22 mar. 2013

Se me olvidó que te olvidé

El 26 de diciembre de 1948 fue domingo. En Tamaulipas, concretamente en el municipio de González, un grupo de ingenieros y técnicos trabajaba en el ensamblaje de un puente de acero de procedencia alemana, que años más tarde generaría una intensa polémica local cuando un periodista sugiriera que había sido un regalo de Hitler "con amor".

A unos 100 kilómetros de esa localidad, nacía, en Tampico, Dolores de la Colina Flores, a quien probablemente previendo la presteza de su nombre de pila al doble sentido, alguna alma piadosa o quizá ella misma, al momento de su incursión en medio musical del centro del país decidió cambiarlo por el más amable "Lolita de la Colina", que es con el cual la conocemos quiénes durante la infancia tuvimos que padecer sus canciones interpretadas por Alberto Vázquez, Angélica María, Vicky Carr o Lupita D'Alessio, quienes eran las grandes luminarias del género "adulto contemporáneo" de la época de nuestros padres.

Tal vez en alguna ocasión posterior me detenga a escribir acerca del impacto y profundidad que ese trauma psicológico infantil tuvo en mi generación, especialmente en la educación sentimental, porque a pesar de que a los 7 u 8 años de edad escuchar las canciones de Rafael Pérez Botija interpretadas por José José era un auténtico martirio, unos 10 años después se tornó en un gusto propio. Entonces hubo algo ahí que propició pasar del odio al amor a esas canciones. Pero en esta ocasión no quisiera desvariar as usual.

De modo que regreso a la breve reseña de Lolita de la Colina, de formación profesional traductora, de oficio locutora y de vocación compositora.

Ignoro si nacer en las cercanías de un puerto influya en alguna medida en el desarrollo del temperamento y el lirismo de las personas, o si éstos son más bien producto de una especie de fortuna individual. Pero lo cierto es que Tampico, con su cercanía a Estados Unidos y su frontera natural con el Golfo de México seguramente en algo influyó en la personalidad de Lolita de la Colina, que dentro de su prolífica producción como cantautora cuenta con temas con títulos y letras llenas de nostalgia, pasión, añoranza y cierta socarronería, como "La niña tristeza", que es para ponerse a llorar amargamente cuando recuerda que sollozaba tras las faldas de su madre y de su abuela, como esos sórdidos personajes que describe Dostoievsky en sus novelas.

Pero quizá una de las canciones más emblemáticas de esa voragine de sentimientos, intenciones y pretensiones que Lolita de la Colina solía emplear como ingrediente principal en sus letras es "Se me olvidó que te olvidé", originalmente interpretada por Olga Guillot allá por 1964, con unos arreglos bastante interesantes que rayaban en el soul, el funk y el gospel a la mexicana.

Posteriormente, en 2003, el productor Fernando Trueba rescata la canción y decide incluirla en un disco con arreglos de Bebo Valdés e interpretación a cargo de Diego Ramón Jiménez Salazar, "el Cigala". De ahí para adelante vienen otras interpretaciones quizá más desafortunadas, aunque el gusto se rompe en géneros.

Como sea, el punto es que la letra de la canción retrata con una coqueta dósis de desparpajo esa situación que todo aquel que haya tenido algún momento de delirio etílico ha experimentado, es decir, la de traer al presente los recuerdos de esa persona que se creía olvidada, pero que simplemente estaba ahí, como fantasma en duermevela, en las capas más superficiales de la memoria, esperando a ser remembrada para emerger con todo el bagaje de sinsabores, ingratitudes, frustraciones y reproches; porque suele suceder que siempre es ella la victimaria y poseedora de todos los defectos y vicios que corrompieron el alma inocente y casta de quien la recuerda.

Pero más allá de ese pseudo sicoanálisis, lo cierto es que a todos nos ha pasado en alguna ocasión eso que dice Lolita de Colina. A veces sucede que mientras caminamos por la calle, hay algo en el ambiente, en el paisaje, que propicia que se nos olvide que olvidamos a esa persona que no quisieramos recordar, pero que contra toda voluntad consciente, aparece ahí donde menos se le espera.

Quizá por eso el objetivo no es olvidar, porque es imposible, sino tratar de no recordar, lo cual es bastante difícil; pero a menos que se esté dispuesto a vivir traumado toda la vida, es la alternativa más viable.

O también está la otra, más incómodamente placentera de dejarse llevar por el intempestivo asalto del recuerdo, de olvidar que se olvidó, con la plena consciencia de que será un lapsus temporal, y aceptar con cierta ironía que "la verdad no sé porqué se me olvidó que olvidó que te olvidé, a mi que nada se me olvida". Como el Santo lo hizo con Blue Demon.


1 comentario:

lolita de la colina dijo...

Los datos y fechas están mal....quien grabo por vez primera Se me olvido que te olvide fue Carlos Lico
en los 70's. y el que escogió el tema para grabarlo fue Bebo Valdes....el mejor pianista que ha dado Cuba.

Se escriben muchas tonterías cuando no hay nada que hacer.

Lolita De la Colina.