20 oct 2010

Sí, aun vivo

Apenas ahora se me ha pasado la resaca de los festejos bicentenarios, propiciada tanto por los debates respecto a la conveniencia de festejar o no, como por la traición de mi inconsciente que me hizo entregarme a los beodos excesos de los gritos y sombrerazos propios de esas fechas.

Tenía tanto tiempo que no venía a ver el blog, que ahora que lo hice descubrí algunos comentarios que amablemente me dejaron algunos lectores esperando a ser publicados. 

Le agradezco a mi entrañable amigo Juan Valenzuela haber referenciado mi último texto en su reseña de la película de Luis Estrada, "El Infierno", que en lo personal no me gustó, no por cuestiones propiamente ideológicas, sino por el tratamiento vago, cínico y excesivamente satirizado del tema. 

No sé por qué extraños obstáculos ontológicos el cine mexicano continúa entrampado en sus taras de siempre: escenas de sexo vulgarsonas, críticas políticas del nivel de cubículo universitario leninista-marxista-cretinista-latinoamericanista y actores que nos demuestran que incluso en esa industria está presente nuestra insana tendencia cultural al surgimiento, enquistamiento y esclerosamiento de élites que forman feudos díficilmente disputables por nuevos talentos. 

En fin, que en todo este tiempo también me perdí la oportunidad de escribir acerca de los primeros 100 años de la Universidad Nacional Autónoma de México, y del orgullo que sentí al escuchar un emocionante goya! en el salón de plenos de la Cámara de Diputados aquel 22 de septiembre pasado, cuando el rector José Narro acudió a decir que la Universidad está más presente que nunca en la vida del país y contribuye activamente a buscar salidas a los graves problemas que lo aquejan, por más que sus detractores de siempre se empeñen en decir y hacer creer a algunos sectores de la sociedad, que la UNAM es un gasto innecesario que mina las finanzas públicas. 

Pero debo confesar que hoy también decidí venir a escribir a modo de terapia, como generalmente suelo hacerlo cuando se presentan momentos sombríos, cuando mi ánimo no está precisamente en sus niveles más altos de entusiasmo y buena disposición a encarar los retos y vicisitudes del vivir cotidiano. 

Habrá quien piense que esta forma de escribir y el hecho de ocupar estas líneas para expresar mi estado anímico es una muestra del nivel de "acorrientamiento" por el que estoy atravesando desde hace algún tiempo; pero ante eso sencillamente digo que es una necesidad hasta cierto punto frustrante, porque no puedo describir con precisión lo que siento. 

Se trata simplemente de desánimo, incertidumbre, ganas de tirar la toalla y sustraerme de la realidad; pero al mismo tiempo es una situación de vergüenza conmigo mismo por pensar en esa posibilidad, porque no puedo traicionar a mi propio pensamiento y a mi propia postura ante la vida que ha consistido en plantarle cara los momentos adversos, porque eso sería tanto como una contradicción. 

No lo sé. al final hago mías las palabras de don Miguel de Unamuno en "Del sentimiento trágico de la vida": soy un hombre de contradicción y pelea, pero en estos momentos no tengo ganas de pelear; sólo tengo ganas de salir corriendo del mundo y perderme en un profundo sueño... 


22 ago 2010

Legalizar o no legalizar ¿esa es la cuestión? II

La violencia asociada al narcotráfico se explica en gran medida por el hecho de que no existe una autoridad que se ubique por encima de los agentes en competencia para imponer reglas mínimas y sanciones a prácticas anticompetitivas. Esa autoridad, en el caso de las actividades económicas legales, es alguna instancia reguladora como la Comisión Federal de Competencia, que se encarga de vigilar que los oferentes de bienes y servicios en los diferentes mercados interactúen en una atmosfera de relativa paridad, a fin de que sean los consumidores quienes dedican por cuál opción optar.  

Descabezados y "cocinados". Un caso de violencia patológica.


