11 sept 2007

Al sur

En lo alto del cielo se escuchó el graznido de la parvada de aves. Al verlas, el maestro bajo la mirada y se dirigió al discípulo preguntándole:

-¿Sabes por qué los patos vuelan al sur durante el invierno?-

-No maestro, ¿por qué?-.

-Porque caminando tardarían más tiempo en llegar...

9 sept 2007

Consecuencias

Eso de incorporarse con tres semanas de retraso a la Facultad ha tenido sus consencuencias. Y hasta ahora no todas son buenas.

Para empezar resulta que cambiaron a los achichincles de la coordinación de ciencia política, que es en la estoy adscrito como profesor de asignatura.

Cuando estaba la maestra Roqueñil en la secretaría académica, bastaba con deslizarle una discreta sonrisa para que aprobáse sin mayores tramites mi programa de trabajo. Ahora que la cambiaron por otro profesor que en mi vida había visto, tuve que batallar para que aceptará mi programa y para que me asignara un pinche saloncito que está ¡en el tercer piso!

La semana pasada que estuve llegando con retraso a las clases, casi caigo muerto en los escalones a causa de una insuficiencia respitoria, provocada por tanto méndigo escalón que tengo que subir.

Defintivamente no es justo, porque a otra profesora que tiene como 70 y todos los años, le dieron un salón grande en el primer piso del edificio A, a ras de la explanada. Digo que no es justo porque ella ya vivió, y por tanto tiene todo el derecho -diría incluso hasta la obligación- de morirse de un infarto, tratando de subir las escaleras hasta el tercer piso. En cambio yo aun estoy joven, tengo mucho que dar. Soy una promesa intelectual, algo así como el arca de noe (es decir, la salvación de todos los animales) del análisis político en este país de elviras arellanos y saulitos.

Pero si lo del salón y la tramitología académico-burocrática ha sido un auténtico dolor de cabeza, el intento de sedición de mis alumnos ha sido motivo de aguda preocupación y agandalle tiránico de parte mía.

Esto porque el martes que llegué al salón (tarde, como ya lo mencioné), una alumna me preguntó con aire desdeñoso:

-¿tú vas a ser el profesor de filosofía política?- a lo que me vi obligado a responder:

-sí, yo soy su profesor; de usted y de todos los demás. Así que mucho le agradecería que en esos términos se dirija a mi; no como teacher, ni profe. Como p r o f e s o r, porque aunque no soy de tiempo completo, dedico mis buenas horas a preparar mis clases-.

Y para que no quedáse duda y aprendieran a respetar, les pedí La condición humana en inglés para la clase del próximo martes.

Es seguro que nadie lo llevará leído, pero el sólo hecho de que hayan tenido que buscar el texto y sacarle fotocopias, satisface mis muy dictatoriales deseos de venganza por pretender, sin exito, sacarme la vuelta.

Todavía no sé si son un buen grupo o no. Eso lo dirá el tiempo y su interés en las clases; por lo mientras, que sufran un poco.

Además de lo anterior, también he tenido que cumplir con las obligadas reuniones de café con mis amigos, para ponerme al corriente de los chismes locales y corroborar que nuestras vidas continuan siendo miserables.

Por eso es que no había tenido tiempo para escribir por acá.

Hoy por ejemplo, fui al rancho con la doctora corazón (hay que aprovechar los escasos días que ella tiene libres). Y eso porque se canceló su examen para la especialidad, al parecer porque se descubrió una red de corrupción (raro en este país) relacionada con la venta del examen entre diversos aspirantes.

Espero poder regresar completamente a la normalidad conforme transcurran los días. Aunque dudo mucho que eso sea posible, pues definitivamente no es normal padecer inundaciones de 90 cms, en los pasos a desnivel de algunas avenidas por causa de la lluvia, ni granizadas que dejan en las calles un prematuro paisaje navideño.

En fin, como dirían los romanos: eppure sum; sin embargo, existo.

