23 may 2007

De teología y otras elucubraciones I

Ahora sí, después de sortear algunos días llenos de trabajo y otros de completa y declarada pereza para escribir, por fin puedo publicar la réplica que estaba pendiente –desde un par de semanas- con relación a la idea de comunidad en el cristianismo, y la posibilidad de acercamiento al conocimiento teológico desde una posición laica, que no necesariamente agnóstica.

Como casi nadie me lee por acá, no es necesario aclarar a qué me refiero. Sólo espero que quienes fueron participes de la polémica suscitada aún la recuerden.

Chesterton, el autor de esa genial novela que es El hombre que fue jueves, citado por Umberto Eco en El Péndulo de Foucault, escribió no sin cierta ironía (en realidad el tipo era un irónico irredento, por eso me cae bastante bien) que “cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que no crean en nada, es que creen en todo”; en otras palabras, que el problema no es la incredulidad de los que no creen, sino la credulidad de los que lo creen todo.

Por esa razón es que mis incursiones en el campo de la teología, que dicho sea de paso, la entiendo como la autocomprensión del acto de fe y no como el estudio del sistema de dogmas sobre los que se asienta una religión, tienen lugar desde la perspectiva de la negación consciente de la posibilidad de conocer la esencia divina.

A esta forma de aproximación se le conoce como teología apofática, porque asume la imposibilidad de conocer, desde los límites de la razón humana, la esencia de Dios pues de él sólo sabemos que “es” y no “lo que es”. O como dijo en su momento Tomas de Aquino –que espero no sea descalificado por haber sido un vulgar monje de la pervertida confesión católica- De Deos nihil scimus: de Dios nada sabemos.

De hecho la propia definición de la teología como scientia intellectus fidei introduce una prudente distancia entre la religión y el sistema de creencias que la funda, y la dimensión de trascendencia que pretende el acto de fe. En este sentido, el doctor Carlos Mendoza –que fue mi profesor de teología sistemática- afirma que la teología en tanto intellectus fidei establece una clara diferenciación entre la creencia en un determinado sistema de dogmas, y las causales que fundan esa creencia, el metadiscurso que subyace como motivación de la fe, pues son precisamente esas causales las que interesan a la teología para poder entender el acto creyente en su propio devenir.

Por otra parte, Jon Sobrino, un gran teólogo recientemente censurado por el Vaticano, sostiene que la teología no sólo es intellectus fidei, sino también y principalmente intellectus amoris, porque no se trata de una construcción del intelecto, sino de la compasión con el oprimido. Y aquí es donde la teología se liga específicamente con el cristianismo, que en su etapa primigenia formuló un discurso dirigido hacia la subalternidad y estableció un modelo de convivencia fundado en la idea de comunidad entendida no en los términos sociológicos en los que en la hora actual la concebimos (Tönies, principalmente), sino en los de una asociación espiritual formada a partir de redes agregadas, sustentadas a su vez, en lazos fraternos cuyo elemento de cohesión era la creencia en las enseñanzas de Cristo Jesús y en la esperanza escatológica de salvación por él prometida.

No obstante, esas comunidades compartían también un mismo elemento de identidad que reforzaba su cohesión y espíritu de cuerpo. Ése elemento era su condición de exclusión social, no sólo en términos económicos, sino principalmente religiosos, porque seguían las enseñanzas de Jesús, tenidas por heréticas y sediciosas entre la corriente principal del judaísmo.

Aunque, por otra parte, es posible observar en esas mismas comunidades cristianas primitivas –cuya denominación como tales tuvo lugar hacia la segunda mitad del siglo I, en Antioquia, donde se habló por primera vez de los Christianoi, es decir, de las gentes de Cristo-, ciertos rasgos organizativos que más tarde se encontrarán en algunos experimentos de igualitarismo y comunitarismo sustentados en planteamientos doctrinales laicos de diversas ascendencias disciplinarias, pertenecientes a lo que ahora conocemos como ciencias sociales; y también en algunas experiencias religiosas de diversos movimientos y confesiones cristianas: cátaros, franciscanos, fraticellis, cuaqueros, pentecostales, etc.

Aquellos rasgos organizativos aparecen claramente definidos en Hechos 2 y 4, donde Lucas, el evangelista, narra la forma de constitución de la comunidad de Jerusalén, que compartía una misma hierofanía en proceso de construcción y una misma intención de poner en común los bienes materiales. Además, por supuesto, de una reproducción oral de las enseñanzas de Jesús dirigidas a los excluidos y a los oprimidos que, por su mediación, tenían la posibilidad de alcanzar la salvación y la vida eterna, como lo narra Juan en su evangelio (Juan 6, eso creo).

22 may 2007

Kant

Hoy inicio la última unidad temática de mi programa de filosofía y teoría política (de las que no sé nada, pero intento inventar embustes creíbles), con el análisis de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Kant.

