23 mar. 2007

Un poco de gimnasia cerebral (II)

El vacío, por tanto, es el ser de la nada. Pero de una nada relativa, pues la Nada Absoluta ni siquiera puede ser pensada, aunque necesariamente debemos tener un referente abstracto de su contenido en tanto concepto, pues si el Ser es algo devenido existente, inconscientemente porta inherente su propia negación. En otras palabras, antes de que la existencia del Ser tuvo que existir la Nada, ya fuera absoluta o relativa y el Ser en tanto sustancia conlleva de forma inmanente su negación.

Al respecto la física contemporánea aporta algunos elementos que bien podrían sustentar esta elaboración especulativa, pues la nada relativa es el vacío, y en la física cuántica se ha comprobado que la materia, es decir, la sustancia, existe en el vacío, esto es ¡en la nada del ser de los entes!

Y si esto no queda lo suficientemente claro, entonces pongamos a la dicotomía Ser/Nada en la doble dimensión Espacio/Tiempo, lo que “es” existe en el tiempo aunque no necesariamente en el espacio; por ejemplo, una idea. La idea de la libertad o la idea del amor pueden existir en el tiempo, pero no en el espacio, a menos que alguien haya visto a la idea del amor caminando por un parque -cosa que ni en mis fumadas más esotéricas he visto.

Más aun, el Tiempo mismo es un ente insustancial que puede devenir lo mismo Ser que Nada, y para comprobarlo remito a un texto muy bello del primer filósofo con nombre de galán de telenovela: Jorge Guillermo Federico Hegel.

Hegel decía “el tiempo es el ser que inmediatamente no es, y el no ser que inmediatamente es, digo ahora, y ahora ya no es, ha dejado de ser. Digo después, y después ya es, ha llegado a ser. El ahora ha devenido antes, y el después, ahora. El es se ha vuelto fue, y el será, es. El ahora es el ser, y el antes y el después el no ser.
Pero si el antes es el ser que se ha vuelto no ser, el ahora es el no ser que se ha vuelto ser”.

¿Dolor de cabeza? ¡Por favor! ¡Ni aguantan nada! (a propósito del tema, esto sería una paradoja epistemológica porque la nada, al no ser, no posee las características del ser devenido sustancia: peso, talla, espesor, etc.) esperen a leer el siguiente ejemplo.

Si la Nada es el presupuesto para que el Ser devenga Sustancia, es decir, Materia, ¿qué había antes del Ser, considerando como totalmente válida -y así lo demuestran los estudios realizados por los físicos norteamericanos recientemente galardonados con el Nobel- la Teoría del Big-Bang, que pretende explicar el Origen, que no Creación, del Universo? (y nótese que aquí he utilizado un referente temporal que en estricto sentido es un absurdo porque “antes de la Nada” ni siquiera es un tiempo que pueda ser pensando porque ni siquiera el propio Tiempo pudo haber existido).

En otras palabras, si el Universo surgió de una explosión de la materia, provocada por su gran densidad ¿qué había antes de la formación de esa materia? Por sentido común se infiere que necesariamente tuvo que haber un espacio vacío para que la materia pudiera ser albergada, luego entonces, tuvo que existir una nada relativa que devino ser en la medida en que la propia materia se expandió gradualmente luego de la gran explosión.

Si se quiere plantear la cuestión en otros términos, más inclinados hacia el terreno teológico, se puede preguntar ¿dónde estaba Dios, Ser Absoluto y Omnipresente, antes del surgimiento del Universo?

Al respecto Agustín de Tagaste, obispo de Hipona, formuló la única respuesta concluyente y al parecer si no satisfactoria, cuando menos intimidatorio para aquellos espíritus temerarios que han especulado sobre estas materias: “estaba creando el infierno para quienes formularan esa pregunta”.

¿Acaso habré de irme al infierno, de forma literal y por designio divino, y no por deseo maligno y resentido de mis detractores intelectuales y detractoras sentimentales?

Sobre ello pensaré en otra ocasión, ahora voy a tomarme una aspirina…


P.S Para quienes se interesen en bajar aun más en el abismo especulativo de estos temas, refiero a continuación un par de libros básicos:

GWF Hegel, La ciencia de la lógica.
Ernesto Mayz, El problema de la nada en Kant.
Stephen Hawkins, Historia del tiempo.

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