16 abr. 2008

Metanoia

No. No se trata del lenguaje del ma-fa-ta-fa que algunos llegamos a aprender durante los años mozos de la niñez o la adolescencia, para comunicarnos con nuestros amigos o hermanos sin que los adultos o los no iniciados en aquella lengua se enterasen del tema de la charla.

Se trata más bien de palabras adscritas al complicado léxico de las teologías de las religiones. Una griega y las otras latinas, denotan procesos y objetos relacionados con lo santo y lo sagrado que, por si mismos, podrían producir cientos o quizá miles de páginas derivadas de su estudio y explicación.

Aquí ése no será el objetivo. Esto porque estoy conciente de que quienes padecen la lectura de las sandeces que aquí publico, tienen intereses intelectuales y de entretenimiento diversos.

Aunque sería algo estupendo, no todos comparten mi gusto por la teología y el estudio de las religiones. Así que atendiendo esa circunstancia, lo que intentaré hacer aquí es un extraño y sucinto collage de términos y contenidos, derivado de mis debrayes y elucubraciones ociosas relacionadas con la teología sistemática.

Para los que se quieran quedar, advierto: esto estará un poco aburrido. Para los que, después haber leído tal advertencia se quieran ir, para regresar en otra ocasión, pues denle click a alguno de los links que están en la sección “Para visitar”, a fin de que aprovechen de mejor manera su tiempo libre. Y pues todos pueden echarle la culpa a Elisa, gentil y siempre constante lectora de este espacio. Ella fue quien me sugirió en uno de sus comentarios que escribiera acerca de la metanoia.

Pero, ¿qué es lo que pretendo hacer con esos terminajos medio extraños? La respuesta es, relacionar la metanoia cristiana, la crucifixión de Cristo Jesús, el árbol cósmico y la madre tierra.

Así pues, hay que comenzar diciendo que los griegos, además de heredarnos la filosofía, el teatro y el pensamiento de un sinfín de protohippies apestosos y alucinados, llamados sofistas, cínicos, estoicos y un largo etcétera, también nos heredaron unas palabrejas desconocidas por el común de los mortales, pero útiles para pasar como un súper intelectual ante las masas palurdas. Entre esas palabras están el kairos, la politeia, el ágape, la protréptica, el thelema y, desde luego, la metanoia.

Ésta última adquirió un contenido religioso-escatológico a partir de la penetración del cristianismo entre los pueblos helénicos de Asia Menor. Lucas primero y Pablo apenas un poco después, fueron los responsables de la divulgación de la doctrina cristiana allende las costas palestinas.


Lucas y Pablo; sin el san, porque soy secular.

Antes de que ellos llegasen a Seleucia, Chipre y Salamina, para predicar el evangelio de su neófita religión, en las escuelas griegas de retórica la metanoia era un recurso del lenguaje que se empleaba para replantear un argumento, de manera que fuese más claro y convincente. Así por ejemplo, en algunos diálogos de Platón –que dicho sea de paso, vivió muchos siglos antes de la aparición del cristianismo- es posible observar el empleo de este recurso en muchos de los interlocutores de Sócrates, e incluso, en Sócrates mismo.

De hecho, el significado literal de metanoien era “cambio en la mente” o “para la transformación del pensamiento”.

Posteriormente, con la incursión del cristianismo en la cultura griega, y principalmente con el desarrollo de la teología paulina (de Pablo de Tarso, pues), la metanoia se asoció con la conversión religiosa y espiritual de los catecúmenos. Incluso el propio Pablo fue uno de los primeros cristianos en experimentar la metanoia, entendida también como el arrepentimiento, la transformación y la conversión producidas por el encuentro con Cristo Jesús.

Según la narración de Lucas en los Hechos de los Apóstoles, Saulo de Tarso era un fariseo convencido de la fe judía y un implacable persecutor de los primeros cristianos. Sin embargo, en cierta ocasión mientras iba en el camino de Damasco, Cristo Jesús se le apareció y le cuestionó las razones de la persecución de su naciente iglesia. A partir de ese momento Saulo experimentó el arrepentimiento y percibió su propia insatisfacción espiritual respecto al judaísmo, y decidió bautizarse, convertirse al cristianismo y emprender el ministerio del apostolado entre los pueblos gentiles.