No obstante, es necesario no perder de vista que la legalización no implica que la debilidad de las instituciones encargadas de garantizar la seguridad pública, así como su falta de coordinación y la torpeza de sus operadores para ejecutar programas, políticas y estrategias preventivas, sean subsanadas automáticamente. Al respecto, la insistencia de las autoridades de los tres niveles de gobierno en endosar a la delincuencia organizada los problemas de inseguridad y descomposición del tejido social es un recurso bastante burdo para ocultar o justificar su incapacidad para afrontar un problema que ha transitado desde lo meramente coyuntural, hacia una dimensión estructural; esto es, que la inseguridad y los niveles de violencia ya no se explican solamente por la necesidad de las personas de delinquir para sobrevivir, pues fenómenos como los de el “Mochaorejas” y el “Pozolero” son indicadores de que algo se descompuso profundamente en el seno de la sociedad, al punto de generar individuos cuyo nivel de saña y resentimiento son tan patológicos como paradigmáticos.

Ellos deberían de garantizar la seguridad pública.

De manera pues, que inseguridad pública y narcotráfico si bien son dos problemas íntimamente relacionados, tienen dimensiones distintas; de ahí que pensar que la legalización de los estupefacientes puede ser una solución para la inseguridad y la violencia resulta ingenuo. Para ese problema son necesarias otras estrategias de carácter social y no meramente policíaco, como obtusamente se empeñan en proponer el gobierno Federal y la gran mayoría de los gobiernos estatales.

Y como el tema da para mucho más, seguiremos analizándolo por entregas. Por el momento presento aquí algunos datos de las dimensiones económicas del narcotráfico y de la viabilidad de legalizarlo, no sin antes poner énfasis en la importancia de que en la actualidad existen las condiciones para debatir el tema. De manera que legalizar o no legalizar no es la cuestión; sino más bien si la clase política estará dispuesta a asumir ese costo y transformarlo en una ganancia para el futuro próximo.

Numeralia de la dimensión económica del narcotráfico:

-Según cifras dadas a conocer por el Departamento de Estado de Estados Unidos, las ganancias anuales del narcotráfico en México son de entre 25 mil y 40 mil millones de dólares, con la participación aproximada de 450 mil personas, de las cuales 150 mil participan directamente (distribución y comercialización) y 300 mil en forma indirecta (actividades de producción); esto sin contar a las redes de informantes (“halcones”) y menudistas (propietarios de las “tienditas”).

-Para situar en una dimensión comparativa lo que significan las ganancias económicas provenientes del narcotráfico, es preciso tener en cuenta que los ingresos por remesas son del orden los 21 mil millones de dólares; mientras que los ingresos por turismo oscilan entre los 11 mil y 12 millones de dólares.

-La producción anual promedio de mariguana en el país es de entre 16 mil y 18 mil toneladas, orientadas al mercado norteamericano; mientras que la producción de heroína es de 18 toneladas.

- De acuerdo a Guillermo Garduño Valero, investigador de la UAM, las estimaciones oficiales de las ganancias son demasiado conservadoras, pues “producir un kilo de cocaína pura en términos reales, si esto fuera legal, sería de aproximadamente unos 250 dólares, pero en Colombia donde se genera el mayor volumen, allí tendría un valor de 2,500 dólares, cuando llega a Panamá ya tiene un costó de 4,500 dólares, cuando llega a Guatemala ya tiene un valor de 11 mil, llegando a México de 16 mil, llegando a la frontera de 35 mil y llegando al mercado norteamericano al menudeo se obtiene una utilidad de 132 mil dólares”.

-Ante este panorama una pregunta obligada es: ¿dónde se convierte este dinero ilícito en “gaancias lícitas”? ¡Exacto! En el sistema financiero. La siguiente pregunta entonces es: ¿quiénes controlan el sistema financiero? Así es: los grandes corporativos como Citigroup, Barclays y Deutsche Bank que tienen capacidad para presionar a las autoridades hacendarias de los respectivos países en los que tienen operaciones. Cuando el supuesto combate al narcotráfico llegue hasta aquí, entonces tendremos razones de peso para creer que es real.  

21 ago 2010

Legalizar o no legalizar ¿esa es la cuestión? I



Desde hace algunos años el tema de la legalización de las drogas duras en México ha estado presente en el debate sobre las políticas y estrategias adecuadas para combatir a los grupos delincuenciales que lucran con su producción y trasiego.