Un saludo


P.S Gracias a todos los dos que me leen. Un gusto estar de regreso.

4 sept 2007

Regreso a Cuautitlán

Originalmente había pensado en poner como título a este comentario, que marca mi regreso al virtual, insensato y vacuo mundo de las bitácoras electrónicas, "Regreso a Comalá", en alusión a las primeras líneas con las que Juan Rulfo da inicio a Pedro Páramo; la celebre novela que describe puntualmente al México costumbrista y aldeano de principios del siglo XX, poblado por personajes sórdidos, parroquianos y cerriles.

Y es que por más que intenté resistir, fue inevitable padecer el jet lag cultural propio de quienes, luego de pasar una temporada fuera del país –particularmente en Estados Unidos y Europa- y conocer la modernidad, sus lujos y comodidades, sienten cierto rechazo, decepción y calosfríos al contemplar nuevamente el pintoresco paisaje de globos y bicicletas del México lindo y querido, que con todo y sus asegunes, amlos y calderones, nos hace sentir orgullosos de haber nacido en su suelo.

A punto, pues, de escribir aquel título, recordé súbitamente la frase que –de creerle a las malas y envidiosas lenguas de la época- alguna vez pronunciara la “Güera” Rodríguez a propósito del costumbrismo prevaleciente a lo lago y ancho del país en el siglo XIX: fuera de México, todo es Cuautitlán.

[En este punto hay que hacer la acotación geográfica: Cuautitlán es uno de los municipios del Estado de México, ubicado al norte del Distrito Federal, a pocos kilómetros de la caseta de cobro de la autopista México-Querétaro].

El propósito de la frase de la “Güera” era evidenciar –no sin cierto desdén y sarcasmo- que el único centro urbano del país, era la Ciudad de México y que todo lo demás era un gran pueblote.

Influenciado todavía por el jet lag cultural y aun en contra de mi acendrado chovinismo, tan sintomático del mes que transcurre, creo que la meretriz preferida de Iturbide se equivocó en su frase. Aunque es comprensible, porque además de ser una disoluta, en el fondo era también una ordinaria aldeana con disfraz de citadina.

Hasta antes de largarme del país pensaba como la “Güera” Rodríguez, que fuera de Coyoacán todo era Cuautitlán, pues para mi el norte de la ciudad comenzaba en la avenida Miguel Ángel de Quevedo; sin embargo, ahora que he descubierto el verdadero significado de lo cosmopolita, pienso que lo correcto es que fuera de los centros urbanos del primer mundo, todo es Cuautitlán.

De ahí que haya regresado a Cuautitlán.



Greyhound; o de los guajoloteros gabachos

Con todo y que los Estados Unidos de Norteamérica son la primera potencia económica mundial, que tienen una infraestructura carretera envidiable y gratuita, además de una docena de aeropuertos internacionales enormes e importantes, resulta increíble descubrir que tienen un servicio de autotransporte carretero más chafa e incómodo que los chimecos de la ruta Cd. Neza-Metro Pantitlan .

Pero más que increíble resulta doloroso, en el sentido literal de la palabra. Esto porque ya en la última semana de estancia en la universidad, Carolina tuvo la peregrina idea de que regresáramos a México en autobús, porque además de que sería una buena oportunidad para conocer un poco más del otrora territorio mexicano que el imbécil de Santa Ana vendió por el precio de unas sabritas y una coca-cola, representaba la oportunidad de ahorrar una significativa diferencia en dólares respecto al costo de los boletos de avión.

Así que compramos nuestros boletos de Greyhound para Laredo, Texas, donde conectaríamos con Autobuses Sultana para llegar hasta Monterrey, Nuevo León.

Ya desde el itinerario del viaje la cosa comenzó a pintar mal. El autobús saldría de Nahsville a las 5 de la tarde del jueves 30 de Agosto y llegaría a Memphis a las 10:45 de la noche, para de ahí abordar otro autobús con rumbo a Dallas, Texas, pasando por Little Rock, en Kansas; y una vez en Dallas, abordar otro autobús a las nueve de la mañana del viernes 31 con dirección a Laredo, el cual llegaría a esta ciudad fronteriza a las seis de la tarde.

