28 dic 2009

5 minutos de fama

Heme aquí, después de no sé cuántas semanas de no venir siquiera a revisar si el personal de blogspot aun conservaba abierto este espacio, de vuelta a él.

Casi finaliza 2009 que como todos los años trajo cosas buenas y otras no tanto, entre las que destaca mi distanciamiento del mundo de las letras, no tanto por voluntad propia como por causas ajenas en grado y medida a ella, aunque también debidas al agotamiento y las ganas de no hacer nada más que arrojarse a la cama a dormir, después de un día intenso de trabajo y de sortear pequeñas vicisitudes.

Pero en esta ocasión no quisiera cansar a mi único, heroico y persistente lector, sí, ese que de vez en vez viene aquí con la esperanza de encontrar algo nuevo, relatando mi vida cotidiana que se ha vuelto más sistematizada que de costumbre, al grado que mi casa se ha convertido en un dormitorio y la colonia donde vivo un lugar desconocido, al grado que apenas hace unos días descubrí que a unas calles de donde mi edificio abrieron un restaurante de comida yucateca… desde hace tres meses.

En esta ocasión quisiera aplicar la sabia sentencia de mi abuela, que consiste en presumir cuando se puede. Así que hoy quiero presumir mis cinco minutos de fama en un programa radiofónico en el que hice colaboración, que aunque fue en día de los santos inocentes, no fue en broma.

Desde luego que trastabillé un poco, pero habrán de dispensar mi nerviosismo; todavía no llega el momento en el que todos los días salga en la radio o la televisión opinando sobre los temas de la coyuntura, pero ya llegará…

… en fin, les dejo acá el link al podcast.



11 dic 2009

A propósito de la Virgen

Aquí yo otra vez, y en esta ocasión tampoco escribiré algo original; más bien quiero reproducir aquí una crónica que publicó El Universal en su edición del 11/12/2009, en ocasión de las peregrinaciones que cientos de devotos realizan a la Basílica de Guadalupe, aquí en la Ciudad de México.

El texto me gustó porque pienso que está muy bien elaborado narrativamente. Ya el contenido o las interpretaciones que se le puedan dar a ese tipo de expresiones de fe es un asunto personal. Quienes creen en el culto mariano lo encontraran motivante o sublime, y quienes no, verán en él una muestra de fanatismo. Una y otra perspectiva son respetables siempre y cuando no se intenten convencerme mutuamente de que la contraria es errada.

En lo personal tengo mis dudas respecto al guadalu-panismo, pero reconozco su importancia como factor de identidad nacional. Si hay algo que nos distingue a los mexicanos es nuestro priísmo de closet y nuestro guadalupanismo ferviente, independientemente de nuestro origen social o nivel cultural...

En fin, aquí dejo esta, a mi parecer, espléndida narración, en el más puro estilo reporteril legado por el gran Kapuscinsky.
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Bicicletas, otro aliado de los peregrinos

Thelma Gómez Durán Enviada El Universal Viernes 11 de diciembre de 2009 df@eluniversal.com.mx

BOXAXNI, Hgo.— El secuestro de sus hijos lo hizo regresar. Ismael Hernández volvió a la peregrinación que hace 30 años dejó. Va montado en su bicicleta sin que le estorben sus 56 años. Unos metros atrás, Angélica, de 19 años, pedalea con fuerza. Es la primera vez que se une a esta caravana. Lo hace por agradecimiento. Hace ocho meses se salvó de morir cuando un borracho la atacó y clavó una navaja en su cuello. Más adelante va Rodolfo Gómez concentrado en no perder el ritmo. Tiene 24 años, y es la tercera vez que hace la travesía. Tiene una petición de amor.

La fe viaja en bicicleta. Lo saben Ismael, Angélica, Rodolfo y 100 ciclistas peregrinos que recorrerán los 125 kilómetros entre el valle del Mezquital y la Basílica de Guadalupe. Van a encontrarse con la Virgen venerada por sus abuelos, sus padres y, seguramente, por sus hijos.
Estos ciclistas cumplen con el ritual que, en estas tierras, tiene más de 40 años.

Cada diciembre, cuando apenas comienza el día siete, habitantes de cinco comunidades del valle de Mezquital, corazón indígena de Hidalgo, realizan la “Peregrinación de ciclistas a la Basílica de Guadalupe”. Por un día, abandonan la cotidianidad para llevar sus agradecimientos y peticiones hasta el cerro del Tepeyac. Esta peregrinación es una de las más de 400 que, tan sólo en diciembre, llegan a la Basílica de Guadalupe.

Agredecimientos y peticiones

Ismael volvió a tomar la bicicleta para agradecer. Hace cuatro meses sintió la angustia que desata el secuestro de un familiar. Sus “muchachos”, como les dice a sus hijos, se fueron “al otro lado” a buscar algo mejor. Migrar a Estados Unidos es una práctica común entre los jóvenes de esta región del estado de Hidalgo. Los “muchachos” regresaron a México para ser secuestrados.

“Como vieron que no teníamos dinero, los soltaron, pero los golpearon muy fuerte. Por eso estoy aquí, para darle gracias a la Virgen de que están vivos”, cuenta este hombre de piel tostada por el sol y el trabajo del campo.