Se trata de una propuesta polémica debido a la enorme carga moral que se le ha dado al problema del narcotráfico, asociado con niveles de violencia que han escalado en forma tan alarmante, que según los últimos datos de los organismos de seguridad pública, de 2006 a la fecha han producido más de 28 mil muertes, entre las que se cuentan altos oficiales del Ejército, autoridades locales de procuración de justicia y recientemente un candidato a Gobernador de un estado del norte del país donde dicha actividad ha proliferado con más intensidad debido a la cercanía del mayor mercado de consumo a nivel mundial, que es Estados Unidos.

Si bien violencia y narcotráfico son dos problemas estrechamente asociados, en la actualidad resulta difícil distinguir cuál de los dos ha sido el que mayores estragos ha causado en el deterioro del tejido social, o si más bien ambos son resultado de este proceso, cuya gestación inició cuando menos hace 25 años, con el cambio del modelo económico que en teoría debería de impulsar el crecimiento y el desarrollo.

Desde luego yo no soy experto en el tema, ni pretendo pasar como tal, pero las observaciones que expondré a continuación respecto a la legalización de los narcóticos no precisan de un amplio conocimiento y sí más bien de un mínimo de sentido común y nociones lógicas.

Así pues, el primer problema que se observa en la falla de las estrategias que hasta ahora se han aplicado en el presunto combate al narcotráfico y sus problemas adyacentes, es la visión moral desde la que se concibe y evalúa a esa actividad, porque le confiere una valoración negativa y hasta estigmatizante a quienes se dedican a ella, cuando en realidad se debería de cambiar la perspectiva y entender que se trata de un problema fundamentalmente económico, asociado a la ineficacia distributiva del modelo de crecimiento prevaleciente, que no ha generado las oportunidades de movilidad social suficientes para que los individuos de diferentes regiones del país puedan subsistir y prosperar dentro de los cauces de lo legalmente aceptable.

Si se dejara de caracterizar a las personas que participan en la cadena productiva de los narcóticos como agentes desestabilizadores del sistema social (en el que están incluidas la política y la economía) y se les comenzara a observar como agentes económicos activos y relativamente exitosos, la situación cambiaría radicalmente, porque entonces se entendería que lo que hace tan atractiva y arriesgada a su actividad comercial es la alta rentabilidad que genera, aunque aquí cabría precisar que los beneficios de ésta no se reparten necesariamente en forma equitativa o proporcional al trabajo realizado por cada uno de los elementos que intervienen en la producción, si no que, como ocurre en otras actividades económicas legales relacionadas con el agro, las mayores ganancias las obtienen los intermediarios y no los productores.

Así por ejemplo, si en las condiciones actuales de prohibición de la producción, distribución y venta de los diferentes tipos de drogas, lo que les agrega plusvalía como productos son los costos logísticos necesarios para que lleguen al consumidor final, la intercepción de un cargamento cuyo valor estaba calculado en 500 mil pesos, muy probablemente se incremente en forma considerable para el mercado receptor en la siguiente entrega debido a estos factores: a) la escasez y las dificultades implícitas en la producción; b) su nivel de demanda; y c) la exploración nuevas rutas de transporte o la corrupción de las autoridades y corporaciones policíacas encargadas de combatir el trasiego y evitar su distribución.

Bajo esta lógica cabría entonces preguntarse si el supuesto combate al narcotráfico realmente pretende mitigar el problema o, por el contrario, maximiza sus beneficios económicos a costa del deterioro de una de las pocas instituciones del Estado que se habían mantenido relativamente sólidas, estables y prestigiadas, como lo es el Ejército, cuya oficialidad además de ser susceptible de ser corrompida, al permanecer durante prolongados periodos de tiempo en las calles puede tejer redes sociales que en un momento dado le otorgarían su respaldo en la organización y ejecución de un golpe de Estado, por muy dramático o exagerado que esto pueda parecer; o en el extremo opuesto, que la sociedad le retire su apoyo y simpatías a causa de los excesos en los que incurra debido al cumplimiento de funciones que deberían de desempeñar corporaciones civiles de seguridad pública.

