28 mar 2008

TolerEMOS I




Como valor para la convivencia social, la tolerancia es una voz de reciente aparición en el léxico de la política y en el discurso democrático. Esto no significa que apenas recientemente tal concepto haya sido acuñado, pues su origen, como el de todas las palabras, resulta difícil rastrearlo en el tiempo. Significa más bien que a partir de la observación de algunos acontecimientos histórico-políticos recientes, aquella ha adquirido importancia creciente.

En efecto, a partir de la segunda mitad de los años noventa, luego de los conflictos bélicos desatados por la desintegración de la URSS en Europa del Este, que propiciaron cruentos enfrentamientos étnicos y religiosos entre las distintas naciones que otrora habían permanecido cohesionadas artificialmente por el poder militar del Kremlin, la tolerancia adquirió importancia central como valor social y político.

Sin embargo, resulta muy curioso que un término usando tan frecuentemente carezca de una definición más o menos precisa de lo que pretende denotar. Cuando se intenta definir a la tolerancia es inevitable terminar asociándola al respeto; de lo que sigue que, o bien es un concepto carente de contenido propio, o bien es un concepto diádico, es decir, uno que precisa de la existencia de otro concepto para poder ser definido y entendido.

En lo personal considero que la tolerancia se ubica en la misma dimensión de indeterminación y confusión que el amor. Y si hubiera que escoger un valor para guiar el comportamiento social, además de la libertad, sin duda yo escogería el respeto más que la tolerancia.

A diferencia del respeto, que supone una mutua comprensión y una permanente disposición a conocer, la tolerancia supone soportar, casi estoicamente, aquello que de ordinario resulta insoportable.

Tolerar no es comprender, es aguantar, padecer, reprimir los impulsos despertados por aquello que es exasperante, pero que ya está ahí.

Así por ejemplo, yo tolero a los argentinos; y hasta hace muy poco, los chinos toleraban a los tibetanos.


Una muestra de la intolerancia china

En fin, que este preámbulo ha sido para abordar un tema que en días recientes ha ocupado algunos espacios en los noticiarios y en los diarios: el enfrentamiento violento entre algunos colectivos juveniles mal llamados “tribus urbanas”.

Si bien se trata de un tema local, sus protagonistas, su denominación genérica, sus expresiones culturales, son producto de una realidad social, económica y política de alcances globales. Dark’s, punk’s, emo’s existen lo mismo en Inglaterra que en Japón, México o Australia. Se trata de colectivos urbanos que más allá de reflejar los alcances de la comunicación global, reflejan las perversas consecuencias sociales de modelos económicos, culturales y políticos asimétricos y excluyentes, por muy insensiblemente socialista que eso pueda sonar.



Una muestra de la intolerancia entre "tribus urbanas"



Resulta que hace unos días, motivados por campañas virtuales de intolerancia y violencia, diversos grupos de punketos, darketos, skatos y demás nomenclaturas anglicistas, decidieron perseguir, golpear e insultar a los auto denominados emos, en diversos puntos de reunión de éstos, tanto en la Ciudad de México como otras ciudades del interior de la república.

Nada menos que en la ciudad de Querétaro, días previos al acoso, circuló en foros de discusión y vía correo electrónico, un fotomontaje de la portada del álbum “Matando güeros” del grupo de rock Brujería, en el cual, en lugar de la cabeza golpeada y decapitada de un norteamericano WASP, que aparecía en la realización original del grupo chicano, aparecía la cabeza cercenada de un emo.


Brujeria: un grupo de rock muy parturbador.



De hecho, Brujería es uno de esos grupos de rock que bajo la supuesta bandera de la música alternativa con trasfondo social, promueven la intolerancia, el resentimiento y el odio. Otro ejemplo, pero en la escena del Hip Hop es Bocafloja, un dizque rapero que compone canciones que hablan acerca de la exclusión social y la toma de conciencia de la juventud despierta, que casualmente es aquella que escucha su música, compra sus discos y acude a sus presentaciones.



Bocafloja. Otro más que piensa que piensa

Pero, a todo esto ¿quiénes demonios son los emos? ¿cuál es su cultura? ¿de dónde surge? ¿qué pretenden?