Hace 30 años que Ismael no participaba en la peregrinación, de la que, por cierto, fue uno de los fundadores hace más de cuatro décadas.

En Boxaxni, a 20 minutos de Actopan, inició la peregrinación que en 2009, oficialmente, cumple 42 años. Aunque “tiene más tiempo, pero no la hacíamos tan formal”, cuentan los pioneros.

José Pérez, mecánico de bicicletas, tuvo la idea. Ismael y Roberto Hernández, Carlos Gutiérrez, Anatolio Cruz y Jaime Vázquez lo siguieron: tomaron su bici y pedalearon hasta la Basílica de Guadalupe. Aún eran adolescentes.

“No éramos más de seis. Nos perdimos en el camino. Yo llegué solo”, recuerda Carlos Gutiérrez, un hombre de 54 años quien ahora, junto con Roberto Hernández, organizan la peregrinación que reúne a poco más de 100 ciclistas de Boxaxni, Jahuey, Zaragoza, Santiago de Anaya y Xitzo.

“Don Carlos”, como le dicen, ya no es ciclista. Ahora conduce su gran camión. Es el encargado de ir en la retaguardia, “recogiendo” a los que ya no tienen piernas para continuar o porque su bicicleta los dejó en el camino.

Angélica pedalea y pedalea para alcanzar al contingente. Se ha quedado un poco rezagada, pero no se da por vencida. Es la primera vez que participa como ciclista. Otros años, viajaba en la camioneta de su hermano, aquella que encabeza la caravana, marca el paso y guía a los peregrinos.

Este año, Angélica tenía una razón muy grande para tomar la bici. “Quiero agradecerle a la Virgen. Por ella estoy viva”, dice. Hace ocho meses, regresaba de la Normal Superior de Pachuca. Caminaba por una de las calles de Boxaxni, cuando fue víctima de “un accidente”, dice ella. El “accidente” fue encontrarse con un borracho que la dejó medio muerta, con una herida en el cuello. Los vecinos la hallaron justo a tiempo para llevarla a un hospital. El agresor huyó del pueblo.

Angélica es de las pocas mujeres que han roto con la tradición del pueblo. Mientras sus compañeras de secundaria decidieron casarse, tener hijos y ayudar al marido con el negocio, ella prefirió estudiar. Quiere ser maestra de biología.

Sólo tres mujeres participan en esta peregrinación-ciclista: Angélica, su hermana de 16 años y Mariana. A la mitad del camino, la hermana de Angélica decide no continuar. Mariana, por el contrario, va en la vanguardia. “Es mejor ir hasta enfrente, así no te presionas y aguantas el paso”.

A sus 17 años es una ciclista experta. Desde hace seis años participa en la peregrinación. Fue una de las primeras mujeres en ser ciclista-peregrina.

Mariana preserva la tradición familiar. “Mi papá es ciclista, mis tíos igual. Así que un día, jugando, dije que también quería ir en bici. Mi papá me tomó la palabra. Desde la primera vez me gustó”.

Mariana vive en Santiago de Anaya, Hidalgo. De ahí son varios de los ciclistas. La mayoría se dedica a la albañilería o al campo. “Somos hombres acostumbrados al trabajo duro. Así que la bici la agarramos fácil. Es pesado el camino, pero con fe todo se puede”, dice Francisco, quien desde hace 10 años asiste a esta peregrinación.

Junto a Mariana pedalean aquellos que ya tienen más experiencia. Ahí van hombres de 54, 50, 40 y 30 años. Saben que hay reglas: ir de dos en dos, respetar el paso de la caravana, no distraerse ni jugar porque eso puede ocasionar un accidente.

Quienes no saben de reglas son los más jóvenes, los adolescentes que, por primera vez, acuden a esta travesía religiosa. Para ellos, la peregrinación es una especie de “rito de iniciación”. Llegar a la Basílica, “aguantar” la marcha, otorga una especie de distintivo. “Él aguantó y llegó”, dicen.

“Los primerizos”, sobre todo, abandonan la caravana porque un calambre los traiciona, porque su corazón parece salirse del pecho, porque una caída los deja fuera o porque su bici no era la adecuada para 125 kilómetros. El próximo año lo volverán a intentar. La tradición dice que deberán “completar su cruz”: acudir a la peregrinación, por lo menos, cuatro años seguidos.

Son las 12 del día y los ciclistas llevan casi nueve horas de peregrinación. Comenzaron en Boxaxni a las 3:00. Pero el ritual inició un día antes, la tarde del domingo 6 de diciembre.

Reunión y salida

La plaza de la iglesia de Boxaxni poco a poco se llena de bicicletas vestidas con rosas, malvones, bugambilias y alcatraces cortados de los jardines de las casas. Algunas, llevan flores artificiales compradas para la ocasión.

Han pasado dos horas y el sacerdote Raúl no aparece. “Siempre hace lo mismo. Se le olvida que tiene que venir a dar misa”, se queja la gente. “Con el padre Héctor no era así. Él siempre era puntual. Incluso, durante unos cuatro años fue con nosotros a la peregrinación en bici”, recuerdan.

