6 mar. 2007

De libros y malas experiencias

El fin de semana pasado asistí a la Feria del Libro que organiza la UNAM en el Palacio de Minería, en el centro de la ciudad.

Sin el ánimo de parecer culterano, debo confesar que acudir a un evento en el que por todos lados hay libros, discos y litografías de arte es muy deleitable para mí.

No obstante, sé que para otras personas podrá parecer una forma bastante aburrida de perder el tiempo en una actividad tan poco provechosa como recorrer los stands de las distintas editoriales, cuando -en su perspectiva- hay formas más divertidas de pasar un sábado por la tarde.

Pero como a mi no me agrada el ritmo monofónico y las letras sexosas del regeton (no sé si escriba así, y la verdad no me importa); ni los churros enlatados made in Hollywood que proyectan en las salas de cine, pues encuentro más interesante comprar libros y discos, además de tomar un buen café.

Sin embargo en esta ocasión no me agradó mucho andar deambulando entre hordas de adolescentes que infestaban los pasillos de la Feria sólo por orden o sugerencia de sus profesores. De hecho no me agradó andar en el centro de la ciudad precisamente en sábado por la tarde, debido a que por lo general ése día las calles, los restaurantes y los cafés se encuentran totalmente abarrotados. Pero como en el transcurso de la semana no había podido acudir y la Feria terminaría el domingo por la tarde, no tuve otra opción que darme un involuntario baño de pueblo sabatino.

Probablemente parte de mi desagrado se debió a que desde la mañana tuve un sábado inusual. Esto porque a los decrepitos burócratas universitarios se les ocurrió cambiar el horario de un seminario de formación docente que tomo precisamente los sábados, de las 11:00 de la mañana, a las ¡8:00! Digo, no es que a mi me cueste trabajo levantarme temprano, pero considero que si lo hago sistemáticamente toda la semana, lo justo es que por lo menos el sábado pueda dormir un poco más, considerando que por lo general mi hora de dormir es a las 2:00 de la madrugada y mi hora de despertar es a las 6:30.

Talvez no habría tenido ninguno problema con el nuevo horario de mi seminario, si la noche anterior no me hubiese tomado algunas cervezas de más que, junto con algunos cigarros y uno que otro bailecillo, me provocaron una resaca espantosa y unas ganas terribles de quedarme acostado los clásicos “cinco minutitos” de más, que en realidad se convirtieron en media hora.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola mi querídisimo amigo, pues entiendo tu travesía de un sábado en el centro histérico, sin embargo yo acudí a la Feria el día domingo y a diferencia de ti, encoentre un lugar para tomarme un rico café y desayunar conmigo misma, sin embargo comparto contigo que la Feria estaba inundada de adolescentes, que lo único que hicieron fue estorbar por algunas horas en los stands (se escribe así?), pero pues me hice el fiel propósito de levantarme casi casi de madrugada el domingo para llegar a una hora adecuada y no encontrar muchedumbre, hubiese sido genial coincidir, no lo crees?, en fin, te deseo una buena semana de existos y cosas lindas.
Atte. Maryjoss

Mael dijo...

hola Victor!
hace buen tiempo que no te visitaba, eso ya lo sabes...
lo que pasa es que tomo desprevenida una de esas depres que uno suele arrojar por la ventana cuando llegan pero, bueno que más da, ahora estoy aquí, espero que haya encontrado no bonitos, sino muy interesantes libros.
me pongo al corriente sigo leyendo...

Huracán dijo...

No tomes ni fumes que hace mal cheeeeeeeeeeeeeee.