En ocasiones como esta es cuando les recrimino a los sociólogos que centren su atención en fumadas teóricas no aterrizables, como la autopoiesis luhmanniana. Esto porque los problemas reales, los fenómenos sociales, están ahí frente a sus narices y los desdeñan en parte por enfocarse al estudio y comprensión de teorías complejas, y en parte por el qué dirán los demás sociólogos si uno de ellos se ponen a estudiar algo tan insulso y carente de importancia como un agregado social en búsqueda de identidad.

En fin, que si no fuera porque afortunadamente llevo un sociólogo frustrado dentro de mi traje de politólogo arrogante, me vería en la penosa necesidad de acudir a la wikipedia para averiguar que chingados significa la “cultura” emo, con todo y el riesgo de desinformación que ello significa.

Sin embargo, como casi en todo momento me gusta hacer observación sociológica y estar en contacto con la vida cotidiana y el mundanal ruido, pienso que no me será muy difícil realizar un boceto mínimo acerca de esos muchachones greñudos que parecen salidos de una caricatura japonesa.
Mañana la segunda parte.

27 mar 2008

Un adelanto




Esto es un adelanto de lo que publicaré mañana.

La verdad es que soy un idiota, pues hoy por la mañana, mientras revisaba los archivos que pasaría de mi compu personal a la memoria USB para traérmelos a la Facultad, olvidé pasar el archivo de mi siguiente post.

Sí, lo sé. Soy bien torpe. Pero si vale a modo de justificación, tengo que decir que todavía no tomaba mi café reglamentario y quizá eso propició que olvidase el archivo. De cualquier manera, estaba incompleto y pensaba terminar de escribirlo precisamente ahora que el changarro está tranquilo.

La cosa es que con todo este borlote que ha propiciado el hecho de que otras "tribus urbanas" -término por lo demás contradictorio, como aquel de insensible socialista que atinadamente denunció mi amigo Luis (gracias Luis, la verdad no esperaba menos de ti)- han querido tomar como sparring a los denominados "emos", para propinarles sendas madrizas, pues se me ocurrió escribir acerca de ellos.

Y bueno, de paso aclaro por qué el término "tribús urbanas" es contradictorio: una tribu es una forma de organización social tradicional; lo demás creo que resulta obvio. Una de las características de la modernidad, como estadio cultural opuesto y superior a la tradición, es una urbanización, que supone dejar atrás las formas de organización atávicas.

En fin, de una vez aprovecho para agradecer sus opiniones acerca de la pregunta maldita sobre mi pretendida insensibilidad socialista. Y pues de una vez aclaro: insensible sí soy; pero socialista, lo que se dice socialista, pues no. El socialismo supone como valor principal la igualdad. En lo personal prefiero, por sobre todos los valores, la libertad; de lo que se sigue que soy medio liberal. Sin embargo, siempre me han dado miedo los tipos que abiertamente definen su orientación ideológica, porque generalmente se inscriben en la ideología contraria. Así por ejemplo, siempre hay que salir corriendo cuando escuchen que alguien se declara decididamente demócrata, porque en realidad es un vulgar tiranuelo.

En alguna ocasión, no recuerdo si fue en un coloquio quesque de jóvenes escritores al que, ahora que lo pienso no sé por qué me invitaron, si yo ni escritor soy; decía pues, que creo que fue en ese coloquio, donde un asistente me soltó sin compasión una pregunta maldita: "¿es usted de izquierda o derecha?".

Como percibí que la pregunta había sido formulada con muy mala leche, pues se me ocurrió responder que en el fut pateaba generalmente con la izquierda, pero que en el beis bateaba con la derecha. Y después de ridiculizar a mi interrogador, dije que en realidad la derecha y la izquierda como posiciones políticas eran muy relativas, y que se definían en función de determinados planteamientos y referentes sociopolíticos. Que en lo personal prefería identificar la simpatía con tal o cual doctrina ideológica, porque eso permitía conocer más o menos la forma de pensar de una determinada persona, más que la genérica distinción entre izquierda y derecha. Y que si tal fuera el caso, entonces yo me definía como ambidiestro.

