28 jun 2009

Drexler en México... y no lo vi

El jueves pasado Jorge Drexler vino a la Ciudad de México a dar un concierto y no pude ir por causa del trabajo.

Todavía recuerdo aquella vez hace casi dos años ya, cuando fui a verlo con la doctora corazón al Teatro Metropolitan, cuando cantó todas las canciones de 12 segundos de oscuridad.

Drexler no es un cantautor para las masas palurdas y apestosas que se contonean de un modo bastante extraño al ritmo el pasito duranguense; es más bien el tipo de cantante que gusta a quienes no queremos pasar por pseudofilósofos románticos de izquierda, como aquellos que gustan de la trova y la nueva trova latinoamericana, pero que tampoco somos tan ñeros y fáciles de deslumbrar con un par de palabras rebuscadas, como los fans del Serrat de las chachas (con todo respeto para ellas), el tal Arj… ¡ése!

Drexler tiene un tipo de fans con perfil más condechi, que para aquellos lectores que no vivan en la Ciudad de México, debo decir que es el apelativo con el que designa a los visitantes de los cafés, bares y galerías de una colonia que se ubica al sur poniente de la capital, llamada Condesa.

El citadino condechi tiene estudios universitarios generalmente en las áreas de ciencias sociales y humanidades; ideológicamente se ubica en el centro derecha/centro izquierda y es muy moderado, casi rayando en la indiferencia. Algunas de sus convicciones políticas son sólo de pose; por ejemplo, usa palestinas enrolladas en el cuello no porque esté a favor de la liberación de ése pueblo oprimido por las elites judías, sino porque se ven super cool con sus sacos de pana marca Zara y sus playeras cK y le confieren un aire contestarlo.

En términos culturales se ubica en un punto medio entre los admiradores de la cejotas Frida Khalo y el panzón apestoso ése que tenía por marido (Diego Rivera, creo que se llamaba), que asisten a festivales como el Ollin Khan de “culturas en resistencia” y leen a Noam Chomsky, y aquellos otros que admiran a Adal Ramones y Omar Chaparro, asisten a las exposiciones gratuitas que se hacen en Zócalo, sólo porque son gratuitas y leen el Quihubole con… de Jordi Rosado y Por qué los hombres aman a las cabronas, de no sé quien.

El citadino condechi en lugar de eso asiste a cafés de diseño, lee a autores como Brodsky, Beigbeder o Xavier Velasco y escucha a Drexler, Oceransky y Martin Buscaglia.

En fin, que vino Drexler y no pude ir a verlo; lo único que me consuela es que compré Cara B que es un disco doble grabado en vivo en donde hay excelentes versiones de Todo se transforma, Sea y Zamba del olvido.

Por si no se había notado, lo confieso, soy fan de Jorge Drexler, pero no son condechi. Soy un proletario intelectual, nada más.

26 jun 2009

En defensa de la política V de V

Ante el dilema de votar o no votar, la respuesta es votar pero permanecer atentos políticamente. Esto es, que el momento cívico y de interés político no se acabe al salir de la casilla, sino que permanezca, que exista el interés por saber qué demonios está haciendo el mono ése por el que se votó para que fuera Diputado Federal; saber dónde estará su oficina de gestión social, cómo votará en las sesiones del Congreso, cuántas veces usará la tribuna, aunque sea para decir puras idioteces, cuántas iniciativas presentará y acerca de qué temas.

Eso es estar políticamente activos y para eso si deberían existir campañas de concientización.

Pero desde luego se trata de una utopía. La mayor parte del tiempo la mayoría de la gente es valemadrista y sólo reacciona cuando se lesionan sus intereses inmediatos, y sólo a veces, pues si falta el agua en la colonia pero ya unos cuantos vecinos se organizaron para protestar, entonces para qué tomarse la molestia de participar en las protestas, si todos modos serán escuchadas y el problema será resuelto.

Por lo demás no hay que esperar de los políticos más de lo que pueden dar y más de lo que son: un reflejo de nosotros mismos.

Los políticos no llegan del espacio exterior, ni salen de una probeta en un laboratorio. Salen de la propia sociedad y por tanto tienen los mismos valores, la misma formación y la misma conciencia histórica. Ellos son los que somos. Así que ¿de qué nos escandalizamos y en su caso, por qué no hacemos algo para cambiar esa situación?