Animado por el choro mareador y sentimentalista de la Caro, acerca de que serían los últimos días que estaríamos juntos, procedí a mentalizarme que sería un viaje agradable y no tan largo.

Pero desgraciadamente mi capacidad de autosugestión no dio para tanto, pues al subir al autobús descubrí que sus pinches asientos ni siquiera tenían cabeceras y eran más rectos que un ángulo de 90 grados. Es más, ni siquiera tenía video.

Carolina nada más se reía de mi expresión, que imagino que era lo suficientemente cómica o angustiada, o las dos cosas.

Para no hacer el cuento largo, diré que de Nashville a Memphis no hubo tanto problema porque fueron sólo cinco horas; y todos los que íbamos viajando estábamos despiertos, comiendo la chatarra que habíamos comprado en una gasolinera en la que el autobús había hecho escala, además de que íbamos viendo todos los Cuautitlanes por los atravesaba la autopista.

El problema comenzó en el trayecto de Memphis a Dallas, porque no pude dormir ni siquiera cinco minutos durante toda la noche, a causa de la incomodidad de los asientos y del pequeño detalle de que al pinche autobús se le había descompuesto el aire acondicionado y olía a picadero de cocainómanos, por causa de los somníferos que los resignados pasajeros habían tomado para poder dormir. Aunque en lo personal, yo hubiera preferido tomar una dosis de prozac.

Ya en Dallas a Carolina se le había acabado el entusiasmo y cuando llegamos a Laredo estuvimos a punto de echarnos a llorar, al ver la fila enorme de autos y camiones que hacían fila para la revisión aduanal. Así que después de casi tres horas pudimos pasar hacia Nuevo Laredo para abordar nuestro próximo y último autobús hacia Monterrey, donde, muy a pesar nuestro, Carolina y yo tiramos la toalla y nos fuimos directo al aeropuerto, ella a tomar el primer vuelo a Culiacán y yo a la Ciudad de México.

Moraleja de la historia: siempre es mejor viajar en avión, aunque en la revisión para entrar a los andenes te miren hasta el color de los calzones.

En fin, lo importante es que ya estoy de regreso, y en mi próximo comentario escribiré todo lo que no pude escribir en las últimas semanas.

Por lo pronto, como dice una canción popular: “ya llegué de donde andaba, se me concedió volver”.

3 sept 2007

Instantáneas

Nada más los recuerdos quedan...




2 sept 2007

Señal de vida

Aunque es seguro que a nadie le importe, comunico con este mensaje que sobreviví a la dieta del supersize me y al infernal calor veraniego de los yunates estates, y he regresado a mi anegado y caótico país, justo el día en que el Presidente Calderón fue a darse un paseo de tres minutos por la cámara de diputados.

Por consiguiente, debo arreglar todos mis pendientes: pagar las cuentas del teléfono, la luz y el agua, reportarme a la Facultad a ver si aun estoy en la plantilla -y en caso afirmativo, enfrentar la furia de mis posibles alumnos luego de estar dos semanas sin hacer nada en las horas de mi clase- ver a mi vecinita para cerciorarme que aun siga soltera y esperando por mi; convencer a la doctora corazón de que se largue a Guadalajara a hacer su primer año de residencia, en lugar de quedarse a estudiar "medicina aveyurdica" o "ayervedica", o como se llame, llamarle a la Caro nada más porque se me ocurre; y después de hacer todo eso, reanudaré la publicación periódica de mis estupideces sin sentido con normalidad.

