21 sep. 2007

De política y cosas peores II (ahora sí)

Debido a que Elisa –a quien no tengo el gusto de conocer todavía- me recordó que a ella sí le interesa leer la segunda parte de mi análisis sobre la coyuntura política nacional, aquí lo publico.


La política y sus instituciones no actúan por si mismas, ni tienen vida propia. Más bien la dinámica de los procesos que ambas suponen está animada por un determinado grupo social, especializado en el tratamiento, análisis y debate de los asuntos públicos (sin embargo, es conveniente precisar que esto no excluye la participación de la sociedad). Ése grupo social es precisamente el de los políticos de profesión.

Si bien éstos conforman subgrupos afines en términos ideológicos, e institucionalizan su organización mediante la forma de partidos políticos que pueden tener alcance local, regional o nacional, su origen es netamente social. Es decir, los políticos surgen de la propia sociedad y al mismo tiempo que desempeñan el papel de protagonistas del quehacer político, también desempeñan otros roles sociales mediante los cuales adquieren y reproducen determinadas pautas de comportamiento, hábitos y tradiciones que ya en su actuación en la esfera de los asuntos públicos se proyectan de forma exponencial.

De manera que los políticos y su desempeño son un reflejo del estado cultural que guarda la sociedad a la que pertenecen. De ahí que sea atinado decir que cada sociedad tiene los políticos que se merece, o el reflejo de lo que en realidad es.

En el caso de México, ha sucedido algo muy interesante, consistente en una especie de desfase cultural y generacional entre la clase política y algunos de los sectores de la sociedad que se muestran más activos, enterados y propositivos en torno a la política. Y, a su vez, se ha abierto una brecha entre estos sectores y el grueso de la población que aun padece los remanentes autoritarios engendrados por más de siete décadas de gobierno no democrático de un solo partido.

Así pues, en esta coyuntura se observa una preocupante fragmentación cultural acompañada de un deterioro del tejido social, que la clase política pareciera acentuar en lugar de intentar contener.

Esto porque una de las principales tareas del entramado institucional de la política, consiste precisamente en procurar la cohesión de los diversos sectores de la sociedad, alimentar el consenso que permite la existencia del Estado y buscar salidas negociadas a la gama de conflictos que entre aquellos sectores se presentan.

La clase política encargada del funcionamiento de ese entramado en nuestro país, ha dejado de lado esas tareas, ha propiciado el debilitamiento del consenso y se ha desentendido de los reclamos y los planteamientos que diversos grupos sociales le han sugerido.

Por tal razón resulta paradójico plantear la posibilidad de reformar al Estado, pues pareciera más bien que las modificaciones legales que se han aprobado en los últimos días, tienen por objetivo disgregar a las partes sustentantes del consenso que lo funda –al Estado-, con la finalidad de que sea únicamente la clase política el único grupo social beneficiado.

Por otra parte, los grupos sociales –pero fundamentalmente económicos- que han resultado afectados por las disposiciones reformatorias de la clase política, poco han abonado al mantenimiento del consenso, y por el contrario, se han dedicado a promover la fragmentación social mediante la manipulación de la información y de la opinión pública.

En el caso de las modificaciones a las instituciones y procedimientos electorales, que se han presentado como “reforma electoral”, ha sido más que evidente la posición disgregadora y de abierta confrontación que han adoptado tanto los diversos grupos parlamentarios del Congreso de la Unión, como los concesionarios de radio y televisión.

No se percibe en ninguna de las dos partes, pero principalmente entre los diputados y senadores, un mínimo de noción de lo que significa el Estado y de la conveniencia de su fortalecimiento.

Salvo una excepción que resulta paradójica e irónica, debido a la filiación y trayectoria política del personaje –el senador por el estado de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, que a la sazón de la reforma dijo, refiriéndose a los concesionarios de radio y televisión, “podrán quebrar a un político o dos, pero nunca podrán quebrar al Estado”- no se ha observado una visión de Estado y un liderazgo comprometido con esta visión y conciente de la importancia del actual momento político para la vida futura del país.

Aunado a lo anterior, el conjunto de modificaciones que se ha pretendido presentar como “la reforma del Estado”, son en realidad reformas muy específicas que en lugar de fortalecerlo, lo debilitan en el proceso de discusión y eventual aprobación de sus modificaciones, adiciones o derogaciones.

Así pues, la pretendida reforma electoral es en realidad una modificación muy puntual al sistema electoral, es decir, a la forma de organizar y administrar la competencia política; que si bien tiene sus aciertos (excluir al menos formalmente a los medios de comunicación de las campañas electorales), también tiene sus riesgos; entre ellos, el excesivo protagonismo de los partidos políticos en la determinación de las reglas bajo las cuales habrán de jugar la contienda electoral; es decir, el riesgo de que se conviertan en juez y parte del juego.