Así que si acá también tal es el caso, pues vuelvo a repetir, soy ambidiestro. O bien, como último recurso, me declaro anarcotabaquista. Whatever it means.


P.S Sigo leyendo La catedral del mar ¡Qué historia! Simplemente está poca abuela. La recomiendo ampliamente, en verdad. Hacía mucho tiempo que no leía algo tan bien escrito, con una trama envolvente, con unos personajes perfectamente definidos. Sensacional. Sensacional.

23 mar 2008

Insensible socialista

Había pensado iniciar la semana con un post acerca de la metanoia, precisamente ahora que traigo fresca una charla con mi amigo Philippe Dreschner.

También se me había ocurrido escribir acerca de la desaseada elección interna del dizque principal partido de izquierda mexicano, el Partido de la Revolución Democrática, y tomarlo como pretexto para exponer mi personal concepción de la izquierda y su relación con el liberalismo.

Sin embargo, ni la metanoia, ni el PRD, ni la izquierda y el liberalismo, serán el tema de este post.

De hecho, en esta ocasión las palabras que siguen no son de mi autoría, sino de la muy impulsiva aunque comprensible autoría de una eventual visitante de este blog.

La verdad es que, aunque parezca escarnio público, no lo es. Simplemente es un divertimento. Esto me pareció tan original y me provocó tanta risa, que pensé: “¡Qué demonios! Hay que compartirlo”.

Y así será:

¿Te dolió el comentario que dejé en tu blog verdad?... Y veo que mucho, pues el tono se salió del margen de maestro a insensible socialista, educado en universidad pública, donde los grupos revoltosos... perdon, "revolucionarios" nacen de mentes brillantes, politólogos, sociólogos, filosofos y demás profesionales de carreras "humanistas"... Claro!, ¿qué otro comentarios esparaba de ti?, si tienes el mismo pensamiento, de pronto en menor escala, que Chavez, Fidel Castro, Lenin, Marx, etc, etc, etc... ¿Revolución?, BAH!!!... Eso no sirve, ni en Colombia, ni en el mundo!.


¿Realmente soy un “insensible socialista”? Como diría Jaime Maussan: la incógnita, está en el aire…

P.S Mary Joss, como siempre, un honor para mi que leas mis dislates.

22 mar 2008

¡Qué viva la fe!



Por situaciones como esta, en ocasiones hasta llega a caerme bien Benedicto XVI y sus pretensiones litúrgicas tridentinas:

Los uniformados provocaron a los nazarenos. “Apúrense, pinches huevones”, “si no puedes tírala, pendejo”, fueron algunas de las expresiones que se escucharon en el acceso al Cerro de la Estrella.

Algunos nazarenos optaban por descansar y poner un trapo en el suelo para mitigar el calor. Y seguían las provocaciones: “Apúrale, pendejo; ¿no ves que hay gente atrás de ti?”, decían los uniformados.

“Tranquilo, ¿qué no ves que estoy descansando un poco?”.

“Descansando ni madres; se creen muy pinches devotos y son los más mierdas”.

Fuente: Milenio Diario 22/03/2008.


P.S Sigo de vacaciones.

17 mar 2008

Siempre sí

Sucede que siempre sí.

Me voy de vacaciones.

Así que en estos días este blog anónimo y desconocido estará fuera de servicio.

Felices vacaciones para todos los tres que me leen (Luís, Elisa y Mael). Aunque estas vacaciones no deberían ser para divertirse, sino para iniciar la metanoia… un terminajo teológico medio complicado del que un día escribiré.

Saludos para todos.


P.S Tan desafortunada como estúpida, la declaración del Ministro de Justicia colombiano acerca de los mexicanos asesinados por el Ejército de su país: "no eran unos angelitos". Si lo eran o no, eso a él no le importa. Su trabajo es iniciar las investigaciones y consignar a los culpables. En tanto, el gobierno del Presidente Calderón ha demostrado su incapacidad e insensibilidad. Lamentable, muy lamentable.

14 mar 2008

Amor y libertad

Ayer sostuve una agria discusión con una colega –bueno, no precisamente colega de profesión, pues ella es (que Dios la perdone) comunicóloga, pero sí colega profesora- acerca de la relación entre amor y libertad.