El sacerdote por fin llega. “El padre Juan se fue a Europa y se nos juntó la chamba”, se excusa y de inmediato comienza el sermón: “Vivimos una situación difícil... algo anda mal en el país, hay mucha angustia y coraje por la impunidad... nuestro país está bañado en sangre... hay violencia y corrupción generalizada... cuando lleguen ante la virgen de Guadalupe, háblenle, díganle cuál es la situación del país. Ella nos tiene que ayudar”.

La misa termina con la bendición de las bicicletas y con el estruendo de una docena de cohetes que estalla en el cielo.

Rodolfo Gómez ya está listo. Será el tercer año que participe en la peregrinación. Él tiene una petición a la Virgen. “Voy porque es muy bonita la experiencia. Pero también voy porque tengo una petición. Tiene que ver con una mujer... Este año espero que se me cumpla”.

Las chamarras, gorras, bufandas y sudaderas que forraban los cuerpos de los ciclistas hace 10 horas ya fueron guardados en las camionetas que escoltan la caravana. El sudor recorre la frente de varios. Están en la recta final. Atrás quedó la pendiente de San Pedro que deja sin aliento. Hace dos horas que tomaron el último descanso, una parada que aprovecharon para almorzar barbacoa y pollos al estilo Hidalgo. Esa fue la última oportunidad para revisar bicicletas y tomar fuerzas.

Ahí van los 134 ciclistas. No llevan grandes cuadros e imágenes atadas a su espalda, como lo hacen otros peregrinos. Son más discretos. Sólo llevan pequeños cuadros o calcomanías con la Virgen pegadas en la estructura de su Benoto, Shimano, Mercurio o en su modelo “hecho en casa”.

Los ciclistas-peregrinos se santiguan al llegar a su meta. Ismael, con su paliacate aún en la cabeza, sonríe. No parece cansado. “Después de 30 años, regresé. Nunca voy a decir no puedo. Sí puedo. Aquí estoy con la virgen”, dice orgulloso.

Angélica llega sin aliento y con las rodillas raspadas. Por poco no logra terminar la peregrinación. En Ecatepec, un camión repartidor de gas no le dio el paso. Angélica no frenó a tiempo y se estampó contra el cofre del vehículo. Su bicicleta se averió. El muchacho que todo el tiempo la acompañó le cedió su bicicleta.

Cuando llega a la Basílica de Guadalupe, Angélica se tumba en un escalón. Se acuesta y mira al cielo. Al descubierto queda la cicatriz que atraviesa su cuello de lado a lado.

Rodolfo llegó sin contratiempos. Sonríe y busca entre la gente a Mayeli, la mujer con la que quisiera casarse este año.

Los peregrinos están agotados pero satisfechos. Cumplieron con el ritual. Están frente a su Virgen; a ella pedirán y agradecerán. El próximo diciembre, la fe también viajará en bicicleta.

2 dic 2009

Tubazo de González de Alba

Hola a quienes aun vienen con alguna esperanza de encontrar algo nuevo en este blog.

En esta ocasión no leerán algo de mi autoría, pero sí de uno de los escritores y combatientes más admirados por mi, como lo es Luis González de Alba.

Como se sabe, siempre me ha gustado el estilo de escritura rijoso, provocativo y corrosivo. El texto que sigue a continuación es una clara muestra de ello; don Luis le da con el tubo al conservadurismo y de paso a una periodista relativamente famosa entre los círculos de la intelectualité progre de este país de globos y bicicletas.

Que por qué no he escrito, ya después lo comentaré. Se trata de falta de tiempo, pero también de cierta crisis o decepción, o crisis producida por la decepción de no encontrar sustancia, inteligencia o lucidez en el ambiente en el que de ordinario tengo que interactuar. Pero ya lo dije, de eso escribiré más adelante.

Por ahora reproduzco acá el tubazo de don Luis González de Alba, que advierto, puede resultar incendiario para algunos lectores.

Aquí va:


No al referéndum

Luis González de Alba

Hay normas que se asumen por mayoría y principios que son intocables, así la mayoría diga misa. Vivimos en un país de (todavía) mayoría católica que, cuando fue unanimidad, negó la libertad religiosa con un argumento inmejorable: “No podemos igualar la verdad con el error”, un monumental sofisma porque quien define verdad y error son las mismas autoridades eclesiásticas que se asumen voceras de la verdad.

A otros nos parece una “verdad” aberrante ese monstruo de ira, venganza y egolatría que es el Dios judeo-cristiano-musulmán que nos aterroriza de niños. Podríamos presentar demandas millonarias contra esas iglesias por daño psicológico. Pero hace apenas dos siglos nos quemaban en la hoguera por decir la centésima parte; ahora nomás nos miran feo. Algo hizo la Ilustración con sus ideas libertarias: puedo arrancar los moños que ponen en mi propia casa quienes adornan la calle para que pase la virgen de Zapopan, una muñeca de mazacote muy fea, y afirmar que la de Guadalupe está tan mal pintada que tiene hombros de futbolista de americano y el chiquillo que le mira los calzones no tiene hombros.