El anterior es uno de los tantos argumentos que pueden emplearse para impulsar la legalización de la producción, distribución y venta de narcóticos, tales como la mariguana y los derivados de los opiáceos.  Además de que en términos de racionalidad administrativa, es mucho mayor el costo que el Estado eroga en el mantenimiento de una estrategia reactiva que no ataca al punto medular del problema, que son las cuantiosas ganancias que dichas actividades económicas generan, que el que implicaría legalizar sus operaciones y su consumo. 

30 jul 2010

Amar la trama

En el siempre escabroso tema del amor -cualquier cosa que eso signifique, exista o no- hay una enorme variedad de fobias y filias que intervienen en la configuración de distintos tipos de relaciones con un igualmente variado grado de intensidad y complejidad.



Así, hay quienes se sienten atraídos y llegan a amar a personas que sufren algún tipo de pena, porque lo que los mueve a quererlas es una especie de misión redentora o un nivel más básico, la simple lástima por su condición de miseria existencial. 


Hay otros más que aman la posibilidad de llegar a insertarse en un círculo social o apropiarse de un conjunto de hábitos y prácticas sociales que les conferirían cierto status y aceptación, que no conseguirían si sólo se relacionaran con personas de su misma condición; de ahí que suelan buscar como parejas a personas que les ofrezcan esa posibilidad. El caso más emblemático y común es de las chavitas bobitas que sólo tienen novios que tengan auto, preferentemente de modelo reciente. Se trata del aspiracionismo en su versión pura y dura.

Otros disfrutan el momento del rompimiento, encuentran satisfacción emocional en el desamor, el rechazo o la humillación.

Todas estas manifestaciones de lo que podríamos denominar como lo amoroso, se encuentran en la vida diaria y todos conocemos una historia con tales características; incluso me atrevería a decir que las hemos juzgado como negativas o malogradas cuando en realidad son relaciones que se ubican en los márgenes del estereotipo convencional que se resume en la clásica frase de “… y vivieron felices para siempre”, aunque en los hechos no sea así.

Pero de todas esas formas alternativas de generar afectos hacia otras personas o hacia uno mismo a través del otro, la que me interesa abordar aquí es aquella en la que lo que genera interés e ilusión es el proceso de cortejo, la interpretación de las señales y el flirteo.

Jorge Drexler, compositor, intérprete y médico uruguayo radicado en España, ha denominado a esa manifestación de lo amoroso como “amar la trama más que el desenlace”; incluso así nombró a su nuevo disco, que salió a la venta a finales de mayo de este año y es acerca de lo que realmente quiero escribir en esta entrada.

 
Jorge Drexler(n. Montevideo, 1964).

Se trata de una excelente producción grabada durante cuatro días y que cuenta con la participación de músicos e intérpretes muy importantes, como el jazzista norteamericano Ben Sidran, que hace el acompañamiento de órgano y segunda voz en “I don’t worry about a thing”, un clásico que Drexler revisita con unos estupendos arreglos.

 
Portada de "Amar la trama" (2010)

En este disco, a diferencia de los anteriores, es posible percibir un equilibrio entre el contenido de las letras de las canciones, que sin temor a exagerar tienen calidad literaria, la armonía de los arreglos y la estupenda ejecución de los músicos.

En cuanto a los estados de ánimo que puede producir el escucharlo, Drexler repite la fórmula de brincar de una atmósfera de nostalgia y melancolía ("Aquiles por su talón es Aquiles”, “En la soledad”) a otra de relajación y alegría (“Una canción me trajo hasta aquí”, “Las transeúntes”), como lo había hecho en discos anteriores.



Definitivamente se trata de una producción impecable, ampliamente recomendable y disfrutable, que con sus letras y sus arreglos nos mueve a sentirnos parte de un comercial veraniego de Coca Cola, en el que se camina bajo la lluvia sobre la acera de alguna calle de un barrio colonial, con los audífonos puestos escuchando “Amar la trama”, mientras se reflexiona que sí, que amamos más el esfuerzo que la recompensa, como dijo alguna vez Confucio (si hemos de creerle a Frederic Beigbeder). 



