1 mar. 2007

Los detectives salvajes

Hacía mucho tiempo que la lectura de un libro no me motivaba a escribir una reseña. Aunque hace poco escribí en otro lugar acerca de un libro autobiográfico –Esa visible oscuridad- de William Styron, fue más bien en ocasión de la muerte del genial escritor norteamericano.

De hecho el ejercicio de la crítica literaria no es el mejor de mis talentos; esto debido a que ni soy escritor profesional, ni gran conocedor de la literatura y sus vastos y diversos movimientos y expresiones.

Me considero un lector ordinario, aunque con ciertas habilidades para sobrevivir en el mundo de lo escrito que, como todos los mundos, tiene su propia dinámica y, sobre todo, sus propias reglas.

Por supuesto, reconozco con humildad y con un dejo de angustia que todos los buenos libros del mundo aguardan mi lectura, así como aquellos otros no tan buenos (entiéndase las obras de Dan Brown, Paulo Cohelo et. al.) aguardan mi indiferencia.

Sin embargo aunque breve, el trayecto que llevo incursionado en los menesteres literarios me permite formular mis propios juicios y apreciaciones más allá del simple “me parece bien” o del más sincero pero viperino “es una mamada”, cuando de calificar una obra se trata.

Así que con esa premisa como carta credencial, me permito compartir con quienes me leen una reseña acerca de la novela del escritor chileno Roberto Bolaño, Los detectives salvajes.


Como apunté líneas arriba, mucho tiempo ha pasado desde que la lectura de un libro, pero sobre todo la fascinación producida por el mismo, me motivó a escribir una reseña. En aquella ocasión se trató de El diablo tiene nombre, una espléndida novela del escritor español Francisco Asensi, en la que se aborda desde una perspectiva histórico teológica muy interesante, el tema de la existencia del demonio.

De hecho, la novela me sedujo porque su llegada a mis manos coincidió con una etapa académica en la que mi amigo Jesús Santiago y yo estábamos profundamente interesados por cuestiones teológicas como la existencia de Dios, la metafísica de la fe y el significado escatológico de la Parusia (segunda venida de Cristo a la tierra); pero principalmente por la demonología.

Si bien se trató de una moda intelectual como tantas otras que lograron atraernos durante nuestra estancia en la Universidad(el estudio del marxismo de Frankfurt, la filosofía política contemporánea o la existencia del amor, por citar algunas) fue en la que más tiempo estuvimos inmersos, buscando en librerías de viejo, en los rincones olvidados de las bibliotecas e incluso hasta con supuestas brujas y hechiceros, así como con sacerdotes y hermanas religiosas, algunos datos que nos permitieran comprobar la veracidad del nombre del demonio, aportado por el propio Asensi en su novela.

En este punto el lector seguramente se preguntará qué relación existe entre el propósito inicial de este comentario, que es una reseña literaria, y los intereses prima facie esotéricos que mi amigo y yo compartimos durante algún tiempo.

La relación es muy estrecha, porque al leer la novela de Bolaño pude verme reflejado en los personajes principales, que son precisamente dos jóvenes, Arturo Belano y Ulises Lima, tan interesados por la poesía que fundan su propio movimiento poético: el realismo visceral, en homenaje –según ellos- a un grupo poético que había existido en el México de los años treinta, cuya líder era un enigmática mujer sonorense llamada Cesárea Tinajero.

Es tal la fascinación que la poesía generó en los líderes del grupo real visceralista, compuesto en su mayoría por jóvenes pertenecientes a los diferentes niveles de la pujante clase media del México de los años setenta –universitarios algunos de ellos- que luego de realizar una serie de investigaciones entre los viejos integrantes del grupo comandado por Cesárea Tinajero, acerca del paradero de ésta, emprenden un viaje por carretera, en parte obligados por una serie de circunstancias, hacia los desérticos pueblos de Sonora, al norte de México.