¿Todas las ideas son respetables? Falso. Son respetables las respetables, las otras no. ¿Y cómo distinguimos unas de otras? Tenemos una guía construida con inteligencia, valor, cárcel, tortura y carnes chamuscadas: los derechos humanos.

No podrán sostener los relativistas culturales que todas las culturas tienen valores igualmente respetables. No: un pueblo indio en el que no puede asumir la alcaldía una mujer por ser mujer, aunque ganara sin discusión las elecciones, no merece defensa de tal infamia.

Hemos construido en Occidente un cimiento de valores intocables, entre los que se cuenta la libertad de religión, la de tránsito, la de trabajo, el laicismo del Estado por el que la policía persigue el delito, pero no el pecado; y, el más importante, la igualdad de todos ante la ley. No son temas que admitamos poner de nuevo a votación porque los hemos vuelto derechos humanos esenciales.

Tampoco las decisiones técnicas pueden ser motivo de votaciones, plebiscito o referéndum. En Guadalajara no existe un sistema de transporte colectivo digno de ese nombre. La tasa de homicidios por microbuses resulta más alta que los muertos en Pakistán por autos-bomba. El macrobús es una propuesta de bajo precio frente al metro, pero los microbuseros gritan en contra y, claro, exigen referéndum… de la calle afectada. Fácil.

En temas básicos no es admisible ejercer la mayoría para cancelar derechos de minorías… y de mayorías tan amplias como la de las mujeres: el matrimonio de homosexuales es simplemente la aplicación del principio de igualdad ante la ley; la eutanasia asistida es el derecho a dejar de sufrir cuando se ha entrado en la fase terminal de una enfermedad. La adopción de niños por parejas homosexuales se refiere a niños abandonados. Sin duda, la mejor opción para un niño es tener padre y madre, vivos, bien avenidos, cariñosos, que lo desearon, inteligentes y hasta ricos y guapos. Pero esos hijos no son sujetos de adopción, lo son los abandonados por la condena a los métodos preventivos del embarazo, y al aborto, que nadie, jamás, ha presentado como método para el control natal, sino como la última y desesperada opción de una mujer.

Y ¿cuál es la calidad moral de los jueces religiosos que combaten nuestros derechos humanos básicos? Olvidan que son los representantes en la Tierra de un Monstruo malicioso capaz de engañifas como ésta a sus pobres criaturas:

“Mirad, Adancito y Evita, de todo cuanto hay en la mesa podéis comer, pero de estas galleticas no comeréis”. Luego va y se esconde a espiar por un hoyito. Los niños muerden una galleta y la furia del Monstruo de Vanidad es tal que no se aplaca ni cortándoles las manitas para que sufran de por vida, ni con el sacrificio de cien toros. Exige la muerte de su propio Hijo, golpeado y torturado en una cruz, para aplacar su vanagloria paterna afrentada por una desobediencia ridícula. Un padre así, ahora, tendría muy merecida prisión perpetua. ¿Escuchar a los representantes terráqueos de esa abominación delirada por un pueblo de pastores ignorantes, olvidado entre Egipto y Babilonia?

Lydia Cacho. Se debe ser no sólo frívola y exhibicionista, sino enferma de rufianería para andar viendo “limpiezas sociales” a cargo del gobierno en las muertes cobradas al narco y entre el narco. A ver quién le vuelve a creer.



Milenio Diario, 30/11/2009

10 nov 2009

XY ¿de verdad es televisión pública hecha en México?

Hace poco más de un mes había sido invitado por mis compañeros de trabajo a ver un partido de la selección mexicana de fútbol en el departamento de uno de ellos, cerca de la oficina; es decir, fue una invitación que tuve que aceptar más por obligación que por cortesía. Aunque me resultó entretenido ir a tomarme un trago un miércoles por la noche, la verdad es que me aburrí tremendamente con el pésimo nivel de juego de los presuntos representantes del país en términos panboleros, pero no así mis cofrades oficinísticos que ya se habían mareado con un par de cervezas y parecían más interesados en averiguar qué tan rápido podían ponerse ebrios, que en la estrategia del juego.

Acabado el partido decidí irme a casa para descansar y llegar entero a la oficina al siguiente día.

Serían por ahí de las once de la noche cuando encendí el televisor en el canal once para hacer un poco de ruido ambiente mientras me vestía el pijama y fue entonces cuando descubrí XY, una serie que por un momento pensé que era un película debido a la calidad del formato de grabación; y una peli extranjera, además. Pero cuando escuche sorprendentemente, tratándose de un canal público, que los personajes tenían una oralidad bastante cotidiana (que hablaban con groserías pues), constaté que se trataba de una producción mexicana.



En pocos minutos la trama del capitulo de esa noche me atrapó. El propio concepto de la serie es bastante seductor, pues se trata de lo que ocurre dentro y fuera de las oficinas de una revista denominada precisamente XY, enfocada al público masculino. El capítulo de esa noche trató de la importancia que los hombres solemos dar al tamaño del pene. El abordaje fue desde diferentes ángulos: precisamente los de las vidas cotidianas de los colaboradores de la revista, desde el director editorial hasta los reporteros y el equipo de ventas.

El perfil de los personajes está muy bien cuidado, son bastante reales y cotidianos; se sienten próximos porque todos conocemos a alguien, un amigo, un vecino, con esas características.

