23 nov. 2007

Brahma, el fanerón y Calderón de la Barca I

En una de mis recurrentes incursiones en los terrenos de las sandeces y los asuntos sin importancia, mientras leía mi biblia personal, que es Del sentimiento trágico de la vida, de don Miguel de Unamuno, se me ocurrió escribir aquí un texto acerca de la influencia de la mística y la literatura en el desarrollo de la filosofía española, nutrida fundamentalmente por las composiciones poético religiosas de San Juan de la Cruz, y de ese portento de poesía profana que es La vida es un sueño, de Calderón de la Barca.

Sin embargo, mientras cavilaba mentalmente la forma en que habría de estructurar el texto, porque aun cuando no lo parezca, todos los textos que he publicado aquí tienen una cierta estructura lógica, se me cruzaron las frecuencias culturales y terminé por armar unas intrincadas tripas de gato, entre el planteamiento onírico de Calderón de la Barca, la idea del Fanerón desarrollada por Charles Pierce, y la narración hindú del sueño de Brahma.

A primera vista Brahma, Pierce y Calderón de la Barca guardan muy poca relación entre sí. Pero si se observa con mayor detenimiento, los tres personajes convergen en torno a un mismo interés, fascinación y asombro respecto al sueño.

Y si mi estimado lector, lectora, está dispuesto a seguirme, a continuación intentaré desarrollar un argumento medio fumado pero que puede resultar interesante.


Fanerón es un término conceptual construido por Charles Pierce –destacado filósofo norteamericano, considerado el padre del pragmatismo- en La base del pragmaticismo en la ‘faneroscopia’, para denotar el contenido total de una conciencia; o en sus propias palabras: “la suma de todo lo que tenemos en la mente, de cualquier manera que sea, sin mirar su valor cognitivo”. Es decir, todo aquello que se halla almacenado en los estantes de la conciencia prácticamente desde el nacimiento del individuo, que le permite asimilar su entorno y familiarizarse con él a partir de su autonomía individual. O para decirlo en términos más llanos, el fanerón denota la idea de que cada cabeza es un mundo.

Si cada individuo está dotado de su fanerón particular, entonces resulta que todo lo que conoce del mundo es producto de su propia conciencia, incluidos todos los demás hombres que desde sus respectivos fanerones miran a todos los demás.

El fanerón es una especie de demiurgo que otorga existencia al mundo cada vez que mira cada una de sus partes constitutivas y la reconoce como una particularidad autónoma, perteneciente a una totalidad que se halla interiorizada en la mente del observador.

Los demás hombres, desde esta perspectiva, no son más que bits de información almacenados en la conciencia, que sólo pueden proyectarse en la existencia, o para usar una expresión heideggeriana, estar arrojados en el mundo, una vez que el observador los mire.

En otras palabras, el fanerón comporta el riesgo del solipsismo (que no del autismo), esto es, de la creencia en que sólo el yo existe y todo lo demás en el Universo, incluidas las demás personas, son ficciones insustanciales de la mente del yo, que es el único verdaderamente real.

El fanerón, pues, comporta el riesgo del sueño dentro del sueño, pues si todo lo que existe se halla almacenado en mi mente, cuando yo muera ¿dejará de existir?

La respuesta razonable es no. No dejará de existir todo lo que es, sólo porque yo he muerto. Y no dejará de existir porque desde otros fanerones quien dejará de existir seré yo, una parte de la totalidad de lo que se halla acumulado en sus mentes conformando la realidad. Pero si esos otros fanerones conformasen partes de la totalidad de otra mente, entonces ¿todos juntos somos meras ficciones de una mente superior?
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1 comentario:

Luis dijo...

Y cómo se conjuga todo esto con el "Cognito ergo sum" cartesiano?