La llamada reforma fiscal –que es en realidad una modificación a la miscelánea fiscal- se encauza en la misma dirección; sólo que con un matiz compensatorio, pues mientras a los grandes consorcios de medios se les excluyó del negocio electoral, en el ámbito fiscal se les dejaron intocados sus privilegios, trasladando, o más bien asignando deliberadamente, su responsabilidad de contribución fiscal a las amplias mayorías ya de por sí sobrecargadas de impuestos y obligaciones para con la hacienda pública.

Aunado a lo anterior se debe considerar también el efecto negativo que tendrán en el corto plazo las alzas de precios tanto en la capacidad de ahorro e inversión de los sectores pequeño y mediano de la industria, como en el control de la inflación por parte de la autoridad monetaria, el Banco de México.

En suma, como se ha podido observar, la lógica subyacente en la pretendida reforma del Estado es aquella que hiciera célebre uno de los personajes de Giuseppe Di Lampedusa en “El Gatopardo”: cambiar para que todo siga igual.




Lluvia y ¿encharcamientos?

La tarde del miércoles una lluvia intempestiva que se precipitó implacable por más de tres horas, nos sorprendió a la gran mayoría de habitantes del sur de la Ciudad de México.

Sin decir agua va –en el sentido más literal de la expresión- repentinamente comenzaron a caer cubetadas de agua del cielo, acompañadas de un fantasmagórico espectáculo de relámpagos y truenos.

A esas horas me dirigía al hospital donde trabaja la doctora corazón, el cual por culpa de una bola de ingenieros y arquitectos irresponsables y carentes de visión a largo plazo, fue construido a lado del “anillo periférico” -la avenida que alguna vez rodeara las afueras de la ciudad- que para esas horas parecía más bien canal de desagüe.

Como tengo la insana costumbre de escuchar los noticiarios radiofónicos vespertinos, sintonicé la estación del reporte vial. Un insensato (por no decir estúpido imbécil) locutor decía que se reportaban “encharcamientos” en el cruce de periférico y viaducto tlalpan. Al escucharlo de plano me dieron ganas de darme de topes en el volante.

Lo que estaba frente a mi, o más bien, en medio de lo yo y otras decenas de conductores estábamos, no era un “encharcamiento”, ¡era una auténtica laguna con todo y olas incluidas! Pero ese idiota desinformado reportaba que eran encharcamientos.

Un encharcamiento es, como su nombre lo indica, un miserable charco que se puede sortear de un brinco, mas no un pinche océano de agua aceitosa de más de 40 centímetros de altura y 10 metros de largo.

Malpensado, aguafiestas y quejumbroso como soy, mientras estaba en ese “encharcamiento” (a quién se le habrá ocurrido tal eufemismo) me pregunté: ¿por qué el carnal Marcelo en lugar de andar haciendo consultitas pendejas sobre temas ecológicos, no promueve un programa para que la gente no tire su basura en las coladeras? o ¿por qué en lugar de haber construido un puto segundo piso que los pobres que decía defender ni siquiera usan, el hijo de su “#%=& madre del peje no le metió esa lana al mejoramiento del drenaje de la ciudad?

Habrán de dispensar los improperios, pero es que ahora sí me dio rete harta muina.


Moraleja de la historia: en esta época de lluvias, no está de más traer una lancha inflable en la cajuela del coche o, en su defecto, una muñeca; la ventaja de esta última es que también resulta útil en otro tipo de emergencias…

P.S. 1. Ya a ver si la siguiente semana pongo aquí el logo del premio al que me hizo acreedor la siempre simpática Manijeh, así como mis respectivas nominaciones. Aunque adelanto que no serán las que se piden como requisito.

P.S. 2 El próximo 24 de septiembre se presentará en el Teatro Metropolitan de la Ciudad de México Jorge Drexler ¡y yo lo voy a ver! Para quien no le suene este cantautor uruguayo, basta decir que varias de sus canciones aparecen de fondo en comerciales de caldos de pollo (Sea y Me haces bien) y de pan (Todo se transforma) y que sin ser pretencioso, rebuscado y de mal gusto como aquel
Serrat del personal de servicio doméstico, mejor conocido como Arj… ¡ése! tiene canciones muy llegadoras que se podrían catalogar como soft pop.

Para comenzar a conocerlo recomiendo escuchar “Todo se transforma” del album "Eco".

4 comentarios:

ELISA dijo...

Muchas gracias por publicar la segunda parte de la política (ahora sí, sin interrupciones) Aunque yo tampoco tengo el gusto de conocerte, para mí es un placer leerte cada que tengo oportunidad.
Qué tengas un buen fin de semana

manijeh dijo...

