19 sep. 2009

Heroe

Según información ofrecida por los principales diarios de circulación nacional, Esteban Cervantes Barrera era un hombre de oficio soldador que se dirigía a su casa, en Valle de Chalco, un municipio ubicado al oriente del Estado de México, cuando, a las 5:20 de la tarde del viernes 18 de septiembre, enfrentó heroicamente a un imbécil que bajo el pretexto de expresar su furia en contra del gobierno, había abatido a tiros a un indefenso policía que había intentado disuadirlo de escribir consignas en las paredes de la estación Balderas del metro de la Ciudad de México.

Las imágenes del video difundido la noche de ése mismo día por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal son brutales y provocan reacciones encontradas. Por una parte un sentimiento de angustia y consternación al mirar cómo el asesino dispara sin consideraciones sobre el cuerpo del policía que intentó detenerlo, y por la otra, una mezcla de admiración por el valor de don Esteban Cervantes, quien sin más arma que el coraje y la valentía confronta al homicida tratando de desarmarlo; pero también se suscita un sentimiento de impotencia y tristeza al mirar a don Esteban ahí sólo, enfrentándose en desventaja sin que los otros hombres que están cerca hayan tenido el mínimo de valor para poder ayudarle.

Cierto, desde la comodidad de mi escritorio se antoja fácil superar el miedo a la posibilidad de morir por un disparo y arrojarse valiente a desarmar a un tipo desquiciado; por eso es que el sentimiento de admiración a la valentía de don Esteban opaca a todos los demás, porque muy pocos hombres tienen ése arrojo y esa capacidad de superar el miedo e incluso la conciencia de poder morir, como trágicamente sucedió en este caso.

En la mitología griega el héroe es el personaje que encarna la valentía, abnegación y el sentido del deber. En un mundo, en una sociedad tan descompuesta como la que ahora padecemos, pensé que los héroes ya no existían, pero don Esteban ofrendó su vida para demostrarnos que sí; que todavía existen hombres valientes dispuestos a arriesgarse y romperse la madre por los demás sin esperar nada a cambio. Sólo por esa razón este señor debería de recibir un homenaje y, sin exagerar, servir como ejemplo de lo que debería de ser un buen ciudadano.

Seguramente en una semana o dos ya nadie recordará su nombre y sólo sus familiares lo guardarán en su memoria. Pero lo que hizo este señor es algo que debería de ser recordado ahora más que nunca en este país sumido en la inmundicia del circo político, en la miseria humana de su clase dirigente y en la anomia de una sociedad valemadrista que mira con indiferencia el dolor de los demás.

Desde aquí va mi más sincero reconocimiento, admiración y respeto a don Esteban, a quien ya los medios de comunicación han comenzado a llamar “EL HEROE DEL METRO BALDERAS”, título que merece sin ningún regateo. Dondequiera que esté, sepa usted que habemos personas que lo tendremos en nuestra memoria.


P.S. Por supuesto que otra actitud de heroísmo es la del policía que de frente y sin chaleco antibalas encara al miserable desquiciado para someterlo. A él ya le harán algún justo homenaje en vida.

P.S. 2 Al final, lo que mejor resumiría la actitud de don Esteban es un comentario que a propósito del tema me hizo un amigo que me llamó por teléfono el viernes por la noche: “esos son güevos y no mamadas”.

2 comentarios:

Malinata dijo...

Noticia de última hora: La medalla al mérito que otorga el gobierno federal año con año ya tiene nombre, a partir de ahora se llamará Esteban Cervantes, es verídico, justo y necesario para semejante acto desinteresado.
Por otro lado, al loco maniático, que lo castiguen en el Zócalo a pleno sol recitándole el informe de gobierno por 48 horas contínuas, a ver si así deja de hacer estupideces...
Oops, no, creo que eso sería más escuela que castigo ;)

LicCARPILAGO dijo...

si desmeritar un solo ápice lo realizado por Don Esteban ni con afán de ser aguafiestas hago un llamado a la prudencia mas que a la valentía heróica.

hubo dos o tres valientes que se enfrentaron en oportunidad -también con mucho valor- al loco armado con un revolver calibre .38 especial y recibieron lo suyo, que para el caso podría llamarse suerte de perro o cuasi milagro tomando en cuenta el poder del arma y la distancia de disparo.

no solo el valor visceral y desinteresado como el del Don Esteban sino una mezcla de prudencia cívica y razonamiento personal. Sé que quizá sea pedir demasiado para el calor de los instantes del momento pero retomando el ejemplo de Don Esteban, afortunadamente sus hijos que ya son adultos pueden sentirse orgullosos de el al haberlo disfrutado toda su vida culminandola con un lamentable momento de orgullo... pero ¿y si hubieran sido infantes? la indemnizacion del gobierno les hubiera asegurado un futuro (como el empleo en el metro ofrecido a todos sus hijos) y la imagen paterna? y los mimos, las enseñanzas, los regaños y las caricias? seguramente entenderían con el tiempo el heroicismo de su padre. un nombre que quiza ya todos hayamos olvidado para el momento en el que ellos lo entiendan y pudieran sentirse orgullosos.

Lo digo como papa, como esposo, como hijo, como hermano y tambien como amigo.

Sin duda un Valiente, lo escribo con mayuscula. Sin duda un HEROE, lo escribo todo en mayusculas.
Si tuvieramos muchos héroes como Don Esteban esta sociedad sería distinta... y necesitariamos pantones mas grandes, cumpliendo un par de refranes que me vienen a la cabeza "el valiente vive hasta que el cobarde quiere" y "de valientes y heroes estan repletos los panteones".

Ahora hay que seguir pagando impuestos puntualmente para dos cosas:
1.- dar nuestro granito de arena para la indemnizacion de las familias de los heroes caidos.

2.- mantener vivo al doble homicida desquiciado en un reclusorio.

Por cierto, estos acontecimientos por primera vez en mi existencia me pusieron a favor de la pena de muerte...

perdon por la extension.