14 sep. 2007

De política y cosas peores (sin interrupciones) I

Aunque a juicio de lo que aquí escribo no lo parezca, soy politólogo de profesión; es decir, observo y analizo los fenómenos políticos desde una perspectiva teórico-metodológica tanto más cauta, sistemática y objetiva que la ofrecida por otras disciplinas sociales y por el ejercicio periodístico. Sólo que como la mayor parte del tiempo pienso, hablo y escribo como politólogo, aquí me doy la licencia de escribir con desparpajo lo que mejor me viene en gana, sin la formalidad que impone el estilo académico (sacando a la luz las otras dos formas en que suelo estructurar mi pensamiento, es decir, la literaria y la sociológica).

Sin embargo, en esta ocasión quisiera escribir como politólogo a efecto de compartir con los eventuales lectores de este espacio, mis apreciaciones y preocupaciones en torno a algunos temas de la agenda política nacional, que bien podrían definir el rumbo y futuro político del país.

Así que sobre advertencia no hay engaño: lo que sigue a continuación es serio y aburrido, pero importante si lo que se pretende es abonar a la cultura cívica, es decir, a aquel conjunto de hábitos, conocimientos y prácticas sociopolíticas encaminadas a apuntalar la condición y ejercicio de la ciudadanía, cimiento indispensable de una forma de vida democrática.

Así pues, a partir del desenlace del proceso electoral del 2006, que arrojó los resultados más cuestionados y polémicos del reciente historial democrático del país, se comenzó a plantear con mayor intensidad en los círculos académicos, los espacios institucionales de representación y los medios de comunicación, la necesidad de readecuar el entramado institucional de la política a las nuevas circunstancias y desafíos de la realidad cotidiana: narcotráfico, desempleo, emigración y estancamiento económico, por citar los más apremiantes.

De entonces a la fecha, ese planteamiento tomó forma en una categoría conceptual con larga trayectoria teórica dentro de la ciencia política, y gran desgaste discursivo en la prensa, es decir, la reforma del Estado.

Como suele ocurrir con el uso indiscriminado e irresponsable de las categorías y conceptos, el de reforma del Estado perdió su contenido y complicó aun más la posibilidad de entender el tipo de proceso al que apunta y los alcances que pretende. De manera que en la hora actual hablar de reformar al Estado puede significar todo y nada al mismo tiempo; por eso resulta indispensable procurar un mínimo de claridad conceptual.

En este sentido es conveniente precisar lo que se entiende por entramado institucional de la política, pues se trata nada menos que del ámbito al que están dirigidos los posibles cambios.

Así pues, tal término alude al conjunto de reglas, mecanismos, procedimientos e instrumentos que regulan la disputa, influencia y ejercicio del poder político, cuyas principales formas concretas de manifestación son las decisiones legislativas, las acciones político-administrativas y las disposiciones normativas reguladoras tanto de la disputa como del ejercicio del mismo poder. Se trata, pues, de un complejo proceso de autorregulación, detrás del cual subyace una larga historia de procesos y fundamentos teóricos que aquí no es conveniente precisar.

En otras palabras, el entramado institucional de la política lo integran las leyes y procesos electorales; los espacios formales de representación política, o sea, las asambleas legislativas; la institución depositaria de la facultad de ejecutar las disposiciones ordenadas por aquellas asambleas; los tribunales de justicia, y los organismos autónomos dotados de facultades regulatorias.

Ahora, cómo se relaciona el entramado institucional de la política con la reforma del Estado, es una pregunta que para poder ser respondida precisa de una mínima definición de lo que es el Estado, categoría también desgastada discursivamente.

El Estado –grosso modo- es la forma moderna de organización política que se da una sociedad a si misma, o que se le impone desde el exterior. Se trata de una forma de organización política moderna, porque hasta antes del siglo XVI, aproximadamente, existieron otras muy distintas, como el reino, el señorío, el Imperio y la ciudad (civitas, en latín).

El rasgo fundamental del Estado es su autonomía frente a otras formas de organización dotadas de cierto poder para imponer sus decisiones, como la Iglesia, los feudos y las organizaciones gremiales.

Al formarse como producto de la voluntad libre así como del consentimiento de los miembros de la sociedad, a efecto de arbitrar el conflicto social, el Estado adquirió un enorme poder y se erigió por encima de los otros poderes, que si bien no quedaron del todo sometidos, sí se subordinaron a las disposiciones de aquél en el razonamiento de que como árbitro del conflicto social, el Estado procuraría orden y estabilidad.