Por otra parte, Pete van Breemen, teólogo jesuita holandés que es a los seminaristas y novicias lo que Ricardo Aj… ¡ése¡ al personal del servicio doméstico, es decir, un guía espiritual y causante de orgasmos místicos, escribió un libro muy interesante intitulado Transparentar la gloria de Dios, en el cual aborda el tema de la metanoia en lo siguientes términos: “Indudablemente, el arrepentimiento nos exige sacrificios. Pero, pese a ello, no debemos olvidar que, si hacemos oídos sordos al arrepentimiento, con frecuencia damos lugar a un sufrimiento mayor que el que nos causaría la metanoia. En ocasiones nos imponemos a nosotros mismos una presión increíble sólo para evitar una conversión necesaria y liberadora. De hecho, al dar la espalda a la metanoia, nos infligimos a nosotros mismos y provocamos a los demás un sufrimiento innecesario. La metanoia no supone que tengamos que reprimir nuestra personalidad, sino todo lo contrario. La metanoia implica dejar que nuestra identidad alcance su pleno desarrollo con la fuerza del evangelio, puesto que nos ayuda a superar de modo definitivo nuestra timidez y a ser verdaderamente las personas que estamos destinados a ser conectando con el origen mismo de la vida […]Nuestro creador nos llamó a la existencia con un deseo y un amor inmensos, no a desgana o con indiferencia. El arrepentimiento es el medio de suscitar en nosotros un nuevo sentido de grandeza y de valor personal, por no mencionar los positivos efectos que tiene sobre la familia y la comunidad: incremento de la comprensión, de la capacidad de perdón, de la amabilidad y el entusiasmo…

El amor tiene muchos nombres, metanoia es uno de ellos”.

En este sentido, y si he de creer a mi amigo Phillip Dreschner, fraile dominico medio rebelde (porque no sigue a los demás), el sacrificio de Cristo en la cruz, que se recuerda cada año durante la Cuaresma y la Pasión, es el acontecimiento fundamental que mueve a la metanoia. De ahí que el tiempo litúrgico de la Cuaresma sea un tiempo de transformación espiritual, conversión y encuentro con Cristo no sólo crucificado, sino también y principalmente con Cristo resucitado.


Y aquí viene la parte fumada de este texto aburrido. Aunque cabe mencionar que la paternidad de este engendro la comparto con la Caroline Dossetti, que aunque filósofa heideggeriana y todo lo que ella quiera, en el fondo es una catolicota convencida.

Cierto día de las vacaciones de la Semana Santa, mientras platicábamos por el mensajero instantáneo, la Caro y yo, asociamos la crucifixión de Cristo Jesús con el Axis Mundi, es decir, el árbol cósmico presente en muchas religiones pre semíticas.

Dado que la cruz deriva de un árbol, ella encierra un simbolismo escatológico de salvación. Esto es, que Cristo Jesús salva a la humanidad del pecado autoinmolándose en la cruz, que es un objeto fabricado con madera, que a su vez proviene de un árbol. De esta manera se cierra el ciclo de condenación-redención por medio de un mismo símbolo de lo sagrado, que es el árbol de la vida. No hay que olvidar que los hombres caen en pecado una vez que Adán y Eva comen el fruto del árbol prohibido: el Axis Mundi. De aquí que en el catolicismo la cruz no sea vista como un instrumento de tortura, sino como símbolo de salvación, como el árbol de la vida a partir de la crucifixión y resurrección de Cristo.


Axis Mundi. Árbol de la vida

No obstante, el Axis Mundi surge de la Tellus Mater, es decir, de la madre tierra que da orientación y sentido a la existencia puesto que de ella deriva todo cuanto se percibe como realidad. Así que el Axis Mundi y la metanoia bien podrían relacionar la idea de un Dios antropoforme y masculino, con una deidad ontica femenina pre monoteista.

Representación de la Tellus Mater

Y hasta aquí llegó nuestra elucubración. Así que dejaré que puedan bostezar despreocupadamente.

5 comentarios:

★..Fanny..★ dijo...

Creo que aún estoy algo moco para entender del todo lo que subes jeje xD. Pero debo confesarte que me parece de lo más interesante las reflexiones que haces y todos los tópicos que tomas *¬*, trataré de instruirme más.

LicCARPILAGO dijo...

Me canse de leer... y hasta quede con un par de neuronas fundidas.

luego, cuando me recupere vengo a hacer un comment sustancioso.

Elisa dijo...

Ya estoy de regreso, hace algunos días tuve la oportunidad de leer el post, pero no pude hacer mi comentario, de hecho me dí al exilio porque ahora seré corresponsable de que muy pocos lectores visiten este blog ¿no?. ¡Qué va! si tienes muchos más lectores de los que te imaginas.
Aunque desconozco muchos conceptos de teología, el tema me pareció interesante y agradezco que hayas tomado en cuenta mi petición.
Saludos
Elisa

Georgina dijo...

Muy interesante la relación que haces entre la cruz y el Arbol Mundi. De hecho en la liturgia se habla del "árbol de la cruz", etc. Hay un libro fascinante, "El bosque y cinco àrboles" de un autor llamado Abel Mateo (no es su verdadero nombre), discípulo de Chesterton. Felicitaciones. Georgina.

Anónimo dijo...

aprende a respetar primero lo q no eres capaz de comprender, con tu cerrada y estupida,estrechez catolica,lee lo q la puta de babilonia le ha hecho a la humanidad los ultimos 20 siglos y despues conversamos ,fatuo, egolatra e ignorante,lee el libro de vallejo sobre tu puta y tal vez entiendas algo cretino inculto.