P.S. Probablemente el dramita que del que todavía soy protagonista por causa del rechazo de una muchachita ingrata, sea el pago de una de las múltiples facturas que tengo acumuladas por ser de las personas que suelen amar la trama más que el desenlace; de los que sienten más emoción durante la conquista -porque la ven como tal, es decir, como una batalla en la que lo importante es ganarse los afectos de alguien- que durante la victoria, que se traduciría en el sí con el que suele iniciar toda relación de noviazgo. 

25 jul 2010

Dante Gebel y el cristianismo de diván; a propósito de los momentos depresivos.

Me enteré de la existencia de Dante Gebel, predicador protestante de nacionalidad argentina y ascendencia alemana, durante una plática sobre ecumenismo que sostuve con un amigo que pertenece a una orden religiosa católica.

En esa ocasión charlábamos sobre los puntos en común existentes entre las diversas confesiones cristianas y de la necesidad de que éstas fomentaran la comprensión mutua.  Fue en este momento cuando salió a colación el nombre de Dante Gebel, de quien mi amigo dijo que era tan bueno interpretando y comunicando el mensaje cristiano, que el único defecto que tenía era ser protestante.

Poco tiempo después, mientras hacía zapping en el televisor dí con “Enlace TBN”, un canal cristiano que al parecer tiene amplia penetración en América Latina; lo que me llamó la atención de ese canal era el tipo que aparecía a cuadro, detrás de un atril de acetato transparente. Ataviado con una camisa blanca y una chamarra de piel negra, el hombre en cuestión hacía un chiste con un inconfundible acento argentino –porque el acento de los argentinos es inconfundible- sobre Abraham durante la noche previa al sacrificio de su hijo Isaac.

 
Dante Gebel

Después del chiste comenzó a hablar de los momentos difíciles que las personas tenemos que afrontar durante diversas etapas de nuestras respectivas vidas, e incluso relató una experiencia personal que bien podía ser la experiencia de cualquiera de las decenas de personas que lo escuchaban en el auditorio desde el que se transmitía su prédica, o de las miles de personas que la seguíamos por televisión.

En lo personal nunca he sido proclive a buscar orientación o respuestas –si es que tales pudiera haberlas- a las vicisitudes del vivir cotidiano en los textos religiosos; primero porque los encuentro terriblemente aburridos y segundo, porque siempre les doy una interpretación literal, según la cual poco o nada podrían decirme los salmos del rey David o los atávicos consejos del Eclesiastés. Si acaso el único libro que encuentro interesante y hasta divertido es el de Job, porque no cualquiera en el tiempo que fue escrito se atrevía a plantarle la cara al siempre irascible dios judío.

Así pues, obviando la parte de hermenéutica bíblica presente en la prédica de Dante Gebel, resulta interesante observar desde una perspectiva secular, la forma en que aborda diversos temas relacionados con la vida común y los momentos de desafío que en ocasiones tenemos  que encarar las personas para ir formando nuestro temperamento.

Hace poco veía en YouTube una de sus charlas, a la que puso por nombre “Esto también pasará”, para referirse precisamente a los momentos difíciles y la forma de hacerles frente mediante un examen de conciencia, pero no al estilo religioso, sino más bien psicológico; es decir, a través de una reflexión sobre el posible momento de quiebre que nos condujo a un estado de desánimo y depresión, aunque para hacerlo, el propio Gebel echó mano de un pasaje del libro del profeta Eliseo, en el cual se narra que cierto día se encontraba un grupo de hombres leñando algunos troncos, cuando repentinamente a uno de ellos se le zafó el hacha del mango y voló por los aires para extraviarse entre la maleza. El hombre muy preocupado porque el hacha era prestada, le dice a Eliseo que la ha perdido; el profeta le pide que le indique el lugar dónde ésta pudo haber caído y justo donde el hombre señala, el profeta lanza un palo que a los pocos instantes aparece flotando con el hacha incrustada. 

La metáfora es muy clara: es preciso identificar el punto de inflexión.

