18 ene. 2007

Un jueves cualquiera

Un día más y la semana concluirá.

Ese tipo de pensamiento puede ser interpretado a los ojos de aquellos lavadores de cerebro que se dedican a explotar al máximo, por la vía psicológica, la productividad de los empleados en las grandes (y no tan grandes) corporaciones mediante probadas de atole tan deplorables como "el ser excelente" o el "hambre de triunfo" mezclada con una abundante producción bibliográfica de "superación personal"; como un pensamiento mediocre y desprovisto de ganas de superación.

Sin embargo, por más que la busco, no encuentro la relación entre tener que ir a trabajar cinco días a la semana y el pretendido progreso socioeconómico; hay quienes han trabajado toda su vida y siguen igual de miserables -o peor- que al principio.

Hace poco, imbuido en uno de mis continuos viajes al limbo de las pendejadas y asuntos sin importancia, reflexionaba muy en el estilo del compló, que tan de moda se ha puesto en los últimos tiempos, que el tener que soportar la semana laboral obedecía más bien o a un castigo divino o a la transposición de la teoría psicoanalítica freudiana a las relaciones laborales.

Me explico: el capitalismo, el cerdo y asqueroso capitalismo imperialista, burgués, pro yanqui, disneylandero y anti castrista-lopezobrarista y chavista, en su afán de explotar al máximo a los beatos proletarios que ya tan sólo por tal condición tienen desde ahora reservado un lugar en el paraíso comunista-altermundista donde, como en el mar, la vida es más sabrosa y todo es felicidad, se ha encargado de establecer complejas relaciones laborales en las que ha logrado suplantar la figura y la autoridad del Padre, a fin de introyectar en el santo y pobrecito proletario un Super Yo que restringe sus apetitos y las pulsiones del Ello y del Yo, que en otras circunstancias harían del lugar de trabajo un gran hotel lleno de orgías colectivas muy sanas y recreativas; para tener una idea más clara, si las pulsiones y apetitos -la mayoría de ellos de carácter sexual- no estuvieran restringidos por el Super Yo, la fábrica o la oficina sería una especie de Woodstock, pero más locochon, algo así como las escenas finales que narra Süskind en "El Perfume".

Ese Super Yo presente en las relaciones laborales nos acota -nos "normaliza", como diría Foucault considerándonos a todos los humanos como animales dementes hambrientos de sexo- a un marco de reglas laborales que oprimen aun más a las clases marginadas que esperan su reivindicación en la promesa cristiana de la propiedad del reino de los cielos, o en una todavía más próxima pero terrorífica, que es la recepción de los "rayitos de esperanza".

Así pues, tales reglas por demás aburridas y represivas de los instintos imponen hasta las formas de vestir para acudir al centro laboral; de manera que si alguno de los pobrecitos mártires proletarios quisiera andar sólo en calzones por su oficina, viéndole el trasero a esos sublimes objetos del deseo que son las secretarias, pues inmediatamente se vería reconvenido por el Super Yo que trae introyectado, obligándolo a usar saco y corbata (símbolo fálico, flácido, para fálico al fin) y recordándole que tiene esposa, que se casó con ella ¡hasta que la muerte los separe! y que tiene dos hijos a través de los cuales se autoafirma, aunque en realidad se confronta consigo mismo preguntándose en qué momento decidió lanzarse al abismo de la monogamia.

No obstante, no todo en el edificio del Super Yo es invulnerable, pues en tanto sublimación de la autoridad del Padre, los estoicos proletarios que algún día recibirán la justicia divina por ser tan abnegados frente a los cerdos burgueses explotadores, tienen la posibilidad de rebelarse contra el Super Yo trasladando las pulsiones al plano imaginativo, en el cual el Complejo de Edipo les permite matar al Padre y tomar por Yocasta a la primera compañera de trabajo que se les ponga enfrente para consumar el acto edípico en la intimidad de cualquier sanitario, almacén, elevador o rinconcito cachondo.

1 comentario:

MAEL dijo...

Oiga, no apenas es una semana de trabajo, se supene que debe estar feliz, 5 días a la semana, son pocos, ya que como usted dice hay quienes trabajan toda su vida de sol a sol y no salen de su miseria.
Sí, el sistema laboral hoy en día esta más rebuscado que mis escritos...(y los suyos), y la manipulación es hoy por hoy el pan nuestro de cada día, desdichadamente a pesar de saberlo
quienes no pueden luchar en contra de eso ceden y quienes nos damos cuenta de tal situación no estamos aún preparados para alzar nuestra voz y colaborar con lo nuestro, hay quienes estando preparados no les interesa en lo mínimo o se limitan a vivir su vida, vivimos en un mundo complejo, (más que usted).
De hecho hay una situacion que me revienta el higado y no se si usted lo haya experimentado...
es el hecho de que lleguen nuevas empresas con intenciones de hacer fortuna y manipular a la gente y que además de esto siempre salga un "excelente gerente" que les enseñe las mil y una forma de...(con su perdón) seguir jodiendo al mexicano.
Respecto a lo del sexo: Cualquier cosa es pretexto para eso... nombre hombre eso es cuestion de instintos ó bajos instintos...
yo me apego a ese rayito de esperanza que usted menciona para ver si un día el hombre se vuelve fiel.
Estoícos? no se burle hombre, hay que estar en los zapatos de esa gente para comprenderlos. Hay que saber ver un poco más profundo para darse cuenta que entre el proletariado existen vidas
heróicas, claro que no es el común denominador pero de que las hay las hay.

oíga ya limpie un poco la miel en mi space, lo invito a darse una vueltecita.
un saludo afectuoso.