Los diálogos, aunque informales, son muy inteligentes y dan espacio tanto para la carcajada como para la reflexión. Y la dirección de escena es simplemente impecable.

Definitivamente XY es una gran producción, hecha en México por una televisora pública que hace honor por mucho, a su eslogan que habla de una “tele más atrevida”. Bien por Fernando Sariñana, el director de Once TV y bien por Emilio Maillé, el director de XY por haber pensado en los televidentes que ya estamos hasta el keke de la basura y los refritos de las televisoras privadas, así como de los rollos adoctrinantes y pseudoizquierdosos de Argos Producciones, de Epigmenio Ibarra.

Y bueno, en un desliz de chovinismo simplón, debo admitir que me embarga cierto orgullo al saber que una televisora pequeña, con escaso presupuesto y una difusión limitada, como es Once TV, haya sido capaz de producir una serie original que no le pide nada a “Cuéntame cómo pasó”, ni a las series producidas por HBO y mucho menos a ese bodrio producido por Televisa y Sony Televisión, que es “Los Simuladores”.

No queda más que hacer la invitación para ver XY, todos los miércoles a las 10:30 de la noche, o la repetición, los domingos a la misma hora. Saber que una parte de mis impuestos se invierten en esa producción me hace menos insoportable la partida de madre que nos aplicaron los diputados con la aprobación de la miscelánea fiscal 2010.

16 oct 2009

Costumbrismo afectivo: los pobres también aman y lo hacen de verdad

En Mateo 5, 3 que narra el famoso sermón de la montaña, Jesús dice algo así como “felices los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Por supuesto que existe una gran variedad de interpretaciones hermenéuticas del sentido de esta frase; algunas apuntan a la humildad como valor social, otras a la pobreza material y cada una ha predominado durante algún tiempo ganando adeptos que han intentado ponerlas en práctica para apropiarse un acre en ése tan preciado Reino celestial del que solía hablar el predicador judío que siglos más tarde fue tomado por verdadero Dios y verdadero hombre por una religión que él muy probablemente no se propuso fundar.

Nada menos que en el Medioevo existieron gran cantidad de sectas, órdenes religiosas y posturas filosóficas que intentaban llevar a la práctica ese consejo dictado por Cristo durante sus días en la Tierra.

Ya durante el Renacimiento y la Modernidad, principalmente durante el siglo XIX, cuando en Europa comenzaron a surgir con gran fuerza los movimientos anarquistas y marxistas, la interpretación dada a la bienaventuranza en torno a la pobreza afirmaba que ésta en realidad era un recurso de dominación ideológica para aplacar los ánimos rebeldes de las clases oprimidas, haciéndoles creer que en el plano espiritual la pobreza era buena y la riqueza mala.

Sea como fuere, el punto es que debemos al cristianismo la glorificación de la pobreza, en cualquiera de sus vertientes.

Los pobres, en tanto seres vulnerables, marginados y desesperanzados, son los más propensos a descubrir y hacer suyo el llamado de la fe, que es la búsqueda de la salvación del alma.

La riqueza, por el contrario, ha estado asociada en la versión del cristianismo católico, a la avaricia, la ambición y la soberbia, antivalores todos ellos promovidos por el antagonista espiritual de Dios, es decir, el demonio. Caso contrario el de las confesiones protestantes, en las que la riqueza es fruto del trabajo consagrado a Dios.

Pero más allá de estas consideraciones, muy interesantes por lo demás, lo que me interesa resaltar aquí es la idea de que sólo los pobres, debido a su condición de carencia material están dotados de una especie de capacidad especial para expresar auténticamente su pensamiento y sus sentimientos, debido a una suerte de inocencia que ha logrado mantenerse intocada, porque al estar excluidos de la sociedad y sus vicios, ésta no ha podido corromperla.

De ahí surge el estereotipo que atraviesa tantas y tantas historias literarias que lo mismo se han escrito en Europa que en América en diferentes momentos históricos, pero con un denominador común: los pobres, en medio de su pauperismo, son los únicos que son auténticamente felices.

El Cuento de Navidad de Charles Dickens es quizá el ejemplo más claro de esta situación, en la que la felicidad de los pobres radica en su capacidad para estar unidos y prodigarse afecto, en contraste con la avaricia e insensibilidad de Mr. Scrooge que aunque rico, es soberbio y amargado.


En el México posrevolucionario de los años cuarenta del siglo XX, el arquetipo cultural de la pobreza entendida como pureza de espíritu y condición para la redención individual a través del sufrimiento causado por las carencias materiales, es “Pepe el Toro”, el personaje interpretado por Pedro Infante, que vive en los márgenes de una Ciudad de México en proceso de expansión y modernización.

En la saga Nosotros los pobres (1947)-Ustedes los ricos (1948)-Pepe el Toro (1952) se hace evidente la relación inversamente proporcional entre riqueza y felicidad: los pobres son felices y la pasan bomba porque son solidarios; en cambio, los ricos son avaros, individualistas, codiciosos y siempre viven angustiados. Ya en Escuela de rateros (1958) surge el otro estereotipo que se va a reproducir posteriormente en las telenovelas para perdurar hasta nuestros días: el pobre feliz y audaz que es capaz enamorar a una riquilla frívola y prejuiciosa, sólo que en esta ocasión ya no se trata de un pobre ingenuo y bonachón, emigrado del campo a los márgenes de la ciudad, sino de un individuo netamente urbano, desvergonzado y parlanchín, es decir, el pelado.

