comerciales que nos invaden la cabeza con sugestiones irracionales, pues ahí te va éste mensajito:

FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍN!!!... jajajaja.

Paola