El señor Alejandro Martí es muy bueno en su papel de ciudadano víctima de la inseguridad, pero ¿por qué no decide de una buena vez por todas entrarle a la política si, la verdad sea dicha, tiene madera y hasta podría marcar la pauta de lo que podría ser el nuevo tipo de político que la sociedad necesita? Y los demás ciudadanos ejemplares ¿por qué no le entran también?

La política, esto lo decía mi maestra Lourdes Quintanilla, no la hacen los ángeles; la hacen hombres con pasiones e intereses diversos, por eso es tan fascinantemente conflictiva y pacífica al mismo tiempo.

Para finalizar y a propósito de que el voto es un elemento de la democracia y parte esencial de una cosa que en ciencia política se conoce como sistema de representación, quiero citar a Bernard Crick, maestro de otro de mis maestros en Facultad de Ciencias Políticas, el Dr. Manuel Villa.

A propósito del descrédito del sistema de representación, Crick decía:

“Puede decirse que cualquier sistema de representación, por desmedido, incompleto y a veces incluso corrupto que sea, es mejor que su ausencia, y mejor que otro que sólo represente un supuesto interés único de los gobernados”. [Bernard Crick, In defense on politics, 1962].

25 jun 2009

En defensa de la política IV de V

Respecto al llamado a anular el voto, el PRI se beneficia porque independientemente del éxito o fracaso de sus campañas electorales o de cuán malos o buenos sean sus candidatos, cuentan con una base estable de electores, que pase lo que pase y llueva, truene o relampaguee, invariablemente acudirán a votar.

De manera que si en una determinada casilla de una zona tradicionalmente priísta se contabilizan mil votos emitidos, de los cuales 900 son nulos, el candidato priísta ganaría en ésa casilla sólo con cien votos. Y tómenla electores idiotas que fueron a anular sus boletas, porque sólo 100 de sus vecinos decidieron por ustedes.

En el caso del PAN sucede algo similar, pues la mayoría quienes promueven el voto nulo tienen mucho más afinidad ideológica hacia este partido, cuyos liderazgos y gobernantes piensan que primero hay que generar orden y seguridad pública, para que después estas dos condiciones por si mismas generen el desarrollo que haga posible superar la pobreza, cuando es en realidad ésta última la que orilla a algunos sectores sociales a buscar oportunidades de sobrevivencia en actividades criminales, alimentando así las fuentes de inestabilidad social e inseguridad pública.

Y no se trata de victimizar a los pobres pobres -como lo hace la izquierda timorata del PRD, PT y demás siglas- que, obligados por el hambre, tienen que sembrar o vender drogas o “cocinar” en tambos de aceite a criminales del bando contrario. No. Los pobres al igual que los no pobres son cabrones, egoístas y competitivos. Es algo que se explica por los valores sociales prevalecientes en la cultura occidental; sólo que a diferencia de los pobres de otros países donde sí existen estructuras de oportunidad y movilidad social eficientes, en las que ésos valores permiten que al cabo de un tiempo un pobre con ganas de superarse pueda tener una casa, un auto y salir a comer a restaurantes tipo bufet todos los viernes, como sucede con los migrantes mexicanos que llegan a los Estados Unidos (cierto, ahora la situación es difícil, pero ahí en EU existen las condiciones reales para la prosperidad que aquí no existen, y como se trata de un tema que da para muchas otras tantas líneas, lo dejo para otra ocasión), en México los orillan a meterse zancadillas entre ellos mismos.

Muchos de los promotores del voto nulo sufragaron en las dos elecciones presidenciales anteriores por el PAN. Pero como dicho partido no ha sido tan eficiente en el cumplimiento de la demanda de orden y seguridad, ahora esos personajes y agrupaciones han optado por presionarlo mediante la amenaza de anular el voto, empleando para ello el descontento de muchos ingenuos intelectuales y académicos que nunca salen de sus cubículos, en sus universidades nice donde estudian las nuevas generaciones derechosas, así como el descontento de amplios sectores de la población para los cuales, independientemente de la situación, siempre todo estará mal, los políticos serán corruptos y la vida siempre será difícil.