Saber dónde se cayó el hacha es buscar ese momento de separación, rechazo, desengaño, desilusión, etcétera, que nos quitó las ganas de vivir con entusiasmo aun a sabiendas de que al final no saldremos vivos.  

En estos días, no sé si por efectos del miserable clima que ha prevalecido en la Ciudad de México, por moda o por circunstancias meramente contingentes, algunas personas de mi entorno inmediato han perdido su hacha.

Desde luego que cada quien afronta a su manera su momento de quiebre, pero me sorprende la falta de entereza o esa suerte de nihilismo individual que comienza a percibirse como una conducta y una actitud convencional -como si lo emo hubiera llegado para quedarse- entre las personas. Simplemente se niegan a buscar o no creen en la posibilidad de encontrar una salida a su situación.      

Hacer ese examen de conciencia para identificar el bache que descarriló el curso de nuestra vida siempre resulta difícil, porque implica enfrentarse a los recuerdos, a los miedos, a las tristezas, a los resentimientos. Pero no hacerlo es mucho peor; es tanto como ir arrastrando un una bola de hierro atada a uno de los tobillos, que con el paso del tiempo se va a haciendo más pesada y difícil de mover hasta que llega un momento en el que nos paraliza por completo.

En fin, que quitándole la parte confesional, la prédica de Dante Gebel puede resultar motivamente, sobre todo porque en un espíritu genuinamente protestante traslada la posibilidad de la “salvación” –o de trascender personalmente, para emplear palabras profanas- a la esfera individual; se trata de una responsabilidad personal. A diferencia del cristianismo católico, en el que entre más y más se sufra, mayores serán las posibilidades de ser recompensado por Dios en la vida futura, en el cristianismo protestante de Gebel la recompensa comienza en la vida terrenal, pero depende de cada quién, de sus acciones, sus actitudes y sobre todo de su disposición a recibirla. Por eso es preciso saber dónde se cayó el hacha, porque al hacerlo se adquiere madurez y temperamento para todo lo demás que venga, sea bueno o sea malo. 

20 jul 2010

Que esté viejito no lo justifica

Quienes han seguido en forma más o menos regular –tan regular como lo permiten mis intermitencias- este blog, saben que cada que puedo defiendo y presumo a la UNAM porque, sin el afán de ser arrogante (aunque resulte difícil creerlo), es la mejor universidad del país según sus resultados académicos, su producción científica y su reconocimiento internacional. Sin embargo, el amor a la Alma Mater no debe ser motivo de autocomplacencia ni autoconsentimiento, porque hacerlo sería renegar precisamente de una de las principales herramientas que se aprenden a emplear en sus aulas, es decir, la crítica.

Resulta que el rector José Narro declaró hace poco que el país no merece lo que le pasa,  refiriéndose a los problemas nacionales, lo cual está muy bien que lo denuncie aprovechando la resonancia que tiene su voz entre la clase política debido al cargo que ostenta. Sin embargo, antes de andar metiendo su nariz en temas de alcance nacional, debería de atender la problemática que padece la Universidad en su interior, pues así como el país no se merece la desigualdad, ni la pobreza, ni la exclusión, ni todos los males que le aquejan, la UNAM no merece que a sus alumnos los asalten adentro de los campus, que la burocracia de las Facultades, Institutos y Centros de Investigación y Difusión de la Cultura absorban cantidades groseras del presupuesto en sus sueldos y prestaciones, cuando bien podrían canalizarse a becar a estudiantes de alto desempeño, ni merece que los partidos políticos traten de intervenir en su vida interna con un afán desestabilizador y de disputa de poder en un campo que debería de ser estrictamente académico.