De la lengua desviada
Por el momento dejo este texto del maestro José de la Colina, que me pareció genial, agudo y muy ameno. Que lo disfruten.
De la lengua desviada

Iba yo en el metro y cuando a todo lo ancho de una gran plana en un periódico desplegado en manos de otro pasajero leí las grandes letras de una cabeza de sección: SECTOR AUTOMOTRIZ, me dolió el corazoncito de hispanoparlante, no sólo por la unión contra natura (en sentido estricto) del sustantivo masculino “sector” con el adjetivo femenino “automotriz”, sino además porque cualquier “sector automotor”, si bien hubiera sido lingüísticamente correcto, no sería un “sector automovilístico”, esto es de automóviles, sino un sector capaz de moverse por sí solo, como la marabunta y los enfermos perláticos. Entonces, desde la estación Hidalgo hasta la de Río Mixcoac, me acordé de tres casos de adulteración del idioma en la prensa, en los otros “medios” o donde sea que se usen públicamente las palabras, y los fui apuntando para este correo fantasma en que a veces descargo mi humor respecto de la tontería y la locura del mundo (o de mí mismo).

Antes de poner aquí los tres casos, advierto al lector que, a mi juicio, todo se vale con las palabras: se vale inventar y usar con mero antojo las que se quieran, y se vale combinarlas, mezclarlas, violentarlas, y hasta, como quería Octavio Paz, gritarles ¡chillen putas! y hacer que se traguen todas sus palabras... pero siempre que se trate de hacer un poema (en prosa o verso o en reverso), pues para eso existe la licencia poética y los poetas son sagrados licenciosos (y algunos hasta profanos licenciados). Lo que no se vale es usarlas en la mera y también necesaria prosa informativa, documental, periodística, judicial, policial, política, de mera razón práctica, etc., etc., pervirtiendo —por mera ignorancia del idioma— su condición de monedas de buena ley en el intercambio social, y obligándolas, aunque sólo sea por descuido, a decir otra y hasta contraria cosa de su significado, y así propiciar la anfibología, la ambigüedad, la confusión mental, la demagogia delirante, el pajareo curulero y el discurso cantinflesco como cortina de humo sonoro, como double talk.

Y... por lo pronto van los tres casos:

AMBULANTE. Significa un ser o una cosa que ambula, esto es que “va de un sitio a otro”: digamos un peatón, un perro noctívago, un automóvil de patrulla o una ambulancia (a la cual, what a coincidence, por eso se la llama así). Pero en Esmógico City hemos decidido que “comercio ambulante” (en realidad un comercio callejero y semifijo) significa el vasto comercio de contrabando o falluca instalado en un sinnúmero de aceras de la ciudad y montado en puestos estables al menos durante las ocho horas practicables del día. Así, el “ambulantaje" es el que durante muchas horas nos secuestra la vialidad, el que nos roba con “diablitos” la electricidad que pagamos los tontos y el que nos estorba el paso a quienes, precisamente, intentamos ambular.

EVENTO. Un evento es un “acaecimiento o hecho imprevisto, o que puede acaecer”, por lo cual resulta idiota una noticia como la leída en cierta revista ondera acerca de una de esas histéricas orgías de ruido, aullidos y ondulantes rebuznos llamadas sesiones de rock: “El concierto al aire libre de Higinio Mendoza, El Wichita, y su grupo El Terror Futuro, fue un evento bien planeado y realizado”. Esto es una burrada, pues el evento hubiera sido algo imprevisto, algo que interrumpiera o echara a perder el dizque concierto: digamos una súbita tormenta o un feliz accidente, por ejemplo: que el largo cabello del Wichita se enredara en la guitarra eléctrica y él fuese hermosamente electrocutado y silenciado y quedara carbonizada su guitarra, ese esencial instrumento del horrorrock.