Cuando estos sectores acudan a anular el voto, inconcientemente estarán apoyando a esos grupos cuyos intereses ni siquiera comparten; pero todo sea por estar a la moda.

24 jun 2009

En defensa de la política III de V

El llamado al voto nulo encierra en si mismo la paradoja de emplear un mecanismo democrático, el sufragio, para vulnerar a la propia democracia. Aunque esto no es novedoso. Ya desde el siglo XVIII muchos teóricos políticos habían señalado ésa situación como una de las contradicciones del método democrático de gobierno.

Pero más importante aún, el empleo de ése mecanismo en un sistema electoral de mayoría simple como lo es el que prevalece en México, esto es, uno en el que no importa el número de votos obtenidos respecto al total de electores, siempre y cuando sean los suficientes para determinar a un ganador de la contienda, sirve solamente para presionar por la vía de la opinión pública a una clase política que ciertamente ha cometido demasiados errores y que continúa siendo prácticamente la misma de hace 20 o 30 años, para que discuta y en su caso procese determinadas demandas sociales.

En la hora actual, la principal demanda de los grupos y organizaciones que han llamado a anular el voto, es la generación de orden social y seguridad pública, no como una condición para el desarrollo, sino como un requisito para la protección de la propiedad privada.

Dicha demanda, es desde luego legítima y comprensible, pero está demasiado tirada hacia la derecha del espectro ideológico, pues en una sociedad donde hay más de 50 millones de personas en condición de pobreza y dentro de éstas, unas 20 millones en condiciones de pobreza extrema, el Estado, o el gobierno, para no meternos en complicaciones teóricas, debería de asumir como prioridad la solución de éste problema.

Y aquí está precisamente el carácter netamente derechoso del gobierno del presidente Calderón: priorizar la generación del orden social y la seguridad vía la famosa guerra contra el narcotráfico, por encima del combate a la pobreza.

Y no, no se trata de hacer apología soterrada de las estupideces ideológicas que plantean López Obrador y sus gatos dizque izquierdosos, combativos y sectarios ("estaríamos mejor con López Obrador"). Se trata de llamar la atención al hecho de que mientras otros políticos tratan de meter otros temas en la agenda pública, tales como una mejoría en los servicios de seguridad social que ofrece el Estado, o la generación de mayores y mejores condiciones de fomento al crecimiento y desarrollo económico, lo cual habla de que en realidad tienen una perspectiva ideológica diferente respecto a la del gobierno del presidente Calderón, algunos grupos de la sociedad civil aprovechandose del clima de descontento y desánimo social prevaleciente, llaman a exigir orden mediante una medida de presión discursiva que incluye la frase “todos los políticos son iguales” y mediante un recurso democrático que, mal empleado como se pretende, habrá de despolitizar a amplios sectores de la sociedad.

En este escenario sólo hay dos partidos políticos que podrían beneficiarse con ése llamado a anular el voto: el PRI y el PAN.

23 jun 2009

En defensa de la política II de V

El perfil social de ése movimiento que promueve la anulación del voto es bastante conocido. Se trata de un conjunto de organizaciones de la sociedad civil que han participado en la organización de marchas muy nice para protestar por la inseguridad pública, y que han ideado valientes formas de protesta, como el salir vestidos de blanco o portando un moñito de un determinado color a la altura del pecho, para mostrar el descontento contra una clase política que reúne todos los defectos posibles, es decadente y casi casi demoníaca (Gandhi: muérete de la envidia, porque ésas formas de protesta no te las sabías… perdón, olvidaba que ya estás muerto).

Se trata de organizaciones formadas por personas con estudios universitarios, generalmente realizados en centros de educación superior de carácter privado, que cuentan con un nivel socioeconómico relativamente decoroso y que se conciben a si mismos como la encarnación de la moral pública y de la conducta cívica.

Ellos reúnen todas las cualidades de la cultura cívica de que hablaban Almond y Verba en su ya clásico libro titulado precisamente The civic culture, y desde su atalaya de pulcritud y prístina conciencia social, contemplan el horrendo espectáculo de la lucha por el poder político.

