29 nov. 2016

Acerca de las huellas

Llego a este espacio como quien llega nuevamente a la casa que dejó hace muchísimos años, cuando por determinadas circunstancias tuvo que alejarse; es decir, vengo a reconocer mis letras, a revisar que todo ha quedado igual desde la última vez que estuve aquí y -parafraseando a Hannah Arendt- a remover el polvo acumulado durante todo este tiempo por la montaña de escombros de lo que fueron aquellos pilares.  

No sobra decir que también llego hasta aquí robándole unos minutos a mi tiempo godinezco (para quienes me leen provenientes de otras latitudes -por extrañas, curiosas y hasta cómicas razones este espacio y su autor son leídos desde otras partes del mundo- lo "godinezco" hace referencia al estilo de vida de los oficinistas que abarrotan los espacios de trabajo de los grandes corporativos en las zonas urbanas, caracterizados por su pusilanimidad, falta de conciencia crítica, frivolidad y precariedad económica), siempre demasiado escaso. 

La razón de esta vuelta es que en días recientes distintas personas, en distintas circunstancias, me han hecho reflexionar acerca del hecho de que mis estupideces no lo son del todo, porque en algo las encuentran interesantes y, en los casos más patológicos, hasta aleccionadoras. 

Y yo que cuando abrí este espacio pensé que nadie lo leería y que mis textos, además de ser un divertimento personal, eran también una forma de terapia para aliviar dolores de juventud que vistos a la distancia de mi chavorruqez (para los de fuera, va la definición; chavo ruco: dícese del individuo de más de treinta años que aun comete las mismas idioteces de cuando tenía veinte) eran puras payasadas que me ayudaban a construir la pose de intelectual incomprendido y pretencioso. 

Ahora que me encuentro con personas que me dicen que me han leído y que les gustaba lo que leían, siento que no soy tan malo en esto del oficio de la escribidera. O quizá sí lo soy y esos lectores son más bien unos legos que no saben diferenciar un artículo de un pronombre; o al revés, son unos refinadísimos intelectuales que saben apreciar la prosa alternativa y las ideas contestatarias. 

Porque lo cierto es que ahora también escribo de manera formal, para un mundialmente desconocido diario local. Pero ahí, por culpa de la editora, no puedo ser tan genuino (mala leche, dirían algunos; insensiblemente socialista, dirían otros) y debo autocensurar mi estilo. 

Como sea, lo importante es que he venido aquí nuevamente como quien regresa al punto de partida. Y en este retorno es inevitable observar a través de las letras el contraste entre el antes y el ahora de mi temas y preocupaciones. 

Antes me importaban tópicos trascendentales como el Ser y la Nada, Dios y el Tiempo; ahora me preocupan las rebajas del Cyber Monday, los informes semestrales, el outfit para el brindis de fin de año y el final de Gilmore Girls en Netflix. 

Antes era pretencioso, ahora soy frívolo. Pero así y todo, intentaré reivindicarme animado por las buenas opiniones que he escuchado recientemente. Porque parece que en algunas personas he dejado alguna especie de huella y les pido perdón por eso. 

No prometo nada. Pero intentaré venir aquí más seguido. 






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