12 jun. 2007

Una boda y ningún funeral II

Al siguiente día, ya medio repuesto de la borrachera, el Luisito me dio la bienvenida como es debido, y me presentó con sus amigos y familiares como su amigo que había viajado desde el Distrito Federal.

Al enterarse ellos de mi procedencia, la recepción fue tan cálida, como corresponde a la recepción de mis paisanos siempre que visitan el interior de la república… Si todavía no se ha percibido la ironía, la confirmo: estoy siendo irónico.

La verdad no sé por qué los defeños solemos caer tan mal entre la gente del interior. Supongo que es porque somos citadinos, cosmopolitas, refinados y muy open mind; todo lo cual choca con el pensamiento aldeano, cerril y pedestre de los persignados provincianos. (Mentiras: sé que por comparaciones como esas y por imbéciles que las piensan, las creen y las expresan, todos los defeños que no tenemos tan estrecha visión y cultura como para suponer que la ciudad es el centro del universo -y que fuera de ella, como decía Salvador Novo, todo es Cuautitlán- pagamos las consecuencias cuando visitamos otros estados de la república. Por eso cuando a mi me preguntan de dónde soy, siempre respondo que de Hidalgo. Aunque luego el acento me delate).

El punto es que al poco tiempo se quitaron los prejuicios y comenzaron a tratarme como ser humano, con mucha hospitalidad y gentileza. Aunque eso no me salvó de la pregunta incómoda de ¿y es casado? Seguida de ¿pero piensa casarse, verdad? Y otras todavía más temerarias formuladas por la prima del Luisito ¿y tienes novia? ¿y por qué no la trajiste? Pero formado, como estoy, en la vieja tradición jesuita de siempre responder a una pregunta con otra pregunta, logré evadir con éxito tan bochornoso cuestionario.

Llegada la hora de la ceremonia religiosa, la cosa se puso interesante; especialmente porque cometí el error de llegar temprano al templo, lo que propició que los del grupo de liturgia me coaccionaran –so pena de mover sus influencias celestiales para que mi alma no alcanzase la indulgencia divina- para leer el siempre sublime y conmovedor capitulo 13 de la primera carta de Pablo a los corintios (I-Corintios, 13). Sin embargo acepté gustoso, porque además de que es un pasaje muy bonito -que a mi me gusta más en latín: Caritas patiens est, benigna est caritas, non aemulator, non agit superbe...- estaría sentado a lado de la hermana de la novia, que dicho sea de paso, está como para darle de comer aparte; y tendría la oportunidad de presumir mi traje nuevo desde el atril.

En este punto debo decir que a pesar de mi renuencia a las homilías, la que expresó el sacerdote oficiante me gustó mucho; posiblemente porque estuvo enmarcada dentro del rito maronita, tal cual debía ser, siendo el novio de ascendencia libanesa.

Terminada la ceremonia religiosa, y luego de tenernos a los invitados como imbéciles aguardando a la salida mientras los novios se tomaban fotos hasta con sus maestros del kindergarten, nos dirigimos al salón donde tendría lugar la recepción, para presenciar la ceremonia civil.

No entiendo por qué el Estado mexicano, al instituir el matrimonio civil luego de la guerra de Reforma, en el siglo XIX, tuvo que establecer una ceremonia tan ñoña en la que a los novios, más que instarlos a celebrar su matrimonio, se les envía una especie de ultimátum, cuando el oficial del registro civil lee las obligaciones que del contrato matrimonial se derivan. Es algo así como si Juárez y Comonfort, sabedores de la desgracia que era estar casados, quisieran darles una última oportunidad a los futuros cónyuges para que desistiesen de tan terrible acto.

Por si esto fuera poco, a Melchor Ocampo se le ocurrió escribir una epístola con tufillo rousseauniano, tan ridícula como irreal, que hasta hace poco tenía que ser leída obligatoriamente en las ceremonias de matrimonio civil. Lo que demuestra que por muy liberales que fueran los liberales, no estaban exentos de caer en lo kitsch.

He aquí un extracto de la epístola de Melchor Ocampo para que se vea que ya desde el siglo XIX los mexicanos traíamos en los genes la información que nos haría proclives a los dramas telenovelescos de Televisa:
... Los casados deben ser y serán sagrados el uno para el otro, aún más de lo que es cada uno para sí. El hombre cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer, protección, alimento y dirección, tratándola siempre como a la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil, esencialmente cuando este débil se entrega a él, y cuando por la Sociedad se le ha confiado. La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya y defiende, y con la delicadeza de quien no quiere exasperar la parte brusca, irritable y dura de sí mismo propia de su carácter (...)