La historia de Belano y Lima no es narrada por ellos mismos, sino por una serie de personajes variopintos que los conocieron a lo largo de sus andanzas poético-literarias, así como también en aquellas otras psicotrópicas, pues solían combinar la poesía con el tráfico ocasional de marihuana entre los selectos círculos de creadores y artistas mexicanos de la época.

Si bien Bolaño es de nacionalidad chilena, en esta novela demuestra su profundo conocimiento de la sociedad y la cultura mexicana, que pareciera moverse desde entonces dentro de los límites de arquetipos previamente establecidos.

Lo más sorprendente al respecto es la continuidad del ciclo de reproducción de esos modelos por parte de las nuevas generaciones de universitarios y, en general, de los jóvenes interesados en las diversas manifestaciones de la cultura (poesía, danza, teatro).

Al respecto, es común encontrar en los alrededores del campus universitario, en los recitales de danza o en las presentaciones de libros, al típico modelo de universitario progre (el perfecto idiota latinoamericano, según Álvaro Vargas-Llosa) ataviado con una indumentaria que mezcla lo folclórico con lo cosmopolita, sosteniendo bajo el brazo el ejemplar del día de algún diario de izquierda y mirando hacia ninguna parte, a través de esas gafas que le confieren un toque intelectualoide.

Líneas arriba anoté que durante la lectura de la novela de Bolaño, pude mirar desde una perspectiva distinta –quizá mediada por la distancia- las instantáneas de mis propias andanzas como universitario. Es más, sentí cierta identidad con los personajes principales y fue inevitable evocar las largas y en ocasiones acaloradas charlas de café que sostenía con mi amigo Jesús Santiago, todos los viernes por la tarde, alrededor de cuestiones teológicas, pasando luego por el análisis político coyuntural, para aterrizar –invariablemente- tratando de encontrar respuesta a una pregunta maldita: por qué nuestras vidas eran (han sido) miserables.

En la historia trazada alrededor de Belano y Lima aparecen muchas escenas de debate, discusión y charlas cercanas al anhelo de absoluto propio de la juventud, magistralmente narradas con un toque de hilaridad que recurre a lo más representativo del vocabulario popular –sin caer en la vulgaridad- para describir acaloradas disputas en torno a cuestiones tan superfluas como una marca de cigarrillos, o el futuro de un grupo supuestamente literario conformado por jóvenes desconocidos.

De hecho uno de los principales méritos de Bolaño en términos estrictamente literarios es recurrir a la lengua viva, la que se habla todos los días entre la gente común perteneciente los diversos sectores de la sociedad, permitiendo la comunicación a partir de un código lingüístico que refleja una misma tradición cultural, para estructurar su novela.

Lo más importante es que con este recurso Bolaño no pretende experimentar un nuevo estilo literario, ni el potencial comunicativo del lenguaje viperino, como en forma deliberada –y para mi gusto, malograda- lo han intentado otros escritores, como Leñero o el propio Fuentes (que en lo personal me cae muy mal); sino contar una historia en la que los personajes se expresan con un lenguaje sencillo aunque no por ello simple, imprimiendo así un ritmo fluido a la narración, y propiciando un ambiente que al lector le resulta familiar; especialmente al lector joven, que es al que en principio se dirige el autor.

En este sentido Bolaño está más cerca de Cortazar y Borges, es decir, de los escritores genuinos, que de Vargas-Llosa y demás hierbas, que se valen del ejercicio literario –en algunos casos muy bien realizado- para lograr influencia en los círculos de poder y hacer denuncia social con la finalidad de forjarse un renombre bajo el cual, a la postre, poder escribir cualquier sandez con éxito de ventas asegurado.

Otro aspecto importante de la estructura empleada por Bolaño es la introducción de múltiples narradores, que a diferencia de la voz narrativa convencional, ubicada como tercero excluido de la trama, son protagonistas en el proceso de construcción, o más bien reconstrucción, de la historia de los personajes principales, Belano y Lima, aportando sus testimoniales acerca del trato que mantuvieron con cada uno de ellos.

