1 jun. 2007

Qué hubiera pasado si...

Como lo he mencionado en anteriores ocasiones, de todos los tiempos gramaticales del español (y es que tenemos hasta para echar de confetti), el que más detesto por el sentimiento de frustración que despiera, es el pretérito pluscuamperfecto; es decir, el tristemente célebre hubiera.

Además de que no existe y no podrá existir en el futuro, el hubiera lo único que hace es recordarnos cuan imbéciles somos, porque siempre se utiliza para corregir hipotéticamente una situación equivocada que ya tuvo lugar en el tiempo: si le hubiera dicho que la amaba, no se hubiera ido.

Cierto, si le hubiera dicho, pero como no le dije, aquí estoy de pendejo lamentandóme(la) el no haberlo hecho.

Sin embargo no todo con el hubiera es frustración y resentimiento. También tiene otro uso que despierta y concita el uso de la imaginación y el pensamiento. Aunque el resultado de esta sinergia no sea necesariamente positivo.

En creación literaria, el pretérito pluscuamperfecto sirve de base para la ucronía; es decir, aquella situación de temporalidad hipotética que permite crear una alternativa a la realidad corriente o consumada.

En otras palabras, a partir de la pregunta Qué hubiera pasado si...? se puede desarrollar desde la imaginación una secuencia de hechos alternativos a los que se presentaron en la realidad; por ejemplo, qué hubiera pasado si Oliver Twist en lugar de haber llegado a Londres, se hubiese quedado a vivir con la abuela que lo recogió cuando se desmayó en el camino.

O, qué hubiera pasado si Newton, en lugar de haberse sentado a dormir debajo del árbol de manzanas que le permitió vislumbrar el desarrollo de la teoría de la gravedad, y los cimientos de la mecánica, se hubiera quedado en su casa regañando a su sirvienta, como era su costumbre.

Como se puede ver, se trata de dos casos en los que a partir de la imaginación se puede abrir una dimensión de temporalidad fantástica que, en tanto no se haya desarrollado la tecnología para poder viajar en el tiempo, resultará siempre fascinante, entretenida y misteriosa.

La ucronía es, entonces, aquello que nunca fue, que nunca existió en ningún tiempo, pero que hubiera podido ser; como aquellos amores de chat, en los que dos personas totalmente desconocidas que viven en los extremos opuestos del mundo, se aseguran mutuamente que se aman con toda intensidad, para olvidar al cabo de dos meses ese amor por causa del aplastante peso de la realidad, que les dice que es imposible.

De modo que, al cabo de aceptar esa realidad, en algún momento ambas hacen ucronía al preguntarse precisamente qué hubiera pasado si se hubieran conocido personalmente. Y partir de ahí comienzan a construir una tentantiva de realidad en la imaginación.

Por otra parte, la ucronía no sólo tiene utilidad en creación literaria. También en prospectiva política -que es una disciplina con la que estoy familiarizado debido a mi profesión- se usa para crear escenarios paralelos de futuros posibles, a partir de una regresión no estadística. Esto es, por ejemplo, qué hubiera pasado si Hugo Chávez no hubiese llegado al poder desde 1998, especialmente qué hubiera pasado con RCTV; y partir de ese escenario de futuro alterno es posible formular una estrategia de acción política para el presente, en este caso, para la televisora (de hecho yo podría armarselas, y les cobraría barato; así que si alguien conoce a algún ejecutivo de RCTV avísele).

Sin embargo, el ámbito en el que se torna más interesante y complejo el uso de la ucronía, porque concita al pensamiento abstracto, es el de la filosofía. Y esto viene a cuento porque ayer, como parte del seminario sobre teologías de las religiones que actualmente estoy tomando, escuché a un -eso supongo- renombrado filósofo mexicano de origen argentino: Enrique Dussel.

Dussel, como es sabido, es un filósofo perteneciente a la corriente de la así llamada filosofía de la liberación, de ascendente marxista. Es un hombre dotado de una gran elocuencia y un profundo conocimiento. Aunque también tiene sus asegunes; especialmente cuando hace piruetas argumentativas para hacer apología de sus héroes sudamericanos, Hugo Chávez y Evo Morales.

Pero es no es lo que me importa destacar, sino más bien una pregunta que dejó en el aire el día de ayer, mientras hablaba de teología y política.

Esa pregunta, que me produjo una tremenda diarrea cerebral, con todo y retortijones de neuronas incluido, derivó de otra pregunta no menos compleja acerca de qué hubiera pasado si el big bang, como punto de origen del universo, no hubiera tenido lugar nunca.

Y fue entonces cuando soltó esa pregunta que es macabra, misteriosa, compleja y harto problemática: ¿POR QUÉ HAY REALIDAD Y NO LA NADA?

Interesante, ¿no?

Dejaré que la mastiquen y luego que piensen en ella. Aunque debo advertiles que con sólo pensarla se ganarán un lugar en el infierno,; esto, claro, si hemos de creerle a Agustín de Hipona cuando respondió a la pregunta acerca de dónde estaba Dios antes de la creación del Universo, que Dios estaba creando el infierno para quienes formularan esa pregunta.

Un saludo
Víctor

6 comentarios:

Mar dijo...

Ah, vaya! entonces esa frustración con cara de "hubiera" tiene nombre! Y se llama ucronía! Ahhhhhh, qué tal! lo que uno viene a aprender en los blogs.

Gracias por la visita, aquí me tienes devolviéndote la cortesía. Aquí estaré seguido.

Feliz fin de semana.

Niabel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Niabel dijo...

Creo que mi vida es una serie de ucronías, soy todo un experimento literario, ja!




Gracias por pasar "primito" xD jojojo no cabe duda que los non - sense dominaremos algún día al mundo...

Laura dijo...

interesante, yo y mi ignorancia tampoco sabía como se llamaba ese *hubiera* aunque en mi caso, son pocas las veces que ha despertado en mi frustación, me he quedado con las ganas de hacer/decir pocas cosas...pero que cosas!:S chale ya me empeze a frustar jajaja


saludos! aprecio tu honestidad en el comentario que me dejaste jajaja:p

estamos en contacto
cuídese!

m.s dijo...

Tiene usted toda la razón Doctor. El hubiera en muchas ocasiones resulta frustrante, pero en otras -talvez las menos- es gratificante.

Y qué decir de los "amores de chat". Son tan frívolos y carentes de sentido que nadie se arriesgaría al escarnio y al cuestionamiento de su prestigio sólo por algo tan nimio como eso, verdad Doctor.

Lo bueno es que usted es siempre ha tenido un gran sentido común y nunca caerá en esa tentanción...

Cuídese

Mauro

manijeh dijo...

Sin Big Bang estaríamos en... ¿otro universo?
jeje gracias por pasarte a mi blog.