A propósito del IV Congreso de la Lengua Española que recién ha concluído, leí el fragmento de la ponencia de uno de los "escritores" mexicanos invitados a una las mesas sobre creación literaria iberoamericana.
El argumento central del documento presentado por el susodicho intelectual era que, en la literatura iberoamericana, después de Borges y García Márquez, todo lo demás era una repetición, una imitación o una adscripción al estilo de uno de estos dos escritores. Según él, o se es borgiano o se es garciamarquesiano.
Fiel a mi tradición de ser advocatus diavoli, disiento de esa falsa disyuntiva por dos razones. Una es que si bien Borges es insuperable e insustituible, hay otros buenos esfuerzos por dotar a la literatura iberoamericana de nuevos bríos y de una identidad propia que no se sustente ni en la denuncia política hecha novela, ni en las pretensiones de falsa erudición con tufo europeo.
La segunda razón es que -y perdón de antemano si llegáse a herir alguna sensibilidad- García Márquez ni siquiera se puede comparar con Borges; o más bien García Márquez no puede constituirse en un punto de referencia de la talla de Borges para la literatura iberoamericana.
El argumento central del documento presentado por el susodicho intelectual era que, en la literatura iberoamericana, después de Borges y García Márquez, todo lo demás era una repetición, una imitación o una adscripción al estilo de uno de estos dos escritores. Según él, o se es borgiano o se es garciamarquesiano.
Fiel a mi tradición de ser advocatus diavoli, disiento de esa falsa disyuntiva por dos razones. Una es que si bien Borges es insuperable e insustituible, hay otros buenos esfuerzos por dotar a la literatura iberoamericana de nuevos bríos y de una identidad propia que no se sustente ni en la denuncia política hecha novela, ni en las pretensiones de falsa erudición con tufo europeo.
La segunda razón es que -y perdón de antemano si llegáse a herir alguna sensibilidad- García Márquez ni siquiera se puede comparar con Borges; o más bien García Márquez no puede constituirse en un punto de referencia de la talla de Borges para la literatura iberoamericana.
El autor de Cien años de soledad está a la altura de Fuentes, Vargas Llosa et. al., pero no a la altura del estilismo y el refinamiento de Borges, que es todo imaginación, elegancia y erudición.
En lo personal sustituiría a García Márquez por Julio Cortazar, que es junto con Borges uno de los pilares y puntos de referencia obligada en la creación literaria no propiamente iberoamericana (porque en España está Muñoz Molina y en Portugal está Lobo Antunes; Saramago no porque es un tarado, y Coelho ni se diga), pero sí latinoamericana.
Y bueno, en un arranque de chovinismo literario, pues incluiría a Rulfo ya que si bien Agustín Yañez escribió la primera novela mexicana moderna (Al filo del agua), fue Pedro Paramo la novela que nos puso a la altura de los grandes, los verdaderamente grandes. Aunque luego eso les haya dolido a Fuentes y a Paz.
En lo personal sustituiría a García Márquez por Julio Cortazar, que es junto con Borges uno de los pilares y puntos de referencia obligada en la creación literaria no propiamente iberoamericana (porque en España está Muñoz Molina y en Portugal está Lobo Antunes; Saramago no porque es un tarado, y Coelho ni se diga), pero sí latinoamericana.
Y bueno, en un arranque de chovinismo literario, pues incluiría a Rulfo ya que si bien Agustín Yañez escribió la primera novela mexicana moderna (Al filo del agua), fue Pedro Paramo la novela que nos puso a la altura de los grandes, los verdaderamente grandes. Aunque luego eso les haya dolido a Fuentes y a Paz.