El pasado sábado 10 de noviembre murió Norman Mailer, quizá uno de los últimos intelectuales norteamericanos de grandes vuelos; con lo que ahora parece que el último sobreviviente de esta rara especie es Tom Wolfe.
Si hubiera que definir con un solo adjetivo el estilo literario y la personalidad de Norman Mailer, ese adjetivo sería provocador.
Mailer fue un provocador cáustico, desparpajado, polémico y absolutamente desvergonzado.
En lo personal sólo he tenido la oportunidad de leer una novela, El Evangelio según el hijo –realmente perturbadora y bien narrada; no como ese bodrio aburrido que es El Evangelio según Jesucristo, escrito por Saramago- y un ensayo publicado en The New Yorker Review: El prisionero del sexo.
A través de una entrevista concedida a Le Monde fue como me enteré de la existencia de este genial escritor neoyorkino, nacido en 1923. Llamó mi atención su dura crítica a la ocupación norteamericana de Irak, así como al desempeño del Presidente Bush, a quién calificó de imbécil y marioneta de los intereses reales que gobiernan la Casa Blanca.
Si he publicado hasta ahora este texto in memoriam, ha sido porque me enteré de la noticia el domingo por la mañana, en una nota que leí muy rápidamente en un diario de Morelia. De no haber estado tan ocupado durante todo el domingo y parte del lunes a causa del proceso electoral, lo habría escrito a la primera oportunidad; sin embargo no me fue posible.
Como sea, algo que comentaba con Carolina el domingo por la noche, mientras nos despedíamos cenando unos como tamales -corundas- que sabían muy feo, era que resulta angustiante el hecho de que algunos de los principales referentes culturales de nuestra época, han muerto durante este año: Kapuscinsky, Baudrillard, Marceau.
Nos estamos quedando huérfanos de pensamiento.
P.S 1 Realmente no entiendo la reacción de señoras gordas histéricas a las que les han robado el bolso en el mercado, adoptada por algunos medios y comentaristas de la prensa internacional, ante la justa y merecida invitación hecha por el rey español Juan Carlos de Borbón, al gorilón Hugo Chávez, para que guardara silencio durante la intervención del jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile.
Al rey se le ha tachado de intolerante, cuando lo único que hizo fue externar en su condición no sólo de jefe de Estado, sino también de aristócrata, la irritación (el encabronamiento, diría yo) provocada por un vulgar lenguaraz como el gorilón Chávez, que pareciera tener invertidas las funciones digestivas, arrojando por la boca aquella inmundicia que debería ser excretada por otra vía…
Bien vista, la imagen del monarca y el gorilón, no hace más que confirmar la tradición: es el rey el que siempre calla al bufón.
P.S 2 Otra de españoles. No conformes con haber dañado emocionalmente durante sus años de adolescencia a las actuales generaciones treintañeras, con las letras de sus canciones pijas, e insatisfechos con el trauma infligido por los miembros de esas generaciones, a sus hermanos pequeños, causado por la tortura auditiva de tener que soportar su música y sus discos; ahora los insufribles y bastoneros Hombres G, amenazan con regresar a México el próximo 16 de Noviembre.
¿Es que acaso no les bastó destruir a tantas generaciones y dejar tan traumadas a otras tantas más (entre ellas la mía)? ¿no les importa que algunos estábamos superando apenas el trauma producido por “la chica cocodrilo”, luego de tres años de sesiones de psicoanálisis?
¡Monstruos!
P.S 3 Si alguno de los lectores anónimos de este blog, igualmente anónimo, conoce al director de parques y jardines de Coyoacán, no sea gacho y pregúntele que si puede mandar barrer la hojarasca del parque que está frente a mi casa, y de paso que también mande podar el césped, que ya parece matorral.