11 jul. 2008

Crespo


Aunque parezca algo snob y/o culterano, lo primero que hice al comenzar formalmente mis vacaciones fue darme una vuelta por la librería.

Hacía mucho tiempo que no visitaba Gandhi (nota cultural para quienes, en caso de que los haya, me lean desde otras latitudes distintas a la Ciudad de México: Gandhi es una de las principales librerías de la ciudad; actualmente con muchas sucursales, de las cuales la más conocida por haber sido la primera es la que se ubica en Av. Miguel Ángel de Quevedo, a medio camino entre el centro de Coyoacán y San Ángel… en fin, es una librería importante), pero ayer que fui nuevamente, me encontré con que están remodelando el local que se encuentra en la acera norte, donde con poco dinero y mucha suerte era posible salir cargado de muy buenos títulos. Así que me fui al local nuevo, o relativamente nuevo, que se encuentra a un costado de la librería del Fondo de Cultura Económica, justo en la acera de en frente.

Mi objetivo, era, obviamente, encontrar algunas buenas novelas para leer en estas semanas. Pero una vez en la librería, me fui a las secciones de “ciencias sociales” y “filosofía”, a ver cuáles eran las novedades.

En la sección de filosofía encontré un libro de Luc Ferry (Aprender a vivir, Taurus 2007) que me pareció interesante y ameno, así como un texto de Alain Badiou (Breve tratado de ontología transitoria, Gedisa 2002) acerca de la ontología en Francia.

Hasta ahí todo bien. Sin embargo, cuando estuve en la sección de ciencias sociales, me encontré con que el libro del momento es “2006: hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana”, del aburrido y gris José Antonio Crespo Mendoza, profesor de todología politológica (cualquier cosa que eso signifique) en el Centro de Investigación y Docencia Económica, que dizque uno de los centros de estudios en ciencia política y economía más prestigiados del México actual.

José Antonio Crespo.



Fiel a mi costumbre de nunca comprar libros de coyuntura porque al cabo de unos años nadie los recuerda y su contenido analítico se vuelve obsoleto, me tomé un par de minutos para echarle una ojeada al texto de Crespo; esto porque soy un irredento masoquista visual (para muestra baste mencionar que tengo mi suscripción anual a “Proceso”) que gusta de provocarse dolor (de cabeza) leyendo idioteces expresadas en prosa académica, y porque me quise ahorrar la molestia de comprarlo o esperar cinco años para poder consultarlo en el acervo de la biblioteca de la Facultad.
La tesis de Crespo, licenciado en ciencias políticas y doctor en historia, es muy sencilla: hubo muchos errores en la elección presidencial del 2006, de manera que no es posible saber con claridad si hubo indicios de fraude en contra del candidato perdedor, López Obrador; así como tampoco es posible afirmar con total certeza el legítimo triunfo electoral del presidente Calderón.

Si alguien pretendía comprar ése libro, no lo haga. Con leer la sucinta reseña del párrafo anterior se ahorrará horas de tedio y decepción ante el trabajo de uno de los politólogos quesque más respetados y prestigiados de México.

Aunque loable el trabajo metodológico realizado por Crespo, presumiblemente basado en la revisión de las actas de escrutinio y computo de la mitad de los distritos electorales del país (150 de 300), las conclusiones son igual de laxas y de sentido común que las de un periodista de la calaña de López-Dóriga y Ciro Gómez Leyva, o cualquier otro de los que aparecen el programejo ese de pareceres políticos llamado “Tercer grado” (de primaria).


¿Periodistas?

Es decir -y esto debería saberlo y enseñarlo en sus clases el Dr. Crespo- los politólogos tienen que ir un poco más allá del sentido común, tratar de sustentar en argumentos, teorías e hipótesis sistemáticas el análisis de la realidad política; mas no quedarse en el mismo nivel de generalidad que los observadores ordinarios.

Escribir un texto de 236 páginas para decir más o menos que: “no lo sé de cierto, pero lo supongo; porque como puede ser que sí, puede ser que no; la mera verdad es quién sabe”, debería ser motivo suficiente -en un sistema nacional de investigadores serio- de degradación en el escalafón y de los apoyos económicos de quién escriba semejante estupidez. Pero estamos en México, y con todo y su supuesto carácter flemático y su look de scholar, Crespo forma parte de la oligarquía intelectual que ha copado todos los espacios universitarios y mediáticos, para expresar sus pareceres presentados como ciencia política.

En lo personal encuentro bastante irritante ver, leer o escuchar a personajes como Crespo, Lorenzo Meyer o Jorge Chabat. Pero esa irritación cede su lugar a la preocupación y a la decepción cuando esos mismos personajes son objeto de culto por parte de la clase política nacional. Sus opiniones aunque sean erradas son recibidas como verdades inobjetables.

Por supuesto que su prestigio y experiencia académica deben ser reconocidos, porque fueron de los primeros politólogos que produjo el país. Sin embargo sería saludable observar un cambio generacional no sólo en los espacios académicos, sino también en los espacios de asesoría en la formulación de decisiones. Que las elites circulen, como diría Michels.

En fin, que esto seguramente no le importará a nadie más que a mí. Pero qué diablos, estaba enmuinado y tenía que escribirlo. Así que le ofrezco una sentida disculpa al valiente lector que haya llegado hasta aquí a pesar de los bostezos.

Y a propósito de las oligarquías intelectuales que han doblegado a este país de globos y bicicletas, convendría tomar en cuenta las sabías palabras de Alí Chumacero (uno de los pocos escritores en toda regla que ha dado este país, otra vez, de globos y bicicletas), expresadas en una entrevista realizada a propósito de sus noventa años de vida:


Alí Chumacero.



“Me alegra que se vea que soy una persona que no ha perdido el tiempo en todo. Y que se sepa también que no soy un literato mamón. Soy un literato que sabe vivir… Un literato mamón es un literato apretado. El escritorcito que llega a apantallar es un mamón y además un imbécil….”

… tómala Monsivais, y tómenla el resto de las momias vivientes (Fuentes, Poniatowska, et. al).

P.S Debido a las presiones inflacionarias, al alza de los precios internacionales de los alimentos, a la crisis hipotecaria en los Estados Unidos y al alza global de los precios de los energéticos, que a su vez han provocado el alza en los precios de los pelis porno (debido al aumento de los costos del transporte y de los implantes de silicón) y las muñecas inflables (debido al calentamiento global, o sea, al hecho de que las crisis del capitalismo ponen cachonda a la gente en todo el mundo), durante este periodo vacacional no saldré de vacaciones; no ajuera del país. Si acaso iré unos días a Culiacán, a dónde mi amiga Carolina me ha invitado a hacer turismo de alto riesgo ecológico, debido a la alta concentración de plomo en el ambiente (propiciada por tantos tiroteos entre narcotraficantes y policías); y a comer camarones empanizados.


P.S 2 Esa ley de no retorno aprobada por el parlamento europeo es más kukuxklanesca que la intención declarada de nuestros vecinos gringous de levantar un muro en la frontera con México. Y bueno, cuando la intolerancia, la pobreza y la exclusión convergen, es como cuando un hombre de 60 años toma viagra: la cosa tiende a ponerse dura.

1 comentario:

elisa dijo...

No cabe duda que eres un martir, ya que te gusta autoflagelarte al leer cosas que no son de tu nivel, pero en fin, algún defecto o cualidad (según se vea) debías tener.
Ahora que vallas a Culiacán vete preparado y lleva un chaleco antibalas, por si acaso llegas a necesitarlo.
Que disfrutes tus vacaciones y en la medida de lo posble, no olvides a tus lectores.
Elisa.