En el número actual de Letras Libres aparece publicada una entrevista a Guillermo Sheridan, uno de los principales y escasos críticos de la UNAM desde dentro de la propia UNAM. Ahí hace un diagnóstico bastante puntual de los problemas que aquejan a la Universidad y que ponen en franco peligro su viabilidad como el principal proyecto educativo que se ha ideado en el país, lo cual no quiere decir que no existan otros exitosos y dignos de ser tomados en cuenta, como el sistema del ITESM que el propio Sheridan menciona; sólo que en una nación como la mexicana, donde las posibilidades de movilidad social son cada vez más escasas, acceder a la educación superior privada es realmente un privilegio o un sacrificio que muy pocas familias pueden realizar. De manera que la universidad pública y en particular la UNAM como modelo a seguir, tiene que superar sus propios obstáculos para poder ofrecer esa oportunidad a las generaciones presentes y futuras de jóvenes que aspiran a mejorar su situación y la de su entorno a través de la educación profesional.

El rector Narro, si realmente está comprometido con el futuro del país debería de comenzar por intentar poner orden en su propia casa y dejar de lado los discursos de lugar común que lejos de refrendar el papel de la Universidad como “conciencia crítica” lo demeritan. 

La UNAM no es sinónimo de revolucionarios de lápiz y cuaderno, ni de activistas apestosos y barbudos practicando el onanismo mental en salones y explanadas, con invectivas del siglo pasado; si realmente se pretende honrar a esa institución y conservar su calidad de Máxima Casa de Estudios, se deben dejar de lado los dogmatismos, los fundamentalismos, los integrismos y lo más importante: los cretinismos de todos los intelectuales (in)orgánicos que se han arrogado para sí el monopolio de la palabra de todos los universitarios.

La Universidad es plural, abierta y tolerante; en ese espíritu debe de dar cabida a todas las expresiones del pensamiento filosófico, humanístico y científico y no encerrarse en fórmulas anquilosadas que despiden un tufo a formol.

Debe de asumir los valores de la competencia, la eficacia y la transparencia, sin renunciar necesariamente a todos los demás que difunde y reproduce. No puede ser un feudo cultural en medio del avance de la modernidad, porque su tarea fundamental es precisamente estar a la vanguardia y marcar el derrotero por el que se debe conducir al país.

Pero eso no se hace pronunciando discursos bonitos como los del rector Narro, sino haciendo dos cosas muy fáciles pero muy difíciles a la vez: que los estudiantes estudien y que los profesores enseñen. Y son difíciles por todo lo que implican en cuestión de vencer obstáculos burocráticos, de egos personales y de taras mentales.

Que Narro esté viejito no justifica que diga chingaderas, con todo respeto. 

13 jul 2010

A propósito de las elecciones del 4 de julio... segunda parte

Gary Cox, que es un profesor de Ciencia Política en la Universidad de California, es uno de los estudiosos más acreditados de las alianzas electorales a nivel teórico. En 1997 publicó un ensayo en el que afirmaba que ese tipo de instrumentos de competencia electoral resultaban de la coordinación estratégica de las elites partidistas, que en palabras llanas son todos esos fulanos (diputados, gobernadores, dirigentes estatales) que toman las decisiones más importantes al interior de los partidos, para maximizar sus beneficios en términos de votos y presencia en las instancias de representación y de gobierno.

Asimismo apuntaba la existencia de varios factores para formar alianzas, entre ellos la necesidad pragmática de equilibrar las condiciones de la competencia entre los partidos concurrentes. Desde mi perspectiva, lo que sucedió en los comicios locales de este año se ajusta adecuadamente a este factor, es decir, que después de haber una evaluación muy puntual de las condiciones políticas prevalecientes en el país, las dirigencias nacionales del PAN y el PRD concluyeron que era conveniente aliarse en varios estados para hacer contrapeso a la capacidad electoral del PRI y tratar de detener su tendencia ascendente en las preferencias de los votantes que lo proyectaban como el partido ganador de la contienda presidencial de 2012.  

Ya todo lo demás fue la estructuración de un discurso democrático por parte de tales partidos para revestir de legitimidad esa verdadera intención. De modo que la polémica que suscitó el anuncio de la negociación de las coaliciones también fue parte de un discurso de supuesta condena a la falta de principios y convicciones ideológicas de ambos partidos, formulado desde el PRI y respaldado por un conjunto de intereses de todo tipo (económicos, religiosos, etc) que se sintieron amenazados.