El pelado es el ancestro directo del naco de nuestros días, pero en términos estrictamente afectivos, el pelado es el abuelo en línea directa del looser, ése espécimen bucólico que ronda por los bares bohemios interpretando con su guitarra canciones de su propia autoría, en las que exalta su capacidad para amar con sinceridad y hace apología de su condición de pobre que no quiere progresar para no contaminarse con las perversiones de la movilidad social, y que con esa verborrea lograr enamorar a mujeres que en otras condiciones estarían fuera de su alcance, pero que al final terminan abandonándolo.

Como en otros tiempos y lugares, en México la exaltación de la pobreza como virtud ha sido empleada como instrumento de dominación ideológica. En los años cuarenta fue a través del cine popular de Pedro Infante, Tin Tan y Cantinflas, y a partir del último tercio del siglo XX, mediante las telenovelas: Rosa Salvaje, María Mercedes y recientemente Hasta que el dinero nos separe (refrito de una producción sudamericana), son los ejemplos más claros de esta situación, donde el mensaje implícito es el siguiente: los pobres son felices y pueden amar con sinceridad, mientras que los ricos debido a su codicia están imposibilitados para hacerlo.

No obstante, el sustrato de la idea del amor auténtico hunde sus raíces en el planteamiento rousseauniano del buen salvaje, esto es, un hombre evolucionado apenas lo suficiente para caminar erguido y para tomar de la naturaleza sólo lo necesario para subsistir, sano, inocente, y por tanto, carente de toda noción de malicia.

En el caso particular de México, este planteamiento adquirió una expresión concreta en lo que se podría denominar como “costumbrismo afectivo”, una mezcla de inocencia campirana y pobreza que permite a los individuos expresar con autenticidad sus sentimientos debido a su sencillez e ignorancia respecto al hecho de que las palabras tienen significado y su pronunciación genera consecuencias.

A diferencia del looser, que es más citadino, lírico y rebuscado en la expresión de sus afectos, el individuo costumbrista es más franco y directo, emplea referencias y analogías propias de su entorno, como en la letra de “La Ley del monte” que es la canción por antonomasia del costumbrismo afectivo, que dice algo así como “grabé en la penca de un maguey tu nombre/unido al mío entrelazados/como una prueba ante la ley del monte/que ahí estuvimos enamorados”; o bien, la “Flor de capomo”: trigueñita hermosa/linda vas creciendo/como los capomos/que se encuentran en la flor….

Pero sin lugar a dudas, la canción que mejor expresa el pleno significado del costumbrismo afectivo” es El Chubasco, que narra la historia de un hombre que está al borde del insondable precipicio del desamor, debido a que la mujer que ha amado en silencio durante mucho tiempo, está a punto de partir hacia un lugar desconocido en un buque de vapor, ¡un buque! es decir, pondrá mar de por medio, y el pobre, totalmente incapaz de hacer nada para detener su partida se consuela imaginando la posibilidad de manipular las fuerzas de la naturaleza para formar un chubasco, con el declarado objetivo de detener la navegación del buque de vapor.

Por hoy ha sido demasiado; ya en el siguiente post entraremos al análisis puntual de la letra de “El Chubasco” y las implicaciones filosóficas que subyacen detrás del costumbrismo afectivo en el que se inscribe.

Lo que quería dejar en claro en este texto es que a diferencia de la concepción del amor como producto de consumo, el costumbrismo lo entiende como un sentimiento complejo y auténtico que no precisa de muchas elaboraciones sociales para poder ser expresado y experimentado. Asimismo hay que evidenciar el aspecto clasista del tema; mientras que el costumbrismo no precisa grandes elucubraciones y recursos para poder expresarse, el amor pequeño burgués de las redes sociales precisa de la tecnología y de un espacio virtual para poder subsistir. En fin, que la idea quedó inconcluso pero es porque ya me estoy doblando de sueño…

9 oct 2009

Match.com: encuentra el amor

Todos los días, antes de cerrar mi sesión en la computadora de la oficina reviso mi correo electrónico personal y de paso echo un vistazo al messenger para ver quién está conectado.

Ayer por la tarde cuando abrí el messenger salió una ventanita emergente que invitaba a comparar el tamaño de los dedos de las manos para saber cuál era el tipo de personalidad correspondiente. Ignoro si tal ejercicio tiene un fundamento metodológico, y si de casualidad llégase a leerme aquì un psicólogo mucho le agradecería que me ayudase a aclarar el punto; pero haiga sido como haiga sido, el punto es que decidí perder el tiempo observado el tamaño de los dedos índice, medio y anular de mi mano derecha, para compararlos con los esquemas que aparecían en la pantalla, para más señas, en una página de MSN que se llama “amor y amistad” o una cosa similar.

