4 mar. 2013

My Sassy Girl

Acerca del colonialismo sentimental de Hollywood en Asia




La primera vez que vi My Sassy Girl, escrita por Kim Ho-sik y adaptada al cine y dirigida por Kwak Jae-yong, habrá sido a finales de noviembre de 2012. Para entonces la cinta ya había cumplido 11 años de su estreno en Corea del Sur convirtiéndose en un auténtico blockbuster; tanto, que en 2008 Yann Samuell estrenó la versión hollywoodense que, contrario a lo que se podría creer tratándose de una comedia romántica (el propio título lo delata), no fue protagonizada por Hugh Grant y Sandra Bullock, que ya están bastante seniles para interpretar a la pareja de jóvenes universitarios que se conocen por accidente, o más bien, al evitar un accidente en un andén del metro para dar paso a una convencional historia de amor que pretende venderse como excepcional sólo porque la versión original está hecha en Corea del Sur.

Hace poco tuve oportunidad de mirar nuevamente la cinta y pasarla justo por el crisol crítico, pues el cine, además de entretenimiento es –como el resto de las actividades artísticas y de espectáculo- un producto cultural que reproduce y refleja patrones de conducta, prácticas, hábitos, ideologías y cosmovisiones sociales.

En el caso de My Sassy Girl la crítica en general ha pretendido ser benevolente sólo por la nacionalidad de la cinta. Pero la fórmula de la historia es demasiado convencional. Es, a lo mucho, una variación de latitudes geográficas y de idioma de las historias que nos han contado desde Hollywood y que bien podrían ser catalogadas como las responsables de la educación sentimental global. Eso siendo demasiado amables.

Ya desde una perspectiva quizá un tanto más dura tratándose tan sólo de una crítica cinematográfica, la historia de Kwak Jae-yong es resultado del colonialismo sentimental que ha logrado instaurar Occidente en prácticamente todos los rincones de planeta a través de Internet.

A diferencia de las sórdidas historias de amor que nos ha narrado Murakami a través de Tokio Blues y Sputnik, mi amor o Hiromi Kawakami en El cielo es azul, la tierra blanca, lo que encontramos en My Sassy Girl son los lugares comunes del amor occidental: superficialidad que pretende ser dispensada por tratarse de jóvenes postadolescentes, gags previsibles, abnegación, sacrificio aparente y circularidad de la relación amorosa que rinde un cuestionable homenaje a la igualmente cuestionable y ridícula frase que sentencia “si amas a alguien…”.

Sea tal vez que la deficiente calidad del contenido de la cinta se deba al vicio de origen, es decir, al hecho de que la historia fue escrita por un blogger coreano hace más de una década.


Lo único rescatable es quizá el ligero tratamiento del tema de la contingencia como fundamento de cualquier relación humana, que no exclusivamente del amor. El destino como un “puente de posibilidades” no es una concepción original de Kim Ho-sik; ya antes los escritores románticos lo habían dicho con mucha claridad. El punto es tal vez que las amplias masas de jóvenes y adolescentes palurdos que vieron la película lo desconozcan porque su nivel cultural no va más allá justo de las novelas que tienen que ser adaptadas como guiones cinematográficos tan tristemente en boga al día de hoy.



P.S.: Caso aparte es el soundtrack de la cinta. El arreglo de Canon en Re Mayor de Johann Pachelbel y My Girl de Temptations logran crean atmósferas suaves en escenas cargadas de fruslería.

1 comentario:

Anónimo dijo...

no hubo una critica constructiva.... deja mucho que desear...