Se trata de un juego de estilo muy cercano a la crónica y al documental, en el que apenas se sugiere la existencia de un realizador a partir de algunas expresiones utilizadas por los múltiples narradores, que son quienes a través del relato de sus propias experiencias con los personajes protagónicos, así como de la impresión de su propio sello personal -que permite al lector entrever su perfil psicológico- van confiriendo gradualmente un halo enigmático a la trayectoria biográfica de Belano y Lima.

Visto de forma global, el argumento de la novela trata sobre el proceso de maduración desde la juventud hasta la edad adulta, en un curso de vida que incluye una trama de historias entrecruzadas, difíciles momentos de amores no correspondidos, irrealizables o frustrados; episodios de crisis económicas personales, de extravíos existenciales y de desilusiones agobiantes. Es, pues, una historia acerca de la juventud, sus sueños, sus riesgos y su desenlace, que tiene lugar en el preciso momento en que, como diría Joseph Conrad, se atraviesa la delgada línea de sombra que conduce a la vida adulta.

En definitiva se trata de una novela ampliamente recomendable.

3 comentarios:

LUZ dijo...

oye pues suena interesante la novela habra que leerla... como es eso de que las chavas bonitas son tontas?? yo no me considero tonta.

se nota que eres super interesante ademas de que en la foto que pusiste no te ves tan mal... bueno eso creo.

me encanta leerte

Mael dijo...

Buenos días, pase a leerlo rápidito ya que mis íltimos días han aumentado mucho las actividades,
Bueno la verdad es que suena interesante la reseña, pero como yo ya puedo decir estoy en mi vida adulta, me voy a evitar el trabajo de leerla y voy a buscar otra en su lugar que me ayude a bien pasar de mi vida adulta a la ancianidad o ya de perdido a bien vivir lo que me reste de vida.
la verdad es que ahorita no tengo tiempo ni de leer pero que quiere leerlo a usted es irresisitible...
bueno ahora me voy a seguir trabajando, hasta pronto y un calido abrazo amistoso, nos vemos luego!!!!!!!!

parapiti pora dijo...

PERFECTOS IDIOTAS OPOSITORES DE PARAGUAY
toman por izquierdista a candidato financiado por la CIA
(Luis Agüero Wagner- http://elimperioterrorista.blogspot.com)

Una prensa maccartista que los paraguayos heredamos de Stroessner pretendió hacernos creer que el obispo “de los pobres” Fernando Lugo era un candidato de la izquierda. A ellos les planteamos estas interrogantes:

¿Es izquierdista Ricardo Canese cuando defiende la política de biocombustibles de George W. Bush?
¿Alguno de los dirigentes luguistas protestó alguna vez por las injerencias de James Cason?
¿Recibe dólares de USAID la ONG “Gestión local” de Guillermina Kanonikoff y Raúl Monte Domecq?
¿Estuvo Camilo Soares en noviembre del año 2000 en un congreso financiado por la NED?
¿Fue o no publicitado Lugo por el diario ABC color, propiedad de Aldo Zucolillo, favorecido del agente de la CIA Leonard Sussman cuando era perentorio fabricar bien remunerados disidentes a la dictadura?
¿Firmó Julio Benegas, empleado de Zucolillo, un contrato con Bryan Finnegan ( de la AFL-CIO) el 21 de Setiembre de 2005?
¿Recibió la casa de la Juventud –cuna del PMAS- 127.000 dólares de IAF en el año 2004?
¿Puede ser de izquierda gente financiada por la NED, institución creada como alternativa a la CIA por el imperio?

