5 ene. 2013

El primero del año

Y no. No se acabó el mundo (pero yo sí me quedé como pendejo toda la tarde del 21 de diciembre esperando). Al contrario, hasta ha iniciado un nuevo año.

En los días pasados ya no tuve oportunidad de escribir mi respectivo Mea Culpa por haberme comportado como señora gorda histérica y dejarme contagiar por la fiebre milenarista de los hippies wanabes y malviajados que interpretaron los cálculos del calendario maya como el fin del mundo.

Resultó que por cuestiones de trabajo esa semana estuvo muy ajetreada y alegremente la semana siguiente se dieron las circunstancias para que pudiera tener vacaciones y salir unos días de la ciudad.

De ahí que ya no me haya sido posible venir siquiera a desearles feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

Pero como recién va comenzando el 2013, aun hay oportunidad para expresar a mis amables, pacientes y constantes lectores mis mejores deseos. Que este año sea pleno de oportunidades de crecimiento laboral y personal. Que cada día encuentren la dedicación y empeño necesarios para cumplir todas las metas que se han establecido. Que siempre exista la oportunidad para expresar lo que sienten por las personas que quieren y que el buen ánimo y la esperanza permanezcan siempre en ustedes.

En lo que a mi hace, debo confesar que nunca hago propósitos anuales. Siempre he sido de la idea de que las metas y los objetivos se van trazando conforme se presentan las circunstancias. Así, durante este año pienso regresar al estudio, tal vez no dedicado de tiempo completo, pero pienso tomar por lo menos un par de diplomados relacionados con la Economía. También me gustaría seguir abriendo brecha entre la opinocracia y reemplazar a las momias, divas y vedettes que se han agandayado los espacios editoriales en los medios escritos y electrónicos para decir siempre las mismas sandeces.

Este país necesita un cambio incluso de opinadores y calumnistas (o eran columnistas?). No quiero decir con esto que yo sea como el Arca de Noé de la opinión pública, es decir, la salvación de los animales. Pero mi voz, aunque poco grave y más bien jovial y modulada, algo puede aportar para renovar esos espacios. Y más ahora que el nuevo gobierno parece pretender atenuar las críticas a sus acciones.

Por otra parte continuaré leyendo y escribiendo. Recién he terminado una estupenda novela de Antonio Ungar que bien merece una reseña y ya me está esperando una compilación de cuentos de Italo Calvino con un título harto sugerente: "Los amores difíciles".

Entre quienes me han leído más o menos con cierta constancia, habrán notado que cerré mi perfil de Facebook. Sencillamente me aburrió esa red social. Ahí sólo espacio para las fotografías y banalidad. No había mucha posibilidad de explayar las ideas como siempre la ha habido aquí. Tal vez más adelante vuelva a abrirlo, pero de momento no tengo los ánimos para hacerlo.

En fin, que apenas el 4 de enero pasado este espacio de fruslerías e insensateces cumplió sus primeros seis años de vigencia. Se escribe fácil ese número, pero se requiere constancia para mantener un blog y, sobre todo, un estilo que mucho le debe a los grandes maestros de la ironía y el sarcasmo y mucho le falta aun para poder estar a su altura. Pero el esfuerzo se continuará haciendo.

Un fuerte abrazo para todos y espero que a lo largo de este 2013 me acompañen en mis debrayes existenciales y continúen leyendo mis textos insulsos. 

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