21 mar. 2007

Un poco de gimnasia cerebral (I)

Cuando la inspiración se rehusa a visitarme, o cuando el tiempo es inmisericorde para escribir algo nuevo, siempre queda como último recurso el reciclaje intelectual.

Así que en esta ocasión me autoreciclaré publicando un comentario que ya había aparecido en otro lugar. Espero que cuando menos los dos primeros párrafos puedan ser leídos sin causar bostezos.

Aburrido de tener siempre la razón y de escribir siempre excelentes ensayos, me queda tiempo para pensar acerca de aspectos de la vida cotidiana que aparentemente son insulsos, pero que en realidad son tan trascendentes que no reparamos en su importancia; por ejemplo, el hecho de que los calzones –que generalmente son prendas que se hallan ocultas por otras prendas- sean de distintos colores, texturas y diseños, puede parecer un hecho cotidiano sin importancia, pero es una realidad trascendental, pues a partir del análisis del color y el diseño de los calzones que usamos bien podríamos, desde la perspectiva del taoísmo, por ejemplo, saber cuál es nuestro ascendente cósmico y nuestro papel en el mundo. Así que, como se puede apreciar, el tema de los calzones es demasiado serio como para dejárselo solamente a los diseñadores de ropa y a los creadores de tendencias.

Otro ejemplo muy ilustrativo es la celebración de los cumpleaños; francamente no entiendo por qué o dónde proviene la muy en el fondo insana costumbre de festejar que nos volvemos un año más viejos y, por tanto, un año más cercanos a la muerte natural, que según la media mundial ocurre alrededor de los 70 años. En esto creo que sí les doy la razón a los testigos de Jehová (¿o son los mormones? no lo recuerdo), respecto a su renuencia a festejar que nos queda un año menos de vida; sobre todo en un contexto cultural en el que debido a una fuerte ascendencia judeocristiana se nos ha introyectado un pavor inmenso a la muerte.

Al respecto cabría señalar que quienes nos salvamos en grado y medida de ese miedo infuso y metafísico, somos los mexicanés, pues tenemos la fortuna de contar con un pasado ancestral en el que los pueblos prehispánicos se pasaban por el arco del triunfo a la muerte. Pero desgraciadamente, como dijo Don Porfirio Díaz, nos tocó un sino maldito al estar tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos, que con sus rollos sajones han ido colonizando paulatinamente nuestro acervo cultural, al grado de que ya es normal ver en las tiendas departamentales motivos alusivos al Halloween, en lugar de aquellos de nuestro muy mexicano día de muertos, que tan próximo en fecha se encuentra.

Sin embargo no es la muerte, ni la celebración o no de los cumpleaños, ni el color y diseño de los calzones, el tema que me interesa abordar en esta ocasión; es más, en esta ocasión ni siquiera hay un tema, por eso he estado jugando contigo lector, lectora querida, haciéndote leer toda esta fumada sin sentido, a fin de que me sigas en la realización de unas bonitas y entretenidas piruetas metafísicas.

Y es que resulta que ayer leía algunos fragmentos de"Ser y tiempo” de Martin Heidegger se me ocurrieron algunas ideas acerca de ambas categorías relacionadas con la existencia, sobre todo a la luz de un ejercicio autoreflexivo muy interesante, consistente en pararse frente al espejo y preguntarse quién ese ser que se encuentra frente a mi.

Obviamente la primera respuesta será un “ese soy yo”, pero cómo puedo estar seguro de que en realidad “soy yo”, es más, cómo puedo saber si “soy” o no “soy” eso que se refleja en el espejo.

De modo que en un segundo momento la respuesta debe condicionarse a dilucidar si ese “soy yo” corresponde al yo compuesto de materia orgánica que aparece bajo la forma de un animal bipedo, erecto y dotado de capacidad cognitiva y de habla que le permite articular vocalmente, por medio del lenguaje, la respuesta “soy yo”; o sí, por el contrario, el “soy yo” corresponde al ente que se vale de ese cuerpo para exteriorizar su voluntad y su capacidad de pensar de forma autoreflexiva.