De no haber sido porque somos dos personas maduras, concientes, profesionistas y universitarias, habríamos terminado liándonos a golpes. Pero en lugar de ese bochornoso desenlace, terminamos haciéndonos recriminaciones mutuas, que no sé por qué me hicieron recordar las canciones de Pimpinela con las que mi mamá me torturaba cuando era niño.

El punto es que ella afirmaba vehemente que el amor era la entrega total y absoluta a la otra persona; que por tanto era el resultado de una decisión segura, determinante y plenamente acertada. De manera que entre amor y libertad no existía tensión alguna, antes al contrario, se trataba de dos valores que se complementaban.

Sin embargo, yo argumentaba –y modestia aparte, con mucho más elocuencia y claridad- que amor y libertad eran dos valores mutuamente excluyentes; que esa idea de entrega total y absoluta significaba la renuncia conciente, aunque estúpidamente razonada, a la libertad, a la voluntad individual y, por tanto, a la capacidad de decidir.

Y es que ese es el gran riesgo del amor, o cuando menos, de ése cúmulo de sentimientos confusos y a veces contradictorios, a los que, al no encontrar otro nombre más preciso, les hemos denominado como amor. El amor cuando surge intempestivo e imprevisto, relega a la libertad y cercena la racionalidad. Aunque cueste aceptarlo y aunque a más de un lector oficioso le haga fruncir el ceño, hay que reconocerlo: el amor nos vuelve imbéciles.

La libertad en el amor difícilmente puede tomar parte activa, porque en estricto sentido, ni siquiera podemos escoger de quién enamorarnos. Podemos, eso sí, escoger a alguien que nos atrae, sea por la cualidad que sea; pero de ahí a escogerlo como objeto de nuestro amor, hay una gran distancia.

El amor, para ser tal, precisa de la anuencia de los dos amantes. De lo contrario sería simple obsesión. Pero además, el amor y el enamoramiento, no son dos acontecimientos y sentimientos que puedan ser planeados; es decir, uno no pone en su agenda: 6:00 p.m Cita con el dentista; 8:30 p.m enamorarme de la primera mujer que se cruce en mi camino. Es algo absurdo.

Amor y enamoramiento son dos actos contingentes, y por tanto, ajenos a la libertad individual. Son más bien, dos tiranos que intentan someter a la razón –locus de residencia de la libertad- por la vía de los sentidos.

Y eso de la entrega total y absoluta como señal clara del amor, bueno, pues es una completa, reprobable, horripilante y condenable aberración.

La entrega total y absoluta sólo puede existir en un solo tipo de amor: el amor verdadero que es el amor divino. A esa clase de amor en teología se le conoce con diferentes denominaciones: ágape, charitas, amor oblativo. Tiene una connotación salvífica y sólo Dios puede darlo. En la Cristología el mayor ejemplo de amor oblativo es la crucifixión de Jesús (que muchos protestantes, en su ignorancia del auténtico conocimiento teológico, no entienden). Y sólo en este caso amor y libertad han coincidido, pues Cristo se sacrifica a si mismo para liberar a los hombres del pecado.

Sin embargo, en el mundo de los ordinarios mortales, decir que el amor debe de ser entrega total y absoluta es un despropósito y una insensatez descomunal. Es renunciar a la libertad, a la voluntad y a la capacidad de autodeterminación. Es someterse a la tiránica voluntad de otro.

En fin, que la única relación, el único vínculo, que puede existir entre amor y libertad es la decisión.

Cuando se toma una decisión relacionada con el amor, ésa decisión debe ser conciente, razonada y sensata. Esto para que sus consecuencias, sean buenas o malas, no se conviertan después en fuentes de lamentación, autorecriminación, angustia y ansiedad.

Esa es, desde mi perspectiva, la única relación que puede existir entre amor y libertad: estar concientes de las decisiones que se toman y asumir a cabalidad sus consecuencias.

Lo demás es simplemente guión de telenovela.


P.S No sé cuántos de todos los tres que leen este espacio tendrán vacaciones la semana que viene; pero mis alumnos y yo sí tendremos.