Hartos de ésa situación de degeneración de la virtud pública decidieron que sería bueno que las masas amorfas que infestan las calles y los lugares públicos, y que de vez en vez han utilizado para llenar sus marchas de protesta, acudan a las urnas a anular su voto para mostrarles a esos políticos egoístas, mafiosos y degenerados, que la “sociedad” ya está hasta la madre de ellos (emplear el término “pueblo” suena muy naco y político, o a político naco, así que ¡qué horror!).

Pues bien, si me he esforzado para escribir con sorna acerca de ése sector de la sociedad (en realidad no es ningún esfuerzo, me sale muy natural esto del escarnio) es porque quiero evidenciar el trasfondo de su propuesta, que es la despolitización de la sociedad, para que sólo pequeños sectores sean los que tengan influencia real en la agenda de discusión de los temas públicos.

Y bueno, para quienes llegasen a leer esto por mera causalidad, debo decir que soy politólogo de formación, que trabajo haciendo análisis político, leyendo muchos periódicos y que durante algún tiempo me dediqué a dar clases de teoría política y a hacer investigación académica; de manera que algo debo de saber acerca de la naturaleza y el funcionamiento de la política, como para formular este tipo de planteamientos.

22 jun 2009

En defensa de la política I de V

En las últimas décadas ha sido común en México observar la formación de movimientos sociales de corte cívico en los meses previos a un proceso electoral.

Muchos de esos movimientos han sido clave en el proceso de democratización de la política nacional, es decir, ése proceso mediante el cual nuevos partidos y liderazgos políticos se fueron incorporando a la escena pública a través de mecanismos cada vez más equitativos y confiables de competencia electoral.

En 1988, por ejemplo, el Frente Democrático Nacional creado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, fue crucial para la creación posterior del PRD –partido que logró reunir a las diferentes vertientes de izquierda en un mismo espacio y proyecto político-ideológico. Pero más importante aún, el FDN de Cárdenas contribuyó a impulsar una serie de reformas a las leyes electorales que dieron origen al IFE.

En 1994 surgió el movimiento zapatista, que llamó la atención hacia las paupérrimas condiciones de vida de las distintas etnias indígenas del país y que después se diluyó en una aventura poético-cómico-mágico-musical, protagonizada por el profesor Guillen Vicente, alias el “subcomandante Marcos” y una bola de altermundistas católicos y apestosos que escribían unos ensayos infumables. En 2000 surgió el movimiento del voto útil, que consistió en promover el voto a favor del candidato opositor al PRI con más probabilidades de disputarle la Presidencia de la República, que en ésa ocasión y para desgracia de todo el país, fue Vicente Fox Quesada.

Reconozco con humildad y mucha vergüenza que caí burdamente en el razonamiento del voto útil y sufragué a favor de Fox; sólo espero que algún día la patria pueda perdonarme y comprenda que se trató de un pueril pecado de juventud. Tenía yo 18 años cumplidos, recién había entrado a la universidad y estaba en el tránsito de conversión desde un pseudomarxistastalinistaleninistamaoístaborreguistasocialdemocratista, hacia un cretinistaanarcoincoformistaarrogantosoypayaso. Así que no sabía lo que hacía.

Ahora, en 2009 ha surgido un nuevo movimiento social de corte cívico que pretende que quienes están en edad de votar, cuentan con credencial de elector, están en lista nominal y tienen pensado acudir a las urnas el próximo 5 de julio, o sea, como 30 de 106 millones de mexicanos, lo hagan; pero anulando la boleta electoral.

Se trata del movimiento del voto nulo que tanto alboroto ha causado entre la intelectulidad y la clase política.

20 jun 2009

El buró y la nostalgia

No sé hasta qué punto pueda considerarse un ataque a la masculinidad decir que a lado de mi cama tengo un buró, en cuya superficie alguna vez puse el despertador y un par de libros para leer antes de dormir, pero que con el paso del tiempo y mi desidia para acomodarlos en mi pequeño librero, se convirtieron en una pilas tan altas que ahora para poder alcanzar alguno que esté hasta arriba, tengo que ponerme de puntillas.