Ayer que preparaba mis notas introductorias a la trayectoria personal e intelectual del filósofo de Königsberg, caí en la cuenta de que ésta será la primera vez, en casi tres años, que agotaré la totalidad de los temas del programa.

Las ocasiones anteriores había tenido la mala fortuna de quedarme en la introducción a la filosofía alemana, sin profundizar a detalle en las propuestas teóricas de Kant, Hegel y Marx.

Por supuesto, no faltará quien piense que es una pretensión desmedida aproximarse a estos tres pensadores en tan sólo un par de semanas; y más aun, que es una ínfula de arrogancia si quiera intentarlo.

Pero no se trata de una cuestión de vanagloria intelectual, sino del cumplimiento de una obligación académica, porque así lo marca el programa general de la asignatura. Y aunque algo sé acerca de las principales propuestas teóricas de esos filósofos, confieso que me angustia tener que exponerlas porque soy consciente de que puedo cometer algunos errores de interpretación, susceptibles de ser apropiados por los alumnos como elucidaciones atinadas.

Particularmente me angustia la filosofía hegeliana, tan oscura y compleja que hasta sus mejores exegetas (Adorno, por ejemplo) previenen del fastidio, la pesadez y los traspiés a los que puede conducir un acercamiento superficial al sistema hegeliano.

Por fortuna está Lucien Sebag –bueno, también Jean Hyppolite y Michel Palmier- que no obstante haber sido un estructuralista, comprendió muy bien los cimientos del edificio conceptual construido por Hegel, y resulta muy útil para poder entender si quiera el prólogo de la Fenomenología del espíritu.

En fin, ya habrá tiempo para pelearse con las neuronas rebeldes que se resistan a pensar las fumadas de la eticidad, el concepto y la Idea; por lo pronto, ayer, mientras leía la Fundamentación, de Kant, me encontré con esta estupenda reflexión acerca del sentimiento de angustia y pesadumbre que porta consigo el uso de la razón:

… cuanto más se preocupa una razón cultivada del propósito de gozar de la vida y alcanzar la felicidad, tanto más se aleja el hombre de la verdadera satisfacción, por lo cual muchos, y precisamente los más experimentados en el uso de la razón, acaban por sentir, con tal de que sean suficientemente sinceros para confesarlo, cierto grado de misología u odio a la razón, porque tras hacer un balance de todas las ventajas que sacan […], hallan, sin embargo, que se han echado encima más penas que felicidad hayan podido ganar, y, más que despreciar, envidian al hombre común, que es más propicio a la dirección del instinto natural y no consiente a su razón que ejerza gran influencia en su hacer u omitir.

Ya decía yo que eso de pensar ucrónicamente qué hubiera pasado si en lugar de haber ido a la universidad, me hubiera metido de mecánico u obrero, embarazado a mi novia adolescente y procreado un par de hijos, no era una pregunta ociosa.

Y creo que, en el fondo, como sugiere Kant, envidio la vida del mecánico o del obrero, que no se preguntan necesariamente qué hay debajo, qué detrás y qué hay arriba; y aún así viven más felices que yo.



P.S Ha llegado el momento de tocar el botón de alarma: el fin de semana bailé regeton ¡y me gustó! Pero es que quién se puede resistir a los movimientos tan sesis que hacen las mujeres cuando bailan esa ¿música?

18 may 2007

Irrisorio



No lo puedo creer, usted todavía se acuerda.

Yo ya ni me acordaba.

¡Qué barbaridad!

Entiérreme de una vez por todas y dedíquese a ser feliz.



Pigmalion a Galatea.

17 may 2007

Irse

Me fascina la extrema pasión eléctrica, palpable, estremecedora, que puede circular entre un hombre y una mujer que no se conocen, sin una razón concreta, así, simplemente porque se gustan y luchan por no demostrarlo.

Ninguna necesidad de hablar. Es una cuestión de muecas, de gestos. Es como una adivinanza, el enigma más importante de tu vida. La gente vulgar lo denomina erotismo, pero en realidad se trata sólo de pornografía, o sea, de sinceridad. El mundo puede venirse abajo, sólo tienes ojos para esos otros ojos. En lo más profundo de ti mismo, en ese instante lo sabes por fin.

Sabes que podrías marcharte inmediatamente con ese ser con el que no has intercambiado más de tres frases. “Irse”: la palabra más hermosa de nuestro idioma. Sabes que estás a punto de utilizarla. “Vayámonos”, “Tenemos que irnos”, “Un día, tomaremos trenes que se van” (Blondin). Tu equipaje está listo, y sabes que el pasado sólo es un confuso amasijo que queda a tus espaldas y que hay que intentar olvidar, ya que estás renaciendo. Sabes que lo que está ocurriendo es muy grave, y no haces nada para frenarte. Sabes que no hay otra salida. Sabes que vas a causar sufrimiento, que preferirías evitarlo, que sería necesario razonar, esperar, reflexionar, pero “irse”, “¡irse!”, es lo más fuerte de todo. Todo puede volver a empezar desde cero. Es como si hasta entonces hubieras estado retenido debajo del agua, en apnea juvenil. El futuro es el hombro desnudo de una desconocida. La vida te ofrece una segunda oportunidad: la Historia se repite.

