5 mar. 2008

Las olas del mar

Habían caminado todo el día, desde que los primeros destellos del crepúsculo anunciaban el amanecer, hasta esa hora, en la que el sol poniente iluminaba sus fatigados rostros, pintándolos de un tenue bronceado.

Ya desde las inmediaciones se podía sentir la refrescante brisa del mar, traída hasta los poros de su piel por ligeras ráfagas de viento, que transportaban también los fugaces sonidos de las olas desvaneciéndose en la playa.

En el cielo, pintado de un color ámbar, las gaviotas extendían sus alas, planeando de tal forma, que pareciera que se habían sustraído de la atracción gravitatoria de la tierra.


Una vez en la playa, el maestro se descalzó las sandalias para sentir debajo de sus pies el calor guardado por la arena, luego de un día soleado.

El discípulo, impresionado con el espectáculo de la puesta del sol, que al igual iluminaba el mar que el cielo, fundiendo en el horizonte los límites de uno y de otro, estaba completamente embelesado.

El maestro comenzó a caminar por la orilla de la paya, con la cabeza baja, mirando cómo el agua del mar mojaba por instantes intermitentes sus pies descalzos. En ese momento paró su andar, se volvió hacia el horizonte y sin levantar la mirada, continuó mirando el constante ir y venir del agua marítima, que dejaba pequeñas estelas de espuma en su incesante movimiento.

El discípulo, que luego de algún tiempo de seguir sus enseñanzas, había aprendido a observar al viejo monje, sabía que estaba a punto de decirle algo. Y así fue.

-¿Te has fijado?- dijo el maestro, mientras entrecruzaba los dedos de sus manos por la espalda.

-Perdone maestro, pero no le entiendo. ¿A qué se refiere?- inquirió el discípulo, tratando de escudriñar la expresión en el rostro de su mentor.

-¿Te has fijado en el movimiento de las olas del mar?- respondió al tiempo que levantaba la mirada dirigiéndose al discípulo, que con el ceño fruncido mostraba su contrariedad.

-No maestro. No me he fijado. ¿Qué hay en el movimiento de las olas del mar? ¿Se supone que debo aprender algo contemplándolo?-

-Míralas bien- repuso el maestro, con una voz suave, una sonrisa en los labios y un brillo inusual en los ojos- en tiempos se alejan de la paya, pero siempre vuelven a ella. Y así hasta el final de los tiempos. El movimiento de las olas del mar se asemeja al destino del amor verdadero.

3 comentarios:

Marianne dijo...

Hola Victor, tal vez no te acuerdas me dejaste un comentario en mi blog el 21 de nov de 2007 y apenas lo leí!! puedes creer???

Valoro mucho que tomes la molestia de leerlo, en verdad.

Si quieres seguir en contacto te paso mi correo: mariana.carballo@gmail.com

Saluditos,

Luis dijo...

Movimiento armónico simple según la física...

Fanny dijo...

Ayyy ._.
No debí leer eso en un momento como el que estoy pasando ahora jeje =p