Ya todo lo demás, es decir, el proceso de estructuración de una ecclesia, es un asunto más complejo sobre el que hay una abundante bibliografía, de la que sólo se me ocurre citar aquí Structures of the Church y Christianity: Its Essence and History, ambos de Hans Küng.
Por otra parte, y para finalizar, quisiera señalar que no busco en la reflexión sobre el hecho religioso y sus diversas manifestaciones, respuesta existencial alguna o promesa escatológica de salvación. Por el contrario, antes que inquirir respuestas, prefiero formular preguntas, presentar contradicciones y proponer objeciones que muevan a la reflexión plenamente racional acerca de problemas plenamente humanos, en tanto formulaciones del pensamiento.
De aquí que, desde hace algún tiempo, haya preferido tomar la filosofía como el asidero al cual sujetar mi existencia; pues me resulta más atractivo y desafiante pensar e intentar dotar de un fundamento racional a mis propias acciones, que sustentarlas en presuntas revelaciones divinas contenidas en textos que más bien tienen una marcada impronta humana.
Y cuanto a los dogmas, éstos son consustánciales a toda religión. De hecho existe una relación axiomática entre dogma e institucionalización de la religión, porque sin aquél ésta no tendría un elemento de cohesión para mantener unida a la comunidad creyente.
En el propio cristianismo, la hipóstasis divina, es decir, la participación de Jesús en la divinidad, constituye en dogma esencial que relaciona e identifica –aunque algunos no lo quieran- a todas las confesiones cristianas, porque se trata de la proclamación de que Cristo Jesús es hijo de Dios: el famoso filioque causante de la primera división importante en el cristianismo.
Ahora sí, para concluir, en lo referente al supuesto hecho empírico de la resurrección de Cristo, lamento disentir, pero también se trata de un dogma de fe porque más allá de lo que relatan los evangelios –escritos para la celebración del culto, por y para los propios cristianos- no hay mayor evidencia histórica. Ni siquiera Yosef bar Mattityahu lo menciona en Antigüedades judías; aunque en este punto en realidad existe mucha polémica.
Más aún, algunos tratadistas musulmanes plantean que Cristo no pudo morir de manera tan infame por manos de hombres, precisamente porque era un enviado de Dios (nótese aquí que hablan de un “enviado” de Dios y no del “hijo” de Dios); de manera que lo que sucedió fue que Jesús ordenó que Judas Iscariote se trasmutase en su figura para sufrir los tormentos ordenados por Pilatos. Por lo tanto, según esta versión, Cristo no resucitó sino que reapareció.
Como ésta, hay otra cantidad de versiones y cada cual cree en la que mejor satisface sus necesidades espirituales.
En fin, que, en caso de que los inevitables bostezos no hayan logrado su cometido de conducirlos hacia la somnolencia, quisiera pedir a mis eventuales lectores el favor de su disculpa si este texto les pareció todavía más aburrido que los otros que han leído en este lugar.
Por otra parte, y para finalizar, quisiera señalar que no busco en la reflexión sobre el hecho religioso y sus diversas manifestaciones, respuesta existencial alguna o promesa escatológica de salvación. Por el contrario, antes que inquirir respuestas, prefiero formular preguntas, presentar contradicciones y proponer objeciones que muevan a la reflexión plenamente racional acerca de problemas plenamente humanos, en tanto formulaciones del pensamiento.
De aquí que, desde hace algún tiempo, haya preferido tomar la filosofía como el asidero al cual sujetar mi existencia; pues me resulta más atractivo y desafiante pensar e intentar dotar de un fundamento racional a mis propias acciones, que sustentarlas en presuntas revelaciones divinas contenidas en textos que más bien tienen una marcada impronta humana.
Y cuanto a los dogmas, éstos son consustánciales a toda religión. De hecho existe una relación axiomática entre dogma e institucionalización de la religión, porque sin aquél ésta no tendría un elemento de cohesión para mantener unida a la comunidad creyente.
En el propio cristianismo, la hipóstasis divina, es decir, la participación de Jesús en la divinidad, constituye en dogma esencial que relaciona e identifica –aunque algunos no lo quieran- a todas las confesiones cristianas, porque se trata de la proclamación de que Cristo Jesús es hijo de Dios: el famoso filioque causante de la primera división importante en el cristianismo.
Ahora sí, para concluir, en lo referente al supuesto hecho empírico de la resurrección de Cristo, lamento disentir, pero también se trata de un dogma de fe porque más allá de lo que relatan los evangelios –escritos para la celebración del culto, por y para los propios cristianos- no hay mayor evidencia histórica. Ni siquiera Yosef bar Mattityahu lo menciona en Antigüedades judías; aunque en este punto en realidad existe mucha polémica.
Más aún, algunos tratadistas musulmanes plantean que Cristo no pudo morir de manera tan infame por manos de hombres, precisamente porque era un enviado de Dios (nótese aquí que hablan de un “enviado” de Dios y no del “hijo” de Dios); de manera que lo que sucedió fue que Jesús ordenó que Judas Iscariote se trasmutase en su figura para sufrir los tormentos ordenados por Pilatos. Por lo tanto, según esta versión, Cristo no resucitó sino que reapareció.
Como ésta, hay otra cantidad de versiones y cada cual cree en la que mejor satisface sus necesidades espirituales.
En fin, que, en caso de que los inevitables bostezos no hayan logrado su cometido de conducirlos hacia la somnolencia, quisiera pedir a mis eventuales lectores el favor de su disculpa si este texto les pareció todavía más aburrido que los otros que han leído en este lugar.