26 jun. 2007

La imposibilidad de olvidar y la dificultad de no recordar I

Viernes por la tarde. Al tráfico habitual del último día laboral de la semana hay que agregarle un poco de lluvia cayendo en distintas zonas de la ciudad, para tener como resultado kilométricos estacionamientos en todas las calles y avenidas que teóricamente deberían ser vías rápidas.

Para quienes no estamos habituados a padecer esas situaciones, pero que dado el momento las afrontamos con resignación y estoicismo, siempre está la posibilidad de encender la radio y sintonizar la estación favorita, a fin de hacer más llevadera la ocasión. Por supuesto, esto siempre y cuando se tenga la suerte de contar con auto propio, de lo contrario la alternativa es soportar las macuarradas del “panda show”, hacinado de pie en un microbús con olor a perro mojado.

En mi caso, por alguna extraña perversión masoquista me gusta maltratar mis oídos y mis neuronas escuchando los noticiarios vespertinos. Aunque quizá sólo sea por aquel miedo a la felicidad (¿remember Erich Fromm?), o al optimismo; pues en mi gremio es común escuchar que si se es optimista es porque se está mal informado.

No obstante, la tarde del viernes pasado, mientras me dirigía al deportivo donde la doctora corazón jugaría su partido de voleibol, decidí explorar una nueva forma de masoquismo auditivo y sintonicé una estación musical.

Como mis alternativas eran el “panda show” de la kebuena y los 40 principales, hice una elección racional y opté por el mal menor: los 40 temas pop más escuchados por la caterva clasemediera que se niega a aceptar que es caterva sólo porque va a las rebajas de temporada de X o Y tienda departamental y usa celulares con mp3.

Absorto como estaba, en imaginar la reprimenda de señora gorda histérica que la doctora corazón me propinaría por llegar con retraso a su juego, no había reparado en una canción que estaba sonando en ese momento; sin embargo hubo fragmento de la letra que captó mi atención, logrando que escuchara con detenimiento el resto de la canción. Se trataba nada más y menos que de la famosísima “Te lo agradezco pero no”, interpretada por Alejandro Sanz y nuestra Natalie Merchant región 4, mejor conocida como Shakira.

Ir sólo en mi cochi, en medio de la intermitente lluvia y atrapado en un tráfico insufrible (es decir, sin tener nada mejor que hacer), me indujo a analizar el contenido de la letra de esa canción.

De hecho, fue tal la cantidad de sandeces que se me ocurrieron, que decidí que sería bueno escribirlas aquí. Por eso decidí ponerle ése título a este post.

Como seguramente la gran mayoría de las dos personas que leen este espacio ha escuchado aquella canción, no es necesario transcribir aquí la letra completa; pues además es sólo la estrofa la que da para un buen rato de risa, seguido de la ternura producida por la estupidez de creerse indispensable, y otro tanto de autorreflexión acerca de qué tan imprescindibles nos creemos para la vida de los demás, y especialmente para la vida de esas personas que afirmamos amar como pareja.

Pues bien, una parte de la estrofa de esa canción dice algo así como “te lo agradezco pero no/ te lo agradezco niña pero no/ yo ya logré dejar de amarte/no hago otra cosa que olvidarte”.

Por supuesto que suena muy llegador, entre dramático y melancólico, pero si se le quita toda la emotividad hormonosa, todo eso no es más que una monumental chaqueta mental, como las que se hace el Arjo… ¡ése!
Y ahora explico por qué.

3 comentarios:

aLdO® dijo...

Umm pues supongo que tendre que esperar la segunda parte de tan "Buena" canciòn...

manijeh dijo...

Natalie Merchant región 4... jajajaja como me hiciste reír con eso!

aLdO® dijo...

Claro que por mi no hay ningun problema respecto a mi titulo. El Internet es libre y esa frase (si no me falla la memoria) seguramente la encontre por ahi ese dia que hice mi blog.