16 oct. 2007

Al Gore, la Bomba Gay y el (Ig) Nobel

Alguna vez el gran Guillom D’Besnarez –desconocido para la gran mayoría del público iberoamericano, pero gran maestro de ironías del que este humilde mortal ha sabido abrevar, a tal punto que el nombre de este blog es la inversión del título de uno de sus libros: El sentido de las estupideces- escribió que la estupidez de la guerra moderna estaba en las “bombas inteligentes”, que como ha quedado demostrado en múltiples y dolorosas imágenes de civiles mutilados, de inteligentes no tienen más que el nombre.

Sin embargo, hace algún tiempo el concepto de “bomba inteligente” estuvo a punto de convertirse en realidad, cuando en el Laboratorio Patterson Wright un grupo de oficiales de la fuerza aérea del ejército norteamericano, propuso la fabricación de una bomba gay. Sí. Así como se lee: una bomba gay.

Luego de que pusiera al descubierto esa intención, a través del Sunshine Project, promovido por la asociación internacional del mismo nombre, dedicada a la lucha contra las armas biológicas, el Pentágono deshecho la idea. Pero en su momento se le consideró muy seriamente; tanto que se había contemplado un presupuesto de 7.5 millones de dólares para financiar el proyecto Productos químicos para el hostigamiento, irritación e identificación de los malos.

Esa bomba gay tendría por objetivo provocar la homosexualidad en el enemigo, mediante la propagación de gases químicos que les harían sentir atracción entre ellos mismos, minando así la moral y la disciplina de las tropas que, al ritmo de Macho Men, se entregarían a un aquelarre homosexual más loco que la marcha del orgullo gay.

Por supuesto, las guerras se resolverían a través de un paradójico amor y paz que incluiría besos, abrazos y mucha “rectitud” entre los soldados.

Precisamente como el objetivo de la bomba sería el cese de las hostilidades bélicas y el logro de la paz, hace un par de semanas el Laboratorio Patterson Wright ganó el Premio Ig Nobel de la Paz 2007, es decir, el anti Nobel que la revista Annals of Improbable Research instituyó en 1991, como remedo humorístico al galardón otorgado anualmente por la Academia Sueca de las Ciencias, en Estocolmo (¿o en Oslo? No lo recuerdo, pero si alguien me aclara el dato, qué mejor que mejor).


Y como la entrega del Ig Nobel –que es un juego de palabras en inglés, cuya traducción al español sería “innoble”- es más o menos contemporánea a la entrega del Nobel, es imposible resistir la tentación de hacer un contraste.

Así pues, mientras en Suecia se le otorgó el Nobel de la Paz al ex vicepresidente de Estados Unidos, Albert Gore, por andar gritando como señora gorda histérica a la que le han robado el bolso en el mercado, que el mundo se va a acabar en unos cuantos siglos, en el Sanders Theatre de la Universidad de Harvard –sede de la entrega del Ig Nobel- le entregaron el premio de la paz a una propuesta menos dramática y por el contrario, más divertida.

No quiero decir que Al Gore no mereciera un premio Nobel; lo que digo es que lo pusieron en la terna equivocada, porque él debió haber ganado el Nobel a la ñoñez, en lugar del Nobel de la Paz.

Por eso en lo personal encuentro más interesantes los Ig Nobel, que premian investigaciones realmente importantes, como por ejemplo, la realizada por los médicos Brian Witcombe y Dan Meyer, acerca de los efectos secundarios de introducirse espadas por la garganta, como hacen los prestidigitadores en los circos. O la desarrollada por los argentinos Patricia Agostino, Santiago Plano y Diego Golombek, que descubrieron que los hamsters que toman viagra se recuperan más rápido del jet lag.

Ese tipo de investigaciones son más útiles para la vida cotidiana, que aquellas premiadas por un grupo de amargados y aburridos científicos suecos, influidos por las presiones que sobre ellos ejercen universidades como Harvard y el MIT, que buscan lucrar con los descubrimientos, avances y mejoras científico-tecnológicas alcanzadas por sus investigadores y académicos.

No hay como el verdadero espíritu científico, que es totalmente altruista y desinteresado, como altruista y desinteresada fue la investigación del profesor de la Universidad de Tennessee, doctor Francis M. Fesmire, acerca de la cura del hipo con un masaje rectal dactilar, que le valió el Ig Nobel de Medicina 2006. O el estudio de los doctores Steven Stack, de la Universidad Estatal de Wayne, en Michigan, y James Gundlach, de la Universidad de Auburn, Alabama, acerca de “Los efectos de la música country en el suicidio”, que los hizo acreedores al Ig Nobel 2004 de Medicina.

Y respecto al premio de literatura, que en Escocia se lo otorgaron a una señora inglesa que en mi vida había escuchado nombrar, pero que seguramente es mucho menos antipática que el gurú de las catervas clasemedieras latinoamericanas identificadas con ideas un tanto derechosas, es decir, Mario Vargas Llosa, el Ig Nobel respectivo se le concedió a Glenda Browne por su estudio acerca de los problemas de indexación del artículo inglés “the”, que tantos problemas causa –lo sabré yo- a la hora de hacer traducciones.

En fin, que toda esta fumada la escribí sólo para expresar mi desacuerdo con la entrega del Nobel de la Paz a Al Gore y mi maligno beneplácito por el no otorgamiento del Nobel de Literatura al insufrible Vargas Llosa.

Ya si a alguien le interesa conocer otras investigaciones galardonadas con el Ig Nobel, como la de los investigadores Víctor Benno-Meyer y Joszef Gal, que usaron principios básicos de la física para calcular la presión que se acumula dentro de un pingüino en el proceso de defecación, pues dejo el link a Wikipedia y a la Annals of Improbable Research.



P.S Me pregunto si en la UNAM no habrá ya algún estudio acerca de los efectos del reggeton en la estupidez de quienes lo escuchan y lo bailan; espero que no, porque así yo me la echo y en una de esas hasta me gano un Ig Nobel el siguiente año.

2 comentarios:

Luis dijo...

1) Alguien dijo una vez que la expresión "inteligencia militar" eran dos términos contradictorios. No puedo estar más de acuerdo.

2) Me parece que darle el premio Nobel a Al Gore resta prestigio a la academia sueca. Es como si le dieran un reconocimiento operístico a Paulina Rubio (le queda grande). Pero como tu dices, hay presiones superiores a las del recto del pobre pingüino del que hablas en tu post.

3) Ya hay un método válido para eliminar el hipo. Buscar nuevas vías médicas en los cuartos traseros de los pacientes no es terapeútica sino vicio! Menos mal que yo no estoy en contra de eso!!

Anónimo dijo...

Ey! Qué buena foto, compadre. Pero dime, y el de lentes quién es?

JM