EL PERFECTO IDIOTA OPOSITOR

La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás. (Voltaire)

El celebrado escritor peruano (ex izquierdista-castrista, es decir, ex idiota según la conocida interpretación), Mario Vargas Llosa, recordaba divertido sobre su obra “Pantaleón y las visitadoras”- una deliciosa sátira sobre la vida sexual en el ejército peruano- que un militar de la amazonia peruana declaró en una oportunidad que el libro en cuestión no mencionaba ni la milésima parte de lo que realmente sucedía en dichos cuarteles.
Algo similar podríamos decir sobre las idioteces que describen su hijo Alvaro junto a Plinio Apuleyo y Carlos Alberto Montaner en su libro humorístico “El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” y en su segunda parte “El regreso del idiota”, donde se omiten sinnúmero de categorías con las que la oposición paraguaya enriquece la biodiversidad de la idiotez en el subcontinente.
Tanto es así que personalmente, no sé qué sería del oficialismo nativo sin esta oposición, que brilla por su capacidad para defender los valores y el modo de vida de los colorados, mejor de lo que ellos se defienden a sí mismos. Parecerían encontrar verdadero deleite masoquista en la auto anulación y auto flagelación, alcanzando grados de perversión inimaginables para el mismo Sacher von Masoch.
No sería necesario siquiera mencionar a nuestros conocidos héroes que lucharon contra la dictadura en los últimos meses de ésta luego de tres décadas de servil abyección a “mi general”, a quienes descubrieron la dictadura cuando se quedaron sin zoquete como el autoproclamado comandante en jefe, a quienes los siguieron como si fueran mesías sin saber sus verdaderas motivaciones, que tenían mucho más relación con los dólares de la embajada que con las “convicciones democráticas”, o a quienes regresan a la oposición con ínfulas de salvadores de la patria luego de haber integrado la multi bancada junto a Chiola, Fanego y Rachid Lichi. Basta concentrarnos en las cantinflescas humoradas con que en el presente nos deleitan algunos candidatos opositores, que están proliferando como hongos después de haber proclamado a los cuatro vientos y en todos los dialectos posibles la necesidad de “llegar unidos al 2008”.
Fernando “Cantinflas” Lugo, el candidato que ahora se autoproclama “izquierdista” a pesar de ser conocido que es apoyado por neoliberales, beneficiarios del complejo IAF-NED-USAID, su entramado prebendario en la sociedad paraguaya y sus medios de comunicación, declaró en numerosas ocasiones –en aquellos felices días en que Lino Oviedo estaba encerrado en una celda, y podía aprovecharse de la desesperación de sus seguidores- que el ex preso de Viñas Cué saldría a “enriquecer” la escena política, y que no tenía inconvenientes en competir con él por la chapa de la extinta “Concertación”.
En uno de los actos luguistas en que asistí, ( antes de huir despavorido ante la presencia de los escombros que hoy lo han cercado), recuerdo haber escuchado de su boca que Oviedo tenía derecho, como cualquier otro ciudadano, a que se respeten con él las normas procesales y lo que establece la justicia. Todo lo que dirigían a Oviedo en ese tiempo nuestros héroes de la “Concertación” eran guiños cómplices, halagos admirativos, pequeños reclamos en sus recios pechos, arrumacos de falsos desplantes y sonrisas serviciales. Incluso vimos todos cómo el obispo renegado mendigó una audiencia al detenido en Viñas cué, haciendo un plantón ante las cámaras que quedó registrado para la historia por toda la prensa escrita, oral y televisiva del país.
Bien podría escribir nuestro único líder de sotana un libro titulado “Manual del perfecto astuto y sagaz latinoamericano” con estas ricas experiencias.
Otra desopilante idiotez provino de los sectores que “amenazan” al oficialismo con retirarse del proceso electoral si se impugna a tal o cual candidato, intimación tan poco creíble que sólo ha sido capaz de despertar el jolgorio y la hilaridad en las carpas oficialistas.
Según el filósofo Fernando Savater, la palabra Idiota proviene del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás. Desafortunadamente para nuestro trágico país, la acepción griega se ha revertido tanto en nuestro medio al punto que los perfectos idiotas no sólo se han metido en la política, sino que hoy se han apoderado de ella y en grado superlativo de la oposición.
Y aunque estos idiotas puedan pensar que quienes escriben sienten odio por ellos, en realidad deseamos en silencio que no se extingan del todo para seguir encontrando temas y el placer de escribir contra ellos. LUIS AGÜERO WAGNER.