Podría parecer que esa atracción es superficial, pero no existe nada más profundo; estás dispuesto a todo; aceptas los defectos; perdonas las imperfecciones; incluso las buscas, maravillado.

Sólo te sientes atraído por debilidades.

Fredreric Beigbeder, El amor dura tres años, Anagrama.

16 may 2007

Berkeleyano

Percibía el mundo al revés: al morir, renació.


Marcial Fernández.

Sin el ánimo de exagerar, hacía mucho tiempo que no leía algo tan auténticamente literario como esto que escribió Marcial Fernández.

¡Es fabuloso, profundo, genial, latente, misterioso, hiperbatónico!

Esa breve oración es una suerte de masa crítica en la que se halla toda la potencialidad de la narrativa. Mil historias hay antes del morir, y otras mil hay después del renacer. Sólo hace falta desarrollar el relato que ambos acontecimientos llevan dentro.

La figura de estilo es espléndida, estética y concisa.

Además de evocarme a Monterroso, también me ha recordado a Ítalo Calvino, cuando en las Seis propuestas para el próximo milenio describió al mundo literario como el universo de las posibilidades:

De cualquier modo, todas las ‘realidades’ y ‘fantasias’ pueden cobrar forma sólo a través de la escritura, en la cual exterioridad e interioridad, mundo y yo, experiencia y fantasía aparecen compuestas de la misma materia verbal; las visiones polimorfas de los ojos y del alma se encuentran contenidas en líneas uniformes de caracteres minúsculos o mayúsculos, de puntos, de comas, de paréntesis; páginas de signos alineados, apretados como granos de arena, representan el espectáculo abigarrado del mundo en una superficie igual y siempre diferente, como las dunas que empuja el viento del desierto.

Quien no sienta una profunda emoción al leer estas palabras de Calvino, simplemente ha dejado de existir.



P.S Un saludo para mi súper cuatacho JM que ha venido a visitar esta pocilga virtual.

15 may 2007

En el día del maestro

Mayo es un mes de celebraciones diversas: el día del trabajo, el día de los albañiles, el día de las madres y ahora, el día del maestro.

Sé que es políticamente incorrecto, pero me auto felicito. Es que, por qué soy tan buen profesor.

Claro, reconozco que en ocasiones soy un poco estricto; como cuando dejo leer 150 páginas de “La ciencia nueva” de una clase para otra, al inicio del curso, para correr a la mitad de los alumnos y así tener que leer menos ensayos y exámenes.

También reconozco que eventualmente suelo utilizar palabrejas domingueras susceptibles de confusión, como axiológico y axiomático; o apofático y catafático, pero no me mueve más que el muy pedagógico objetivo de que los alumnos amplíen su léxico y sean menos pretenciosos a la hora de expresar sus ideas.

Y bueno, ya que estoy metido en la dinámica de la auto evaluación, debo aceptar que en ocasiones echo mano de eufemismos muy delicados y poco irónicos, como cuando interrumpo abruptamente sus peroratas ideológicas para preguntarles si son conscientes de las estupideces que están diciendo.

En fin, son los gajes del oficio. Ahora me voy porque me espera una comida y una rifa en la que ojalá, y aunque sea, me saque un tostador.

11 may 2007

Agotamiento

Había planeado escribir hoy la replica a un par de comentarios que recibí, a propósito de un opinión que vertí en otro espacio. Sin embargo me siento muy agotado, luego de que ayer hiciera un viaje relámpago a otra ciudad fuera del DF para visitar a mi mamá por la mañana y regresar nuevamente por la noche.

Así que lo confieso abiertamente, hoy tengo flojera de escribir y esa replica tendrá que seguir en el tintero un par de días más. Aunque ya veo venir algunas críticas, sobre todo del tipo combativo. Esto luego de que una persona que amablemente vino a leer mis disparates me dejó un comentario en el que me aconsejaba no escribir sobre lo que no sé.

Lo bueno de la ironía socrática es que, aun existiendo la posibilidad de saber algo acerca de algún tema, se puede afirmar que no se sabe nada sobre el mismo. Así que si bien no sé nada de teología, o más bien de doctrina y argumentación combativa respecto a determinada confesión de fe, de todos modos daré mi opinión porque este es mi espacio y aquí puedo escribir lo que me plazca. Pero será otro día, porque ya faltan quince minutos para irme a dar clase de la filosofía política de Rousseau, sobre el cual tampoco sé nada, pero trataré de inventar algo creíble.

Lo bueno es que ya es viernes.