INICIAR. Es decir “comenzar algo, introducir a alguien en la práctica de un culto o en las reglas de una sociedad”. Es verbo transitivo y pronominal y a veces reflexivo y significa que alguien inicia algo o inicia a alguien, o que SE inicia en una respetable religión o, siquiera, en alguna idiotez sublime como la Cienciología o el Espiritismo o la Derecha o la Izquierda. Pero el que esto escribe jura que leyó lo siguiente en la crónica de una publicación vagamente amarilla: “El comandante de la Policía, Fulano de Tal, habló de la gran oleada de crímenes que inició el mes pasado”. De lo cual se deduciría que el tal comandante habría sido el iniciador de la gran oleada criminal de aquel mes (¿sólo de aquel mes?). Y aunque el cartero fantasma, como cualquier ciudadano medianamente suspicaz y vagamente frecuentador de periódicos y de los otros "medios", sospecha que hay no pocos policías de todas las jerarquías que ejercen el crimen en sus horas de ocio (que también pueden ser de negocio), podría asegurar, sin riesgo de equivocarse, que no era eso lo que el gacetillero quiso y no supo decir, sino esto: “Fulano se refirió a la oleada de crímenes que SE inició”, etc.

(El gacetillero de marras no sabe la buena fortuna que tuvo gracias a que nuestros agentes de la “autoridad” son expertos practicantes del analfabetismo funcional. De lo contrario, lo hubieran llevado ante los tribunales, no por atentar contra el idioma con el que se gana la vida en el modo de "aisevá", sino, al menos, por haber incurrido en el delito de difamación.)

Jose de la Colina

Letras libres, versión on line: http://www.letraslibres.com/
23 de Julio del 2007

11 ago 2007

Out of service



Temporalmente fuera de servicio


El tiempo es inmisericorde conmigo en estos momentos.
Gracias a Aldo y Manijeh, mis dos unicos y constantes lectores.
Nos leeremos pronto.

5 ago 2007

Nashville III

Francamente hoy no tengo muchas ganas de escribir. Ayer sábado, por la noche, fuimos a un bar country y llegamos a las tres de la mañana a la residencia estudiantil.

No sé por qué tengo la extraña sensación de ser un personaje surgido de la imaginación de Roberto Bolaño, el autor de “Los detectives salvajes”.

Ayer Carolina y yo nos enfrascamos en una discusión con dos amigos sudamericanos (un chileno y una argentina) y una amiga española acerca de la existencia de la quesque “filosofía de la liberación”, luego pasamos lista a Hugo Chávez y al panamericanismo de manual de la quesque “izquierda latinoamericana”.

Sin más ni más, Caro y yo quedamos como unos asquerosos conservadores de derecha; aunque a decir verdad, pienso que se trató más bien de un calificativo impuesto por la irritación de que ella y yo los hayamos mantenido a raya durante toda la noche.

Al final terminamos bebiendo una cerveza noruega muy barata y muy embrutecedora, y bailando al ritmo de Eric Church con un grupo de chavos de venían de Virginia.

De hecho, ahora que lo pienso con calma mientras la resaca continúa causando estragos en mi organismo, resulta curioso que cuando menos las esperamos –y, menos aún, las necesitamos- las oportunidades de conocer personas interesantes y atractivas se multiplican.

Es como si esas personas pudieran percibir alguna especie de feromona del compromiso, que paradójicamente les resulta más seductora que la del “háganme caso, estoy disponible”.

Hace un rato hablaba de eso con Carolina, que estuvo a punto de ligarse a un cowboy sacado de un comercial del Malboro World. Y es que acá entre nos, la Caro si está como para darle de comer aparte, pero tiene el pequeño defecto de ser intelectual, y, para más señas, filósofa; lo que la vuelve demasiado exigente y cortada con quienes no utilizan su palabra favorita “transontológico” (whatever it jeans).

Aunque ahora quisiera jalarme de los pelos y darme de topes en la pared, creo que resistí estoicamente las tentaciones de la carne… y es que era una carne que ¡ay Dios!

En fin, en fin, como lo escribí al principio, hoy no tengo muchas ganas de escribir. Y como me hace falta un poco de aire fresco, la tarde está muy agradable y soleada, me voy con Carolina a caminar un rato por el downtown.