En esta ocasión no pretendo escribir acerca de esa pila de libros y folios que se han acumulado sobre la reducida superficie del buró, dejando apenas un diminuto espacio para el teléfono celular, que todas las mañanas me despierta con la muy premonitoria letra de “Sea” de Jorge Drexler. Más bien pretendo escribir del cajón de ése buró, el cual originalmente usaba para guardar mi reloj, la cartera y mis pastillas para la gastritis, el dolor de cabeza, mi lumbalgia y alguna gripe eventual, pero que hasta apenas ayer descubrí que se había vuelto un archivo de notas y recibos que se fueron acumulando desde ¡el año 2000!

No sé por qué tengo la extraña manía de guardar todos boletitos del cine, comprobantes de pago del banco, la cuenta del súper, las facturas de algunas cosas que he comprado y los tickets de compra de la librería. El punto es que todos esos papelitos pulcramente doblados y sujetados con clips, habían ocupado todo el espacio del cajón, obligándome a la laboriosa tarea de quitarlos para liberar espacio.

Hacerlo fue como regresar al pasado, a través de los recuerdos que cada uno de esos papeles me evocó; como cuando encontré un boleto de Cinepolis, de cuando fui a ver Darkness City en 2001, una peli demasiado rara a la que, por cierto, no le entendí ni madres. O como cuando me encontré un boleto de Pullman de Morelos, de cuando viajar a Cuautla costaba 50 pesos y a Cuernavaca 65, en 2003.

Incluso encontré debajo de todos esos pequeños trozos de papel, el folder donde había guardado mi carta de aceptación a la licenciatura en la UNAM. Al leerla nuevamente fue imposible no llenarme de orgullo por el que ha sido hasta ahora uno de mis principales logros personales, pues desde que era un chaval de ocho años quería estudiar en la UNAM; incluso aun recuerdo un spot de difusión cultural, que decía algo así como “Difusión Cultural UNAM: nuestro futuro hoy”.

También me encontré los tickets de compra de algunos libros que ya ni me acordaba que tenía. Y la verdad no es que tenga muchos, pero tampoco llevo un registro exhaustivo en mi memoria de todos lo que tengo. El punto es que me sorprendió que en 1999 aún hubiera buenos libros que se podían adquirir por 20 pesos, y no como ésas ediciones espantosas de Editores Mexicanos Unidos que venden dentro de algunas estaciones del metro, que generalmente son las obras más aburridas o desconocidas de autores conocidos.

Incluso encontré mi pasaporte, que hace poco andaba buscando porque muy tacañamente pagué sólo por su vigencia de tres años, sin contar que mi visa gringa sería de 10.

Y cómo no mencionar las pastillas caducadas de trimetropim con sulfametazol, que guardan un valor sentimental para mí debido a que fueron las últimas que me recetó la doctora corazón cuando todavía me quería.

Quizá este texto -como casi todos los que escribo- no tenga ningún valor para quien lo lea; pero no os preocupéis, que no lo escribí con esa intención. Tan sólo quise externar por escrito la nostalgia que me causó limpiar el cajón del buró. Me hizo recordar los no tan lejanos tiempos en los que tenía tiempo para ir al cine, la librería, a otros lugares fuera de la ciudad y hasta para tener una novia doctora que me daba consultas gratuitas. Por cierto, ahora la doctora corazón anda en su segundo año de la residencia y está tan ocupada y estresada, que ha bajado mucho de peso.

Nostalgia en estos días nublados y lluviosos era el único elemento que faltaba para entrar oficialmente en un periodo de recesión existencial, digo, pa estar a la moda del léxico económico prevaleciente.

Un saludo para quienes me leen.

P.S.: Con todo este asunto del voto nulo, un amigo y colega de la Universidad me invitó a escribir una ponencia para una mesa de análisis. Buscando entre los libros y las notas que emplearé para redactarla, me encontré con “En defensa de la política” del profesor británico Bernard Crick. Un gran ensayo que debería de leerse en estos aciagos momentos electorales. Ya a ver si después escribo algo al respecto, o publico algunos fragmentos de lo que me salga como ponencia. A propósito, volver a escribir con estilo académico me ha entusiasmado bastante.

P.S. 2: Paola, como siempre, es un honor para ti poder leerme. Welcome again!