Y bueno, la verdad es que todavía no sé si saldré de la ciudad, porque tengo que trabajar en la traducción y fichaje de unos artículos para un proyecto de investigación. Además de que eso de hacer el tour de visita familiar de repente llega a ser bochornoso, pues supone capotear preguntas incómodas del tipo “¿ya te casaste?”, “¿pero piensas hacerlo?”, “¿y tú novia, por qué no la trajiste?”.

Como sea, fiel a la tradición aprendida de mis maestros, he aquí algunas recomendaciones bibliográficas para estas vacaciones:

La catedral del mar, Idelfonso Falcones, Grijalbo. Es una novela que apenas he comenzado a leer, pero está muy buena. La historia de Bernat y Arnau Estanyol es sensacional, y el manejo de las emociones y los escenarios que hace el autor le imprimen un ritmo absorbente.

Historia del Rey Transparente, Rosa Montero, Punto de Lectura. Esta es una novela de esas que son estrictamente para pasar el rato; es decir, no hay mayor reflexión, ni mayor interés que el de disfrutar de la narración, por lo demás, muy bien estructurada. Es la historia de una campesina medieval, que para salvar la vida se disfraza de caballero y emprende una serie de aventuras muy entretenidas.

El diablo tiene nombre, Francisco Asensi, DeBolsillo. Una historia de miedito, aunque con algunos datos curiosos que vienen ad hoc con los días de guardar, pues tienen que ver con los evangelios apócrifos, el verdadero nombre del diablo y los exorcismos. La trama es súper emocionante y los tiempos de la narración atrapan inmediatamente.

11 mar 2008

A propósito de Lucía



Lucía Andrea Morett, la joven sobreviviente del furtivo ataque del ejército colombiano a la base cladestina de operaciones de las FARC, ubicada en territorio ecuatoriano, se ha convertido en toda una celebridad y, dentro de poco, en una heroína de la lucha por la libertad.

Es terrible, lo sé. Pero así funcionan nuestras estructuras sociales y nuestros medios de comunicación.

Antes la heroína había sido Elvira Arellano, la mujer ilegal que se había refugiado en una iglesia metodista de Chicago, para no ser deportada. Hasta hace poco era Eufrosina Cruz, la mujer indígena que no obstante haber ganado la elección municipal de su natal Santa María Quiegolani, un pequeño poblado del estado sureño de Oaxaca, fue expulsada de la comunidad porque de acuerdo a los “usos y costumbres” las mujeres no podían participar en la política y mucho menos ganar las elecciones.



Elvira Arellano durante sus cinco minutos de fama




Ahora pareciera que es Lucía Andrea Morett quién se perfila a convertirse en la heroína sensación de chicos y grandes, por su osada aventura de ir a convivir con la guerrilla más activa y organizada de toda la región latinoamericana, y compartir con ellos el sueño de construir “otro mundo posible”.


Eufrosina Cruz: una auténtica luchadora política



Talvez estoy proyectando mi lado más reaccionario, misógino y todo lo demás que sea achacable a todos aquellos amargados y resentidos que se empeñan en detener el progreso. Sin embargo, pienso que se trata más bien de un poco de sensatez. Ésa cualidad que hoy en día anda muy escasa.

Esa sensatez me hace pensar en forma tanto más detenida acerca no sólo de Lucía Andrea Morett, que es más bien un aspecto secundario, sino más bien de lo que implica haber encontrado a esa joven en un campamento guerrillero.

Es bien interesante observar como aquellos que abogan por mirar a la sociedad como “mayor de edad”, se empeñen en querer verle la cara de idiota, tratando de argumentar que Lucía andaba en Ecuador haciendo una investigación académica, cuando bien podrían decir la verdad: que la joven universitaria era simpatizante de la guerrilla y decidió tomar parte activa de sus convicciones personales. No hay nada de malo en eso. Al contrario, en esta época en que la rebeldía pasó de ser una actitud, a una moda encabezada por una bola de imbéciles, productos de la mercadotecnia, presentar en los medios la historia de una joven enamorada de sus ideales, es casi conmovedor.