Incluso las críticas se valieron de la confrontación coyuntural que PAN y PRD sostuvieron en 2006 a raíz de los resultados de la elección presidencial y uno de los argumentos más empleados era que dos institutos políticos que se habían agraviado al grado de desconocerse, no podían ni debían aliarse para competir juntos. Pero lo cierto que ante el crecimiento del PRI, el desgaste del PAN como partido en el gobierno y las fracturas del PRD y en general de los partidos de izquierda, la alternativa más viable para evitar la expansión de las prácticas antidemocráticas y el monopartidismo, desde una perspectiva muy pragmática, era la conformación de las alianzas.

Ahora queda por responder por qué las coaliciones sólo se negociaron en cinco estados. La respuesta apunta a dos razones fundamentales. La primera de ellas es que Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Sinaloa eran estados que desde finales de los años treinta del siglo XX habían sido gobernados únicamente por el PRI, es decir, no habían registrado una experiencia de alternancia en la gubernatura. Aquí cabe precisar que Veracruz es otro estado con el mismo problema, sólo que en este caso la lógica fue distinta pues el presidente de la República decidió operar directamente la campaña del PAN en alianza con el PANAL, con la convicción de que podía ganarle en la disputa al gobernador Fidel Herrera, uno de los priístas expertos en manejar la maquinaria electoral no democrática de su partido, consistente en la compra de votos y otras maniobras bastante deshonestas.

La otra razón es que se trata de entidades con el mayor número de distritos electorales federales, número de habitantes y de recursos presupuestales. Son estratégicos, pues, para la elección presidencial de 2012.

Respecto al balance general de ganadores y perdedores, es claro que ganan los sectores moderados del PAN, PRD y Convergencia que logran así posicionarse al interior de sus respectivos partidos para dar un paso adelante a fin de superar la polarización surgida y reproducida desde 2006.

Gana también Elba Esther Gordillo, lideresa no formal del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y del PANAL Logró posicionarse como un factor clave para definir los resultados electorales y en lo venidero sabrá vender muy bien el apoyo de su partido y de su sindicato a candidatos de diferentes partidos en diferentes elecciones, con el consiguiente aumento de su poder personal.

El presidente Felipe Calderón también gana, aunque queda la impresión de que es muy poco lo que obtiene, pues su apuesta fundamental, como ya lo mencioné, era ganar Veracruz con el director general del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes como candidato del PAN. Lo que gana es el apoyo de la izquierda moderada en un momento en que su sexenio parecía estar a punto de culminar por la ruptura con el PRI, ocasionada por el golpeteo mediático al que desde el Gobierno Federal se sometió a algunos de sus gobernadores y por el asesinato de su candidato a la gubernatura de Tamaulipas por parte del narcotráfico, pero que el PRI endosó al presunto fracaso de la estrategia de combate contra el crimen organizado.

Los que, para usar una expresión coloquial, “quedan tablas” son los priístas, pues se quedaron con igual número de estados gobernados que antes de la elección, aunque con una ligera tendencia a la baja, pues en términos número se redujo el número de población gobernada.

Quienes perdieron fueron Andrés Manuel López Obrador, que ahora anunció desesperadamente su auto postulación como candidato presidencial, como reacción a la ganancia que obtuvo el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, al apoyar a los candidatos aliancistas; y pierde también el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien incluso renunció a su militancia en el PAN como forma de protesta ante la negociación de las alianzas entre éste y el PRD.

Así, el escenario para 2012 parece reequilibrarse, aunque eso dependerá todavía de los resultados de las seis elecciones estatales que habrá el siguiente año y entre ellas la del Estado de México, en la que se pretende aplicar la misma fórmula de coalición PAN-izquierda para neutralizar al actual gobernador Enrique Peña Nieto.

No obstanta, habrá que observar cómo se irán desarrollando los acontecimientos, pues en un año pueden pasar muchas cosas y reconfigurarse las actuales circunstancias políticas.


P.S. Deberían de darme un premio por haber rompido (que ya sabemos que es peor que roto) mi record personal de batazos. En menos de un mes ya sumé dos: uno por ingenuo y el otro por pendejo, que parece lo mismo pero no es igual.