Una vez que hube comparado mis manos y seleccionado el esquema más parecido en el monitor, se abrió otra página en la que había que resolver un test de personalidad. Para no hacer la historia larga diré que el resultado del mentado test respecto a mi personalidad decía que tengo un liderazgo tradicional y que soy una especie de Juan Camaney que masca chicle, baila tango y tiene viejas de a montón, turu rú, pero en versión intelectual y medio mamonesca.

Instantes después aparecieron las fotos de unas chicas que dizque eran compatibles con mi personalidad y cuando caí en la cuenta, ya estaba yo completando un perfil para un portal llamado “match” o algo similar.

Pero lo importante no es la página en sí, ni sus características, por lo demás demasiado parecidas a las de las redes sociales como Facebook o Hi5, donde hay que poner fotos, una breve descripción personal y demás payasadas. No. Lo importante es el perfil mismo de las personas que concurren a ése tipo de herramientas tecnológicas para relacionarse socialmente.

Sé que lo que voy a escribir ya ha sido escrito con antelación y con mucho mayor claridad y fluidez por sociólogos y psicólogos con doctorados y cuando menos un par de artículos publicados en antologías y revistas académicas totalmente desconocidas. Pero es interesante observar cómo personas con un promedio de edad que va de los 30 a los 50 años emplean ésa red social para tratar de encontrar a otras personas con las que puedan entablar una relación afectiva.

Por supuesto que esa situación no es nueva, y que más bien es la versión electrónica de los anuncios de las “almas solitarias” que alguna vez figuraron en las secciones de avisos de ocasión de periódicos y revistas impresas.

Sin embargo, lo que me causa curiosidad y hasta un poco de asombro es esa especie de ingenuidad o hipocresía, banalidad o estupidez, subyacente en el hecho de creer que en un medio totalmente impersonal y por tanto potencialmente propenso a la suplantación de la realidad por la fantasía, como lo es Internet, las personas podrán encontrar a otras personas con las características que exigen: buena apariencia, buenos sentimientos, buena posición laboral y por tanto económica, entre otras más.

Lo que me cuesta trabajo entender es la reticencia a buscar todo eso en el mundo real, afuera de su casa, oficina o del café internet desde el que día con día revisan esperanzadamente sus buzones de correo electrónico, para ver quiénes han observado sus respectivos perfiles y han decidido dejarles algún comentario.

El amor, cualquier cosa que eso signifique y suponiendo sin conceder que pueda existir realmente, no viaja a través de los 0 y 1 de las fotografías digitales, ni en los emoticons que adornan las descripciones personales, ni en tampoco se encuentra en la estupenda sintaxis que estructura una frase efectista escrita en un blog.

Cierto, se trata de un acontecimiento contingente, esto es, algo que sucede cuando nadie espera que suceda. Pero sus posibilidades de devenir una experiencia concreta se potencializan en la realidad inmediata, y quizá el “amor de la vida” de la chica cuya descripción leí y me provocó un ataque de risa seguido de cierta conmiseración debido a la inocencia escondida en sus pretendidos aires de madurez y cosmopolitismo (preocupantes si se consideran los 33 años que afirmaba tener), es su vecino de estacionamiento en el lugar donde trabaja, o el gordo, calvo y malvestido que siempre la saluda gentilmente en el elevador; pero muy probablemente no lo percibe porque existe todo un entorno que paulatinamente, desde su infancia, le interiorizó tal cantidad de estereotipos que la han predispuesto a observar sólo un determinado patrón de prospecto y de relación.

Es como en ésa peli gringa con Jack Black y Cameroon Díaz, en la que el ideal de mujer de él es una chica rubia, delgada y superficial, pero que por obra de un psicoterapeuta aprende a descubrir que lo que realmente importa de las personas no es la apariencia física, sino la esencia espiritual, por decirle de algún modo a esos aspectos de la personalidad que vuelven a alguien interesante, aburrido o detestable, y entonces cae en la cuenta de que está enamorado de una mujer excesivamente gorda pero noble y comprensiva.

Esto es lo que subyace en el imperio de la imagen que representan las redes sociales: la apariencia, el intento permanente de cubrir un patrón diseñado por la sociedad ya sea para autocomplacerse por su pretendido refinamiento en gustos, o bien para contrastarse con lo que no tiene pero que le gustaría tener. Como cuando una familia snob de un barrio popular tilda a la familia vecina de “corriente” siendo que en realidad ambas se ubican exactamente en la misma escala sociocultural.

En match.com se pretende encontrar el amor de los cuentos de hadas, las telenovelas y las historias de Corín Tellado y Bárbara Cartland. Los hombres pretenden encontrar a la mujer bonita pero tonta que puedan presumir como un bonito llavero, aunque escondan esa pretensión real en descripciones personales que apelan a la sensibilidad y la bondad; y las mujeres pretenden encontrar al príncipe azul de los cuentos de los hermanos Grimm. Pero ni unos, ni otros reparan en el hecho de que sus posibilidades de ser felices, cualquier cosa que entiendan por ello, no están en la contemplación de fotografías retocadas, ni en la lectura de descripciones personales falsas, sino en la cotidianeidad de su vida diaria, con el Shrek o la Fiona con la que se cruzan todos los días excluyéndolos del horizonte de su mirada mediante la indiferencia.