Ahora a esto se le llama ser rebelde. Qué decepcionante

El problema acá es que siendo la guerrilla colombiana una organización más paramilitar que política, ha perdido muchas simpatías entre la comunidad internacional. De ahí quizá la lamentable actuación del gobierno del Presidente Calderón, que no ha prestado la ayuda necesaria para una connacional del Estado mexicano que se encuentra en apuros allende las fronteras.

Y es que del lado del gobierno mexicano se podrá estar o no de acuerdo con las convicciones políticas e ideológicas de esa chica y de los otros mexicanos que presuntamente murieron durante el asalto militar. Sin embargo, tiene la obligación de prestarles la asistencia necesaria y defenderlos frente a posibles acciones legales que el Estado ecuatoriano o colombiano se reserven a emprender.

Por otra parte, al ser una estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, Lucía Andrea Morett ha desempolvado el viejo debate sobre la formación social de los estudiantes de la UNAM y su relación con su desempeño profesional.

Al respecto cabría decir que se trata de un debate estéril y superado. La calidad académica de la Universidad no está a discusión. Es una institución que conjuga la excelencia académica con la responsabilidad social, y la conciencia crítica de sus estudiantes y egresados.

Lo mismo se desarrollan habilidades para competir en el mercado laboral, que sensibilidad para percibir los problemas sociales y tratar de construir soluciones. Y esto es lo que le otorga el carácter de verdadera universidad a la UNAM, no la cantidad de programas de estudio inscritos en los padrones de excelencia, ni las cuotas o el estrato social de quienes la integramos.

La Universidad es nacional porque apuesta en todo momento por contribuir a solucionar los grandes problemas que aquejan al país. Sus egresados, de la disciplina que sea, además de ser buenos profesionistas, son también ciudadanos preocupados por el acontecer nacional e internacional. Eso es bastante loable y constituye el sello distintivo de quienes estudiamos en la Universidad. Aunque luego se nos quiera estigmatizar con adjetivos tan ramplones y prejuicios igualmente infundados.

En ese sentido entiendo a Lucía Andrea Morett y me solidarizo con ella. Digo, entre los universitarios nos podemos caer mal en el plano disciplinario. Por ejemplo, en lo personal me caen los comunicólogos, los abogangsters, los filósofos pandrosos y los ingenieros civiles; en contraparte me caen bien los economistas y amo a las doctoras de la Facultad de Medicina.

Pero entre todos nosotros –filósofos, médicos, abogados, economistas, politólogos- existe algo similar al espíritu de cuerpo, que hace que nos defendamos colectivamente ante cualquier intento de ataque o denigración a nuestra Universidad.

Juzgar a Lucía Andrea como una subversiva carente de la mínima formación profesional, es un abierto ataque a la Universidad y a los universitarios. Eso no se puede pasar por alto. Aunque se entiende que los sectores de los que proviene esos ataques son precisamente aquellos que quisieran ver desaparecer a la Universidad, sencillamente porque la no entienden y nunca fueron universitarios.



Sencillamente alábenos todos los mortales.
Los universitarios somo la neta del planeta.




Y bueno, como buen unamita, también tengo mis deslices izquierdosos. Así que mejor hasta aquí llego. No sea que termine escribiendo un panfleto subversivo que concluya con el clásico “hasta la victoria siempre”…

… por cierto, el Ché siempre me cayó mal. Qué contradictorio, no.



P.S El fin de semana estuvo muy estresante para mí. Me invitaron a participar en una mesa de análisis con un nombre más largo que las intervenciones de quienes presentamos nuestras ponencias: “El Fin Amors y la cuestión sentimental en el contexto de la modernidad líquida”. Fue en Poza Rica, Veracruz.

El viaje fue toda una aventura. Todo el tiempo tuve el alma en vilo. La carretera es sinuosa y flanqueada por hondos voladeros y peñas casi verticales, recubiertas de abundante vegetación y plantas de café.

Salí de la Ciudad de México el viernes por la madrugada y llegué todo desvelado y cansado a la escuela de derecho donde tendría lugar la mesa.

El regreso estuvo peor. Había una neblina tan espesa, que por un momento pensé en dejar mi cochi abandonado y subirme a camión de pasajeros.

En fin, gajes del oficio. Para la otra me voy en autobús.