4 oct. 2007

Dilema resuelto (no sin contratiempos) I

Soy malo. Muyyy malo, y desde ya me he ganado un lugar en los aquelarres sexuales organizados por las conejitas de Playboy y actrices porno que purgan sus penas en el infierno.

Aunque placenteramente tormentoso, creo que es un justo castigo por la forma en que solucioné el dilema moral y existencial al que me condujo la tentación consumada de haber leído una novela editada por Selecciones de Readers Diget’s, sustraída en forma cleptomaníaca a la angustiada y mentirosilla doctora corazón.

En lugar de haber optado por una solución viable, simple y autosacrificial, consistente en decir: “Aquí está tu libro; perdóname por haberlo tomado sin avisarte, por temor a que te burlaras de mi. Lo sé, soy vano y superficial. También me gusta la literatura ligera; y ahora que lo sabes, pues aprovecha que me tienes en suelo y patéame sin compasión…”; opté por una solución más bien bastante contraproducente.

Ayer por la tarde me apersoné en la caseta de vigilancia del estacionamiento del hospital donde trabaja la doctora corazón, para dejarle al polecia el libro causante de mi perdición moral, con la instrucción precisa de que se lo diera a la Yarita cuando saliera en su coche.

Al principio creí que sería tan fácil como hacerle una seña obscena a un ciego. Sin embargo no resultó como lo había planeado, porque pasé por alto el pequeño detalle de que en este querido país de globos y bicicletas, los polecias pueden extorsionar a los ciudadanos casi por cualquier motivo; incluido desde luego el de considerar sospechoso que cierto sujeto aparezca una tarde cualquiera ante uno de ellos, encargado de vigilar un estacionamiento, para pedirle de favor que entregue un libro (objeto tan desconocido como misterioso para él) a otra persona.

Por supuesto que lo sospechoso no radica tanto en el sujeto como en el favor, es decir, entregar un libro y ¡gratis!

Excursus: Breve manual de interpretación del lenguaje policíaco

Antes de continuar con el relato de mi periplo dilematoso (he aquí una original contribución al diccionario: Dilematoso adj. Dícese de lo relativo a un dilema tan absurdo como estúpido, solucionado de forma igualmente tan absurda como estúpida), he considerado conveniente hacer una breve parada en la interpretación del lenguaje policiaco, la cual bien podría ser de gran utilidad para mis lectores en el momento en que la Fatalidad los obligue a entablar comunicación con esa temible especie depredadora.

Como todas las especies animales, la de los policías también tiene su propio lenguaje. Si bien rudimentario, ambiguo e impreciso, se trata de un código de comunicación eficaz en el cometido de su tarea principal, que es confundir y extorsionar a los desprevenidos ciudadanos que llegan a caer en sus garras.

Tras algunas intrépidas aunque desafortunadas experiencias y observaciones de campo, he logrado descifrar parte de ese lenguaje policíaco y la forma en que debe ser traducido al lenguaje humano. He aquí algunos de los resultados:

1.- Cuando un ejemplar de la especie policíaca, generalmente de complexión robusta tirando a pinche panzón sedentario, se le acerca durante el alto del semáforo, y mira de reojo la marca y el año de su automóvil, es porque está elaborando un rápido estudio socioeconómico de usted, y del posible monto que puede exigirle para no levantarle una infracción por cualquier pretexto, como que su auto tenga una diminuta caca de mosca en el cofre.

2.- Una vez que el gordo ejemplar policíaco se aproxima a la ventanilla de su auto, recargando los 90 kilos de su humanidad en la portezuela, y le dice con el típico acento de barrio, al tiempo que emite un silencioso eructo con olor a tacos de suadero acompañados de una coca-cola que desayunó por la mañana: “buenas mi joven, muéstreme su licencia y tarjeta de circulación”; usted debe entender rápidamente que en realidad le quiere decir: “no se haga güey y vaya viendo cuánto dinero trae en su cartera, porque de está no sale vivo”.

3.- Si después de haber examinado toda la documentación que le pidió, incluido el comprobante de vacunación de su mascota y el recibo de compra de su collar anti pulgas, el policía le dice: “uy no mi joven, ‘ora sí que está usté en un problemota; está violando el artículo 24, fracción B, segundo párrafo, inciso Z, del código de tránsito y vialidá de automóviles con cacas de mosca en el cofre, y pus tengo que cumplir con mi deber de, pus ‘ora sí que aplicar la ley, por lo cual me voy a ver en la penosa necesidá pus este de infraccionarlo”; lo que usted debe interpretar es: “hazme una primera oferta y vemos si me conviene o no”.

Si eso llegase a ocurrir: 1) no se altere, ni siquiera se le ocurra mirarlo feo, aunque sea de soslayo; 2) conserve la calma, si el policía llega a notar su nerviosismo, téngalo por seguro que se ensañará con usted; 3) sugiérale muy respetuosamente que está usted dispuesto a cumplir la ley para la próxima vez, pero que por el momento quiere llegar a un acuerdo.

4.- Una vez que le haya demostrado su resignada disposición de ser extorsionado, hágale una oferta.

5.- Si después de haber hecho la oferta, el policía le dice: “hijole mi joven, la faltota que usté cometió amerita llevar su coche al corralón y pus yo creo que orita le voy a decir a mi pareja que llame a la grúa para que venga por su carro”; lo que usted debe entender es: “qué te pasa cabrón, es que acaso me quieres ver la cara de pendejo; yo sé que traes más billete, así que no te hagas güey y aflójalo”.

6.- Cuando le haya llegado al precio de la extorsión, el policía le dirá: “generalmente yo no acostumbro hacer esto mi joven, pus porque ya ve que es deshonesto eso de la corrucción; pero como usté se ve que es una persona íntegra estoy haciendo una excepción, pero no crea que soy así eh. Ora váyase y no vuelva a cometer infracciones a la ley”; lo que usted debe entender es: “ni te confíes, que es esta no fue ni la primera vez, ni la última”.

Con el conocimiento de estas sencillas reglas de traducción del lenguaje policiaco, usted estará listo para hacerles frente en cualquier desgraciada eventualidad que así lo amerite, pues ya sabrá cómo interpretar sus palabras, sus gestos y sus entonaciones.

2 comentarios:

ELISA dijo...

Ja ja ja, que buena contribución haz hecho a la humanidad (o por lo menos a tus lectores) con ese ditcionario (por si acaso puedo colaborar)dilematoso.
Nunca están de más algunos consejos para interactuar adecuadamente con esas finísimas personas como son nuestros polecías.
Nunca imaginé ese desenlace, si que tenías guardado un as bajo la manga. Con los comentarios tan divididos de un post anterior, me vino a la mente una escena en la que te encuentras con tu angel y tu diablo, cada uno haciendo lo propio para que optaras por alguno de los dos caminos y ¡ oh sorpresa!, este sí que ha sido un final inesperado.
Al fin podré dormir tranquila, ja!

Luis dijo...

La verdad es que espero que no me pase nunca, pero no está de más saber cómo actuar en esas circunstancias porque jamás lo he hecho..en realidad, si intentas sobornar a un policía por estos lares...o lo hace rico de veras o acabas en el juzgado. Muy útil en cualquier caso este diccionario "español-tarugo; tarugo-español"

Un saludo compañero!