Por tanto, el origen y fundamento del Estado es el consenso social, el acuerdo generalizado de que la existencia de éste es necesaria para el mantenimiento de cierto grado de cohesión e identidad entre los distintos grupos y fuerzas sociales coexistentes en una misma locación geográfica.

Sin embargo, no se podría entender la eficacia en el cumplimiento de su tarea de árbitro regulador, si el Estado no contase con la posibilidad de ejercer en determinados momentos la fuerza para hacer valer sus disposiciones. Por esta razón es que, en resumidas cuentas, el Estado es el resultado de la suma de consenso y fuerza, como lo explicó en su momento el teórico italiano Antonio Gramsci.

Con esta breve aproximación al concepto de Estado se puede explicar ahora la relación que existe entre éste y el entramado institucional de la política, que como ya se anotó, es el complejo de reglas y procedimientos ideados para canalizar el conflicto hacia cauces pacíficos de resolución.

En la medida en que una sociedad crece, cambia y se diversifica, los componentes del entramado institucional de la política tienen que ajustarse a nuevos problemas y hacer frente a nuevos conflictos. Y si ese entramado cambia, entonces también cambia la forma de articulación de la actuación del Estado.

Lo que está pasando actualmente en nuestro país, es que los conflictos, los desafíos y las nuevas circunstancias sociales y económicas, han rebasado al entramado institucional de la política, o más bien a los responsables de hacer operativo ese entramado; lo que ha propiciado a su vez, que el consenso sustentante del Estado haya entrado en una espiral de desgaste que ha dejado a éste sin el apoyo necesario para hacer valer sus determinaciones y eventualmente su uso de la fuerza.
(...)

5 comentarios:

Elisa dijo...

Gracias por compartir con tus lectores un interesante análisis del acontecer político nacional. No tardes en publicar la segunda parte de tus reflexiones.

MAEL dijo...

Disculpe Sr. Politólogo, pero creo que ahora si me agarro en curva, ya que de política entiendo menos que de futbol, como no estoy al tanto de la agenda política nacional y como no estoy segura de haber entendido bien su explicacion de lo que es el estado, creo que lo mejor es quedarme calladita, dicen que así me veo más bonita, pero como me importa un comino si me veo bonita o fea y como no estoy acostumbrada a quedarme con una opinión, que dicho sea de paso siempre se me ocurre una, ahora solo le pregunto, no cree usted que la vida nos enseña cada día que la sociedad evoluciona? que los problemás son diferentes cada día y que es bastante sano hacer reformas, tanto en la política, como en la sociedad y en la vida personal?
yo creo que eso lo puede entender cualquiera, lo que yo no entiendo es porque nuestros políticos gastan tano tiempo, dinero y quiero pensar que esfuezo, en discusiones estupidas e inecesarias, imaginese que siento cuando veo la cantidad de lana que sacan los políticos por estar discutiendo si el informe debe darse y quien debe darlo!. por Dios mejor vayanse a pasear a sus hijos al parque!!
en mi humilde opinión, cada quien es experto en su materia, bueno pues que pongan expertos a trabajar, que hagan reformas en las elecciones esta bien, no debemops perder de vista, que como buenos seres humanos todos cometemos errores y aveces votamos por quienes no merecen un puesto, yo nada más pido permiso para arrepentirme de haber votado por alguien, y que podamos decidir si continua en su puesto cada determinado periodo, de esta manera verá que se ponen a trabajar de verdad, y entonces las reformas vienen por que vienen y será para mejorar...
bueno ya me voy.
le dejo un saludo, buen fin de semana.

aLdO® dijo...

Antes que nada tiene usted toda la razón respecto al cometario que me dejo en el blog, creo que debería de tomar mis 3 que me tocan y mandar a las demás a la goma. Je

La verdad no me gusta la política, sin embargo entiendo que usted es politólogo y por ello la necesidad de postear de esa forma, aunque apenas si pude entender con claridad la mitad de lo que escribió me chute todo el post.
Saludo y buena fiesta patria…

YiYa dijo...

hola! gracias por pasar por mi blog...
No entiendo mucho de politica,por no decir casi nada, pero leyendo en tu blog me vi interesada en el tema, no dejes de hacerlo.......
abrazo..

manijeh dijo...

Muy interesante tu post, he de confesar que no entendí todo al 100% ya que no sé mucho de política. Lo único que puedo decir es, que desgraciadamente no podemos esperar muchos cambios si ni siquiera han sido buenos para dejarse de fregaderas como dar el grito a las 11pm del 15 de septiembre. Por Dios, Porfirio Díaz MURIÓ HACE MUCHO TIEMPO YA!

Pasa a mi blog, te dejé una sorpresilla.