7 dic. 2008

Malthus y el Teletón I


Si hubiera que imaginar un infierno exclusivo para aquellos teóricos sociales execrados del paraíso de la corrección y la bondad política, debido a sus ideas radicales, revolucionarias o extremadamente realistas, Robert Thomas Malthus sin duda estaría ahí, discutiendo acaloradamente con Nicolás Maquiavelo, Thomas Hobbes, Carlos Marx, Gaetano Mosca, Vilfrido Pareto y otros dos o tres más de cuyos nombres no me acuerdo por el momento.

Malthus, a menudo presentado como un monje perverso, autor de ideas inhumanas y malévolas, fue en realidad un profesor universitario de historia y economía política, que creció en el seno de una familia inglesa ilustrada.



Su padre fue amigo nada menos que de David Hume, el mayor exponente del empirismo inglés y uno de los pioneros y fundadores de la filosofía pragmatista.

El pequeño Robert creció escuchando discusiones filosóficas en el seno de la Ilustración. De hecho abrevó de las dos principales expresiones del movimiento ilustrado: la inglesa, expuesta por Hume y otros filósofos de tendencia liberal, como William Godwin; y la francesa, expuesta por Rousseau, Condorcet y Diderot.

Ya en edad de iniciar sus estudios universitarios fue enviado al St. John’s College de la Universidad de Cambridge, a estudiar economía. Al finalizar sus estudios, tres años después de iniciada la Revolución Francesa que provocaba terror en los miembros de la nobleza inglesa, no tanto por el riesgo de que corrieran la misma suerte que sus pares franceses cuyas cabezas terminaron rodando en los cadalsos instalados en el Palacio de la Bastilla, sino por la barbarie imperante en el continente, donde había sido necesaria una revolución para instaurar un régimen que Inglaterra tenía cuando menos un par de siglos de vigencia: la monarquía regulada.

En 1797 Malthus se ordenó sacerdote anglicano y durante sus años de formación teológica trabajó en la investigación y redacción de la obra que le ganó gran cantidad de acusaciones, improperios y condenas: El ensayo sobre el principio de la población, que vio la luz en 1978.

En ése libro, Malthus sostenía grosso modo una tesis muy simple y muy básica: que la población crecía mucho más rápido que los medios de subsistencia para sostenerla, lo que suponía la implosión periódica de crisis de subsistencia, que sólo podían corregidas si se consideraba que el crecimiento de la población era geométrico, mientras que el de los medios de subsistencia era aritmético. En otras palabras, que la capacidad de producción de alimentos nunca es suficiente para satisfacer al conjunto de la población, y que para corregir este desfase existían ciertos mecanismos naturales y sociales como la hambruna, las guerras y las epidemias, cuyo resultado es la disminución considerable de los índices de población y el relativo restablecimiento del equilibrio entre personas y medios de subsistencia.

Aunque Malthus trabajó en forma independiente y su tesis fue completamente original, sucedió que poco tiempo después de que se publicó su libro, se puso de moda la teoría de la selección natural, propuesta por Charles Darwin. Y posteriormente, su pensamiento que era original, fue calificado peyorativamente como darwinismo social.

Desde mi perspectiva las ideas de Malthus se enmarcan más bien en una tradición de pensamiento social y político conocido como realismo.

El realismo plantea mirar al acontecer social y a los fenómenos y problemas que lo componen tal como es, sin valoraciones ideológicas que predispongan al análisis y a la capacidad de diseño de salidas a determinados problemas.

En este sentido Malthus planteó algo muy simple aunque quizá un tanto insensible e inhumano, si se mira desde una perspectiva moral. Pero precisamente uno de los presupuestos del realismo es su amoralidad, su sustracción a cualquier consideración de tipo normativo o prescriptivo…

… en fin, que en estos días he estado releyendo al Malthus en un claro intento de autoreafirmación intelectual, a fin de no dejarme llevar por la frivolidad y la estrechez de lenguaje y de cultura que en ocasiones suele campear en las oficinas, por muy nice que éstas puedan ser.

Y sucede que por estos días tiene lugar un evento que bien podría ser analizado muy malthusianamente, sin miedo al qué dirán las mentes progresistas y políticamente correctas.

Sí, me refiero al Teletón. Ése evento organizado anualmente por Televisa para exhibir y reafirmar su poderío como el cuarto poder de este país de globos, bicicletas y avioncitos que se caen.

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