Por tanto, la primera respuesta “ese soy yo” conduce inevitablemente a preguntar ¿qué soy yo? ¿materia o espíritu? Si elijo por respuesta “soy materia” debo asumir que en realidad soy finito y que por tanto soy susceptible de no ser, es decir, de devenir en nada; por el contrario, si elijo como respuesta “soy espíritu”, el problema se vuelve aun más complejo, pues ¿cómo puedo saber que soy espíritu si éste en realidad es un ente no perceptible debido a su insustancialidad? Ahora, si soy espíritu, por ese sólo hecho ¿estoy exento de devenir no ser, es decir, nada y por el contrario, existir siempre?

Una respuesta intermedia aparentemente muy inteligente sería “soy la conjunción de materia y espíritu”, pero en el fondo es la respuesta más angustiante y desoladora, pues si soy sustancia y espíritu tácitamente adquiero conciencia de la finitud de mi materia y por tanto de lo etéreo de mi espíritu, con lo cual se abre una brecha escatológica que hábilmente ha sido aprovechada por el fenómeno religioso, pues si yo, espíritu existente en la sustancia soy conciente de que ésta habrá de perecer, inmediatamente me pregunto ¿qué pasara conmigo después de que mi sustancia me haya abandonado?

Y en este punto es imposible no remitir a mi queridísimo y admirado Don Miguel de Unamuno, que en uno de los tantos pasajes sublimes del “Sentimiento trágico de la vida” nos regala esta reflexión no apta para suicidas potenciales: “y vienen queriendo engañarnos con un engaño de engaños, y nos hablan de que nada se pierde, de que todo se transforma, muda y cambia, que ni se aniquila el menor cachito de materia, ni se desvanece del todo el menor golpecito de fuerza, y hay quien pretende darnos consuelo con esto. ¡Pobre consuelo! Ni de mi materia ni de mi fuerza me inquieto, pues no son mías mientras no sea yo mismo mío, esto es, eterno. No, no es anegarme en el gran Todo, en la Materia o en la Fuerza […] no es ser poseído por Dios, sino poseerle, hacerme yo Dios sin dejar de ser el yo que ahora os digo esto.

¿Materialismo? ¿Materialismo decís? Sin duda; pero es que nuestro espíritu es también alguna especie de materia o no es nada. Tiemblo ante la idea de tener que desgarrarme de mi carne; tiemblo más aún ante la idea de tener que desgarrarme de todo lo sensible y material, de toda sustancia. Si acaso esto merece el nombre de materialismo, y si a Dios me agarro con todas mis potencias y mis sentidos todos, es para que El me lleve en sus brazos allende la muerte, mirándome con su cielo a los ojos cuando se me vayan éstos a apagar para siempre. ¿Qué me engaño? ¡No me habléis de engaño y dejadme vivir!”.

Esta serie de cuestionamientos nos conducen al problema ontológico del Ser y la Nada, asociados indisolublemente con el Espacio y el Tiempo que integran el mundo sensible, es decir, aquel en el que Sustancia es Espíritu.

La relación dicotómica que se presenta entre el Ser y la Nada es muy interesante desde el punto de vista de la Metafísica, entendida como la rama de la filosofía que presenta al Ente -esto es, a una entelequia o objeto cualquiera arrojado en el Espacio- en su Ser, es decir, en su capacidad de existir, de esta ahí.

Al permitir pensar el ser de los entes, la metafísica permite pensar en la nada como la negación del ser de los entes, es decir, en el vacío que permite a su vez que la nada devenga existencia como algo, es decir, que se convierta en ser.

3 comentarios:

Alter Ego dijo...

Ya lo decia el propio Heidegger: El peligro de los peligros es la amenzaza del ser por el ente. Por cierto a Unamuno aqui en España tambien se le aprecia, pero ocurre que gusta mas como literato que como filosofo, aunque yo no sea capaz de diferenciar cuando empieza una cosa y acaba la otra. En todo caso, ya sabemos que el lenguaje es la casa del ser, y solo hay mundo donde hay lenguaje. Ahora, ya te dije en una ocasion, estamos en el Abismo. Saludos

MaGycA dijo...

Paso por aqui sin tiempo... pero vendre mas despacito a leerte. un besazo y gracias por tu comenario... me hizo recordar algo...

cuerda dijo...

Afortunadamente estamos en libertad de elegir lo que queremos ser,asi como descubrir y elegir lo que no queremos ser. Asi que tu decides quieres ser solo materia, solo espiritu, o ambas en conjuncion. Si que es un dilema.
Pero...
Cuidate!, y Hasta Siempre.