Hola, solo vine a saludar, ya que no tengo mucho tiempo para leer tu kilométrico post (que si me interesa, lo juro). Lo leeré al ratín que tenga chance.

Y leí tu post pasado del don ese que anda demandando a Dios. Ya lo había visto y sigo creyendo que es un verdadero imbécil. Quiere probar un punto pero de igual manera, no le quita lo imbécil.

MAEL dijo...

Eso es lo que mucha gente no entiende, no podemos mantenernos al margen de las situaciones, en cada problema social hay un conflicto que resolver, da tristeza ver como nuestra gente dice: eso le toca a el gobierno...
venga como simple ejemplo su problema con el charquito ese que se le atravezo de camino al hospital, el gobierno tiene servicio de limpieza y mantenimiento, y que hacemos los ciudadanos? tiramos al fin y al cabo hay trabajadores para limpiar y si estos no hicieron bien su trabajo..#$%& gobierno mejor hubiera arreglado el drenaje en lugar de poner un segundo piso...jajaja (broma medio en serio, espero que usted sea un ciudadano muy consiente ecologicamente hablando)
ahhh y la otra situación que en mi humilde opinión es muy importante...
Se ha dado cuenta usted, (imagino sí) el dineral que han gastado los gobiernos en educacion, los libros, no tienen nada que ver con los que llevé yo en primaria, es un material de estudio muy completo, da tristeza que el gobierno haga lo suyo, que algunos profesores hagan lo suyo pero que haya otros que simplemente desperdician el apoyo, eso es a lo que llamo no valorar lo que se tiene, puede ser que algunos políticos esten haciendo bien su trabajo, algunos ciudadanos también, pero sí, usted tiene razón, hace falta ciudadanos comprometidos, interesados no digamos en su país simplemente en su entorno.
y sí, yo creo que es muy cierto, tenemos lo que merecemos y sin duda es muestra de que México es un país que va avanzando, tal vez a paso lento y cometiendo errores y como usted dice, cabría la frase, cambiamos para seguir igual, pero habría que notar y hacer notar que hay pequeños esfuerzos que nos simplifican la vida a los ciudadanos y que nadie ve, por ejemplo, el excelente servicio que actualmente esta dando la SHCP a los contribuyentes, hay un cambio enorme!!
y una nueva cultura que espero tomé auge, votar por el candidato y no por el partido, cultura de la que humildemente me siento precusora.
porque no escribo?... porque estoy escribiendo mi nuevo proyecto para concurso, recuerda el concurso de cuento, bueno resulte un fraude y bueno pues ahora voy por mi segundo intento.
sin embargo intentare subir algo en estos días.
saludos y mil gracias por acordarse de mi y sí soy su fan, aunque sea usted un chiquillo briago y pelado me divierto mucho cuando lo leo, aveces me pregunto: no me lo pondrán en lugar de Lopez Doriga?...jajaja
saludos y pase un bonito fin de semana, no beba demasiado..
hasta pronto.

Luis dijo...

Hay cosas que te enseñan en el colegio y otras que te las muestra la vida. En el colegio, en la clase de filosofía, nos explicaron que la política era "la dirección racional del destino de los pueblos". La vida es más dura que "la academia" y me queda claro que el concepto de política es sólo una idea flotando en aquel platónico universo de los griegos. Soy pesimista por defecto respecto a la bondad de la naturaleza humana y así como hay actividades que representan lo más elevado la misma, hay otras (mayoría) que ilustran nuestras peores miserias. Y supongo que ya sabéis a qué me refiero. Siempre hay mejores soluciones dentro de las peores posibles y dicen que eso es la democracia. Hay excepciones a las reglas y como dice Drexler (se te olvidó comentar la preciosa "Al otro lado del río" de la película Diarios de Motocicleta, ganadora de un Oscar) todo se transforma.
Como forma de gobierno, sólo creo en la alternancia y en el castigo (electoral, se entiende). Como libertad de expresión, en la "guerra de los medios". No podemos esperar que nadie sea objetivo pero si que exista la pluralidad suficiente para que , a través de la mierda que unos se lanzan a los otros, podamos destilar tus propias conclusiones, seguramente también equivocadas, pero nuestras, al fin y al cabo.
De lo único que la educación debiera preocuparse de verdad es de fomentar el espíritu crítico en la sociedad. Pensar otra cosa, es idealizar al ser humano y éste ya nos ha dado sufientes muestras de que no se lo merece (como género, se entiende). Como digo, existen honrosas excepciones, aunque no se me ocurren muchas.
Un abrazo.