Sorteados todos los rituales, besos, abrazos, ramos, corbatas y demás similares y conexos, vino la que para mí siempre es la mejor parte: ver cómo el glamour, el pedigree y lo finolis de las formas, se diluyen poco a poco entre el alcohol, hasta exhibir a unos simios semi evolucionados bailando en las mesas y diciendo cantidad de estupideces.

En lo personal me comporté muy decente porque quería dar una buena impresión que al final no sirvió de nada, porque cuando estaba charlando animadamente con la hermana de la novia, entró una llamada a mi celular de la doctora corazón, que me recordó dónde tenían que estar mis lealtades hormonales.

Aunque después de todo, la cosa no estuvo tan mal. Bueno, no hasta antes de que escuchara esas palabras que me producen terror y ganas de salir corriendo: “eres muy maduro y proyectas mucha seguridad”. Fue entonces cuando recordé que tenía que viajar el domingo por la mañana y por tanto retirarme a dormir.

Y bueno, hasta aquí llego por hoy, porque me espera la redacción de mis notas para una plática sobre ética y realismo político, a la que he sido invitado.

Un saludo y gracias por leerme.


Señor J.M tú nomás dí cuando concretamos esa extorsión cafetera o chelera; yo estoy puesto.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Martes 12-14, miércoles 18-20, jueves 11-14 y 17-23, viernes a partir de las 18 y todo el fin de semana no existo. El resto del tiempo nadie jode. Haz tus cálculos y ahí me avisas.

JM

Anónimo dijo...

OK OK, SI ENTIENDO, ES HORRIBLE CUANDO ESTAS EN PLENO LIGUE Y LA GALANA O GALAN EN CUESTIÓN TE LLAMA PARA DECIRTE: "ESPERO TE ESTES PORTANDO BIEN" (JEJEJE, SI COMO NO), En fin un gusto como siempre leerte y saberte contento, y me queda una duda? también te debo un café? verdad?.
jejeje, besos
MJOSS

aLdO® dijo...

Me entretuve leyendo tu relato y no se porque siempre es lo mismo con los provincianos

Adrián Santuario dijo...

en el "juramento de titulación" que se hacía en la Facultad de Ciencias el final venía así:


y juro cumplir y hacer cumplir las leyes de la física



se me hacía un atisbo de sonrisa igual que con la epístola de Melchorcito

manijeh dijo...

Ese Melchor si que era un imbécil y si estaba casado seguro golpeaba a su mujer "la débil del matrimonio" (o quien sabe, tal vez era al revés).

Bueno, después de mi descarga... tip: si no quieren caerle gordos al resto de los paisanos, absténganse de llamarles "provincianos". Eso si que caga, disculpa mi francés.

Burbruja dijo...

Cuando empezaste a decir el por qué de las diferencias de los chilangos y los provincianos, estaba a punto de cerrar la pagina jejejeje! Es que muchos si se sienten los "chachos chichos de las peliculas gachas"

Que bueno que te divertiste en la bodorría, que al final, con todos sus pros y contras,es horrible invitar gente y que se la pasen criticando todo.

Y lo de melchor ni lo leí, porque ya me la sé y sigo pensando en cómo fregados ninguna mujer lo golpeó cuando escribio eso. Ojala alguien le hubiera explicado de que se trata el matrimonio!!!

Anónimo dijo...

Doctor, debería andarse con más cuidado al momento de expresar sus opiniones acerca de la gente de los estados; por muy poco estuvo a punto de ser malentendido en lo que aquí escribió acerca de los tarados que viven en Iztapalapa, pero que a la primera oportunidad que salen de la ciudad, dicen que son de Polanco (como si fuera todavía de caché) y que se la viven de antro en antro.

A mi también me ha tocado padecer la discriminación cuando he ido al interior de la república, y me ha fastidiado que me digan "chilango" o "defectuoso". Pero ni modo, pagamos justos por pecadores (aunque más bien, por pendejos).

Qué bueno que se divirtió y qué malo que doña Yara le haya aguadado sus planes, pero ni modo, quién le manda involucrarse con una guardiana de la salud.

Cuídese
Mauro