4 abr. 2009

Berlin, la derecha y la izquierda

Una de las grandes enseñanzas que nos legó Isaiah Berlín fue que en el terreno de la disputa ideológica no hay lugar para el holismo, es decir, para la creencia de que los valores culturales que orientan la interacción social son absolutos, inmanentes y universales.

En su momento, como ha sucedido con todos los pensadores sensatos, Berlín fue tachado de pequeño burgués y relativista cultural. Pero tiempo después, su enseñanza fue asimilada por aquellos sectores de la intelectualidad capaces de desarrollar la coherencia mínima suficiente, como para permanecer ajenos a las modas académicas y los –ismos que suelen configurar lo que se ha denominado como el “espíritu cultural de una época”.

Que los valores y las ideas no sean absolutas y universales no significa que carezcan de validez; sino más bien que su validez está determinada por un entorno histórico, cultural y geográfico.

Cierto, la libertad como valor lo mismo aparece en Occidente que en Oriente como un concepto, pero su contenido, lo que le confiere propiamente el carácter de valor, no es el mismo para un norteamericano que para un tibetano.

Este planteamiento de la relatividad de los valores sirve también para analizar las ideologías políticas, que no son más que un compendio de valores ordenados en una escala de importancia. De hecho, si hubiera que simplificar para efectos de entender con claridad las nociones de “izquierda” y “derecha”, se podría decir que la primera sitúa en primer lugar de importancia el valor de la igualdad, mientras que la segunda privilegia a la libertad. No obstante, hay que recordar que la propia taxonomía axiológica –el orden jerárquico de los valores, pues- no es concluyente; de manera que dentro de lo que se denomina como derecha e izquierda, puede suceder que la idea de la libertad se combine en grado y medida con otras ideas, dando como resultado diversas tendencias ideológicas que conforman un espectro muy amplio, que puede ir desde el comunismo radical, hasta la anarquía absoluta.

Así, un liberal no necesariamente debe de ser considerado como “de derecha”, ni un comunista como “de izquierda”, pues en ambos casos la caracterización depende del contexto en el que un tal individuo desarrolle su perspectiva ideológica, así como de la propia orientación de quien caracteriza. Esto es, que comparado con George Bush, Barack Obama es un hombre izquierda; pero comparado con Hugo Chávez es más bien un militante de la derecha. Y así también Chávez, comparado con Lula Da Silva es un gobernante autoritario, pero comparado con Poltpot es un ícono de la democracia.

En México, por ejemplo, el Partido Acción Nacional de los años 30 y 40 era un partido democrático y liberal, pero su evolución a lo largo de 60 años lo ha convertido en un partido muy cercano al conservadurismo y a las prácticas antidemocráticas que denunció durante décadas.

Todo esto viene a cuento porque aquello de la izquierda y la derecha depende del contexto en el que se realice la caracterización. Y si he escrito este es comentario es un poco para curarme en salud debido a que en una reciente reunión con algunos amigos y ex colegas de la Facultad, me tildaron de pregonero de la derecha empresarial, sólo porque trabajo en una de las pocas compañías mexicanas verdaderamente globales.

Pero que me hayan dicho derechoso no es el punto acá; sino el hecho de que mis compañeros de trabajo, abogados todos, me consideran de izquierda radical sólo porque cuestionó sus ideas y me muestro siempre crítico ante la realidad política.

La verdad es que eso de las izquierdas y las derechas nunca me ha interesado en estricto sentido, porque me parece una pérdida de tiempo andar etiquetando y encasillando el pensamiento.

Las personas deben de ser libres en todo momento de pensar y actuar como mejor les plazca, con pleno uso de la razón. Pero si me apuran, diré que para mí la cuestión de la orientación política se reduce a escoger entre los dos valores anteriormente mencionados: la igualdad y la libertad. Y de ambos, yo escojo al segundo por sobre el primero.

Las personas siempre deben de orientar sus acciones hacia el aseguramiento de su libertad y autodeterminación. Pero al mismo tiempo debe de existir alguna suerte de equilibrio o mecanismo preventivo que evite que el ejercicio de la libertad conduzca a situaciones de inequidad social, económica y cultural. Entre las personas no deben de existir diferencias propiciadas por sus propios artificios, sino sólo aquellas que sean naturales, pero sin que esto signifique que unas sean mejores que otras, sino más bien, plurales y diversas; motivo por el cual el segundo valor que debería de imperar es el respeto, porque éste cuando es bien ejercitado, conduce al entendimiento y la comprensión de la razón de ser de las demás personas.

En el plano estrictamente político, un valor que debiera de prevalecer es el de la sensibilidad, que más bien es una aptitud. Mirar la situación del desprotegido, el oprimido, el explotado y el pobre, debiera de motivar a la creación de mecanismos de combate a los factores que los obligan a permanecer en ésas condiciones. Pero desafortunadamente esto no sucede, porque cuando se accede a una posición de ejercicio del poder sobre una colectividad, las pasiones rigen por encima de las razones, y entonces lo que se busca es mejorar la situación propia, olvidándose de la ajena. Y cuando esto sucede, ya no existe diferencia entre izquierda y derecha, sino sólo entre poderosos y el resto del mundo.

Esto es lo que ha sucedido en todas las épocas desde que el mundo es mundo; pero particularmente desde que el sistema capitalista comenzó a desplegar su hegemonía. Por eso Carlos Marx planteaba como requisito indispensable su deposición como condición sine qua non para la construcción de una situación social más equitativa y humana.

Marx murió y paulatinamente sus ideas fueron malinterpretadas y pésimamente ejecutadas, propiciando que el viejo de las barbas paulatinamente fuera quedándose en el olvido. Ahora, cuando el capitalismo está en una crisis que bien podría ser aprovechada para exterminarlo, ya nadie se acuerda de Marx y nadie plantea la posibilidad de otro mundo que no se agote en una mera propuesta retórica y publicitaria.

En esta hora mundial se requiere pensar desde una perspectiva crítica y lo más cercana a la objetividad, qué es lo que queremos construir para el futuro y cómo habremos de construirlo. Desafortunadamente no contamos con un Marx que nos oriente, y con el Marx que si podemos contar, que es el de El Capital, está arrumbado en las bibliotecas, mientras los poderosos de la izquierda y de la derecha continúan repartiéndose los despojos del mundo y generando más opresión, pobreza, explotación e injusticia…

Cierto, el capitalismo no está funcionando, como salieron a denunciar los denunciantes de siempre; pero tampoco la capacidad para pensar e ideas nuevas propuestas de cambio social y económico; es decir, ésa capacidad de Wright Mills denominó como imaginación sociológica.

1 comentario:

Pelusa dijo...

Poco dejas para comentar aqui...
Marx sigue y seguira archivado, porque si bien su propuesta de un nuevo sistema fue malinterpretada por sus "seguidores", sus propuestas para mejorar el capitalismo no convienen a los capitalistas...
Izquierda es derecha si cambias el punto de vista... pero como quiera que lo mires, Chavez es Chavista y nada mas (es mi opinion y por lo tanto puede estar equivocada, pero no he tenido motivos para pensar otra cosa)...
Ah! La politica no es sensible, si lo fuera, no seria politica!
Saludos