Si algo nos han enseñado los maestros de la meditación y la reflexión, es que no debemos buscar afuera y lejos lo que tenemos que descubrir adentro y cerca.

Sin embargo a los mercadólogos, a los publicistas, a los anunciantes y patrocinadores de redes como match.com, de programas como “12 corazones” o telenovelas como las de Fernando Gaitán (de las que algún día escribiré porque son muy interesantes en su construcción dramática y trasfondo social) no les conviene que las amplias masas descubran que son objeto de la manipulación sentimental y de la introyección de patrones de comportamiento afectivo y formas de interacción social, porque entonces sus respectivos negocios se acabarían.

Creo que a Marx ya no le alcanzó el tiempo para decirlo, pero en mis afanes megalómanos lo diré yo: el amor es un producto de consumo confeccionado por el capitalismo, que ha construido sobre él toda una industria en permanente innovación: ayer fueron los anuncios de las almas solitarias, hoy son sitios como match.com, y siempre han sido las canciones románticas.

El amor así entendido no es más que un ordinario producto burgués.




P.S. Me fumé demasiado, ¿verdad? Ya en otra ocasión escribiré de esa especie de contracultura del amor representada por el costumbrismo, en el que el pueblo llano, las clases bajas y los excluidos, expresan con total inocencia sus auténticos sentimientos.

6 oct 2009

Comentarios varios

El primero de ellos es: ¡qué incómodo resulta escribir con la notebook sobre las piernas, mientras está uno recostado en la cama!

El segundo es que casi me doblo de sueño y si este texto sale sin errores de sintaxis es porque el Word es muy bueno en el procesamiento de textos.

El tercero es que detesto el office 2007 porque todo está muy confuso y cambia los formatos de grabación de los archivos.

El cuarto es: no sé para qué escribo si sólo yo me leo.

El quinto es: mis dedos y mis neuronas se han atrofiado por haber dejado de practicar la terapia de la escritura, ahora siento que escribo como Germán Dehesa… ¡qué horror!

El sexto es que en estos momentos de mi vida, realmente no hay nada de qué terapearme por medio de la escribidera. Dios se acordó de que yo existo y me va muy bien todos los aspectos de mi existencia.

El séptimo es: ¡qué chingado calor se siente esta noche!

El octavo es que me duele un poco el costado izquierdo porque anoche me dormí mal.

El noveno es que ya dejé mi dieta porque sólo bajé tres kilos en un mes; ahora intentaré hacer ejercicio en un gimnasio.

El décimo es que detesto los gimnasios porque son vulgares y malolientes centros de recreación de la vanidad y el amor propio.

El undécimo es que cuando ya no se recuerda con toda exactitud qué es lo que hizo una noche de viernes de tragos, lo mejor es dejar de beber, no sea que en una de esas uno amanezca en la habitación de sabe Dios qué hotel, sin saber cómo carajos llegó hasta ahí.

El duodécimo es que no importa cuánto me esfuerce, nunca conseguiré ser constante en mis colaboraciones en este espacio, cada día menos visitado.

El décimotercero es que de repente me jode la frivolidad que campea en mi trabajo, la cual aun cuando no deja de ser un epifenómeno, en ocasiones llega a ser irritante, pues hace que me pregunte en qué momento pasé de las charlas acerca de la teoría arendtiana del Estado o de la modernidad líquida de Zygmunt Bauman, a los recuerdos de las procesiones del colegio Cumbres a la Basílica de Guadalupe, o de las ofertas de Lacoste o del último evento del “Clásico”, que es el antro de moda entre la cerril pero snob pequeña burguesía defeña.

Y creo que tengo que abundar en este comentario.

Entre más conozco a gente egresada de universidades privadas, más quiero a la UNAM; o sea, esos tarados además de ser unos conservadores de primer nivel son unos imbéciles y unos ignorantes, carentes de todo sentido crítico y curiosidad siquiera para preguntarse por qué piensan que pensar no es importante o es cosa de “ñoños”.

Entiendo que de vez en cuando es necesario aterrizar en el mundanal ruido y conversar acerca de autos, antros y viajes para las siguientes vacaciones, pero hacerlo todo el tiempo es insulso, vacuo y muy aburrido.

Sólo con una colega que es egresada de la Universidad Iberoamericana puedo platicar más o menos de los temas que me interesan: cine aburrido, jazz, pseudo filosofía al estilo francés y muy de vez en cuando literatura, porque la pobre mujer casi no lee aunque piensa que con haber ido un año a una universidad patito pretendidamente gringa aunque asentada en París, sabe todo lo que un politólogo debe de saber acerca de no sé qué payasadas que nada más a los administradores públicos les resultan interesantes, pero que a los politólogos de verdad nos parecen pretensiosas y redundantes.

En fin, que me hacía falta desahogarme de esas situaciones que son, eso supongo, las vicisitudes típicas del trabajo de oficina. Pero bueno, no se puede tener todo en esta vida y por fortuna existen los sábados de cafelito con algunos amigos, que nos reunimos para compartir las penas que el mundo de los mortales nos ofrece para nuestro disfrute.