9 jul. 2009

¡Enough!

Sé perfectamente que Dios sólo se ocupa de asuntos importantes, como tratar de obstaculizar la construcción de una posible respuesta racional al por qué nunca nos responde cuando lo llamamos, o por qué nunca lo encontramos cuando más lo buscamos; y que por tanto no podría ocuparse de un asunto tan nimio como fulminar con un rayo a todos los apologistas del negro pederasta también conocido como Michael Jackson.

Y es que con todo respeto a su treintañeros y cocainómanos fans, ¡ya chole! Desde la semana pasada no hay más espacio en las secciones de espectáculos que para comentar los pormenores de la muerte del estrafalario personaje de marras.

Habrán de disculpar que me refiera a él en forma un tanto cuanto despectiva, pero como su música no es de mi generación, pues honestamente no me importa; además de que la mayoría de sus canciones eran bastante desabridonas, oscilando entre el gospel, el motwon y el r&b.

Respeto la idea de que Jackson fue el ícono pop de las generaciones que crecieron en los años ochenta y que como ícono concentró lo más representativo de la escena cultural de masas de ése tiempo: o sea nada. Pero ya estuvo bueno de tanta payasada y tanto choubisnez. Hasta el funeral del pobre tipo fue objeto de esa manía norteamericana de convertir cualquier acto en un fastuoso espectáculo.

Ahora resulta que fue un activista del black power, cuando todo el mundo sabía que lo que más quiso en la vida tan inquietante personaje fue ser blanco y, al parecer, mujer; y que en lugar del ridículo discurso de Brooke Sheilds o el todavía más ensayado epíteto de su hija mayor, le hubieran recitado el Miserere miei, que dice algo así como “lávame y seré más blanco que la nieve”.

En fin, que ojalá y pronto termine el suplicio de escuchar su nombre y sus canciones en todas partes. Sin duda habrá quien, ocioso, diga que la muerte de Jackson fue un distractor planeado por la CIA para hacer más llevadera la parte más álgida de la crisis económica, debido a que hasta el propio presidente Obama habló de él. Pero la verdad es que no es así; en cualquier caso más que homenajearlo habría que enjuiciarlo por haber sido tan pendejo como para matarse con una sobredosis de droga. Pero eso ya es cosa de cada quién.

Si alguien consigue hablar con Dios, dígale que, por favor, pare este suplicio.

3 comentarios:

LicCARPILAGO dijo...

"todos somos Michael"

jajaja

Su dijo...

S U F I C I E N T E !

YA NO MÁS... déjenlo ya!
jajajaja

saludos
su.

Malinata dijo...

Oops, por un momento pensé que tu referencia musical Juarezmeña, iba encaminada a esa otra no menos famosa y reveladora melodía de tan digno intérprete y que a la letra dice: "Vamos al Noa NOa, NOa Noa..."
Y que ibas a cambiar la mesa de café o la barra del bar de horientación más hacia el metro Insurgentes (léase Zona Rosa)... uffff, me habías espantado.
Y respecto a lo descuidado del lugar, ya en el texto anterior explico por qué no puedes dejarlo tan descuidado, qué va a ser de mi vida amorosa si me quitas el ritmo que con tan buen tino me marcabas?
Así es que, a hacer talacha aunque sea a la hora en que el patrón se está sacando los mocos y a poner musiquita, que los textos ya son un manjar y ya ves que para eso si tienes tiempo.
Ya por último, espero que me contabilices entre tu tan nutrido grupo de lectores, así es que tres de ahora en adelante a la cuenta por favor.

P.D. De los dinosaurios, neandertales, colonizadores, pendejos con cara de políticos y políticos con cara de estúpidos, mejor ni hablamos, los dinorinos están regresando a poblar el planeta y junto con ellos, todas las viejas prácticas que a mi también me dan miedo, en una de esas hasta nos cierran el changarro y de repente ya ni de empleado te dejan, qué bueno que dejaste la docencia, se está volviendo una profesión muuuuy peligrosa como antes :O